CAPÍTULO 2 #3
—Un exempleado que manejaba maquinaria pesada para ellos. Claro que lo importante es el «ex». Oyó cosas que no debería haber oído, me las contó, y ahora él también es exempleado.
Se inclinó hacia delante.
—Confía en mí, Clint. Esto es noticia, y de la buena.
—No quiero que la escribas.
—Si quieres tirar de rango, Clint, adelante. Pero antes de seguir, quiero hablar con los editores de los otros periódicos del grupo. Se juegan tanto como nosotros en esto. Sabes que se pondrán de mi lado. Tengo que publicar esta historia.
Clint conocía bien el historial. El tío Dory llevaba años hostigando a Skyline, y todos los editores de los distintos periódicos habían seguido su ejemplo.
Eso lo ponía ahora en una posición delicada.
No tenía recursos para enfrentarse a Skyline, pero oponerse a esa empresa parecía ser la línea editorial del periódico.
—Skyline acabará hundiéndose sola a largo plazo. ¿De verdad crees que necesitan nuestra ayuda?
Nadine le sostuvo la mirada.
—Pues a mí me parece una buena causa, así que... ¿por qué no acortar un poco ese largo plazo?
Clint sabía que tenía razón, pero también que debía asegurarse de que no estuviera sacando artículos solo por fastidiar a una empresa que tenía al abogado en marcación rápida.
—¿Por qué no? Porque esta vez podrían llevarnos a juicio.
Contuvo la frustración. El negocio de la prensa era duro, y agradecía la fidelidad de sus lectores. Quería que siguiera así. Los pleitos tenían la costumbre de devorarte la vida, y no quería verse envuelto en uno.
—Sus abogados hacen mucho ruido, pero siempre se echan atrás cuando respondemos.
—¿Has hablado con alguien que trabaje en Skyline ahora? —insistió él—. ¿Para corroborarlo?
—Vamos, Clint. A la dirección le caigo tan bien como a ti.
El comentario lo desconcertó.
—¿Qué quieres decir con eso?
Nadine se encogió de hombros, sin dignarse a responder, con la mirada fija en cualquier parte menos en él.
Se levantó del escritorio, sorprendido de que ella pensara eso de él, preguntándose si quizá esa no sería la clave, la verdadera razón por la que ella mantenía tanta distancia.
—¿Por qué crees que no me caes bien?
Cuando se acercó, Nadine también se puso de pie y lo miró con los ojos oscuros muy abiertos. Y en aquellas profundidades marrones captó un atisbo sorprendente de vulnerabilidad. Un ablandamiento momentáneo.
¿Se lo habría imaginado, o ella se inclinaba hacia él? ¿Era eso un atisbo de sonrisa en sus labios?
Algo pareció cambiar entre ellos, y sintió el impulso de acariciarle la mejilla, de deslizar los dedos por aquel cabello espeso y oscuro...
—Matthew McKnight está en la línea dos, el señor Fletcher —la voz de Julie por el intercomunicador atravesó la atmósfera cargada. Clint parpadeó; Nadine dio un paso atrás.
—Bueno, será mejor que me vaya. Pareces ocupado —dijo ella con una risa breve. Recogió la mochila, se la colgó al hombro y se marchó.
Clint se volvió hacia el teléfono, frustrado y molesto por la interrupción. Pulsó el botón y respondió con brusquedad:
—Hola, Matthew, ¿qué pasa?
—No mucho. Lo de siempre en el mundo de la abogacía. Demandas, discusiones y redacción de escritos. Demasiados escritos.
—¿Llamas para quedar algún día?
—En realidad, no. Mi padre quiere que me haga cargo de tu expediente en lugar de John.
—Oh —el padre de Matthew era el dueño del bufete en el que trabajaba. Si Clifton McKnight quería que su hijo llevara el caso, debía de ser grave.
—Sí.
Aunque Clint se alegraba de oír la voz de su amigo, el hecho de que Matthew lo llamara a la oficina en horario laboral no auguraba nada bueno. Cerró la puerta del despacho, se sentó ante el escritorio y se volvió para mirar por la ventana.
—¿Así que llamas para ponerte al día?
—Eso, y para decirte que John recibió otra llamada de los abogados de Skyline.
—¿Y ahora qué?
—Nada, en realidad. Solo tantean el terreno. Preguntaron si habías recibido su notificación.
Clint pensó en la carta que Matthew le había pasado. La carta en la que afirmaban estar descontentos con la cobertura sesgada que su periódico hacía de la empresa, y preguntaban qué pensaba hacer al respecto.
—La recibí. Volveré a hablar con Nadine.
—Asegúrate de hacerlo. Esos abogados están preparando una demanda si ella no da marcha atrás.
Clint se frotó la frente con el índice, como si intentara ordenar sus ideas.
—Creo que captó el mensaje —aunque incluso mientras lo decía pensó en el artículo del que acababa de hablar con Nadine—. Todo irá bien.
—Eso espero —respondió Matthew—. No quiero tener que enfrentarme a una empresa como Skyline. Tienen mucho dinero y una gran inquina contra vuestro pequeño periódico.
—Gracias por los ánimos —dijo Clint.
—Solo soy realista —replicó Matthew.
Charlaron un momento más y luego Clint se despidió. Al colgar, miró por la ventana hacia las montañas. Se había alegrado de volver a Sweet Creek, de mudarse a la casa que Dory Strepchuk le había vendido.
Y aunque había albergado cierta esperanza de hacer las paces con Nadine, quizá incluso algo más, también sabía que no iba a poner en peligro esta oportunidad solo para que ella pudiera desquitarse con ellos.