La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 8. La propuesta #3
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8. La propuesta #3

Neve suspiró, agotada. Los hombres la agotaban. Él la agotaba.

—Te llamaré así cuando empieces a actuar como tal. Yo solo veo delante a un niño resentido.

—Y yo solo tengo delante a una asesina un poco hipócrita. —Se acercó un poco e Índigo desenvainó unos centímetros su espada de forma amenazante. Arendar la imitó, y ambos contramaestres intercambiaron una mirada gélida.

—Pues esta asesina hipócrita te propone algo muy sincero. Una alianza.

Silencio. Y lo esperado, risas. La tripulación de Vasilak se echó a reír y este torció una altiva sonrisa y liberó un suspiro de burla.

—¡Callaos! —ordenó sin girarse, toda su atención puesta en Neve—. Convénceme, capitana O’Shea, y tal vez me plantee aceptar la oferta.

—El rey Harker está buscando el último pedazo del mapa para llegar hasta lo que desea —explicó Neve con calma, sin alterar su voz.

Estaba harta de tanto tira y afloja. Con cada minuto que pasaba, la noche se acercaba y se volvían más vulnerables a los caníbales de la isla—.

Nadie sabe lo que es la Séptima, pero estoy dispuesta a ir tras ella, pues, si el monarca está tan desesperado como para embarcarse en su búsqueda en territorio hostil y aliarse con quien reina en el fondo del mar, la cosa tiene que ir más allá de lo que imaginamos.

—¿A qué lleva, entonces?

—No lo sé, capitán. Y eso es lo que deberíamos averiguar.

—¿Deberíamos? ¿En serio?

—Lo de la alianza no va en broma —susurró Neve, inclinando la cabeza—. Lo digo muy en serio.

—¿Qué opina, contramaestre Índigo?

Esta frunció el ceño al recibir una pregunta tan directa de Vasilak, pero vio el asentimiento de Neve, que le daba permiso para hablar.

—Habría que estar loco para aliarse contigo.

—La sinceridad se palpaba en sus palabras, pero también en las siguientes que pronunció—: Mi capitana y el resto de la tripulación hemos discutido largo y tendido este asunto y, aunque hay diferentes opiniones en cuanto a esta propuesta, hemos apoyado la decisión final de nuestra líder.

Es lo mejor no solo para nuestro beneficio, sino para el de todos.

»Puede que con la alianza de Rout y el Emperador peligren muchas vidas. Y eso es algo que yo personalmente no estoy dispuesta a tolerar.

—Ni tú ni ninguna de nosotras —dijo Sage, y Neve se guardó la mueca que casi se le escapó al oírla—, aunque nos imaginéis como unas mujeres sanguinarias y asesinas.

—Soy consciente de que es mucha información de golpe —declaró Neve cogiendo de nuevo las riendas de aquel intercambio—. Así que no decidas ahora. Te doy dos albas para que me comuniques tu decisión final.

Una suave brisa entró por el techo de la caverna y, en la lejanía, se oyeron gritos y llamados de los nativos, pero se mantuvo tranquila. Sabía que no podían llegar hasta allí, aunque le recordó que, cuanto menos tiempo pasasen en la Cueva de los Perdidos, mejor.

—¿Cuánto duraría esta alianza? —quiso saber Arendar, analizándola con el ceño fruncido y unos ojos cristalinos.

—No lo sé. Podrían ser días, semanas, meses o años.

—¡Y una mierda! —exclamó otro de los hombres del Indomable —. ¿Cómo que años ?

—¡Garret!

Solo una advertencia bastó para silenciarlo.

Ni amenazas, ni una mirada. Tan solo el tono intimidante y desafiante de Rackstorm.

Y eso solo era una prueba más de que, como ella, era él quien mandaba.

Y en aquel intercambio, Neve también se percató de que quien había hablado era el arquero que la había herido.

Debía darle algo de mérito, en realidad, pues herirla no era tarea fácil. Pero, visto su comportamiento, parecía que no aprendía la lección en cuanto a respetar jerarquías.

—Hay que pararles los pies —prosiguió la chica de cabellos dorados—, ya sea por separado o unidos.

»Además, yo soy la que sale perdiendo. Tú eres el que quiere matarme.

—¿Acaso tú no buscas lo mismo? —contraatacó Vasilak.

—Yo de ti no quiero saber nada, Rackstorm. Y míranos aquí. Lo de aliarme con mi enemigo acérrimo no es algo que haya pensado a la ligera. Toma.

Neve le tendió el pergamino doblado con los términos del pacto dentro de un tubo de cristal cerrado por un tapón de corcho. Fue Arendar quien se inclinó para cogerlo tras un gesto de Vasilak.

—Ahí está toda la información de lo que implicaría nuestra alianza. Eso es todo; esperaré tu respuesta.

Tomándolo como señal, Índigo y las demás se aprestaron para el cambio de posición de la capitana. Cuando Neve se volvió para irse, Rackstorm habló de nuevo.

—Podría matarte ahora. Quiero hacerlo, en realidad. Me estás dejando con la miel en los labios y es algo que detesto.

Neve se giró otra vez hacia él y lo miró de arriba abajo antes de decirle desafiante:

—Adelante. ¿Acabamos lo que dejamos a medias?

Una respiración más y la cuerda se rompería. La tensión estallaría. Solo hacía falta...

—Dos albas —respondió Vasilak, y Neve enarcó las cejas, pero asintió secamente.

—Gracias por tu tiempo, capitán.

La capitana comenzó a alejarse, Índigo cubriéndole las espaldas. Desanduvo el camino hasta la orilla y las chicas formaron un escudo alrededor de ella sin quitarle ojo a la tripulación del Indomable , que, por suerte, permaneció en el mismo sitio.

O’Shea no lo vio, pero fue Hazel quien cerró la formación: con una daga en la mano y repasando uno a uno a sus enemigos, les guiñó un ojo. La última mirada con esa ceja enarcada tan particular de la curandera se la dedicó a Garret, su víctima.

El gruñido de rabia y desprecio de este último la acompañaría en sueños esa noche.

Y todas volvieron al Luz del Alba con la incertidumbre de lo que podría ocurrir.

Y de las posibles consecuencias.

Acepto los términos del pacto, capitana O’Shea.

Estaré esperando a la hora y el lugar acordados dentro de dos amaneceres.

Vasilak Rackstorm Capitán del «Indomable»

Había tardado solo un alba en contestar. La carta se encontraba abierta sobre el escritorio del camarote de Neve, que solo la había leído una vez. Y mientras miraba a través del cristal que recubría gran parte del camarote, se preguntó si había hecho bien, si había tomado la decisión correcta.

O si, por el contrario, estaba cometiendo el mayor error de su vida.