Capítulo 5 #3
—¿Dónde camina con ese gesto, McLean? —La voz de Balfour captó su atención de inmediato.
James se detuvo y lo miró sin que el enfado y sus pensamientos en torno a Fiona se hubieran disipado del todo.
—Su señora es algo testaruda —le refirió señalándolo como si él tuviese la culpa—. Para ser la jefa del clan no tiene las cosas muy claras.
Balfour lo observaba gesticular con los brazos mientras se lo contaba.
—¿Puedo saber que le ha sucedido con ella?
—Acabo de ofrecerle mi ayuda y no parece muy contenta.
—¿De qué ayuda habla? —El hombre se cruzó de brazos y miró al MacLean con atención.
—Le ofrecí ser su prometido. —Vio a Balfour abrir los ojos como platos y elevar las cejas al escucharlo—. No quiero que pierda el castillo ni las tierras de los Menzies por un maldito testamento.
—¿Por qué diablos estaría usted dispuesto a hacerlo? Sacrificase por ella y por todos nosotros.
—Estoy en deuda con todos ustedes. Me salvaron la vida acogiéndome aquí. Un MacLean siempre cumple su palabra.
—Y veo que su manera es ofrecerse como prometido a la señora.
—Sé que, si no encuentra uno en un plazo de tres meses, su tío puede solicitar el castillo y todo lo demás.
—Cierto.
—El testamento, según Fiona, lo deja claro.
—Pero ¿está dispuesto a casarse con ella? ¿Por qué? ¿Para que no pierda todo esto? —extendió el brazo señalando lo que se veía desde su posición.
—Sí. Le repito que es mi manera de agradecerle lo que hizo por mí.
—MacLean, tiene usted una manera un tanto peculiar de saldar las deudas. Y ella ¿qué le ha dicho? Aunque puedo imaginarlo —le aseguró asintiendo con una sonrisa peculiar.
—Que es un completa locura y que no cree que sea buena idea.
—Es arriesgado. No se lo discuto.
—Pero es la única opción que le queda.
—¿Y asegura que está dispuesto a casarse? Eso sí que es arriesgado —Balfour sonreía y sacudía un dedo delante del McLean—. ¿Qué ha visto en ella? Apenas la conoce.
Aquella cuestión lo dejó paralizado. No esperaba que le hiciesen una pregunta así. Por ese motivo se quedó callado e inmóvil sin saber cómo reaccionar. Se limitaba a observar la expresión de Balfour esperando que él le respondiese.
—¿Qué importancia tiene esa pregunta cuando se trata de ayudarla a salvar su patrimonio?
—Pero supongo que algo de ella le llamará la atención, ¿no? ¿Su físico? ¿Su personalidad? Algo habrá que le ha empujado a hacerle esa proposición, aparte del asunto personal suyo.
—Es una mujer inteligente, con un carácter fuerte. Pero no parece tener las cosas claras en algunos aspectos, como el de casarse para salvaguardar su clan. El jefe de este debe velar por todos sus miembros.
—Deje que le diga que ella lo hace. Y hasta ahora muy bien.
—No se lo discuto, Balfour. Pero dígame cómo hará para conservar todo esto si no se casa en tres meses.
—Sé que tiene razón, McLean. La situación no es nada sencilla; de todas maneras, entienda que ella no esté muy de acuerdo con lo que le ofrece. ¿Qué le importa a usted lo que pueda sucederle a Fiona?
—Tengo una deuda que saldar. Ya le digo.
—De acuerdo, pero el precio que está dispuesto a pagar es demasiado alto.
—Y también perder la vida. De no haber sido por ella y por usted, a estas horas podría estar muerto.
—Espero que sepa lo que hace, MacLean. —Le palmeó el hombro y asintió—. Ya puede estar preparado para cualquier acontecimiento. Y no faltarán quienes pongan en duda su compromiso con ella.
—Sí, supongo que su tío será el primero.
—Y habrá más. Incluso algún pretendiente de otros clanes, que no vería con buenos ojos que usted se estableciese aquí en el castillo. Pero dígame ¿qué hará si sigue adelante con esto? ¿Se casarán y permanecerán aquí? ¿O piensa regresar a las tierras de los McLean?
—Deje que le diga que mi sitio estará donde esté mi esposa.
Soy consciente de que ella no se moverá de estas tierras.
Y lo acepto. Supongo que por algo va a cumplir la última voluntad de sus padres.
¿De qué serviría que le propusiese casarme con ella y mantener el castillo si luego nos marchamos? Piénselo, Balfour.
Este asintió dándole la razón.
—Imagino que vendrá esta noche a la fiesta del clan Moncreiffe. Y supongo que será presentado como su prometido.
—Creo que así será.
—Pues espero que esté dispuesto a soportar todo tipo de interrogatorios. Ya le aviso.
—Eso me temo. En fin, solo quería despejarme después de la conversación con Fiona.
—No le tenga en cuenta muchas cosas de las que le diga. Entienda su situación.
—No se preocupe. Sé cuidarme.
Sonrió pensando en ella. Entendía que la circunstancia que atravesaba la estuviese afectando.
Pero él se había ofrecido para solucionarlo y ella se mostraba reacia a ello.
¿Por qué? ¿Acaso temía que no cumpliese su palabra?
¿Pensaba que se lo decía en broma? ¿Que se marcharía en el último momento haciendo que ella lo perdiese todo?
Tal vez en el fondo ella tuviese razón y él estuviese loco por sugerirle algo así.
Pero en ese momento sentía que era lo que debía hacer.