La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—En ese caso, debéis asistir juntos a la velada del clan Moncreiffe.

Será el momento idóneo para presentar a James como tu prometido, Fiona.

Y relatar la historia que hemos creado. Un amor de hace tiempo.

Por cierto, le aviso que no acudieron a la llamada de Claverhouse para pelear por la casa Estuardo.

—Gracias. Lo tendré en cuenta. Aunque cada clan en Escocia siempre ha elegido un bando.

Fiona resopló pensando en lo que sucedería esa noche. Pero, sin duda, sería la ocasión propicia para hacerlo, dado que él la acompañaría. Cerró los ojos y apoyó las manos sobre la mesa temiendo que las fuerzas le fallasen.

—No es consciente de lo que está haciendo, señor MacLean —le recordó a modo de advertencia.

—Yo, más bien, creo todo lo contrario.

—Olvídese de su deuda conmigo. Olvídese de mí y de lo que pueda llegar a sucederme. Regrese a las tierras de los McLean y a su castillo de Duart. —Pretendía forzarlo a desistir de aquella locura. Provocarlo para que se largara del castillo.

Pero sus palabras no tuvieron la reacción que ella esperaba. Lo vio avanzar hacia ella con decisión, haciendo que su estómago se encogiese y que tuviese que coger aire.

—Soy su única esperanza para salvar este castillo, sus tierras y a sus habitantes.

Y lo sabe. No estoy seguro de si encontrará a otro hombre dispuesto a casarse con usted.

Tal vez lo encuentre y si es así dígamelo y me marcharé mañana mismo.

—El tono de sus palabras les dejaba claro a las dos hermanas que lo decía en serio y que tenía toda la razón.

Pero Fiona parecía no querer dar el brazo a torcer ante semejante evidencia—.

Y ahora míreme a la cara y dígame que quiere romper nuestro compromiso.

Que quiere que me marche del castillo. Y lo haré sin vacilar.

Durante unos segundos ambos se contemplaron sin decir nada más.

Fiona sabía que, de nuevo, él tenía razón.

Él era su única opción para salvar al clan Menzies, ya que no estaba dispuesta a pedirle a alguno de sus anteriores pretendientes que lo hiciesen.

Primero porque muchos ya se habían casado, y segundo porque, si repasaba la lista de estos, no encontraría uno solo que se asemejase a James McLean, en muchos aspectos.

No podía rechazarlo porque, en el fondo, ella también deseaba que fuese él su principal candidato.

De manera que se mantuvo firme sin apartar la mirada de él mientras tragaba con dificultad y cerraba sus manos en sendos puños impotente por no salirse con la suya.

—Si me disculpan, iré a ver en qué puedo ayudar a Balfour. Si me necesita para cualquier cosa, estaré a su entera disposición.

Las dos hermanas lo vieron salir del salón después de inclinar su cabeza de manera respetuosa. Y Fiona tuvo la sensación de que algo en su interior se derrumbaba.

—Sabes que tiene razón en lo que acaba de decir —dijo Keira mirando a su hermana.

—Lo sé —asintió muy a su pesar. Relajó los hombros e inclinó la cabeza hacia delante.

—Entonces, ¿qué pasa? Pensaba que estarías contenta porque los problemas se habían solucionado. ¿A qué le tienes miedo? ¿A acabar sintiendo algo por el McLean? ¿A que alguien puede descubrir el engaño?

La mirada de su hermana la traspasó.

—Tengo miedo a enamorarme de él y que yo solo sea un simple pasatiempo. Que se case conmigo por un favor y con el paso de los días descubra que ha cometido un error. Casarse no es algo banal, Keira. Es algo para toda la vida —le aseguró repitiendo las palabras que él le dijo la noche pasada.

—No podemos afirmar que con el tiempo que paséis juntos no lleguéis a quereros o al menos a sentir algo el uno por el otro. Solo el destino lo sabe.

—Tres meses. Tengo tres meses de plazo antes de casarme con él.

—Será una buena prueba para iros conociendo.

—No me queda otra si no quiero perderlo todo.

—Sé que siempre has dicho que no querías casarte. Que preferías seguir sola y entregada al clan. Y que lo que vas a hacer es un gran sacrificio, pero debes hallar el lado positivo en ello, de lo contrario tu vida será un infierno.

Fiona torció el gesto. Frunció los labios, relajó los hombros y sacudió la cabeza. Se sentía derrotada.

—No sé, tal vez esté equivocada y después de todo, como él dice, su presencia aquí en el castillo se deba a mi situación. Que tenía que llegar a las tierras de los Menzies.

—Entonces, será mejor que no contradigas al destino. Y, hablando de todo un poco, no quiero ser una aguafiestas, pero deberíamos pensar en qué vamos a ponernos para esta noche.

Fiona suspiró.

—Está bien. Tienes razón. Comencemos a prepararnos.

—Deberíamos contárselo a Amy y a Callum.

Su hermana puso los ojos en blanco pensando en su hermano.

—Era lo que la faltaba. Después de pasarse las horas en compañía de MacLean preguntándole por todo, saber que podría ser su futuro cuñado lo volverá loco —aseguró con una tímida sonrisa.

—Es la primera vez que te veo sonreír en este asunto.

Fiona no dijo más y se dirigió fuera del salón sin querer pensar en lo que iba a suceder con su vida.

MacLean abandonó el castillo sin saber hacia dónde dirigirse.

Lo único que sabía era que tenía que alejarse de Fiona.

Le ofrecía su ayuda y ella parecía no quererla.

¿Es que no quería reconocer que no tenía otra salida?

Iba con la mirada puesta en el suelo sin fijarse en la gente con la que se cruzaba hasta que una mano lo retuvo.