Capítulo 6 #2
—La deuda que ha contraído contigo por haberlo acogido en Menzies y haberle salvado la vida.
—No era una herida para tanto. Por favor... —sonrió y puso los ojos en blanco.
—Eso es lo de menos ahora. Recuerda la historia que inventamos para que lo vuestro sea creíble. No faltarán los curiosos que quieran saber más. Ni las chismosas, por supuesto.
—Con todos ellos ya cuento. No te preocupes —le aseguró desviando la atención de su hermana para centrarla en el camino. No se atrevía a volver la cabeza para no encontrarse con él. No quería que pensase que, en el fondo, sí le interesaba. No. Nada de eso.
James cabalgaba junto a Balfour y Callum a escasa distancia del carruaje donde iban las dos mujeres.
—Prepárese, McLean. Esta noche va a convertirse en el centro de atención de muchas miradas y muchos comentarios —le recordó Balfour mirándolo para ver qué opinión tenía de lo que le esperaba.
—Lo tengo asumido. La cuestión es que la gente se lo crea.
—¿Que es usted el prometido de la joven Fiona?
—A eso mismo me refería.
—Sí, entiendo que esta repentina aparición suya va a despertar muchas suspicacias. Empezando por el tío de las muchachas. En cuanto sepa la noticia de que su sobrina tiene un pretendiente, no vacilará en querer conocerlo y observarlo de cerca a ver si se trata de un engaño. Téngalo muy presente.
—Tendremos que hacerle ver que no es ninguna treta por parte de ella.
—Pero a usted le atrae mi hermana, ¿no? De lo contrario no estaría dispuesto a casarse con ella —señaló Callum contemplando a James con el ceño fruncido.
Este permaneció callado mientras dirigía su mirada al frente. Luego sonrió de manera tímida y asintió.
—Fiona es una mujer atractiva, fuerte y con las ideas muy claras. Aunque algo tozuda.
—No lo dude. Le costará hacerla cambiar de idea.
—No es lo que pretendo. Me agrada su carácter —asintió convencido de que así era. Le gustaba su personalidad y creía que podría llegar a sentir por ella algo más que ese sentimiento de querer ayudarla y que lo motivaba a hacer lo que estaba haciendo.
—¿Había pensado en casarse con alguna joven de las tierras en las que están los MacLean de Duart?
La pregunta de Balfour hizo que James sacudiese la cabeza.
—No, claro. Aunque siempre he sido consciente de que más tarde o más temprano tendría que hacerlo, dado que seré el jefe del clan en el futuro.
—¿No tiene más hermanos?
—Sí. Una hermana. Eve. Igual de rebelde que la suya. Puedo prometérselo —aseguró mirando al menor de los Menzies.
—¿No está casada? —la curiosidad de Callum le parecía infinita a James y le provocaba cierta relajación porque no tenía que pensar en Fiona y en lo que podría suceder esa noche.
—No. —James recordó lo que sucedió con el duque de Argyll, pero decidió pasar por alto esa historia. Y más cuando Balfour hizo una señal señalando el castillo Moncreiffe
—Estamos llegando.
James se fijó en las chimeneas por las que salían nubes de humo, que indicaban que se acercaban al castillo.
Pese a la oscuridad de la tarde, la construcción se distinguía de manera perfecta porque estaba construida en color blanco.
Solo los tejados eran de un tono oscuro.
La iluminación en los alrededores del camino llevaba hasta la misma puerta.
Se veía un grupo de gente allí, que recibían a los invitados.
—Prepárese para cualquier cosa —le recordó Balfour antes de enfilar el sendero hacia la entrada al castillo.
James no dijo nada, ni si quiera lo pensó.
Dejó su mente en blanco centrándose en guiar a su caballo.
Se fijó en Fiona y en su hermana descendiendo del carruaje.
Las vio dirigirse hacia el grupo de gente y saludarse.
Él detuvo su caballo y se apeó ante las miradas de los presentes.
