23. La guardiana #6
—¿Y eso se debe a...? —inquirió Garret, que iba tan perdido como los demás.
—El mito de la Séptima se remonta a la Cuarta Era de los Antiguos, la que vino antes de los tiempos modernos, la Era Impera —dijo Arendar de repente—. Durante la Cuarta Era tuvo lugar la caída de Noros, así que nos encontramos en el último tramo de muralla que fue decorado.
Neve advirtió que Índigo cerraba el puño. Era evidente que Arendar le había quitado esas palabras de la boca..., y en el ámbito académico, en su terreno , Índigo era única, lo que la había puesto furiosa.
—Justo lo que iba a decir —soltó con dureza.
Neve le dio un leve toque con el pie, que bastó para que la contramaestre se calmase un poco.
La capitana no lo diría en voz alta, pero le había parecido una interacción interesante .
—Eso quiere decir que, si queremos encontrar algo que mencione la reliquia que se supone que es la Séptima —esta vez fue Hazel la que habló, entre Arendar y Garret—, estamos en el lugar adecuado. Solo tenemos que seguir hasta que los dibujos acaben.
—Lo malo —musitó Índigo— es que tan solo podremos leer lo que haya en la parte superior. Lo que se pierda más abajo...
—Demasiado peligroso —sentenció Neve—. Seguid cotejando esto entre los cuatro, ya que sois vosotros los que habéis tomado notas.
El capitán y yo iremos a hacer la cena. Y, por cierto, buen trabajo, piratas...
Estamos todos muy cansados, pero no os he oído quejaros en ningún momento. Os lo agradezco, de verdad.
Garret dio una palmada, feliz por el comentario, y, a su lado, Hazel le echó un vistazo a la vez que Arendar le daba las gracias. Índigo, por su parte, la miró de reojo y entendió lo que se proponía.
Su contramaestre, de alguna manera, siempre conseguía leerla.
—¿Tardaréis mucho, capitana? —inquirió esta.
—Un rato. Tendremos que cenar a oscuras esta noche.
Neve buscó la mirada de Vasilak, quien la observaba con curiosidad a su izquierda.
Esta le hizo un gesto con la cabeza y se dirigió hacia la escotilla para bajar a la bodega sin molestarse en esperarlo.
Respiró hondo, sopesando si lo que estaba a punto de hacer era lo más sensato... , pero él mismo se había ofrecido, ¿no?
Oyó que Rackstorm bajaba las escaleras y se giró a tiempo de ver que daba un traspié y se golpeaba con el techo de cubierta.
—¡Me cago en...! —Se llevó la mano a la frente, cerrando los ojos con fuerza.
Neve lo compadeció, pues ella misma se había dado golpes como ese más de una vez, pero se le escapó una carcajada.
Se llevó la mano a la boca de inmediato.
Vasilak la miró, cabreado y molesto.
—¿Te acabas de reír de mí?
—Sí —respondió con honestidad la capitana y, al recordar el gesto que había hecho al golpearse, volvió a reírse.
Se giró para ocultarle el rostro mientras seguía riéndose por lo bajo.
«Compórtate, Neve, por favor», se dijo a sí misma.
Como un imán, sintió la presencia de Vasilak tras ella y supo que no podía darle pie a hablar. No quería otra discusión estúpida con él.
Encarándolo, tuvo que levantar la cabeza para encontrar sus ojos, pero no vio enfado ni ira en ellos. Parecía más tranquilo de lo habitual.
—¿Es la magia la que os permite gobernar el barco siendo solo cinco?
La pregunta la pilló desprevenida y la diversión se esfumó sin dejar rastro. No le iba a dar la oportunidad de conseguir una respuesta con tanta facilidad.
—Voy a salir a investigar ahora, antes de que se apague del todo la luz del día —dijo en voz baja cambiando el rumbo de la conversación—. Bajaré a las partes más profundas, esas a las que no se puede acceder con el barco. Dime si quieres acompañarme.
—Esta mañana ya te he dicho que sí, O’Shea —puso los brazos en jarras y los músculos de los antebrazos se le marcaron—. Soy un hombre que cumple su palabra.
»Además, siempre me he preguntado qué le pasó a Noros. Dos pares de ojos ven más que uno.
—Pues sígueme y haz todo lo que yo diga. —Había firmeza en la voz de Neve. Aun así, la chica sintió el aleteo de su corazón y la presión familiar en el pecho—. Y más ahora, cuando vas a estar en mi territorio.
—Llevo en tu territorio más tiempo del que me gustaría —musitó él mientras la seguía hacia sus aposentos.
Cerraron la puerta del camarote con llave y Neve activó la pared de madera, que se convirtió en cristal. La luz del atardecer se desvanecía con rapidez y vieron las murallas a la izquierda y el mar que los rodeaba, cada vez más oscuro.
Vasilak se quitó las botas sin el menor atisbo de duda y se colocó a su lado. Neve hizo lo mismo, quedándose solo con los pantalones y la camisa blanca puestos.
—¿Utilizarás tu poder para iluminarnos? —preguntó Vasilak, a apenas centímetros de ella.
—Así es. Será una luz tenue, no quiero malgastar demasiada energía.
»Y ten en cuenta esto —se giró para encararlo—: Es más que probable que seas lento al nadar, así que agárrate fuerte de mis hombros y, si en algún momento te falta el aire, dímelo de inmediato para que te suba a la superficie.
—Está bien. ¿Algo más?
