Capítulo 2 #2
Fiona le sostuvo la mirada con la que él parecía estar retándola.
Notaba la pared contra su espalda, consciente de que no tenía lugar donde ir.
Se había quedado en el umbral de la habitación dejando el espacio justo para que él pasase.
Tragó con dificultad y se humedeció los labios.
Se sentía nerviosa como una chiquilla. Por suerte para ella, él se apartó saliendo al pasillo y después comenzó a bajar la escalera de caracol hacia las plantas inferiores.
Buscaría a Balfour y se centraría en pasar el mayor tiempo posible con él.
De esa manera no pensaría en la dueña del castillo más de lo normal.
Cuando Fiona se vio sola, cerró los ojos, relajó los hombros y resopló con cierto alivio.
No entendía por qué sentía semejante calor por todo el cuerpo ni por qué se mostraba inquieta.
Creyó que se debía a la presencia tan cercana de él y al hecho de que no se le fuese de la cabeza la alocada idea de contarle la situación en la que se encontraba.
Además, ¿por qué habría él de aceptar su propuesta?
Era algo tan irracional como descabellado.
Decidió buscar a Amy a ver si necesitaba algo.
Estaba segura de que, si se mantenía entretenida, esos pensamientos quedarían olvidados hasta más adelante.
La encontró junto a Keira. Estaban hablando y parecían estar algo serias, con gesto de preocupación. Ambas se quedaron contemplándola mientras ella se acercaba.
—¿Qué tal se encuentra el McLean? —Su hermana fue la primera en preguntarle.
—Asegura que está bien. Ha ido en busca de Balfour para ver si puede echarle una mano con algo que tenga que hacer.
—Imagino que no le has comentado nada acerca del testamento y la fatídica cláusula.
Fiona observó a su hermana entornar la mirada con una mezcla de nervios y preocupación.
—Pues claro que no. ¿Alguien piensa que se me va a ocurrir contarle cuál es la situación que tenemos? —preguntó mirando a las dos mujeres.
—No, claro. Ni siquiera sabemos si ya está casado o si tiene alguna prometida.
—Ni lo está, ni la tiene.
—¿Te lo ha dicho él? —Keira abrió los ojos al máximo ante semejante respuesta.
—Sí. En un momento en el que estábamos hablando, me preguntó si estaba casada, si era yo quien en verdad mandaba en el clan Menzies y si dirigía la vida aquí.
—Supongo que le sorprendió cuando le contaste la verdad —apuntó el ama de llaves.
—Sí, así es.
—¿Piensa quedarse mucho tiempo? —Su hermana quería seguir indagando en lo que había estado hablando con él y cómo iba a afectarles.
—Hasta que se encuentre bien —respondió Fiona sin darle demasiada importancia, pero consciente de que, en aquella situación por la que atravesaba el clan, no le importaría que permaneciese en el castillo el tiempo que necesitase.
—¿Y crees que lo hará pronto y se marchará o bien se quedará en el castillo?
Fiona sonrió con picardía.
—¿Qué intentas decirme, Keira? No te andes por las ramas. No es lo tuyo.
—Pues te diré lo mismo que le comentaba a Amy cuando llegaste. ¿Por qué no podría ser él quien salvase el castillo y el futuro del clan?
—No podemos dejar esa responsabilidad en sus manos —reaccionó Fiona algo ofuscada por ese comentario, que era el mismo que ella se había repetido—. No puedo contarle algo así. ¿Pedirle que se case conmigo? ¿No entiendes que es una postura egoísta por mi parte?
—Hay muchos matrimonios de conveniencia. Y las tres lo sabemos. —Miró al ama de llaves y a su hermana—. No sería nada descabellado.
—Tal vez con que se convirtiese en un falso prometido...
Fiona se quedó mirando a Amy con la boca abierta ante lo que acababa de expresar.
—Solo hasta que venza el plazo de los tres meses —añadió Keira.
