Capítulo 5
—¿D e dónde espera que lo saque? Me refiero a qué voy a inventar para que su presencia sea creíble. No creo que...
—Está claro que he acabado por azar en el castillo de Menzies.
Podemos asegurar que nos conocemos desde hace tiempo.
Antes de que yo me marchase a París y ahora he regresado hace unos meses.
He tomado partido por la causa de la familia Estuardo, y el resto....
Bueno, ya lo conocemos. Caí herido y... llegué hasta aquí sin saber dónde me encontraba.
Usted me reconoció y creo que lo sucedido a continuación no hace falta inventarlo, porque es tan real como que la estoy viendo a usted poner cara de no creerme.
Ella resoplaba y gesticulaba como si no supiese bien qué responder. Le daba la impresión de que para él era fácil, como una especie de juego.
—Eso es lo que menos me preocupa —agitó una mano delante de él enrabietada por haber aceptado participar en aquella farsa.
—¿Y qué es lo que en verdad le preocupa? Dígamelo.
Fiona apretaba los labios presa de la agitación que sentía. La presencia de él allí mirándola como si en verdad estuviese interesado en ella...
—No estoy segura de que vaya a salir bien, después de todo. Además, anoche usted me decía que el matrimonio era algo serio. Para toda la vida. Y esta mañana parece que se lo toma como un juego.
—Y sigo creyéndolo.
—¿Es que piensa casarse conmigo?
A James le parecía algo decepcionada, como si en realidad una parte de ella no quisiera prestarse a esa farsa. Se acercó mirándola con respeto por lo que estaba haciendo para proteger a su clan.
—Deje que le diga que la admiro por su valentía al acceder a esta... representación.
—¿Y de qué me sirve su admiración si al final todo se descubre? —Se apartó de él dándole la espalda para tratar de recomponerse y pensar en algo que no fuese aquella representación , como él había dicho.
—No tiene por qué. No creo que su tío vaya a estar vigilándonos en todo momento para saber si actuamos o en verdad lo sentimos.
—No comprendo cómo puede prestarse a esta comedia.
—Porque, como le dije, estoy en deuda con usted. Me he prometido ayudarla.
—Pero el riesgo que usted corre es infinitamente superior a lo que yo hice.
—No se equivoque, señorita Fiona. Me salvó la vida. Desfallecía cuando divisé su castillo, y usted lo sabe. Podría haberme dejado tirado en la entrada, desangrándome hasta morir. Muerto de sed. Pero no lo hizo. Y en pago por ello aceptaré ser su prometido el tiempo que sea necesario.
—Pero tendrá que casarse. ¿No se ha dado cuenta de ese detalle?
—Avanzó hacia él movida por el ímpetu de hacerle ver cuál era el resultado final.
Y de repente se vio sujeta de nuevo por sus manos y atrapada en lo enigmático de su personalidad.
En aquella locura que ella había imaginado sin querer pensar que se hiciese realidad.
—Entonces, nuestra representación tendrá que ser convincente en todo momento. Que todos piensen que de verdad estamos enamorados.
Ella no pudo evitar volver a reírse ante semejante comentario.
—¿Enamorados? Pero... es usted como Amy, que piensa que podría surgir el amor entre nosotros. —La mirada recelosa de ella no pareció afectarlo lo más mínimo.
—Podría surgir y ya no tendríamos que fingirlo.
Fiona sacudía la cabeza sin querer creerlo del todo. ¿Cómo se le ocurría semejante pensamiento?
—Creo que el señor MacLean no va desencaminado del todo.
—La voz de Keira captó la atención de los dos.
La vieron avanzar hacia ellos con una mirada franca y directa—.
Vuestra discusión ha captado la atención de algunas personas, incluida yo.
He venido a pediros que bajéis la voz. Y de paso a ayudaros.
—¿Puedes creer lo que dice? ¿Que su llegada al castillo ha sido fruto del destino? ¿Qué tenía que venir para salvarme de la situación en la que me encuentro? —Fiona estaba fuera de sí, mirando a su hermana mientras le explicaba la situación, y señalaba con su mano al McLean.
Keira se fijó en cómo se comportaba esta.
Su manera de reaccionar ante los comentarios de él.
¿Qué le sucedía en verdad? ¿Tenía miedo a acabar sintiendo algo por James?
Tal vez él le gustase y por eso mismo se había mostrado reacia a no plantearle la situación.
Tendría que darle las gracias a Balfour, pensó.
—¿Y si así fuera? ¿Qué problema habría? Lo que de verdad importa ahora mismo es crear una historia entre vosotros dos para que la gente se la crea, Fiona. ¿O es que acaso piensas improvisar sobre la marcha?
La mayor de los hermanos Menzies resopló y dejó caer los hombros en señal de derrota. Se apoyó contra la mesa porque temió que pudiera caerse.
—Escuche a su hermana, por favor.
Fiona levantó la mirada hacia James y experimentó un ligero cosquilleo en el estómago. Ahogó las risas por la situación y cerró los ojos por unos segundos.
—Es una completa locura. Lo sabía y por eso no comenté nada.
—Deberías ver el lado bueno. —Keira miró a su hermana con una media sonrisa irónica.
—¿Lo hay? ¿Cuál? Porque, la verdad, estoy algo perdida en toda esta situación.
