La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—¿Lo dices en serio, hermana? —Callum, el menor de los tres, miraba a Fiona sin terminar de creerse lo que esta le estaba contando.

—He visto la copia del testamento. El señor Donaldson me la entregó para que la leyera. Era la firma de nuestro padre.

—Pero nuestro tío no se atreverá a quitarnos el castillo... —comentó Keira sacudiendo la cabeza segura de sus palabras.

—Yo no estaría tan seguro de ello. Él siempre lo ha ambicionado. Y, en cuanto se entere de la situación, vendrá a comprobarlo en persona.

—Pero tú no tienes ningún pretendiente. Siempre has dejado claro que no querías casarte —le recordó Keira a su hermana, que permanecía en silencio con la mirada perdida.

—De acuerdo, sí. Siempre dije que no quería casarme —gesticulaba con los brazos desesperada porque no sabía qué iba a hacer.

—¿Has cambiado de idea ahora con esto del testamento? —Callum miró de manera fija a su hermana mayor consciente de lo que se jugaban.

—¿Y de dónde va a sacar un pretendiente? —Keira volvió el rostro hacia su hermano y le hizo la pregunta con ironía.

Este se limitó a encogerse de hombros dejando claro que no conocía la respuesta.

—No lo sé. Siempre puedes pedirle un favor a algún conocido. Al menos que se haga pasar por tu prometido hasta que todo pase.

—No vale con ser mi prometido, Callum. Tengo que casarme, que es bien distinto. Compartir mi vida con un extraño, ¿lo entiendes? —le aclaró enfurecida por el comentario.

—Entonces, temo que perderemos el castillo —sentenció Keira—. Lo que no logro entender es por qué nuestros padres te han hecho algo así. Bueno, en realidad, los dos querían que te casaras. Mamá también.

—Es lo que se espera en una mujer de mi edad. Lo sé.

—Entonces, ¿cómo vas a solucionarlo? ¿O acaso piensas rendirte y dejar que nuestro tío se haga con el castillo? —Callum temía que eso llegase a suceder, y no porque su hermana mayor se rindiese, sino más bien porque no creía que cumpliese la cláusula del testamento.

—No lo sé. Debo pensar en frio qué voy a hacer. Por lo pronto tenemos tres meses por delante para seguir aquí en el castillo.

—Y para encontrarte un marido. —Callum sonrió con picardía, pero en verdad no le hacía gracia.

—No sé. Mira a ver la próxima vez que nos inviten a un baile en Perth. Eres la señora del castillo del clan Menzies. Nuestra jefa —le recordó Keira.

—Estoy seguro de que, en cuanto se haga correr la voz de la noticia, pretendientes no te faltarán —le aseguró su hermano asintiendo muy seguro de esto—. ¿Quién no querría vivir en este castillo? Uno de los mejores que hay en la región de Perthshire. Te resultará sencillo.

—La cuestión no es quién quiere vivir aquí, porque no hay duda de que muchos querrían hacerlo.

Se trata de nuestra hermana. Ha de ser alguien adecuado para ella, ¡so penco!

No va a compartir su vida con el primero que se lo pida solo por no perder el castillo.

—Keira le dio un pescozón para que reaccionara.

Fiona sonrió por primera vez ese día al ver la reacción de su hermana.

—Es mejor que dejemos el tema aparcado por el momento. Ya tendremos tiempo para hablar de ello. Voy a hablar con Balfour a ver cómo marcha todo.

Los dos hermanos la vieron abandonar la estancia en silencio.

—¿Crees que logrará encontrar a alguien que quiera casarse con ella?

Keira miró a su hermano y suspiró.

—¿Tú no? Como se te ocurra volver a decir semejante estupidez delante de nuestra hermana, te juro que... No sé lo que te hago. Me da igual que seas solo dos años menor que yo y que tengas edad para buscarte una mujer.

—Yo os cedo el lugar a las dos. Ya tendré tiempo de buscarla, pero primero está nuestra hermana. Y luego vas tú. En cuanto a Fiona, debe encontrar un hombre que le guste y que la trate bien. Pero ¿dónde lo va a encontrar? Según tú, ¿en alguna fiesta en Perth cuando la inviten?

—Esperemos. Sigamos con lo que estábamos haciendo.

James llegó a un claro desde el que divisó un edificio de grandes dimensiones construido en piedra con tejados de pizarra, así como los de las torres.

Detrás de este había una ladera que ascendía toda cubierta de árboles y vegetación.

Se quedó clavado en el sitio porque por un momento pensó que aquella imagen era fruto de su imaginación.

Que la herida y el cansancio comenzaban a afectar su cordura.

Pero entonces se fijó en que el humo salía de las chimeneas y algunas personas se movían por el exterior.

No vaciló en seguir avanzando hacia este y pedir ayuda a sus dueños.

A medida que se acercaba al edificio, se daba cuenta de su majestuosidad.

Constaba de cuatro plantas si incluía las ventanas abuhardilladas que sobresalían.

También disponía de varias torres en los salientes.

¿De quién era?, se preguntó recorriendo el camino de tierra que conducía hasta la puerta.

Fiona charlaba con Balfour cuando se fijó en la llegada de alguien por el sendero que llevaba hasta la entrada del castillo. Entrecerró los ojos y se apartó unos pasos de su hombre de confianza. ¿Quién era aquel extraño que vestía las ropas sucias y tenía la camisa rasgada y... teñida de sangre?

