La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 27. Tormenta #4
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27. Tormenta #4

—Tú tampoco te quedas atrás —confesó ella, lo que avivó el fuego en las venas del chico.

—Al fin admites la cruuuda realidad —soltó juguetón y moviendo las manos con lentitud sobre ella.

—En ningún momento lo he nega...

No le dio tiempo ni a gritar de la sorpresa, pues un segundo después Garret estaba cogiéndola de las caderas para girar sobre sí mismos, con lo que ella quedó debajo de él; la diferencia de tamaños hizo que, por primera vez en mucho tiempo, se sintiese realmente pequeña.

Pero segura.

—Que no has negado, ¿qué? —preguntó el arquero fingiendo inocencia.

«Cabrón».

—¿Por qué no me has dejado...? —lo ignoró ella con otra pregunta.

El pirata también la ignoró y se inclinó sobre ella con decisión; sus bocas se encontraron de nuevo y esta vez el beso fue más pasional, más primitivo, mientras la acariciaba y la excitaba tocándole los pechos.

Hazel se pegó aún más a él, gimiendo con fuerza.

En el exterior, la tormenta no cesaba y el ruido del agua amortiguaba los sonidos que ambos proferían. Y poder gritar de placer era algo que a Hazel la volvía loca, por lo que estaba deseando hacerlo y oír los gemidos de Garret.

Al terminar ese tórrido beso, le tocó el turno a él de sonreír de forma orgullosa.

—Antes me has dicho que ibas a demostrarme lo que provoco en ti y lo mucho que llevas pensando en esto... ¿Cómo? —lo retó ella y pasó sus manos por la larga y suelta melena del pirata—. ¿Qué vas a hacerme?

Garret se abrió paso entre sus piernas y el roce de los gruesos dedos la hizo temblar.

—Hazel.

—¿Sí? —susurró, empezando a mover las caderas contra él en busca de más fricción.

—Puede que me falte medio dedo, pero, créeme, te voy a hacer gritar.

Tumbada frente a él, desnuda y expuesta, se mordió un dedo con aire seductor mientras Garret se inclinaba para besarla entre los pechos, para luego bajar por su vientre y seguir descendiendo, muy despacio, hacia su parte más íntima.

—¿Tanta confianza te gastas, arquero?

—Déjame demostrártelo.

Hazel se mordió el labio inferior y él la miró largo y tendido antes de lamerla... de arriba abajo lentamente.

Hazel gimió y sintió que la agarraba por los muslos, que apoyó en sus hombros, anclándola a él para comérsela.

—¿Siempre estás tan empapada cuando estamos juntos, Belladona?

No le dio tiempo a responder, pues de nuevo estaba lamiéndola y succionando su clítoris. Ella se agarró a sus cabellos y, entre risas y gemidos, gritó su nombre.

—Garret. Sí. Sigue, así.

Lo hacía demasiado bien; los movimientos de su lengua, de sus labios, de sus dientes, cómo jugaba, chupaba, lamía y succionaba las partes más erógenas y sensibles aplicando los tiempos y la presión justos.

La llevaba al borde del precipicio para luego detenerse y darle suaves y delicados besos en los muslos, dejándola sin aliento.

No era justo. Ella también... quería saborearlo; quería que embistiese contra su boca, llevarlo al límite y perderlo para luego volver a recuperarlo.

Sumergida en todo lo que él le hacía sentir, a la vez que seguía disfrutándola, notó que uno de sus grandes dedos entraba en ella despacio. Hazel arqueó la espalda, soltando un grito de sorpresa y anhelo, moviendo las caderas de un lado al otro.

—Garret... —Otro gemido de placer—. Para, espera...

Este se detuvo al instante, con preocupación en el rostro.

—¿Te he hecho daño?

Ante la distracción, ella aprovechó el momento y se lanzó a su boca, rodeándole el cuello y quedándose de rodillas.

—Hazel, ¿estás bien? —susurró entre besos, como si no pudiese centrarse en ella ante su silencio.

La chica sonrió con dulzura. Ese arquero había ido rompiendo todos los esquemas que ella se había formado de él, sus ideas preconcebidas, pues Garret Zatran se preocupaba por los demás... y por ella especialmente, algo a lo que Hazel no se atrevía a poner nombre.

—Estoy muy bien. —Se miraron durante unos segundos y ella acarició con un pulgar su mandíbula en un gesto tan íntimo que se asombró a sí misma—. Túmbate. Me toca a mí.

—No había acabado de...

Lo empujó hacia atrás, obligándolo a sentarse.

—Lo sé, pero tenemos toda la noche, así que... —las pupilas de él parecieron dilatarse aún más, destacando sobre sus mejillas encendidas, en parte por la chimenea, y Hazel pudo leer en sus ojos lo mucho que había deseado aquello— calla y goza.

Empezar con delicadeza no iba con Hazel; le encantaba pillarlos desprevenidos.

Apoyándose en su brazo izquierdo, rozó el erecto y palpitante miembro de Garret con su mano derecha y se aseguró de no cortar el contacto visual.

Ante el roce de piel con piel, él siseó y ladeó la cabeza de tal manera que parte de su melena castaña le cayó sobre el rostro; la apartó, molesto, pues no quería perderse nada de aquel espectáculo.

Y fue ese gesto, cómo su cabello había caído, cómo se lo había apartado, junto con el brillo y la expresión de puro deseo y, en cierto modo, vulnerabilidad, lo que heló por un instante a Hazel, pues estaban mostrándose una parte de sí mismos que, era evidente, había despertado hacía tiempo.