—Tienes a un hombre guapo dispuesto a convertirse en tu prometido.
Fiona no dijo nada entonces. Era cierto que el MacLean le parecía atractivo y que una parte de ella había soñado con que fuese su prometido, pero no esperaba que su sueño pudiese acabar siendo realidad.
Le dirigió una mirada bastante reveladora de lo que él le parecía, sintiéndose algo culpable por hacerlo, por considerarlo de esa manera.
—¿Y qué historia vamos a darle a la gente? —De nuevo, volvió la rabia a la mayor de los hermanos Menzies—. A ver, ya que estás tú aquí, dínoslo. —Miró a su hermana con las manos en las caderas en una pose autoritaria, pero con un toque irónico.
—Podríais haberos conocido hace algún tiempo. Él se marchó a París a completar su formación y sus estudios.
—Eso es cierto. Pasé algunos años allí, como le dije a su hermana. Pero no parecía estar escuchándome —asintió y entornó la mirada hacia ella.
—Perfecto. Y ahora ha regresado y se ha visto envuelto en la rebelión de Claverhouse donde ha resultado herido. El resto es sencillo. —Keira se mostró tajante mirando a James a ver qué le parecía.
—Sería acertado contar lo que me ha sucedido. Dará más credibilidad a nuestra historia —aseguró él pasando su mirada de una hermana a la otra mientras él se apoyaba sobre la mesa y cruzaba los brazos.
Su pose cautivó a Fiona, que no pudo dejar de contemplarlo. Era un hombre interesante, atractivo y... Cerró su mente de golpe al darse cuenta de lo que estaba haciendo y prestó atención a la conversación de Keira con él.
—¿Se refiere a que ha combatido contra los ingleses y ha resultado herido? —Fiona pareció recobrar interés en la historia y lo miró intrigada.
—Así es. Justificaría mi relación con usted.
—¿Y por qué estaría dispuesto a ser mi prometido? —Fiona se mordía el labio con gesto expectante.
—He regresado a mi casa y me he encontrado con la rebelión. He caído herido y he acabado aquí. Lo demás... es sencillo de explicar. Al fin y al cabo, es lo que ha sucedido.
Fiona parpadeó en repetidas ocasiones sin dar crédito a la historia que su hermana y él estaban creando.
—Eso mismo le estaba planteando a Keira, cuando usted ha llegado.
—¿Y qué relación teníamos?
—Amigos desde hace años. En ocasiones coincidimos en alguna fiesta en Perth.
Solíamos acudir dadas las numerosas invitaciones que ambos clanes recibíamos.
En una de esas nos conocimos. En otras fuimos congeniando y profundizando nuestra amistad.
Poco después me marché a Francia, pero añado que no hubo un momento en el que no pensase en usted.
Ella se sonrojó cuando lo escuchó y algo en su interior le advirtió que podía ser convincente. Pero lo que la cautivó fue su manera de dirigirse a ella. Como si en realidad hubiese sido así.
—Suena muy poético.
—Pero valdría para explicar vuestra relación —apuntó Keira tratando de ser más optimista que su propia hermana—.
Él vuelve a Escocia justo cuando Claverhouse incita a la rebelión contra Londres.
El resto ya lo conocemos. Lo reconoces cuando lo ves llegar malherido y decides alojarlo aquí hasta que se recupere.
Ambos os reconocéis y os dais cuenta de que, a pesar del tiempo y la distancia, nada ha cambiado.
Que seguís sintiendo lo mismo de aquellos días.
—Habrá gente que se muestre reacia con usted. Me refiero a que ha seguido a Claverhouse. No todos lo han hecho —interrumpió Fiona queriendo que no hubiese ningún cabo suelto.
—Lo entiendo, pero supongo que también los habrá a favor de la casa Estuardo. No os preocupéis, sabré capear el temporal —señaló él.
—¿Y si no se creen la historia? —Fiona volvió a quedarse mirándolo de manera fija y angustiada.
—Deje que le diga que es usted poco optimista, señorita Menzies. Tengo la impresión de que quiere que alguien descubra nuestro pequeño secreto. De todas formas, una vez que nos hayamos casado, poco importará quién sea yo.
—¿Casarnos? ¿Es que piensa seguir adelante hasta el final? —Fiona insistió una vez más centrándose en él. El temor impregnó el tono de su voz porque no esperaba que él estuviese dispuesto a ello.
—Es el fin de esta comedia. Si no contraemos matrimonio, lo perderá todo.
Keira no podía dar crédito a que él estuviese dispuesto a casarse con su hermana para que esta retuviese el castillo y las tierras de los Menzies. No había pensado en ello hasta ese instante en el que él lo recordaba. Y tenía toda la razón.
—Así es, Fiona. Es el fin de la farsa que vais a representar. Si estáis prometidos es porque estáis dispuestos a casaros.
—Estoy en deuda con usted y lo sabe. Le he dado mi palabra y pienso cumplirla hasta el final. Los MacLean siempre cumplimos nuestra palabra.
Durante unos segundos ninguno de los presentes dijo nada. La firmeza con la que él lo decía no dejaba dudas al respecto. Los tres parecían estar pensando de manera detenida lo que se iba a llevar a cabo.