La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 25. Gradhella #3
74%

25. Gradhella #3

Neve le ofreció una sonrisa fugaz, pero él notó que no le llegaba a los ojos, que su mente no estaba del todo allí.

Tal vez no había sido buena idea traerla a la casa tan rápido.

Necesitaba descansar.

Iba a decírselo cuando se vio interrumpido.

—Luego nos dimos cuenta de un patrón. —Esta vez hablaba Hazel, que se inclinó sobre la mesa—. Viendo que la primera constelación se llama Laverne y que hay una antigua fábula cuya protagonista tiene ese mismo nombre, se nos ocurrió que no debía de ser casualidad.

»Por eso, buscamos si también había una fábula para las otras constelaciones, por si alguna podía llevarnos a esa séptima desconocida, pero no hemos encontrado nada. Aun así...

La curandera sacó un total de cinco pergaminos enrollados.

—Sí que hay fábulas sobre las otras cinco. ¿No es extraño?

—Tal vez las escribió la misma persona —sugirió Garret de pronto—. Tendría una fijación por esta estrella en concreto y las constelaciones que la componen. Y como él o ella tampoco halló datos sobre esa séptima constelación... no hay fábula ninguna.

—Tiene sentido —murmuró Índigo, boquiabierta.

—Bien hecho, Zatran —lo felicitó Arendar.

—¿Por qué os extrañáis y me felicitáis como si fuera corto? Fui yo quien relacionó la fábula de Laverne con todo esto, espabilados.

Hazel chasqueó la lengua, poniendo los ojos en blanco, y Arendar le dio una palmada en el hombro, sonriendo.

—Perdona si ha sonado así, no era mi intención.

—Que te den —escupió él de vuelta de forma amistosa, dándole un codazo.

—Entonces tenemos una fábula para cada constelación excepto para la séptima, de la que tampoco sabemos el nombre —resumió Vasilak, toda la información acumulándose en su cabeza y el silencio repentino de Neve a su lado convirtiéndose en un peso que no podía ignorar—. ¿Tal vez alguien la...?

Se calló de golpe cuando Neve casi cayó al suelo y él logró agarrarla a tiempo.

Todos se pusieron en alerta, prestando atención a la capitana.

—¡Neve! —gritó Índigo, corriendo a sujetarla por el brazo izquierdo mientras Vasilak lo hacía por el derecho—. ¿Estás bien?

—¿O’Shea? —insistió Vasilak.

—Perdonad..., es que aún estoy algo cansada —se excusó ella.

—Pues esta noche tenemos fiesta —comentó Garret, cruzándose de brazos.

Cierto. La fiesta de bienvenida para él, lo había olvidado por completo.

—¿Fiesta? —preguntó ella, apoyándose en la mesa con esfuerzo.

—Solemos organizarla cuando Vasilak regresa después de meses de travesía. Sería un insulto para su pueblo no celebrarlo —explicó Zóferas, su potente e intimidante voz haciendo que todos se girasen.

—Creo que podemos tomarnos esta noche de descanso, ¿no creéis?, nos lo hemos ganado con creces, y ya mañana proseguiremos con la investigación para programar nuestros siguientes pasos...

—Mañana tendremos una resaca importante, capitana —soltó Garret con tanta seriedad que Vasilak no tuvo más remedio que darle la razón.

—Ahí coincido con mi arquero. Estas fiestas suelen ser... potentes.

—Pues pasado mañana. Tenemos tiempo, no creo que pase nada por desconectar unas horas, y así las chicas y yo podremos descansar mientras disfrutáis de...

—¿Quién dice que no asistiréis?

Una vez más, toda la atención fue para Zóferas, quien, dando un golpe de báculo, se levantó de su asiento. Ivette se apartó; se había mantenido callada durante toda la conversación, y no parecía dispuesta a romper su silencio.

—Sería una falta de respeto terrible, no solo por vuestra parte, sino por la de mi nieto, que las invitadas de honor no apareciesen por la fiesta.

—No creo que nos tengan en gran aprecio, señora —replicó Hazel, ladeando la cabeza en un gesto de evidente preocupación.

—Y no os lo tienen —respondió con aquella tranquilidad que la caracterizaba—. Aun así, asistiréis. Ordenaré que lleven los vestidos para esta noche a vuestras habitaciones. Ivette, conmigo.

Sin dar ocasión a que ninguno de los presentes objetara algo, la anciana salió del salón con paso firme. La joven Rackstorm no dijo nada, pero lanzó una mirada de desazón a su padre que este no acabó de entender.

Había algo que se le escapaba y eso era algo que Vasilak odiaba sobremanera.

—¿Ha dicho nuestras habitaciones? —dijo Neve con voz exhausta, mirando a Índigo y Hazel.

Esta última asintió.

—Vasilak nos ofreció aposentos aquí, pero los rechazamos para quedarnos contigo en el barco. Esta noche será la primera, ahora que has despertado.

—¿Creías que íbamos a dejarte sola en el Luz del Alba en tu estado? Neve... —suspiró exasperada su contramaestre, cruzándose de brazos.

—Quedémonos con lo bueno: tenemos una pista sobre la Séptima y encima hay una fiesta esta noche —intervino el capitán del Indomable .

Neve se giró para mirarlo, y hubo algo en aquellos ojos dorados que lo dejó sin palabras durante un largo momento.

«¿Qué narices te pasa, Rackstorm?», pensó para sí mismo.

—Creo que lo mejor será que me tumbe un rato antes de la gran celebración —le explicó—. Todavía estoy bastante cansada.

