La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 23. La guardiana #5
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23. La guardiana #5

»Y luego vino lo de la Séptima —prosiguió Sage—. Nos dijo que, si la encontrábamos, conseguiríamos pararles los pies. Fue bastante críptica.

—Puesto que es una entidad que todo lo ve, pasado, presente y futuro —murmuró Lamya, todavía sin mirarlos y leyendo un libro fino que a Raven le pareció bastante antiguo—, creo que se excedió al contaros todo esto.

—¿Por qué cree eso, princesa? —preguntó Nasir y, esta vez, Lamya sí lo miró a los ojos, tal vez sorprendida por el respeto que había mostrado el pirata tanto en el tono como en sus palabras.

—Los escritos afirman que el Oráculo es una diosa —explicó como si fuera algo de dominio público, algo que formara parte de la cultura popular.

Raven lo había sospechado, pero que se lo confirmaran la hizo temblar de pies a cabeza, pues lo magnificaba todo muchísimo más.

—Una diosa perteneciente a una tríada —continuó—. Pero de las otras dos deidades tan solo se han oído rumores y se mencionan en leyendas antiguas. El Oráculo es la única que se ha aparecido y a la cual puedes visitar en El Núcleo..., si te lo permite, claro.

—Hay algo que no entiendo —intervino Barak, y Raven vio en sus ojos que estaba perdido en sus pensamientos, su cuerpo algo más relajado de lo habitual—. ¿Qué es el Emperador para que no pueda salir de las profundidades?

—Se dice que es un monstruo marino ancestral que gobernaba los mares hace cientos de años —explicó la princesa—. Y que, de alguna manera, hubo una rebelión que le acabó quitando el poder y lo ancló al fondo del mar.

—Tal vez quiera recuperar su poder y la forma de volver a la superficie —sugirió Nasir, y todos posaron su atención en él—. Tal vez, al invadir el cuerpo y la mente de Harker Rout II esté buscando la manera de gobernar aquí arriba para...

—Encontrar una manera de hacerlo ahí abajo —acabó Barak por él.

Nasir asintió mirando intensamente al otro pirata.

—Esto se complica cada vez más, es mucho peor de lo que imaginábamos —musitó Raven—. Ya no se trata solo de encontrar la Séptima, si es que existe. Además, ¿de qué nos va a servir esa reliquia cuando nos opongamos al Emperador en caso de que consiga lo que se propone?

—Antes de llegar a la Séptima... —La princesa suspiró, y fue tal la profundidad de esa exhalación que alertó a Raven y a Sage—. ¿Y si en realidad no lo estamos viendo desde la perspectiva adecuada? ¿Y si va más allá de simples fábulas?

Había encontrado algo, la espía lo notó en su mirada, pero les estaba dando la oportunidad de averiguar de qué se trataba por sí mismos.

—No creo que sea el momento de acertijos, ¿podrías ir al grano? —replicó Raven.

—La fábula sin duda deja un mensaje claro y es no olvidar lo peligroso que es el mar... —pensó en voz alta Nasir, apoyándose con una mano en la gigantesca mesa.

—¿Y si Harker se refería a eso? —comentó Barak—. A no olvidar el mensaje de la fábula: lo peligroso que era el mar.

—¿Implicando que el peligro era el Emperador? —supuso Sage.

—Sin duda la cosa va por ahí, pero vayamos aún más allá —convino Lamya—. La cuestión es que no se puede olvidar aquello que se ignora —fue la respuesta de la trishuka.

Dicho esto, fue corriendo hacia una de las estanterías, cogió un gran manuscrito, volvió a la mesa, lo abrió con cuidado y fue pasando despacio las delicadas páginas.

Mientras lo hacía, Raven se puso tensa ante lo que les iba a revelar, que se sumaba a todo lo que ya habían especulado hasta ese momento.

—Pero tampoco se puede recordar algo que jamás se ha sabido. ¡Es absurdo! —Barak se pasó una mano por el pelo, y Raven pudo ver el cansancio en sus ojos.

Compartía el sentimiento. Estaba deseando que todo aquello acabase, de la forma que fuera, para poder descansar.

—No te falta razón —declaró Lamya—. Y de ahí se deduce que aquí hay magia de por medio, y más con lo que ha dicho Sage.

El Emperador es un ser antiguo, y estoy segura de que la nigromancia y el ocultismo son artes naturales para él.

Lo que me lleva a pensar que dicha magia ha hecho algo con lo que se supone que debéis recordar.

Lo que estáis buscando no es una fábula.

La princesa giró otra página del manuscrito y todos se inclinaron para ver lo que Raven interpretó como dibujos detallados con anotaciones y... un hechizo.

—Lo que se supone que tenéis que recordar es una profecía .

Hubo una larga y densa pausa tras esas palabras, como si los cuatro estuviesen asimilando lo que acababa de decir.

Hasta que Raven rompió el silencio.

—¿Una profecía?

—¿Cómo hemos podido olvidar una profecía así sin más? —La voz de Sage interrumpió sus pensamientos—. ¿Y qué tiene que ver con el Emperador? ¿Y con la Séptima?

—Tal vez la Séptima sea una profecía —concluyó Nasir, y todos lo miraron. Los ojos del pirata seguían posados en las antiguas páginas del códice de hechicería—. Y al no tener la profecía, al haberla olvidado, no tenemos forma de saber de qué habla.

