14. Un favor #4
Podría haberse opuesto, contrariarla para sacar lo peor de ella, pero también él estaba cansado de esos juegos. Sin perder su autoridad como capitán, pero manteniendo el tono neutral de la conversación, dijo:
—¿En qué has pensado?
—Puede que no te guste.
—¿En qué has pensado, O’Shea?
Ella respiró hondo y, extendiendo otro de los mapas, comenzó a detallarle su plan.
Ivette había caído rendida la noche anterior. Se había bañado antes de acostarse y aún tenía el oscuro cabello húmedo cuando se metió en la cama, y lo primero que pensó Vasilak fue que se resfriaría, un castigo conveniente por su desobediencia.
La había arropado y había apagado la vela de la mesilla junto a su lecho antes de salir en silencio del pequeño camarote contiguo al suyo para ir a ver a Neve.
Cuando regresó al Indomable , la tripulación descansaba tranquila tras unos días de tensión palpable.
Bajó a ver a su hija y volvió a cubierta.
El olor a sal en el viento del nuevo día y el crujido de la madera bajo sus gastadas botas le hicieron sentirse en casa.
Garret estaba junto al timón, apoyado en el costado de babor, con la vista fija en el Luz del Alba , en cuya cubierta solo se veía a la curandera, que les daba la espalda, despreocupada, como si de pronto ya no supusiesen una amenaza.
Ambos navíos seguían anclados en medio del inmenso mar.
—Capitán —la voz de Garret interrumpió sus pensamientos—, ¿por qué no te echas un rato? Esta noche no has pegado ojo.
—Eso mismo podría decir yo. Además, ¿desde cuándo te molestas en preguntar? ¿Qué te ha dado ese veneno?
—¿A mí? Ganas de acabar con ella.
Señaló con la cabeza al Luz del Alba . Vasilak no se molestó en volver a mirar, pero Garret sí.
—No te obsesiones.
—Me va a quedar marca de por vida —protestó este, acariciándose por encima de la ropa justo donde Hazel le había disparado la daga de pedernal.
Nasir le había contado que el arquero la había conservado.
—Ni que fuera la primera. Y deja de quejarte, que parece que lo haces a propósito cada vez que aparezco.
—Es por tocarte los huevos, así te tengo entretenido. —Ambos rieron, y la expresión de Garret se suavizó—. ¿Cómo está Ivette?
—Todavía duerme, acabo de entrar a verla. —Rackstorm suspiró, cruzándose de brazos—. Dormirá unas cuantas horas más, seguro que lleva mucho sueño retrasado.
—¿Seguro que no estás orgulloso de ella? Menuda puntería se gasta.
Vasilak no respondió y, con calma, se recogió la larga melena en una coleta alta. Aun así, el cabello le llegaba a media espalda.
—No debería haberle disparado.
—Eres el primero que se muere por hacerlo, Lak. —Y el capitán supo que su viejo amigo y compañero había usado el diminutivo con el que lo llamaban de jóvenes para llegar a sus capas más profundas.
—Que quiera hacerlo no significa que deba. —Apoyó los antebrazos en la borda y los músculos de los brazos se le tensaron—. Entiendo los motivos que la llevaron a atacar, pero ahora le debemos dos favores a la rubia.
—¿A la rubia? —El arquero enarcó una ceja.
—¿Acaso no lo es? No sé cómo ha aguantado toda la reunión sin desmayarse. La sanadora ha hecho un buen trabajo, pero esa herida le va a doler durante unos días.
—No nos has contado de qué habéis hablado.
Ambos se sorprendieron al ver aparecer a Arendar, que subía hacia el timón y se había incluido en la conversación con naturalidad.
—¡¿No puedes hacer algo de ruido?! —exclamó Vasilak—. Sigo flipando con lo silencioso que llegas a ser, Norman, aunque me da escalofríos. Me quedo más tranquilo cuando estoy con Nasir y Barak.
—Tendrías que hacer de carabina —comentó Garret—. Pero Arendar lleva razón: ¿de qué habéis hablado?
—Lo sabréis dentro de un rato. Hemos decidido convocaros a todos para explicároslo a la vez, así que no insistáis. No quiero tener que repetir los planes veinte veces.
Garret y Arendar intercambiaron una mirada mientras Vasilak se giraba y apoyaba la espalda en la borda, encarando a sus compañeros.
—Sí que estás escudándote en el pacto para ocultarnos cosas —observó el chico de cabellos blancos, entrecerrando los ojos.
—No vayas por ahí, Arendar...
—Y hablando de eso, ¿cómo fue la ceremonia? —intervino Garret percibiendo la creciente tensión entre su capitán y su contramaestre—. ¿A quién llevó de testigo O’Shea?
—A Índigo —respondió Arendar con hastío pero con rapidez.
—Uuuh... —Garret fingió un escalofrío—. Es de esas bellezas que cortan. Fría y distante.
—Distante fue, pero me vigiló como un halcón durante toda la ceremonia. Parecía que en cualquier momento se me echaría encima.
»¿Vas a castigar a Ivette?
Vasilak se cruzó de brazos con el ceño fruncido, aunque agradeció el cambio de tema.
—Lo pensaré. Debe aprender que los actos tienen consecuencias.
—Solo tiene trece años, Lak.
—Y ha disparado a la que ahora es mi aliada. Además, cumple catorce dentro de poco, ya no es una niña.
»Y respecto a lo otro, Arendar, no es que me escude en ese pacto. Si Harker ha roto el tratado que firmó con Cráneo Negro, no me quedaré de brazos cruzados y mi única baza ahora mismo es Neve O’Shea.
Lo que Vasilak no mencionó fue que, desde hacía tiempo, él también sentía que el mar ya no era el mismo.