La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 11. Dos pájaros de un tiro #3
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11. Dos pájaros de un tiro #3

La caja de Pandora. Todos se quedaron callados, sus ojos pasando del médico al capitán sin el valor suficiente para abrir la boca.

Rackstorm volvió a dejar la botella de whisky en el escritorio, sus ojos dorados clavados en Nasir con una mezcla de sentimientos imposibles de discernir desde fuera, pues nadie sabía qué pasaba por la cabeza del capitán.

Hasta que rompió su silencio.

—Desde que me salvaste la vida tras el ataque de Neve O’Shea tienes tus momentos de bravura, Yost —murmuró, llamando a Nasir por su apellido.

—¿Y qué te llevó a estar entre la vida y la muerte? —respondió este sin amedrentarse—. Ve más allá de la batalla con O’Shea. Porque ella no luchó contigo por un motivo insignificante; sus razones tenía, y lo sabes.

—Frena ahí, Nasir —le advirtió Arendar, interviniendo como contramaestre—. Recuerda tu posición.

—No le estoy hablando como médico del barco, sino como amigo. ¿O esa línea solo la puede difuminar él cuando le interesa?

— Nasir —lo reprendió Barak a su lado, cogiéndolo del brazo.

Este se apartó y volvió a mirar a Vasilak.

—Si lo ignoráis es que sois unos hipócritas.

Garret silbó, ladeando la cabeza, gratamente sorprendido.

—O’Shea se ha atrevido a acercarse a ti para pedirte una alianza y ha pactado contigo después de todo lo que pasó porque cree que hay una amenaza real, por lo que esto nos afecta a todos.

Aunque tengamos que buscar un maldito mapa para encontrar a saber qué, si eso significa proteger la superficie y el mar de lo que sea que haya llevado a Rout a encontrarse con el Emperador, yo estoy más que dispuesto a colaborar.

—Si yo no hubiera querido, no habría pactado con ella —se defendió Rackstorm.

—Solo digo que no extremes en ciertas cosas, Vasilak. Podría ir más en tu contra que a tu favor.

—¿Nadie va a hablar del barco?

Todos se giraron a mirar a Barak, que tenía la vista fija en su capitán. Vasilak vio que Nasir lo miraba con cierta rabia en los ojos y negaba con la cabeza mientras retrocedía para acabar cruzándose de brazos.

—Sutil, Barak, muy sutil —apuntó Vasilak.

—Nasir ha expuesto lo que piensa, yo hago lo mismo. Y quiero hablar del barco.

—Estoy más preocupado por otras cosas, la verdad.

—Lo sé, pero déjame decirte que el Luz del Alba tiene algo raro. —Barak ya no solo miraba a Vasilak, sino que se dirigió a todos ellos—. Arendar mismo ha preguntado por eso, por la escasa tripulación, y la respuesta de la capitana O’Shea no me ha parecido convincente.

Vasilak no sabía cómo tomarse el hecho de que su tripulación se hubiese dado tanta prisa en respetar a esa capitana, al menos de puertas para dentro. Pero, por otro lado, demostraba el tipo de personas que eran.

—Explícate —le pidió Nasir a su lado, todavía tenso y con la mirada fría.

Barak se tomó un instante para absorber ese gesto distante antes de continuar.

—Nunca lo habíamos visto tan de cerca y, la verdad, es bastante más pequeño en relación con otros que surcan los mares, eso es cierto. Aun así, ¿solo hay cinco personas manejándolo? Me parece inviable.

—En eso estoy de acuerdo contigo —declaró Garret, esa vez con tono serio—.

El Indomable cuenta con más de treinta marineros aparte de nosotros, y nuestro trabajo nos cuesta mantenerlo en buenas condiciones para la navegación además de limpio.

El Luz del Alba es de menor tamaño, vale, pero aun así...

—Exactamente —concordó Barak.

—Si tus sospechas son que esa nave usa algún tipo de magia, Barak, mi respuesta es que es posible. Ahora bien, ya sabemos que las formas de conseguirla no son lo que se dice legales, y aún menos lo es aquel que es capaz de conceder tal don —declaró Nasir, pasándose la mano por su pelirroja melena.

—Sospechad lo que queráis —escupió Vasilak, apoyando las manos en su gran escritorio—, pero eso no está en mi lista de prioridades. Lo estará una vez que regresemos con el sexto miembro de esta familia.

—Sí, capitán —respondieron todos a la vez.

—Ahora id a descansar, mañana nos espera un día intenso. Y, por cierto, estoy de acuerdo con la capitana O’Shea.

—¿En qué? —La pregunta la pronunció Arendar, que estaba a su izquierda.

—La última norma del pacto que hemos sellado.

Así pues, guardaos la polla en los pantalones.

Aunque dudo que alguna de esas chicas se fijara en vosotros, no quiero problemas de ese tipo.

Cuando lleguemos a puerto, os desfogáis como hacemos todos y como seguramente harán ellas.

Fin de la historia. Venga, largo de mi camarote y dejadme tranquilo.

Barak y Nasir intercambiaron una mirada más que atónita.

—¿Eso significa que vamos a tener que...? —Garret hizo un gesto vulgar, moviendo una mano de arriba abajo justo delante de sus genitales.

—Nada que se salga de tu rutina habitual, amigo —soltó Barak, dándole un golpe en el hombro.

Los demás rieron con ganas y Vasilak tuvo que reprimir la sonrisa también mientras salían de la estancia.

Aun así, cuando se quedó solo, el peso de todo lo que estaba por venir, sobre todo al día siguiente, lo hizo convertirse en el hombre por el que se había ganado su reputación: alguien sin escrúpulos.

Pues sabía que sus manos acabarían manchadas de sangre.