La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 14. Un favor #3
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14. Un favor #3

—Repito que lamento lo sucedido —volvió a decir Vasilak—, quiero disculparme por lo que Ivette ha hecho. Aunque he de admitir que he soñado en más de una ocasión con verte herida por alguno de los míos, no esperaba que fuese mi hija, y menos en estas circunstancias.

»Menos mal que, por lo que veo, Hazel ha hecho un buen trabajo.

—Sabe lo que hace. —Casi de manera inconsciente, se pasó una mano por los cabellos sueltos.

Sus ondas, doradas como sus ojos, le caían por la espalda y el pecho—.

Por otro lado, he de decirte que ver tu fantasía hecha realidad va a salirte caro, Rackstorm.

Tu hija forma parte de tu tripulación y, por lo tanto, está sujeta al pacto de Cráneo Negro —acababa de bautizar el pacto firmado en el santuario— y lo ha roto al herirme, así que me debes dos favores, uno por dejar que la rescatases y otro por el jodido disparo.

—Oído. ¿Qué quieres?

Neve lo miró de arriba abajo con una expresión que decía «Así que directo al grano, ¿eh?».

—Los favores no se piden así como así, los reclamaré cuando me parezca conveniente.

Vasilak soltó una risa seca, asintiendo.

—No esperaba menos de ti.

—En cuanto a Ivette... —Neve respiró hondo, como si buscara una manera de decir las cosas sin herirlo, y Vasilak se puso a la defensiva, temiendo lo que saldría por esa boca de labios carnosos, así que sus siguientes palabras lo descolocaron—.

Si lo que temes es que te diga que qué cojones hace una niña en tu barco, estás muy equivocado.

He visto a críos más pequeños trabajando en navíos peores, por no mencionar que yo misma navegué con mis padres en mi infancia y que empecé a capitanear el Luz del Alba con tan solo dieciséis años.

»Solo quiero saber... ¿por qué no me dijiste que a quien ibas a rescatar era a tu hija ?

Hubo una ligera pausa entre aquella pregunta y su respuesta. Aun sentados a la mesa, Vasilak seguía sacándole una cabeza, forzándola a levantar los ojos para mantenerle la mirada. No era nada nuevo: midiendo dos metros era fácil obligar a la gente a mirarte desde abajo.

El calor del brasero se debilitaba a medida que avanzaba la conversación y el día crecía fuera.

—La información es poder —respondió con una tranquilidad que pareció sacar de quicio a Neve. Lo notó por su modo de removerse en la silla, apenas perceptible—. No podía permitirme compartir algo así.

—¡Lo iba a saber tarde o temprano! —exclamó ella en un razonamiento más que lógico—. Mira, es tu responsabilidad. La defenderemos de lo que haga falta, pero más vale que le enseñes algunos principios básicos, por ejemplo, no dispararme ni a mí ni a mis chicas, ¿entendido?

—Tiene un temperamento difícil, lo que no es excusa. Llevas razón, así que... entendido.

Fue entonces, tras otro silencio, cuando se percató de algo increíble: era la primera vez que estaba a solas con ella desde aquel episodio ocurrido hacía ya cinco años.

La vio recostarse en el respaldo, evidentemente dolorida y agotada, y, aprovechando ese momento de distracción, echó un rápido vistazo a la estancia.

Escritorio. Detrás, una estantería con algunos objetos y libros. Brasero pequeño pero potente. Ventanales que daban al mar y a cubierta.

Eso sí, ni cama, ni sofá. Nada. ¿Dónde dormía?

—¿Cuántos años tiene? —La voz de Neve se coló en sus pensamientos y, para su asombro, él también se recostó en la silla, algo más relajado.

Debía de estar cansada de tanto tira y afloja, y no andaba sobrada de fuerzas para perderlas en aquellas peleas absurdas.

—Cumplirá catorce a finales de verano —contestó, con una ternura que fue incapaz de controlar—. Y supongo que te preguntarás por qué la he reconocido como mía, ¿no es así?

—Ya sabes cómo son los nuestros, los piratas —respondió, y Vasilak tuvo que darle la razón—. Si hubo que rescatar a esos niños en la isla de Nahulla, no me cabe duda de que eran bastardos o hijos no deseados a quienes les esperaba una vida que no quiero ni imaginar...

—¿De verdad están en un lugar seguro?

—Bajo mi constante protección. Tengo a una... conocida que vela por ellos.

—Pues, entonces, vayamos al grano. —Sin poder resistir más la tentación, señaló con un gesto de la cabeza los pergaminos—. ¿Qué es eso?

—Es un regalo de mi querida contramaestre, algo necesario para lo que te voy a confiar. Ayer, cuando me reuní con mi contacto, la princesa Lamya, en Derus, le pedí ayuda para encontrar la Séptima, y nos ha entregado algo que nos será de bastante utilidad.

Neve empezó a abrir los pergaminos con cuidado y fue disponiéndolos sobre la mesa hasta formar un rectángulo gigantesco.

Eran mapas, de diferentes tamaños y escalas, todos marcados con unas líneas doradas que contrastaban con los tonos negros, marrones y verdosos que señalaban las islas y tierras de aquellas aguas.

—Gracias al regalo de la princesa, Índigo ha elaborado estos mapas con gran celeridad, y en ellos hemos descubierto una ruta secreta hacia el Océano Central que parece llevar a un lugar que no se encuentra en la superficie.

—Hay muchos mitos sobre ciudades y antiguos reinos sumergidos. El más famoso de ellos...

—... las murallas submarinas de Noros —acabó por él la capitana e, inclinándose hacia delante, cogió una vela para mostrarle su ubicación en uno de los mapas—. Creemos que allí encontraremos información más precisa sobre qué tipo de reliquia es la Séptima. El único problema...

—Es zona prohibida porque ningún barco ha vuelto de allí jamás .

—Pero justamente por eso es un lugar más que conveniente para salvaguardar secretos del pasado. Debemos ir —apuntó ella, y añadió—: Hay algo más, Rackstorm.

Vasilak se mantuvo atento, temeroso de que, si hablaba, el rumbo de la conversación cambiara.

—Vamos a tener que dividirnos.

—¿A qué te refieres?

—Un barco irá al Continente Oeste y el otro, hacia el Océano Central.

—Y eso, ¿por qué? —preguntó él, irguiéndose en la silla en un gesto que revelaba que la idea no le gustaba en absoluto.

—Quiero descubrir el motivo por el que Harker Rout se ha aliado con el Emperador. Hay algo que no me cuadra.

»Se supone que el Emperador no puede subir a la superficie porque la luz del sol lo destruiría.

Es una criatura de las profundidades oscuras.

Si el rey no ha podido sumergirse ni el Emperador emerger, debe de haber alguien más implicado y es imperioso averiguarlo a la vez que continuamos la búsqueda de la Séptima.

—Ya lo tienes todo planeado —concluyó Vasilak, atónito.

—Así es, pero no lo llevaré a cabo sin tu consentimiento.