Como si...

Debía olvidarse de todo aquello y centrarse en lo que deseaba: darle placer.

Y también disfrutarlo ella misma.

Reunió saliva en sus labios y, poco a poco, la dejó caer sobre la punta del miembro masculino y movió la mano de arriba abajo, mezclando su propio fluido con el de él y, pasándose la lengua por los labios, los abrió y se lo introdujo en la boca.

Todo lo que pudo.

Garret gimió con fuerza, extasiado, y hundió la mano en el cabello de Hazel.

Ella soltó una risita juguetona y recorrió con la lengua toda su longitud mientras se lo sacaba de la boca, pero apretando la base en todo momento.

Su vagina palpitó y su humedad aumentó por momentos.

—No sabes... —susurró segundos después, cuando lo extrajo de su boca por completo y se inclinó para lamerle desde la base hasta la punta, mirándolo a través de sus pestañas y empapándose de la vista que tenía.

La excitaba tanto tenerlos a su merced...

—¿Qué no sé, Hazel?

Un reto. Siempre era un constante reto entre ellos, y lo adoraba.

Hazel se levantó un poco y, despacio, pasó el erecto y palpitante miembro por encima de sus puntiagudos pezones, hinchados de excitación.

—Lo mucho que me estoy resistiendo a sentarme encima de ti... —Otra succión, y Garret siseó, adelantando las caderas para metérsela más en la boca, algo que consiguió, pues ella lo aceptó para luego acelerar el ritmo de su felación.

—Conmigo no vas a poder tener siempre el control, Belladona.

Ahí estaba. Otro reto.

Le apretó los testículos y, esta vez, metió todo lo que pudo en su garganta... y el salado sabor la inundó, excitándola aún más. Hazel gimió con ganas y levantó sus ojos para mirarlo.

Estaba sonriendo como un maldito engreído a la vez que apretaba el agarre en el cabello de ella y los músculos de su otro brazo, apoyado con fuerza contra el suelo, se tensaban, sus venas marcándose de forma evidente.

Otro relámpago iluminó la noche y Hazel supo, por el palpitar de su miembro, que estaba saboreando con gusto, que no le faltaba nada para llegar al clímax.

Por eso, en un gesto lento, usó sus dientes para rozar de esa forma delicada e indolora el exterior de la brillante y gruesa polla como despedida..., de momento.

Vio cómo su ausencia lo sacaba de su casi orgasmo y la miró con ojos obnubilados, momento que ella aprovechó para trepar sobre él. La chimenea a su izquierda crepitaba con ganas caldeando el ambiente y provocando que una leve capa de sudor impregnase sus cuerpos.

Él se incorporó, rodeándola con ambos brazos, y ella lo agarró por la mandíbula para besarlo con ansia, sed y cierto punto de desafío.

Hundió una mano en su densa melena y llevó la otra a la parte alta de su espalda, sus uñas clavándose en cuanto sintió el roce de su polla, que había tenido escasos segundos antes en el fondo de su garganta, contra su vientre.

—¿Cómo vas a follarme, Garret? —murmuró sobre sus labios, separándose lo justo para poder mirarlo al decirlo.

—¿Cómo quieres que te folle, Hazel? —Le mordió el labio y ella rio divertida y excitada.

«Cómo estaba disfrutando aquello».

—¿Qué te parece si nos turnamos para llevar las riendas? —sugirió ella de repente.

Jamás le había dicho eso a ninguna de sus parejas sexuales.

Pues ella siempre había tenido el control y a ellos les había encantado.

No supo por qué le estaba tendiendo la mano a Garret, pero lo hizo.

Y no se arrepintió.

—Y eso, ¿cómo se hace? —Apartándose de sus labios, se dirigió a su cuello, que succionó con fuerza a la vez que masajeaba sus nalgas, hundiendo sus grandes manos con ganas—. Tienes el mejor culo que he visto en mi vida, Belladona.

Se apretó más contra él ante el comentario, soltando un ligero jadeo de placer.

—Déjame montarte y lo tendrás a tu disposición.

—¿Así es como nos turnamos? ¿De eso va ceder el control? Porque no me desagrada la idea en absoluto.

Hazel fue a hablar, pero entonces vio cómo, poco a poco, él se dejaba caer hacia atrás, alargando lo máximo posible el brazo hasta llegar al borde de la cama, donde estaba la almohada, que puso bajo su cabeza antes de sonreír maliciosamente.

—Me gusta la comodidad.

Ella negó divertida, mordiéndose el labio inferior, y apoyó ambas manos en sus pectorales, disfrutando de las vistas y del tacto de su cuerpo.

—Vas a desgastarme con los ojos...

— Cállate.

Garret rio con ganas y movió las caderas para recolocarse debajo de ella, sujetándola por la cintura y posicionando el pene en la entrada de su sexo cubierto por una ligera capa de vello; pudo apreciar la humedad que lo esperaba impaciente.

—Mañana me tomaré un filtro para evitar la concepción, así que no hace falta que nos controlemos —musitó ella, y con una mano cogió su miembro, levantándose para dejar la punta en la entrada y acariciarse con ella—, ambos podremos terminar sin problema.

Vio que él se disponía a decir algo, pero, sonriendo, se dejó caer, introduciéndolo en ella por completo.

La sensación fue explosiva, brutal.