—Señora, ¿qué sucede? —Balfour se había quedado mirándola intrigado por un momento. Hasta que él también dirigió su atención hacia el hombre que se acercaba—. Tened cuidado, mi señora. No sabemos de quién se trata.

—Por lo pronto, es alguien que está herido a punto de desfallecer. Vamos, échame una mano con él.

James apenas si tenía fuerzas para tenerse en pie. Pero entonces sintió que un par de brazos fuertes lo sujetaban impidiendo que cayera.

—No os preocupéis. Os tengo bien sujeto —le dijo Balfour fijándose en él. En sus ojos oscuros, en sus rasgos firmes y su media sonrisa.

—Os lo agradezco.

—Llévalo dentro mientras mando preparar un lugar para atenderlo.

Fiona regresó al castillo dejando que Balfour se encargase de entrar al extraño. La aparición de este captó la atención inmediata de Keira.

—¿Quién es?

—No lo sabemos todavía. Ha aparecido en el camino que conducía aquí —le aclaro el rudo escocés de Balfour mientras lo sujetaba para que no se cayese—. Parece alguien que acaba de salir de una batalla.

—Llévalo al salón. Amy, trae agua, paños y... —La joven se puso nerviosa porque en ese momento no sabía que más podría necesitar. No hasta que viera si tenía alguna herida.

—¿Qué sucede? ¿A qué viene este alboroto? ¿Quién es? —preguntó Callum apareciendo de improviso y señalando al herido.

—Venía hacia aquí cuando Balfour y nuestra hermana lo han visto. Han decidido meterlo en la casa —le explicó Keira sin perderlo de vista.

Fiona comenzó a rasgarle la camisa dejando su torso al descubierto y fue cuando vio el corte en el costado derecho por el que manaba la sangre.

—Necesitaré aguja e hilo para cerrarlo —pidió sin apartar la atención de la herida.

—Pero no tienes experiencia en cerrar heridas. —Su hermana se lo recordó mirándola con preocupación por si no salía bien.

—No te preocupes, imaginaré que te estoy cosiendo el bajo de tu vestido —sonrió divertida, pero en su interior se mostraba algo nerviosa ante aquella situación.

—¿Me ve como un trozo de tela, señora? —La voz de él captó la atención de los allí presentes. James la miraba con curiosidad, pero también porque en ese momento su rostro le parecía bastante hermoso y dulce—. No sé si dejar mi vida en sus manos...

—No le queda otra, salvo que prefiera morir. Si no le cierro la herida, esta puede infectarse. Además, sigue perdiendo sangre.

—¿No tienen un médico?

—Yo haré las veces de doctor. Voy a lavarle la herida, le aviso por si le duele, aunque procuraré tener cuidado.

Fiona cogió el trapo empapado en agua y comenzó a aplicar suaves y delicados toques sobre la herida para poder retirar la sangre seca.

—Es una cuchillada algo profunda —afirmó cuando la zona estuvo limpia del todo—. ¿El filo de un sable o una bayoneta? —le preguntó sin levantar la mirada de la herida en ningún momento.

—No estoy seguro. Ni si quiera me di cuenta de ella hasta que me detuve. Por cierto, ¿dónde me encuentro y quién es toda esta gente que está mirando?

—Está en castillo del clan Menzies.

—Menzies...

—¿Y usted quién es? —La curiosidad de Keira hizo que el pulso de Fiona dudase.

James tragó cuando sintió la aguja pasar la carne en repetidas ocasiones.

—Me llamo James y pertenezco al clan McLean.

—¿Viene usted del paso de Killiecrankie? —Fiona arqueó una ceja con interés al escuchar la pregunta de Callum en esta ocasión.

—Vengo huyendo de allí. No sé el tiempo que llevó haciéndolo. Solo sabía que tenía que alejarme lo máximo posible del lugar y de las tropas inglesas para salvarme.

—Entonces, ha luchado al lado de Claverhouse —continuó Callum cuya curiosidad no parecía tener límites—. ¿Ha matado a muchos sassenach ?

—¡Callum! No es el momento —protestó Fiona. Un leve quejido del hombre convaleciente—. Lo siento. ¿Le he hecho daño?

Sus miradas se encontraron de manera rápida, y no se separaron durante algunos segundos. La presencia de ella parecía ser un bálsamo para su estado. Se había recogido el cabello con una cinta, lo que le dejaba a él una visión amplia de su rostro. Sus ojos eran claros con un brillo hipnótico.

—No, no se preocupe —logró decirle en aquel estado de ensoñación en el que creía estar sumido—. Estoy acostumbrado a las heridas.

Fiona vio algunas cicatrices en el torso de él. Sin duda producidas en duelos o en otras batallas.

—Esto casi está terminado. Y será mejor que se quede quieto una temporada hasta que cicatrice.

—Ya, pero debo alejarme de aquí cuanto antes. Los ingleses podrían presentarse preguntando si han visto rebeldes...

—No los hemos visto —dijo de manera tajante ella haciéndole ver que podía estar tranquilo—. Y le aconsejo que se quede aquí hasta que se reponga. No puede emprender ningún viaje en su estado.

—Pero solo es una herida.