Vasilak asintió y se dirigió a la doble puerta acristalada del salón.

—Voy a pedir que os acompañen a vuestros aposentos. Esperad aquí.

El capitán del Indomable salió de la estancia como un torbellino en busca del servicio.

Respirando hondo, se llevó una mano al pecho y sintió el relieve familiar de la vieja herida bajo sus dedos callosos mientras en su cabeza resonaba el «Gracias» de Neve, que lo perseguía como un hambriento fantasma.

Se encontraban en algo muy parecido a un gran salón. Durante un momento Sage se preguntó por qué el Oráculo hacía aquellos cambios de escenario y si aquel sería su lugar de residencia..., si es que los dioses tenían uno.

«Una diosa —se recordó—. Estamos en presencia de una diosa».

Los cinco tomaron asiento como les había ordenado y la artillera echó un rápido vistazo a sus compañeros, que todavía no parecían dar crédito a todo aquello, sobre todo, a lo que tenían delante.

—No te robaremos mucho tiempo —le aseguró Lamya, manteniendo su porte regio, que emanaba autoridad.

— Nadie puede robarme tiempo. Ese es un concepto que tan solo existe para vosotros, los mortales.

—¿Puedes decir eso siendo una diosa que conoce pasado, presente y futuro? —inquirió Sage sin poder evitarlo.

El Oráculo no respondió; se sentó en el único sillón vacío que quedaba y se sirvió una taza de té de una tetera que había en la mesita auxiliar situada al lado de los sillones.

Un juego de té que segundos antes no estaba ahí.

— Contadme lo que habéis descubierto en vuestra travesía hacia la Séptima — murmuró antes de dar un sorbo a la humeante infusión.

Se miraron entre sí, pero, al final, todos clavaron la vista en Sage. A esta le sorprendió que Raven no tomara la iniciativa, pero, con un gesto, la espía la alentó a hablar.

El corazón de Sage dio un vuelco enorme. Gigantesco.

—Sellamos el pacto en Cráneo Negro con Rackstorm —comenzó a explicar y, aunque supuso que el Oráculo sabía todo lo que iba a decir, se permitió pensar que habría una muy buena razón para ello—.

Luego fuimos a ver a Lamya por si nos podía dar alguna pista sobre la existencia de la Séptima y nos habló de las murallas sumergidas de Noros.

No sabemos hasta dónde habrán llegado Neve y Vasilak, pues, en cierto punto de la travesía, tuvimos que dividirnos.

»A nosotros nos enviaron al Continente Oeste para espiar a Harker Rout II, porque, como nos avisaste de su “alianza” con el Emperador, querían conocer los motivos del rey para confabularse con ese misterioso ser, rompiendo así el pacto de Nahulla, y temían qué pudiese haber salido de dicha unión.

— Prosigue, muchacha —respondió con una tranquilidad que inquietó a la artillera.

Algo ocurría.

Sage tragó saliva, removiéndose inquieta en el asiento y sintiendo la atenta mirada de los otros en ella. El Oráculo esperó a que continuara.

—Hemos ido informando a Neve de nuestros avances, pero todavía no hemos recibido respuesta..., aunque, si hubiese pasado algo grave, lo sabríamos.

— Queréis saberlo..., si siguen vivos —afirmó el Oráculo, y Sage oyó que Nasir decía «Sí» casi como si fuese una orden en lugar de una súplica—. Lo están. Continúa, Sage.

Esta soltó un suspiro de alivio y prosiguió con su explicación.

—Cuando nos infiltramos en palacio, con la ayuda del príncipe Nicholas descubrimos que el rey estaba poseído por un espíritu maligno y, cuando huimos de allí, regresamos a Monha, a buscar a la princesa Lamya para ver si podía ayudarnos con la fábula de Laverne.

Le contamos lo que le pasó a Harker y, gracias a la sabiduría de la trishuka , llegamos a dos conclusiones.

— ¿Que son? —Dejó su taza de té sobre la mesita y cruzó sobre el regazo sus esqueléticas manos cubiertas por unos guantes de encaje negro.

—Que lo que estamos buscando es una profecía que ha sido ocultada con un hechizo —explicó Lamya, tomando el relevo, y Sage lo agradeció.

El nudo en su garganta no paraba de crecer.

Miró a Raven, que asintió, como diciendo «Lo has hecho bien»—.

Pero es un tipo de hechizo muy poderoso, que solo alguien no solo con capacidades, sino con los recursos adecuados, pudo realizar... , alguien como el Emperador.

— Antes no se le conocía por ese nombre, es un alias — comentó como si nada el Oráculo—. Tenía un nombre que infundía miedo, pero tuvo que ocultarlo, pues la reputación de su verdadero nombre podía atraer visitas y curiosos inesperados.

—Supongo que no nos dirás ese nombre —comentó Raven, cruzándose de piernas.

— ¿Acaso esas son las preguntas con las que habíais venido?

—No, pero podemos añadir alguna a la lista —replicó Barak, apoyando sus antebrazos en sus muslos y entrelazando las manos, consiguiendo un punto de apoyo y una postura que pretendían ser intimidantes. Sage no pudo evitar reír por dentro. ¿Quién podría intimidar a una diosa?

— No puedo interferir.

—En ese caso, ¿por qué nos dijiste que buscásemos la Séptima?

Se hizo un silencio repentino y el Oráculo volvió la cabeza hacia Sage, que supo entonces que acababa de encontrar un fallo en su plan.