15. Lo que escoges
Lo que escoges
Había pasado una noche de perros. Le costó horrores no moverse por el bien de la herida, teniendo en cuenta que nunca se levantaba en la misma posición en la que se iba a dormir.
Tuvo que pedir más calmante y, aunque Hazel volvió a ofrecerse a curarla con sus habilidades especiales, ella se mantuvo firme en su decisión: dejaría que sanara de modo natural.
Poco antes del alba se reunió con el capitán del Indomable y, tras su larga conversación, convinieron en que debían hablar con ambas tripulaciones esa mañana.
Índigo accedió al castillo de popa con una bandeja en la que traía té recién hecho, pan y queso curado. A Neve se le hizo la boca agua.
—El té lleva algo más de medicina a petición de Hazel.
Neve asintió, soplando para no abrasarse la lengua.
—¿Una mala noche? —preguntó Índigo preocupada.
—Una jodida mierda.
—¿Qué tal ha ido con Vasilak?
La capitana tardó en contestar, pues tenía un trozo de pan con queso en la boca.
—Lo sabréis dentro de un rato.
—¿A qué te refieres?
—Forma a las chicas en cubierta a eso de las nueve. Y pon la tabla de acceso para los del Indomable . No va a ser una reunión fácil.
Algo tuvo que verle en la expresión de la cara, porque Índigo no la interrumpió ni le hizo sus habituales preguntas.
Se limitó a asentir con la cabeza y, aunque le hubiera gustado reclamar los pergaminos esparcidos sobre el escritorio de Neve, se mantuvo callada y salió tan deprisa como había entrado.
Neve se acabó el desayuno sola, en absoluto silencio.
No se estaban tomando muy bien la noticia..., y con motivo.
—¡¿Al menos nos dejaréis decidir quiénes van y quiénes no?! —exclamó Sage, dando un paso adelante.
—Vuelve a la fila —ordenó Vasilak; en aquel momento ambos capitanes tenían igual potestad sobre dos tripulaciones obligadas a ser una.
La artillera se mordió la lengua, con rabia y dolor en sus oscuros ojos, pero asintió y retrocedió.
—Ya sé que todo esto es muy repentino —admitió la capitana del Luz del Alba , gesticulando con la mano derecha, ya que llevaba el brazo izquierdo en cabestrillo por orden de Hazel—. Pero más vale que nos centremos en lo importante.
—¿Dividir la tripulación para que tú sola encuentres la Séptima y te lleves toda la gloria? —dijo Garret con desdén, también ofendido.
—Garret, o te callas o te parto la jodida boca —lo amenazó Vasilak con tono duro y descruzando los brazos en un claro gesto de que cumpliría su palabra.
—No nos vais a dejar decidir porque ya lo habéis decidido vosotros —susurró Índigo, frunciendo sus oscuras cejas, que contrastaban de modo escalofriante con sus ojos cristalinos.
—A primera hora, al alba —dijo Vasilak—, hemos mantenido una reunión para decidir cómo afrontar la siguiente fase de nuestra búsqueda, y la capitana O’Shea ha comentado un punto clave que, como hemos anunciado, nos obligará a dividirnos en dos. Ella misma os lo explicará.
—Gracias, capitán Rackstorm. —Se le hacía muy raro pronunciar aquellas palabras—. No es una decisión tomada a la ligera, ni tampoco sencilla, pero sin duda es la más sensata y la que nos ahorrará más tiempo.
»Anoche, tras meditar sobre el consejo de la princesa Lamya de Derus, caí en la cuenta de que, si es cierto que Harker Rout y el Emperador han hecho un pacto, este no se ha podido formalizar estando ambos presentes.
—¿Y cómo llegaste a esa conclusión, capitana? —quiso saber Nasir, situado en medio del grupo, en la imaginaria línea divisoria entre hombres y mujeres, ellas a la izquierda y justo enfrente de su capitana.
—Es de dominio público que tengo aliadas...
acuáticas. Se aprende mucho de las criaturas marinas cuando te relacionas con ellas.
Y una de las cosas que he aprendido a lo largo de años de interacción con ellas es que hay ciertos seres de las profundidades que no sobreviven al contacto con la luz, igual que el ser humano no sobreviviría en un mundo de total oscuridad.
»En resumen, el Emperador es una de esas criaturas: la luz del sol lo destruiría.
En los mitos y las leyendas no hay ni una sola referencia a que nadie lo haya visto jamás en la superficie, a diferencia de otros seres mitológicos que sí han tenido y tienen contacto con los humanos.
Por lo tanto, esa incapacidad le ha impedido reunirse con Rout, porque tampoco el rey ha podido descender a los abismos submarinos.
Debe de tener algún intermediario, y eso es lo que debéis averiguar los que vayáis a tierra firme, pero no al archipiélago, sino al continente.
—Entonces, ¿los que den la vuelta tendrán que ir a investigar a Rout?
—Así es —afirmó Neve respondiendo a Arendar.
—El Indomable será el barco que regrese —prosiguió Rackstorm, cogiendo el testigo de la explicación, y todos los ojos se volvieron hacia su figura imponente—, mientras que el Luz del Alba seguirá hacia mar abierto. Pero quiero aclarar algo: los capitanes permaneceremos unidos... en este navío.
Esta vez todos se miraron entre sí, confusos.