Caminó con las riendas en las manos situándose al lado de Balfour.
Trataría de no alejarse mucho de este, ya que conocía a la perfección cómo eran las cosas en aquellas tierras.
Volvió a mirarla y vio cómo ella giraba el rostro hacia él, haciéndole un gesto para que se acercase.
—El momento ha llegado —le susurró Balfour.
—Lo sé. Y lo asumo.
James caminó hacia donde se encontraba la joven Menzies sin poder dejar de mirarla. Debía comenzar a comportarse como un pretendiente enamorado de ella. Y ser presentado ante los anfitriones era el primer paso.
—Dejen que les presente a mi prometido, James MacLean —dijo ella apoyando su mano contra el brazo de él, sin dejar de mirarlo y sentir que el corazón volvía a galopar en el interior de su pecho. Algo que la sobrecogió al no encontrar explicación alguna.
—No esperábamos semejante noticia esta noche —aseguró la mujer que pasaba su mirada del rostro de Fiona al suyo—. Sin duda, es todo un acontecimiento que te hayas comprometido. Ya nos contarás cómo fue.
—Prometo contarlo a lo largo de la noche —aseguró ella centrando su atención en Elspeth, la esposa del jefe del clan Moncreiffe.
—Sea usted bienvenido. Soy Rory Moncreiffe. —El hombre de pelo grisáceo se dirigió a él con el brazo extendido para estrecharle la mano.
—Gracias. Es un honor estar aquí.
—Hablaremos de su compromiso y de más acontecimientos. Pero será mejor que entren al castillo mientras terminamos de saludar a algunos invitados. ¿Cómo te marchan las cosas, Balfour?
—No tan bien como a ti, viejo zorro.
James se quedó atrás esperando porque Fiona y Keira se habían alejado. Era Callum quien permanecía junto a él.
—Creo que voy a quedarme a su lado, si no le importa.
—¿Por qué debería importarme?
—Gracias. No quiero andar rodeado de jovencitas, ya me entiende. Mis hermanas empezarán pronto a decirme que me busque una muchacha con la que formar mi propia familia.
—Es usted joven, Callum. Fíjese en mí. Debería haberme casado hace algunos años. Sin embargo, aquí estoy. Y le apuesto lo que quiera a que, de no haber conocido a su hermana, seguiría sin hacerlo por más tiempo —le confesó con un guiño de complicidad.
—Le agradezco sus palabras, pero tener dos hermanas no ayuda a que a uno lo dejen tranquilo.
—¿No quiere que ninguna muchacha se fije en usted?
—No por ahora. De hacerlo sería el centro de atención de la sociedad de Perth. Espere a que vayamos a la ciudad en algún momento. Lo mirarán con lupa.
—En ese caso, no se separe de mí. Nos haremos compañía de manera mutua y ahuyentaremos a las posibles jóvenes que sientan interés por usted.
—Pero tendrá que pasar tiempo con mi hermana. No olvide que es su prometido.
—Lo sé, lo sé. Aun así, la noche no ha hecho más que empezar. Vayamos dentro antes de que comiencen a buscarnos.
Fiona y Keira se adentraron en el castillo siguiendo a Elspeth y su hija Meribeth, quien se unió a ellas al reconocer a las hermanas.
—Aprovecha y felicita a Fiona por su compromiso —le dijo en cuanto esta se unió a ellas.
La joven Meribeth abrió los ojos como platos al tiempo que la boca y dejó escapar un chillido de felicidad. Cogió por las manos a Fiona apretándolas llevada por la emoción de la noticia.
—¿Dónde está tu futuro esposo? ¿Ha venido?
—Sí, sí, claro que ha venido —le dijo tratando de soltarse de ella y volviendo su rostro para ver dónde se encontraba en ese momento. Le sorprendió verlo en compañía de su hermano Callum y sonrió—. Está con mi hermano.
Meribeth se fijó en él y asintió esbozando una sonrisa no exenta de picardía.
—Es muy apuesto. ¿A qué clan pertenece?