20. Legados #2
—Es él —afirmó devolviéndole el catalejo a Barak—. Necesitaremos un bote para llegar hasta allí.
—Ordenaré que lo preparen todo.
—Gracias, capitán.
El pirata se fue y, una vez que estuvieron de nuevo a solas, Raven cogió la mano de Sage, que se la apretó con fuerza. La artillera buscó la mirada de la espía, pero esta estaba fija en el barco que había más allá.
En el Wendy.
A diferencia del Indomable , el Wendy era un mercante con mucha menos eslora. La sensación que invadió a Sage nada más poner un pie en cubierta no fue de alerta.
El tripulante que los había acompañado regresó al Indomable , luchando contra la marea en su bote.
Por alguna razón, la artillera no pudo evitar echarle un último vistazo al que unas semanas atrás era el navío de su enemigo.
Técnicamente lo seguía siendo, pero, habiendo sido el último lugar lo más cercano al Luz del Alba en el que habían estado, se dio cuenta de que alejarse del Indomable e ir a tierra iba a ser una tarea mucho más complicada a nivel emocional de lo que había previsto.
Recomponiéndose, acarició sus pistolas y siguió a sus compañeros hacia el castillo de popa.
Uno de los marineros les abrió la puerta, sin atreverse a mirar a ninguno a los ojos.
En aquellas costas, en el linde entre el archipiélago, donde reinaban los piratas, y el continente, donde lo hacía un rey, los piratas eran muy temidos.
La puerta se cerró tras Sage, y se encontraron frente a un hombre corpulento, de melena blanca hasta los hombros y ojos de un azul oscuro, que, sentado a una mesa, examinaba unos pergaminos, justo por encima de un pliego.
—Tengo lo que me has pedido, jefa —dijo Bernher tendiéndole el pliego sin levantar la vista—. Identidad nueva, puestos de trabajo en palacio. Los cuervos de Lía han sido rápidos, por lo que he podido ponerme con todo esta misma noche.
Sage se paró junto a Barak y Nasir, dejando que Raven llevara la voz cantante. Ella misma no pudo evitar observarla: las manos en las caderas, con esa pose autoritaria mientras miraba el pliego que el hombre le ofrecía.
—¿Cuándo nos podrás dejar en la capital?
—Ya estamos de camino. Atracaremos dentro de unas cuatro horas, así que yo que vosotros aprovecharía para dormir un poco.
—Por fin Bernher, que lucía grandes ojeras, alzó los ojos hacia Raven, y Sage solo vio admiración en ellos—.
Pero sé que querrás revisarlo todo antes de tomarte un descanso. Hola, por cierto.
Dirigió el saludo a ellos tres y la artillera percibió cómo los piratas del Indomable se tensaban a su lado.
—¿No vas a lanzar ninguna crítica, ninguna bronca? —Barak fue el primero en atreverse a hablar.
Sage esperó con curiosidad la reacción de Bernher, que se limitó a reír, quitándole importancia.
—No es de mi incumbencia el tipo de relación que tengáis con mi jefa, aunque los rumores llegan hasta estas costas.
Esta empresa es de gran importancia para ella, por lo que tratemos esto con la profesionalidad que requiere.
—Sonrió con cordialidad hasta que sus ojos se posaron en Sage y la sonrisa se ensanchó—.
Artillera, un gusto verte de nuevo. Han pasado muchos años.
—Bernher. —La chica saludó con un gesto de la cabeza sin modificar su postura.
—Si me seguís... —Les indicó que se acercaran al escritorio—. Este pliego contiene toda la información.
—¿Cómo has conseguido tan rápido los puestos de trabajo? —quiso saber Nasir, echándole un vistazo a lo que allí había escrito: sus nuevos nombres, de dónde procedían, los puestos que cubrirían, recomendaciones de trabajos anteriores...
—Soy bueno en este oficio —se limitó a responder Bernher, que intercambió con su jefa una mirada de complicidad.
Raven cogió por fin el pliego de las manos de Nasir y fue a ponerse al lado de Sage.
—¿Margaret? —leyó, y miró a la artillera—. Menudo nombre le has buscado, Bernher.
—Lo importante es que entréis y consigáis vuestro objetivo. Ahora —se levantó despacio, guardando en un cajón los pergaminos que había estado mirando— podéis iros a dormir a las hamacas que tenéis preparadas. Os despertaré en cuanto lleguemos a la capital.
—¿Qué hay de nuestra ropa de pirata? ¿Y qué haremos con las armas? —cuestionó Barak con voz grave.
—Bernher lo guardará todo. —Todos miraron a Raven—. Él nos devolverá al Indomable en cuanto acabemos con esto. Iremos con ropa de empleado de palacio, nada más: ni pistolas, ni dagas, ni espadas.
»Dicho esto, vayamos a descansar lo que podamos. Mañana será un día largo y, en cuanto pongamos un pie en Serídea, el reloj correrá en nuestra contra.
—Entonces —dijo Barak, captando la atención de los presentes de nuevo—, una vez que entremos en el palacio amurallado, ¿comenzará la fase dos?
Raven lo miró de arriba abajo con una mueca de aprobación en la cara, como si el capitán provisional del Indomable la hubiese sorprendido.
—La fase uno ha terminado ahora que tenemos nuestra nueva identidad y el salvoconducto para entrar —explicó la espía, e hizo una breve pausa para escoger muy bien sus siguientes palabras—: Dentro de pocas horas comenzará la fase dos: infiltrarnos en la boca del lobo.