—Lo más difícil de todo: guárdame las espaldas, Rackstorm.
Sin darle tiempo a responder, atravesó el cristal y se transformó en cuanto entró en contacto con el agua. A pesar de que se mantenían a distancia, percibió que los hipocampos estaban allí por si necesitaba ayuda. Su hipocampo seguía allí.
Sonrió para sí misma y se giró para esperarlo, pero, para su asombro, él también había atravesado el cristal. Seguía vestido y se había soltado el moño, dejando flotar su cabello suelto.
— ¿Listo? No tenemos mucho tiempo.
Él se sorprendió al oírla en su cabeza y la miró de arriba abajo antes de acercarse y colocarse detrás de ella.
— Sí.
Oyó la respuesta a la vez que las fuertes manos de Rackstorm se apoyaban en sus hombros, ocupándolos por completo.
— ¿Te incomodan los tentáculos?
— ¿Tu pelo? —Vio cómo se encogía de hombros—. En absoluto.
Neve no pudo evitar recordar el terror que habían sentido las chicas cuando la vieron por primera vez en aquella forma, sobre todo por los tentáculos.
Lo entendía.
— ¿Sientes presión?
— No. Estoy bien .
¿Sería extraño decir que sentía el calor que sus manos irradiaban sobre ella?
— Entonces, vamos.
— O’Shea .
Neve giró la cabeza para mirarlo y sintió que la agarraba con más fuerza y se pegaba más a ella.
— No me sueltes.
Ella frunció el ceño, pero asintió para tranquilizarlo. Se alejó del Luz del Alba y arrastró consigo a Rackstorm, quien, tras el primer aleteo, se percató de la potencia del nado de Neve y se agarró a ella con más fuerza, haciendo el calor que desprendía aún más palpable.
Neve no se acostumbraba a lo inhóspito de aquellas aguas; a cómo el frío era distinto al del mar Bhyeriano y a la inmensidad que los rodeaba. Sin embargo, debía admitir que estar acompañada, aunque fuera por él, hacía que se sintiera un poco más en paz..., pero no segura.
Nadie podría sentirse seguro en un lugar así.
No disponían de mucho tiempo, por lo que, cuando estuvieron frente a la sección de la muralla que no habían podido inspeccionar, girándose hacia Vasilak, lo informó.
— Voy a activar mi poder.
Este se limitó a asentir y le dio algo de espacio, pero no la soltó, y Neve no trató de zafarse tampoco.
Lo sencillo que le resultó acceder a su poder la alarmó por un instante, pero, después, dejó que la luz cobrase vida.
Era pura luz de día naciendo de lo más profundo de su ser y emanando de cada poro de su cuerpo, lista no solo para cubrirla, sino para defenderla en caso de que fuera necesario.
Vibró sobre ella, como si estuviese viva, como si fuese un arma más.
— ¿Cómo te sientes?
Abrió los ojos ante la pregunta que Vasilak le lanzó, y se encontró con su dura mirada dorada examinándola de arriba abajo. Lo entendió, pues, si desde dentro era extraño, se dijo que verlo desde fuera debía de serlo aún más.
— Como siempre.
— Mentirosa.
Lo ignoró y se empezó a acercar más a las murallas, y de pronto sintió que la agarraba aún más fuerte del brazo y la atraía hacia él. Fue un movimiento algo más lento y pesado que en la superficie, pero el choque contra él fue igual de real.
— ¿Por qué no admites que te gusta el poder que tienes?
— ¿Quién dice que no lo haga?
— Entonces no entiendo cuál es el problema.
— ¿Y quieres entenderlo?
— Sí.
En la sencillez, a veces, se encontraban los mensajes más complejos. Y ese simple «sí» hizo que Neve se cuestionase cosas para las que no había tiempo en ese momento.
— Es simplemente extraño, Vasilak. Es mío, pero siento que a la vez no lo es.
— Es tuyo porque nace de ti, pero sientes que no lo es porque no puedes controlarlo, algo que es vital para ti .
Neve se apartó un poco, sorprendida por lo bien que la había leído, por cómo había comprendido su conflicto antes que ella misma.
— No tenemos tiempo para esto. No tardarán en darse cuenta de que no estamos .
Vasilak solo asintió y fue él quien, entonces, los acercó a las murallas.
La piedra se perdía tanto hacia la superficie como hacia las profundidades. Neve era consciente de que solo era eso, pura roca, grandes muros tan antiguos que nadie sabía quién, cómo o cuándo habían sido construidos.
Por suerte seguían la estructura triangular de las tres torres de la antigua ciudad de Noros, perdida cientos de metros más abajo.
Los dibujos eran parecidos a los que habían visto arriba y, a la luz que Neve proyectaba sobre el muro con la mano, se apreciaban todos los detalles.
Llevando a Vasilak con él, descendieron hacia las partes más oscuras, y descubrieron que allí los grabados se habían conservado muchísimo mejor debido a la falta de luz solar.
A medida que se sumergían, el arte parecía volverse más sagrado, más... celestial .
Vasilak se detuvo y Neve lo miró. Tenía puesta toda su atención en algo que había más abajo.
— O’Shea, ilumina ahí.
La pirata aumentó un poco la luz que emanaba de ella. Una serie de patrones los saludaron y tuvieron que alejarse de la muralla para apreciar qué eran.
— ¡Son constelaciones! —exclamó Vasilak con sorpresa en la mente de la chica—. Hay varias, observa.