La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 11. Dos pájaros de un tiro #2
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11. Dos pájaros de un tiro #2

Neve se dirigió al timón, seguida por Índigo, los mapas ya enrollados bajo el brazo.

—Venga, contramaestre, estás deseando contradecirme.

—En realidad, no, capitana.

Neve agarró el timón arqueando las cejas, extrañada y complacida. Sintió el impulso del navío cuando las velas estuvieron desplegadas, a merced del viento que empezaba a hincharlas.

—Pero hay algo que me quieres decir.

—No quiero que vuelvan a subir al Luz . —Los ojos cristalinos de Índigo parecieron vibrar con aquellas palabras.

—Oh, por favor, no empecemos con gilipolleces. ¿Qué prefieres? ¿Subirte al Indomable ?

—Ni en mis peores pesadillas.

Neve suspiró y, asegurándose de que las demás no podían oírlas, le susurró a su mano derecha:

—No puedes protegerme de todo. Sé... sé por qué actúas así. —Índigo retrocedió, y Neve la cogió por el brazo, pues no quería que se marchara—. Entiendo tu instinto protector conmigo, pero sé arreglármelas, recuerda que soy tu capitana.

—Eres mi capitana, pero sobre todo eres mi amiga.

—Y como amiga te lo pido: cíñete a lo que te ordeno y no pongas más cargas sobre tus hombros. La que debe protegeros soy yo.

»Además, es probable que tengan que volver a estar en nuestro barco durante la búsqueda, así que habrá que apechugar. No pienso pisar el Indomable . Prefiero tenerlos aquí, en territorio conocido, aunque, con el pacto, no creo que pase nada.

La contramaestre asintió, soltándose del agarre de su líder. Se giró sin poder evitarlo hacia el otro navío, que también empezaba a moverse tan solo a unos metros por detrás de ellas. El Luz del Alba era más veloz incluso siendo una embarcación más pequeña.

—¿Y qué pasa con lo tuyo?

Neve aferró el timón con más fuerza. Supo que la chica morena vería sus blancos nudillos y gruñó por lo bajo:

—No me pillarán. Tendría que ser muy estúpida para que lo hicieran.

—No quiero que pase lo de...

— No vayas por ahí. —Las palabras salieron con un tono inhumano. Su parte sirena asomó brevemente.

—Solo pretendía suplicarte que lo controlases. —Tensa, Índigo se apartó un poco y apretó los labios—. Te he llevado al límite. Lo lamento, capitana.

Con esto, la contramaestre dejó el puente y se alejó sin volver la cabeza una sola vez. Neve respiró hondo y su otro yo se retiró bajo la superficie. Mirando hacia el horizonte, puso rumbo al este, el sol de mediodía dándole de frente.

Los dos navíos, navegando en paralelo, dejaron atrás el santuario de Cráneo Negro, que, silencioso, observó cómo desaparecían en la lejanía.

Hacía horas que el mediodía había pasado y el sol de la tarde empezaba a proyectar largas sombras en el Indomable . El Luz del Alba les llevaba delantera, pero no mucha, por lo que Vasilak prefirió mantener las distancias.

Iban a ir a por ella, y eso era lo único que ocupaba su mente.

Nada más pisar su barco había informado al resto de su tripulación del resultado de la reunión y, aunque vio caras largas e incluso de desagrado, no los pudo culpar. Entendía sus reticencias, él también las tenía. En todo caso, si sus marineros trabajaban bien y no abrían la boca, era suficiente.

Era distinto con Arendar, Garret, Barak y Nasir; ellos eran sus hombres de confianza, su verdadera familia dentro del navío que le costó sangre y sudor llegar a capitanear como él quería. Ellos... junto con la persona que iban de camino a rescatar.

—He de admitir —Arendar fue el primero en romper el silencio que se había instalado en el camarote de Vasilak— que ha ido mejor de lo que esperaba.

—Has conseguido convencerla sin levantar la espada y sin dar más información de la indispensable, capitán. Enhorabuena —comentó Garret.

—¿No me veías capaz de hacerlo?

—Sabemos que Neve tiene una influencia mayor en ti que en cualquier otra persona. Te pone de los nervios —agregó Barak siendo objetivo.

—Así que nos vamos al desierto... —dijo Nasir con calma, pero con una preocupación evidente.

La gente solía subestimar a Nasir, creyéndolo el más débil y compasivo porque salvaba vidas. Lo que esas personas no entendían era que, para lograr eso, también debías convivir con mucha oscuridad.

Nasir decidía mostrar solo su bondad, pues si hacía lo contrario... Vasilak no quería ni imaginárselo.

—Tendremos que estar lejos del Indomable durante el tiempo que dure el rescate, pero no será mucho.

Vasilak se pasó una mano por la cara y fue a su escritorio a servirse un vaso de whisky. Se lo bebió de un trago. Entonces se dio cuenta de que todavía llevaba la ropa que se había puesto para la ceremonia, por lo que, chasqueando la lengua, se quitó la camisa, sintiéndose sucio.

No se molestó en ponerse otra.

—Esto se nos va a hacer muy largo —declaró el capitán, y todos se giraron a mirarlo, esperando sus siguientes palabras—.

En cuanto nuestro querido camarada esté con nosotros, me temo que ir a por el mapa, si es que ese supuesto aliado de Neve decide cooperar, y después a por la Séptima, sea lo que sea, no resultará nada sencillo.

—¿Qué creéis que puede ser? —Garret se cruzó de brazos, frunciendo el ceño—. Dicen que va más allá de un simple tesoro, pero no sé...

—En qué momento nos hemos puesto a buscar oro y piedras preciosas... —gruñó Barak a su lado.

—Sin duda se trata de otra cosa —observó Arendar, siendo como siempre la voz de la razón—. Si es cierto lo que cuenta la capitana O’Shea y Rout ha pactado con el Emperador... estamos jodidos.

—El reino terrestre y el reino marino han convivido siempre en paz —añadió Vasilak, moviendo ambos brazos.

Siempre lo hacía cuando hablaba con intensidad, provocando que sus músculos, también los de su abdomen, se marcaran con los gestos—.

Ya bastante nos costó a nosotros conseguir la paz en la superficie y todo gracias a Cráneo Negro.

Pero ahora parece que Rout quiere romperlo todo... ¿por qué, exactamente? ¿Por la Séptima?

—Vasilak —Nasir dio un corto paso adelante, captando la atención de todos—. Creo que generalizar no es la mejor opción.

—Elabora —le exigió Rackstorm, toda su atención puesta en el sanador.

—Has dicho que el reino terrestre y el reino marino siempre han estado en paz y eso no es cierto.

—Hizo una pequeña pausa, como si esperase alguna objeción, pero, como no la hubo, prosiguió—.

Es como decir que, desde la creación del Comité Pirata tras la independencia del archipiélago de Bhyeria del Continente Oeste, ha habido completa paz entre los piratas.

—Nunca hay paz completa entre piratas, ni siquiera cuando el Comité seguía en pie —intervino Garret, cruzándose de brazos.

—A eso voy —insistió Nasir—. Además, no seamos hipócritas..., y más sabiendo por qué se rompió el Comité.