—¡Allí están!
Ambos miraron hacia arriba para ver el momento justo en el que Índigo se asomaba por la borda y les lanzaba un cabo.
Neve lo asió y, sin esperar a Vasilak, empezó a escalar con dificultad a causa de la suela resbaladiza de sus botas empapadas.
Cuando consiguió llegar a cubierta, se dejó caer y sintió las manos de su contramaestre inspeccionándola.
—¿Te ha...?
—¿Arendar ha recuperado la conciencia? —la cortó Neve antes de que acabara de formular la pregunta.
—Así es. Parece que se han ido.
—Sí, pero solo de momento.
La capitana se levantó con dificultad y vio cómo Garret corría a ayudar a Vasilak, que se había desplomado sobre la cubierta.
Buscó con los ojos a Hazel, que le devolvió la mirada asintiendo con la cabeza y fue a socorrer al desfallecido capitán.
Arendar, por otro lado, estaba apoyado en el palo mayor, mareado, pálido y confundido.
—Llevad a Vasilak a la enfermería y encargaos de él. Índigo, haz que Arendar se acueste y, en cuanto estés libre, ven conmigo al timón. Tenemos que salir de estas aguas cuanto antes aprovechando el viento.
—¿Y qué hay de ti?
—Ahora no es momento de pensar en mí. Muévete, ya .
—He visto el reflejo bajo el agua. La luz —respondió con dureza, pero Neve ni siquiera se giró.
—Entonces ya tienes la respuesta a tu pregunta —contestó en voz alta, y todos se volvieron a mirarla.
No hubo réplica, y cada uno se ocupó de cumplir sus órdenes.
Mientras agarraba el timón con fuerza, agotada y sintiendo ese zumbido todavía bajo su piel, lo último que vio Neve fue cómo Garret se pasaba el brazo de su capitán por encima de los hombros y lo cogía por la cintura para ayudarlo a caminar mientras Hazel los guiaba hacia la enfermería.
— ¿Qué has hecho? —murmuró para sí misma sin poder evitarlo.
Se incorporó de repente, sintiendo el peso del agua todavía sobre él.
La cabeza le daba vueltas y tuvo que cerrar los ojos con fuerza ante los pinchazos que sintió.
La ráfaga de recuerdos apareció en su mente: lo primero de todo, un halo de luz dorado que se acercaba y, después, la reminiscencia de algo cálido sobre sus labios y la clara percepción de que la vida regresaba a su cuerpo.
Y, después, el rostro de ella frente al suyo.
«Vasilak, ¿me oyes?».
La había oído. Por supuesto que la había oído.
—Es... es... —empezó a gimotear, apretando las palmas de las manos sobre sus ojos con tanta fuerza que el recuerdo comenzó a emborronarse en su visión.
«Es una de ellas».
Se levantó de la cama tambaleándose y salió despedido por la puerta de la enfermería con un objetivo claro: obtener respuestas de una jodida vez.
Bajó al siguiente nivel, dejó atrás los suministros y se plantó ante la puerta del camarote de Neve.
No se molestó en llamar.
La abrió de una patada y la localizó sentada en su cama, poniéndose las botas.
No pensó en nada. Siguió su instinto y, aunque sabía que era rápida, no lo fue lo suficiente esta vez. Le pareció oír que empezaba a decir su nombre, pero se perdió tras un quejido de dolor ante lo siguiente que hizo él.
La agarró del cuello, la arrastró y la estampó contra la pared con un golpe seco. Neve no se resistió, pero enseñó los dientes en un gesto primitivo que le recordó su otra forma.
—Eres una aberración.
—¿Así me das las gracias por salvarte la vida? —fue lo primero que dijo Neve entre gemidos.
Apretó más su agarre y notó cómo la garganta se cerraba bajo su tacto, silenciándola por completo.
—Vas a darme respuestas, O’Shea. Y no me iré de aquí hasta que esté convencido de que todo lo que haya salido de esa boquita sea la verdad, te lo advierto.
La soltó bruscamente y ella cayó al suelo, llevándose la mano al cuello y tosiendo mientras recuperaba el aliento.
Vasilak ni siquiera la vio venir.
Se sintió agarrado con una fuerza sobrenatural y de pronto fue él quien estaba contra la pared, con una espada en el cuello.
—Vuelve a hacer eso y te prometo que regresarás a casa con otra cicatriz —siseó ella con los ojos inyectados en sangre.
Apartó el arma, no sin antes hacerle un leve corte en el cuello que dejó una única gota de sangre resbalando por su piel.
Neve se apartó de él para envainar su espada y pasarse una mano por los cabellos sueltos, ondulados sin duda debido a las trenzas que siempre llevaba.
—¡Quiere respuestas! ¡El señor quiere respuestas! —exclamó alterada, y rio histérica, cansada, enfadada—. Déjame antes preguntarte algo...
—Escupe —gruñó él, lleno de ira.
—¿Qué narices viste en el espejo cuando lo sumergiste en el cubo?
— ¡A ti! —gritó él con la misma intensidad, lanzándose hacia delante y acortando la distancia—. Por lo que supuse que ese espejo refleja lo último que ha visto.
»Entonces me pregunté cómo demonios podías estar tú ahí si solo se activa bajo el agua..., y supe que habías estado en ese sitio, pero no sabía cómo lo habías conseguido.