La profecía olvidada (Los Diarios de Bhyeria 1) 7. El Núcleo #2
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7. El Núcleo #2

— Ahora solo quedáis dos, Neve. Y eso, a la hora de conseguir ayuda, remará en tu contra.

»Al principio eran solo rumores, pero las noticias se están esparciendo rápido por el archipiélago. El rey Harker ha contactado con alguien, poniendo en peligro el pacto que Cráneo Negro firmó con el antepasado del monarca.

—¿Piensa romper el pacto de Nuhuria? —declaró consternada Sage inclinándose hacia delante.

Neve advirtió que Índigo apretaba la mandíbula, su cabeza gacha y sus ojos lejos de allí.

— Ya lo ha hecho —respondió el Oráculo.

—¿Con qué fin?

— Ata cabos, sirena. Todo empezó cuando te encargaste de Graves, y luego cayeron los demás. Primero Rigby, luego Ellison y, finalmente, Malcolm antes de que también acabases con ya sabemos quién.

—Ha pasado el suficiente tiempo para que, a pesar del caos y de la situación tan distinta que hay en la piratería ahora en comparación con años atrás, Harker haya estado trabajando en las sombras...

—Sage apenas había susurrado esas palabras, pero todas se volvieron hacia ella.

El tono burlón que la caracterizaba había sido sustituido por otro serio que solo sacaba cuando era imprescindible.

—Cree que somos lo bastante necias y ciegas como para centrarnos en pelear entre nosotros, obviando todo lo demás —intervino Hazel, cruzándose de brazos.

—Hay un plan establecido, entonces —se percató Raven, su mirada perdida mientras analizaba todos los datos—. La cuestión es qué tiene entre manos para querernos tan distraídos.

—Tal vez, al ver lo poco unidos que estamos Vasilak y una servidora desde hace tanto tiempo, querrá aprovechar dicha situación para recuperar Bhyeria.

—No. —Todas miraron a Índigo, que seguía cabizbaja a pesar de que su voz sonaba con convicción—. Conozco a mi padre; jamás mostró interés en el archipiélago en sí, por lo que no creo que lo que busque sea recuperarlo. Debe de tratarse de algo distinto...

La voz del Oráculo se coló en sus pensamientos una vez más.

— El mar y la tierra se han unido. El mar ha prometido entregar lo que la tierra ansía si recibe algo a cambio.

«El mar y la tierra. Pero ¿qué narices...?».

Neve abrió los ojos al entender a qué se refería el ente.

—Maldita sea —masculló, sus ojos canela inundados de pura alarma mientras se inclinaba hacia delante despacio—. Si Rout representa la tierra, ¿quién cojones representa el mar?

— Dicha unión es peligrosa, piratas. No solo peligran vuestras vidas, sino las de aquellos seres que caminan sobre la tierra y aquellos que surcan el mar y nadan bajo las aguas de este mundo. Pero, como en todo, tienes elección.

Estas últimas palabras iban dirigidas a Neve.

—Esperaba que tu longeva y sabia mente pudiese ofrecerme otra posibilidad.

— Es bastante simple, de hecho. Debes aliarte con el único que queda vivo de los tuyos.

—No estarás hablando de...

—Harker está buscando algo, ¿verdad? —Neve interrumpió a Raven, poniendo una mano sobre su muslo a modo de disculpa.

El Oráculo asintió bajo su tenebrosa vestimenta.

— Va detrás de la Séptima. Más bien, del trozo de mapa que lleva a ella.

—Tiene un mapa que está incompleto, entonces —señaló Neve, apretando la mandíbula.

—Disculpad un momento —intervino Índigo, apoyando su mano también en la mesa redonda—. ¿Qué se supone que es esa tal Séptima?

— La reliquia más preciada y la que el Emperador lleva buscando más de un siglo.

Con expresión de alarma, los miembros de la tripulación de Neve intercambiaron miradas y buscaron la de su capitana, pero esta no apartaba los ojos del Oráculo, que permaneció impasible.

—¿Estamos hablando del Emperador...? —Hazel señaló hacia abajo, haciendo un movimiento con la mano simulando una ola—. ¿ Ese Emperador?

—Si es él, esto es más serio de lo que creíamos, Neve —susurró Índigo.

La capitana siguió con la vista fija en el Oráculo.

—¿Más serio? —bufó Sage, sus rastas moviéndose con el gesto—. Nos estamos metiendo en la boca del lobo.

— El lobo lleva acechándoos mucho tiempo, artillera.

—Tú sí que sabes cómo calmar el ambiente —respondió la aludida, que se volvió hacia Índigo y le ofreció una mano que la contramaestre aceptó con semblante serio.

—¿A qué lleva su alianza, entonces? —La voz de la capitana sonó autoritaria.

— A ese trozo del mapa solo tiene acceso una persona. El rey Harker tiene el mapa original, pero, sin la parte que falta, no podrá iniciar la búsqueda. Y, por lo que tengo entendido, su querida hija hizo varias copias de dichos mapas antes de huir de palacio, ¿me equivoco?

Índigo no abrió la boca, pero asintió.

—Estamos en el mismo punto de partida, entonces —declaró Hazel.

— Yo diría que casi.

—¿Qué tipo de reliquia es la Séptima? —indagó Raven.

— Nadie lo sabe.

