La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 23. La guardiana #4
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23. La guardiana #4

—Sí, su majestad. Transmitiré su mensaje a mi capitán en cuanto nos reunamos con él —informó Barak, con gesto serio.

—Ahora, seguidme. —Echaron a andar con la guardia de Lamya abriendo paso al grupo.

Raven se giró y vio que otros cuatro habían aparecido de la nada y cerraban la retaguardia—.

Mi presencia apaciguará un poco los ánimos exacerbados —comentó Lamya mientras avanzaban por el puerto bajo la mirada desconfiada de los marineros, tanto en tierra como a bordo de sus naves, fija en ellos y en el gran Indomable .

Entre los otros navíos, en su mayoría pesqueros o mercantes, el oscuro barco pirata destacaba como nunca.

Raven supuso que la imponente flota que habían visto durante su última visita y que Lamya había puesto a su disposición debía de estar en las atarazanas del puerto, conectadas con el mar para facilitar la botadura de las naves.

La espía se concentró de nuevo en la princesa cuando llegaron al paseo marítimo y vieron que un carruaje los esperaba.

—He estado recopilando información de mi archivo durante las horas que habéis tardado en llegar, y he encontrado algo que os podría interesar.

—¿Y es útil?

Lamya se giró, recogiéndose las faldas de su vestido hecho de telas delicadas de colores ocres que le daban un aire etéreo. Subió el primer escalón del carruaje y dijo:

—Creo que esa palabra no es la más adecuada para definirlo. Os pondré al corriente cuando estemos en palacio, no me fío ni de mi sombra, alguien podría oírnos. Pero antes...

Lamya dio una orden en su idioma natal y un guardia, con dos antifaces de color tierra en la mano, se acercó a Barak y Nasir.

—Llevaréis los ojos tapados hasta que lleguemos al archivo de mi palacio. No confío en vosotros.

—Hace bien, majestad —respondió Barak sin remordimientos—. Yo, en su lugar, también lo haría.

Girándose para ser el primero, el guardia vendó los ojos a Barak y después a Nasir, y ambos accedieron al carruaje con la ayuda de Sage, que subió tras ellos.

Raven echó un último vistazo al Indomable , a los guardias y a los curiosos que las observaban, y subió también. El carruaje partió, bajo el árido y caluroso día, hacia el alcázar, situado en lo alto de la ciudadela de Monha.

—El príncipe Nicholas no os engañó. La información que os dio es cierta.

Su llegada al palacio fortificado no les fue indiferente a sus trabajadores, que reconocieron a Raven y Sage; algunos incluso las saludaron con la cabeza en señal de bienvenida.

Sin embargo, muchos se apartaron al ver que, tras las chicas, dos guardias guiaban a Barak y Nasir, todavía con los ojos vendados.

—Por lo que me has contado en tu carta, Rout está sufriendo algún tipo de posesión. Un intruso se le mete dentro, toma su cuerpo y anula su voluntad, su espíritu.

Ya dentro, los guiaron por una zona del alcázar en la que nunca habían estado.

Ascendieron por unas anchas escaleras hasta llegar a una gran puerta doble de madera tallada cuyas celosías dejaban ver el interior.

Estas se abrieron en cuanto Lamya llegó al último escalón y fue entonces cuando, antes de entrar, los guardias quitaron los antifaces a Barak y Nasir.

Tras parpadear varias veces para adaptarse a la luz, Raven vio la curiosidad en los ojos de Barak y el asombro en los de Nasir. Era increíble cómo, incluso sin quererlo, ambos conseguían equilibrar el sentimiento del otro, uno mostrando poco y el otro tal vez mucho.

«Hacen un buen tándem, se complementan», no pudo evitar pensar.

—No perdamos más tiempo. —Los cuatro siguieron a la trishuka hacia el interior del inmenso lugar.

Las paredes eran de gruesa piedra y las altas estanterías se alzaban hasta justo debajo de las ventanas en arco de medio punto que decoraban la parte superior del archivo.

En el centro del techo, una gran cúpula de cristal proporcionaba una luz exquisita, y Raven supo entonces en qué lugar se encontraban de palacio, pues había visto esa forma tan particular desde el exterior.

Estaban en la parte norte del alcázar.

La sala era enorme, pero sin duda lo más impresionante eran los miles de libros y manuscritos que llenaban las estanterías de madera.

Estas tenían escaleras correderas para moverse de lado a lado y alcanzar los puntos más altos.

Y en el centro de la estancia, una enorme mesa redonda de cristal con asientos minuciosamente dispuestos los esperaba con varios manuscritos abiertos.

—La fábula de Laverne es una de las más antiguas que existen; la original y las primeras copias están escritas en el lenguaje de los pueblos antiguos. Sin embargo, tengo transcripciones más actuales. Sea como fuere, se trata de una fábula bastante deprimente, un cuento para asustar a los niños.

—Haznos un resumen —pidió Nasir, impaciente.

—Intentamos leer lo que nos entregó Nicholas de camino aquí, pero como tú bien dices...

lenguaje antiguo. Nos fue imposible descifrarlo —explicó Raven—.

Laverne se crio con los humanos, pero se dice que nació de la espuma del mar una noche con luna roja y luna blanca.