Y ahí estaba, la pregunta de preguntas.
—¿Cómo se dividirán las tripulaciones y quiénes navegarán hacia el Continente Oeste? —Fue Raven quien la planteó, apartando a las demás y adelantándose.
Vasilak y Neve intercambiaron una mirada y la capitana del Luz supo que le tocaba a ella la peor parte.
—Tras valorarlo mucho, hemos considerado que las habilidades de Nasir y Barak resultarán de gran ayuda para Sage y Raven en esa empresa.
—¡¿Qué?! —Nasir fue el primero en romper el tenso silencio que se creó, claramente consternado. Barak, a su lado, apretó la mandíbula y maldijo por lo bajo.
—¿Me estás vacilando, Neve? —gruñó Sage, con los músculos de su delgado y largo cuello abultados por el enfado.
—Eso mismo me pregunto yo —dijo Barak con voz dura.
—Os pido —recalcó Neve con voz autoritaria y dando un paso al frente; estaba cansada, molesta y frustrada por el constante cuestionamiento de su autoridad— que calibréis la tarea que se os encomienda.
No es sencilla y tampoco pequeña. Os estamos encargando que vayáis a la capital del continente, a Serídea, y espiéis los movimientos de Rout para encontrar una respuesta a esa cuestión cuanto antes.
Pero también quiero dejar algo claro: aquí el timón lo llevamos Vasilak y yo.
Y si no os gusta la idea, no es problema nuestro.
Los cuatro acataréis nuestras órdenes y volveréis con la información que podáis obtener.
—Sage y Raven, sois más que bienvenidas al Indomable —declaró Vasilak, dirigiéndose a ellas—. Barak se convertirá en el capitán provisional y el resto de los tripulantes están advertidos. No os tocarán un pelo ni os molestarán. Vuestro alojamiento ya está listo.
—¿Cómo que ya está listo? —preguntó Sage con un hilo de voz.
—Partís ahora mismo. No hay tiempo que perder —anunció Vasilak con voz aún más dura—. Arendar, Garret y yo permaneceremos en el Luz del Alba .
—Esto... —empezó a decir la artillera, a la que empezaba a faltarle el aire.
—Ni siquiera os habéis dignado consultarnos —protestó Raven, rabiosa.
«Mantén la compostura. Mantén la compostura —se repitió a sí misma Neve, aunque la rabia que le subía por la garganta tropezaba con un apretado nudo que amenazaba con ahogarla y estallar—. Ahora debes ser capitana por encima de todo. Es por su bien».
—En cuanto a la misión de cada barco, debemos mantenerla en secreto —prosiguió la capitana encontrando su voz y a pesar de que se moría de ganas de aclarar el asunto con las chicas—.
No sería prudente que nuestras intenciones fueran de dominio público.
Por último, tanto Rackstorm como yo estamos seguros de que los cuatro sabréis emplear vuestras habilidades y adaptarlas a las circunstancias para llevar a buen puerto la misión.
—¿Algo más? —quiso saber Sage, volviendo a dar un paso adelante.
Esta vez, nadie se lo recriminó.
—Eso es todo.
Vasilak se inclinó para susurrarle algo al oído.
—Vuelvo al Indomable para hablar con ellos. Que estén tan callados no es buena señal.
—Está bien, pero partirán dentro de una hora —le respondió del mismo modo.
—Estarán listos para entonces —le aseguró Rackstorm, e hizo un gesto con la cabeza a sus chicos, que fueron hacia la plancha de acceso al otro navío.
Neve echó solo un vistazo y vio a algunos miembros de la tripulación del oscuro barco trabajando en cubierta y, entre ellos, a Ivette, sentada en uno de los barriles que rodeaban el mástil mayor.
—Aquí no —declaró, apartando la mirada de la niña y aguantándosela a esos cuatro pares de ojos que despedían llamas sacadas del más tumultuoso volcán—. Seguidme.
No esperó a que respondieran. Con paso decidido, fue hacia la escotilla y bajó a sus aposentos privados, sintiendo los pasos y las pesadas energías que desprendía su tripulación.
Y supo que las represalias serían peores en privado.
Esperaba gritos y reproches, pero lo único que obtuvo en cuanto llegaron a su camarote fue el silencio y la decepción en la mirada de sus chicas. Y aquello se estaba convirtiendo en una rutina demasiado amarga.
—Solo dinos por qué —quiso saber Raven.
Sage se había mantenido callada todo el camino, cruzada de brazos y con los ojos clavados en ella.
Neve suspiró, intentando encontrar las palabras adecuadas. Ese tipo de situaciones no eran fáciles, pero por primera vez implicaba también a otra tripulación.
—No ha sido una decisión fácil. Joder, tomar decisiones de este tipo nunca lo es.
—Sabemos que ser capitana no es ninguna ganga, Neve, pero creíamos que... —Hablaba Raven de nuevo.
—Rackstorm y yo sopesamos las distintas opciones, y la división de las tripulaciones agilizará las cosas —la interrumpió Neve—. Sé que no es plato de gusto, pero es lo más inteligente.
Ellas tres estaban en medio del camarote, pero Hazel e Índigo se habían quedado en una esquina, junto a la puerta, manteniéndose al margen. Aquella batalla solo les concernía a la artillera y a la espía.