—¿Y después? Se supone que tenemos que casarnos.
No vale solo con que sea mi prometido los tres meses que nuestro padre me dio de plazo.
—Fiona se envalentonó encarándose con su propia hermana—.
¿Crees que estaría dispuesto a casarse? Ja, es una idea descabellada.
Algo que no se sostiene. No. No estoy dispuesta a pasar por esa situación.
—¿Y si durante el tiempo que esté aquí surgiese algo entre los dos?
La pregunta del ama de llaves la convirtió en el centro de atención de las hermanas Menzies.
—¿Estás insinuando que pudiese haber un romance entre mi hermana y el McLean? —Keira realizó la pregunta con un toque de suspicacia.
Las dos hermanas la observaron encoger sus hombros y poner una expresión de sorpresa por la reacción de estas.
—¿Por qué no podría suceder? ¿Hay algún impedimento?
Acabas de decirnos que no está casado ni prometido.
—Miraba a Fiona con curiosidad mientras la joven parecía tener complicaciones para responderle, de modo que se limitó a sacudir la cabeza—.
En ese caso, no hay nada ni nadie que pueda evitar lo que acabo de deciros.
—No voy a comprometerlo con algo semejante. Además, estoy segura de que, si se lo propusiese, saldría huyendo de aquí.
—Eso no lo sabemos, pero, si tan segura estás, tú que has pasado más tiempo con él... En fin, en ese caso, perderemos el castillo a manos de nuestro tío Mordacai.
—Sabemos que es lo que más anhela —aseguró Amy convencida de ello por la disputa que tuvo en su día con el padre de las dos muchachas a cuenta de este y de las tierras.
—Y otra cosa, te aconsejaría que tomaras una decisión al respecto lo antes posible.
Si se presenta por aquí y conoce al McLean, más te convendría decirle a este que se haga pasar por tu prometido.
Ni qué decir si coincidimos en alguna fiesta en Perth —le resumió Keira bastante preocupada por lo que pudiese dar de sí la situación.
Fiona torció el gesto ofuscada por aquella conversación, pero sobre todo por el comportamiento de ambas mujeres. ¿De dónde sacaba Amy que entre James y ella pudiese surgir algo sentimental?
—Entiendo que la situación no es nada agradable —comenzó explicando con relativa calma—, pero ello no quiere decir que opte por pedirle al primer hombre que aparece en Menzies que se haga pasar por mi prometido.
—¿No crees que su llegada ha sido primordial, jovencita?
Fiona fijó la mirada con toda intención en Amy y su media sonrisa socarrona.
—No irás a decirme ahora que es cosa del destino, ¿verdad? —Ladeó la cabeza contemplando al ama de llaves con las manos en las caderas.
—¿Por qué no? Creo que su llegada ha sido en el momento justo. Y ahora, si me disculpáis, chicas, he de seguir con mis tareas. No descartes lo que acabo de decirte, Fiona.
Esta permaneció en silencio mientras observaba al ama de llaves dejarla en compañía de su hermana. Le lanzó una mirada de advertencia a Keira para que no dijese nada más sobre el tema, o bien que lo que fuese a decir no la cabrease más.
—Yo no lo considero una locura después de todo. Ninguno en este castillo podemos asegurarte que entre el MacLean y tú pudiese surgir algo. Te dejo con tus pensamientos.
Fiona no abrió la boca mientras escuchaba a su hermana.
Era una idea descabellada lo que ambas proponían.
No iba a sugerirle que se hiciese pasar por su prometido.
Y menos creía que pudiese llegar a sentir algo por él.
Y, aunque se diera el caso, ¿quién podría asegurar que el MacLean se enamoraría de ella?
Sacudió la cabeza de nuevo desechando todo ese asunto.
Pero en algo tenía razón y era que su tío reclamaría el castillo si en tres meses ella no encontraba marido.
Debía tomar una decisión, y lo antes posible, o perdería Menzies y sus tierras.