Un matrimonio anciano la encontró en la playa que había tras su granja, y la llamaron Laverne porque significa espuma en el lenguaje de antaño.

—¿Laverne significa espuma ? —preguntó Sage.

—Eso acabo de decir —respondió Lamya ante la obviedad—. Años después descubrieron que Laverne, cuando podía, se transformaba en un monstruo marino horrible que se dedicaba a atrapar humanos para dárselos de comer a sus compañeros de las profundidades.

»Nadie sospechó de ella nunca, pues su belleza y forma de cautivar eran tales que todos olvidaban que había nacido del propio mar..., hasta la noche que cumplió los veinte años, por aquel entonces la mayoría de edad.

»A partir de aquí hay dos versiones que difieren, una más positiva y otra más oscura. Esta última explica que, tras ser descubierta por uno de sus amantes, Laverne decidió invocar a los monstruos marinos para aniquilar al pueblo entero. Nadie sobrevivió.

—¡Qué carnicería! —exclamó Raven, arqueando una ceja.

—Sin duda. Por su parte, la versión más «pacífica» narra cómo Laverne se vuelve en contra del mar y abandona las costas para casarse con su amado y vivir una vida feliz.

»Quedémonos con que el objetivo de la fábula era advertir a los más jóvenes, sobre todo a los niños, de los peligros que entrañaban las costas y el mar para que se mantuvieran lejos de él, pues, por aquel entonces y según he comprobado en los registros históricos, los ataques de seres marinos a los pueblos costeros eran bastante frecuentes.

—Era una fábula de esas para no dormir —dijo Barak.

—Exacto. Ahora bien, mientras lo leía me preguntaba qué conexión podía tener eso con los versos que tarareó y recitó Harker Rout II durante su posesión, que según me explicaste, Raven, son los siguientes:

Los mares no conocieron otra reina como ella.

Ella se rebeló. Él, sin quererlo, la olvidó.

—Cuando le pregunté al rey de qué canción o poema se trataba, me dijo que tenía un nombre más «místico y ascético» —explicó Sage.

—¿Algo más? —quiso saber Lamya.

—Una de las últimas cosas que repitió con insistencia fue «No olvidéis».

—¿No dice eso uno de los versos de la composición? —Lamya cogió el manuscrito que tenía delante—. ¡Mirad! «Él, sin quererlo, la olvidó».

—No puede ser casual —comentó Raven.

—Además..., tengo sospechas —dijo Sage.

Todos la miraron, y Raven pudo sentir cómo su compañera se tensaba, abrazándose a sí misma. Por otro lado, Lamya la miró con solemnidad, como si supiera que lo que fuese a decir sería clave... e incluso peligroso.

—Sospechas, ¿de qué, Sage? —preguntó la princesa.

—De qué fue lo que se metió dentro de Harker y todavía lo atormenta.

Raven le tocó el hombro y ella la miró. Sabía que, al contrario que ella, la artillera buscaba el confort y la calma en el tacto de otros.

Y aunque Raven no le encontraba sentido, lo respetaba.

Sintió cómo los dedos de Sage rozaron los suyos en un agradecimiento silencioso; en sus ojos terracota detectó preocupación, pero también horror, y Raven comprendió que a la pirata la aterraba lo que estaba a punto de decir.

—Estamos aquí contigo —le aseguró con vehemencia—. Nadie te puede hacer daño aquí, Sage. No lo permitiré.

La pirata respiró hondo y paseó la mirada por todos antes de volver a Raven, que le dedicó un gesto de aliento.

—El Emperador. —Miró a Raven mientras pronunciaba esas dos palabras, como si sus manos y sus ojos fuesen un ancla segura contra la tormenta que se avecinaba—. Le preguntamos a Harker si sabía lo que estaba dentro de él y dijo algo así como «aquel que no puede ver la luz».

Sus ojos fueron a Lamya, y Raven siguió su mirada. No le soltó la mano en ningún momento.

—El Oráculo nos dijo que la alianza entre él y Rout sería devastadora.

»Pensadlo. Las nereidas se reunieron con él, el Emperador no puede salir a la superficie, ni siquiera acercarse.

No tolera la luz, como las nereidas, sus claras aliadas en todo esto.

Tendría sentido que hubiera utilizado algún tipo de magia antigua para meterse en la mente de Harker y llevar a cabo su plan, sea el que sea.

—Recuérdame lo que os dijo el Oráculo —le pidió Lamya mientras ojeaba documentos y hacía anotaciones con rapidez.

—Nos habló de esta alianza y del peligro que supondría para la paz que instauró Cráneo Negro con el monarca Edgar Rout II hace ya más de tres siglos.

Dijo que lo mejor sería que nos aliáramos con Rackstorm, al ser el único heredero del Comité Pirata que hubo hace años que quedaba vivo además de Neve.

Al ser los únicos representantes del Comité Pirata que han sobrevivido y, por lo tanto, cabecillas en nuestra sociedad pirata, la gente los ve como líderes.

Enfrentados, pero líderes, al fin y al cabo.

Neve enseguida tuvo claro que aliarse con él haría mucho más fácil evitar una posible guerra.