—Lo peor es que tiene sentido —masculló Sage al lado de Raven y, aunque dejaron caer sus manos, estas siguieron entrelazadas.

La espía no le quitó razón, pues también veía la posibilidad de que aquello fuera cierto.

Barak, a su izquierda, se mantuvo en silencio, pero, por la manera en la que se aferraba a la mesa, Raven supo que estaba tan al borde de la desesperación como ella.

—No necesariamente la habéis olvidado vosotros .

Es un hechizo universal y muy complicado.

—Lamya pasó varias páginas más, leyendo con atención—.

Este es uno de los textos más antiguos de mi colección y mi abuelo me enseñó a leerlo, pues está escrito en un alfabeto arcaico único.

Las profecías son algo muy jugoso con lo que la gente juega.

Lo que pocos tienen en cuenta es que, la mayoría de las veces, estas acaban anunciando algo que con el tiempo sucede, y eso no es nada bueno para quien se ve perjudicado por esas predicciones.

»Por lo que, con los recursos adecuados, si sabes que una profecía va a ir en tu contra, conociendo a alguien que no solo conozca, sino que tenga la bendición de los mágicos...

—... puedes lanzar el hechizo y hacer que todos se olviden de la profecía. Algo que haría el Emperador.

Todos se giraron hacia Raven y Lamya, con una sonrisa de puro orgullo, declaró:

— Exacto .

—¿Podéis simplificarlo? —pidió Barak frunciendo el ceño, confuso.

—Esta profecía que hemos olvidado habla del Emperador y él mismo usó el hechizo que menciona Lamya para que todos la olvidásemos.

—¿Veis como no era tan difícil? —añadió con ironía el capitán temporal del Indomable.

—Tal vez... —Sage sopesó sus palabras—, al meterse dentro de Harker, el Emperador creó una pequeña brecha entre sus recuerdos y los del rey, que se entremezclaron. Eso explicaría las palabras inconexas de Rout. Quizá estaba recitando la profecía.

—El Emperador ha dejado un cabo suelto, si de verdad está detrás de todo esto —comentó Nasir, y Sage asintió con firmeza.

—¡Esto es una locura! —bramó Barak—. Pero, si al final tenéis razón, ¿cómo narices conseguimos el resto de la profecía? Como dijo Nasir, es muy probable que sea el mapa que nos llevará a la Séptima. Pero no somos mágicos ni conocemos a nadie que sepa usar este tipo de encantamientos.

—Neve sí —Raven se cruzó de brazos, suspirando—. Nosotras estuvimos con los pueblos mágicos durante los primeros años en el Luz . Pero solo porque íbamos con nuestra capitana. Sin ella, no hay manera de entrar.

—¿Dónde están los pueblos mágicos? —quiso saber Barak.

Raven arqueó una ceja, soltando una carcajada seca.

—Casi cuela, moreno. Prometimos no desvelar su ubicación.

—En ese caso, tal vez deberíamos acudir al ser que os ha metido en todo este asunto —concluyó Lamya—. Hay tantos cabos sueltos que por nuestra cuenta podríamos tardar demasiado tiempo en encontrar algo, por lo que hay que persuadir a ya sabéis quién.

Se hizo el silencio en la inmensa sala y esta vez fueron los chicos los que miraron impacientes a las dos piratas.

—No perdamos el tiempo, entonces —concluyó Barak.

—No has estado en su presencia, y se nota —musitó Raven a la vez que Sage mascullaba para sí misma:

—No..., lo que sea menos volver allí.

—¿Estáis hablando de...? —Nasir dejó la pregunta en el aire, y fue la espía quien la acabó por él, aunque tampoco le entusiasmaba la idea.

—Creo que es hora de que conozcáis al Oráculo, caballeros. Alegraos, no se conoce a una diosa en persona todos los días.

Poco antes del atardecer volvieron a ascender a la superficie.

Lo que habían visto en aquellas murallas había sido muy variado: desde fábulas para niños, incluidos sus dibujos, hasta relatos mitológicos escritos en el idioma antiguo.

Índigo se dedicó a revisar los cuadernos, en los que habían copiado lo que leían y veían, para tener una impresión general.

—Por lo que veo —explicó la contramaestre—, las historias que hemos podido recopilar van en orden cronológico.

—Explícate —le pidió Vasilak.

Neve notó que el capitán estaba tenso, pero desbordando curiosidad a su lado.

—Hemos navegado sumergidos casi una milla, según mis cálculos.

Al principio, y no he querido decir nada para no desanimaros, creí que nos faltaría tiempo.

Según tengo entendido, las murallas rodeaban toda la ciudad de Noros, habitada por miles de personas, lo que implicaba que podríamos tardar días o incluso semanas en analizar todas las paredes con sus escritos. Pero...

Cogió uno de los dibujos.

Arendar dio un paso al frente.

—Eso es mío.

—Lo sé —Índigo no le dirigió la mirada—, y ha sido clave.

Este dibujo refleja un tipo de reunificación que no se utilizó hasta una era en concreto de los tiempos antiguos, por lo que, analizando la línea temporal...

—sacó un manuscrito algo grande que mostró a todos—, puedo decir que las murallas van en orden cronológico.

Quienes las construyeron lo hicieron con la intención de que fueran la memoria de la ciudad con el paso de los siglos, y nosotros estamos en el punto correcto.