—Y una mierda —escupió Hazel—. Tú lo sabes.

— Eres buena jugadora, ojitos lindos.

—Basta de este tira y afloja —gruñó Neve, dando un golpe en la mesa sin poder evitarlo. El Oráculo no pareció inmutarse—. Quieres que Vasilak y yo nos aliemos y encontremos ese trozo del mapa antes que ellos, ¿no es así?

— Yo no quiero nada. Sois vosotras las que habéis venido desesperadas a mí.

—Estamos hablando de una tregua... —Neve no podía creer que estuviese diciendo esas palabras en voz alta—. Estamos hablando de que haga un pacto solemne con Vasilak Rackstorm.

— Las vueltas que da la vida, ¿verdad?

—Espera un segundo —dijo Sage, atónita—. ¿Debemos aliarnos con la tripulación del Indomable y buscar el trozo perdido de un mapa para pararle los pies no solo a tu padre —señaló a Índigo—, sino también al jefazo que lo lidera todo ahí abajo?

—No lo lidera todo. A las sirenas, al menos, no —apuntó Raven, tensa junto a su capitana.

— Hay mucho más allí abajo que está libre de su alcance.

—Creo que esto es suficiente. —Neve se levantó, lo que provocó la misma reacción en las demás—. Gracias por tu tiempo, Oráculo. Sabemos que no aceptas la visita de muchos, por lo que tomaremos esta información y la meditaremos como es debido.

— Tú eres una de mis favoritas, ¿no lo has notado?

En ese momento las chicas desaparecieron y Neve se encontró a solas con el Oráculo. El pánico la invadió de inmediato, pero no tuvo tiempo de sacar su espada.

— Herirte sería perder el tiempo, muchacha. Así que escucha estas últimas palabras y aprecia que las vaya a pronunciar. No debería, pero voy a hacerlo.

—¿Por qué?

— Querida, para de preguntar y escucha. Abrir los oídos, a veces, da más respuestas.

El Oráculo rodeó la mesa y, con lentitud calculada, se acercó a ella hasta quedar apenas a un paso.

— Recuerda que las decisiones que tomes no solo afectan a este lugar, sino a otros muy muy lejanos.

Neve sonrió de medio lado, satisfecha por el mensaje que traían esas palabras.

—Entonces, ¿confirmas los rumores? No eres de este mundo. Hay más por ahí fuera que...

A pesar del velo que le cubría el rostro, Neve advirtió que la criatura sonreía, lo que la asombró hasta el punto de dejarla sin habla.

— Juega bien tus cartas, Neve O’Shea. Y, sobre todo, deja que la marea te sorprenda. A veces, soltar la cuerda es la mejor opción.

En un parpadeo, la habitación desapareció y Neve se encontró de nuevo frente a la campanita que flotaba en la espesa bruma.

De nuevo en el barco y ya lejos de las islas Minhea, decidieron poner rumbo a la isla de Badania, a la bahía del Mal Presagio. Con todo, no llegaron a divisar tierra. Tras varias horas de silencio, murmullos e incertidumbre, Neve detuvo la navegación y las reunió en cubierta.

La tensión se palpaba en el aire, era comprensible, así que, como capitana, debía mantener la mente fría. Ese tipo de situaciones solían llevar a discusiones que le provocaban una incomodidad que no soportaba. Y así ocurrió, pues allí, en medio del mar, estalló la primera.

—Es que me niego a que nos aliemos con alguien que lleva años amenazando con matarnos, capitana. ¡Me niego!

—La última decisión...

—Sí —escupió Índigo, interrumpiéndola—, es tuya, lo sabemos. Nos lo repites constantemente. Pero quiero recordarte que esto no es un asalto o un rescate. Es algo más. Esto es una alianza, una que nos hará pasar tiempo con su tripulación y que nos afectará de manera directa.

—Todo lo que pase en este navío, estéis de acuerdo o no, os acabará afectando de manera directa o indirecta.

Sage silbó ante tales palabras, capitana y contramaestre mirándose con intensidad.

—¿Cuánto tiempo? —intervino Raven, Índigo respirando con fuerza mientras se movía por cubierta, nerviosa.

—Hasta que cumplamos con nuestro objetivo —explicó con calma la chica rubia—. Pero, antes de contactar con él, quiero que todas establezcamos las bases de esta alianza y...

—Qué sorpresa —soltó Raven, a lo que Índigo farfulló un «Pues sí».

—Dejaos de chorradas y vayamos por partes, que ya no tenemos cinco años.

—Neve dio un paso adelante y la contramaestre detuvo su deambular, de pronto todas pendientes de su capitana—.

Estamos de acuerdo en que la visita al Oráculo ha sido desagradable para todas, ¿me equivoco? Aun así, ha resultado útil.

Todas asintieron y Sage, tomando una breve bocanada de aire, murmuró:

—Porque era la única manera de encontrar respuestas; si no, te juro que no habría pisado esas islas ni aunque me pagasen.

—No mientas, Sage —bromeó Hazel.

La artillera levantó las manos y se golpeó el pecho con una.

—Te lo juro por mi vida, Venenos. Ese sitio..., parece como si allí el tiempo se hubiera detenido desde siempre. No sé cómo explicarlo.

—Entiendo lo que quieres expresar —comentó Neve ofreciéndole una mueca—. No ha sido una visita fácil para ninguna.

»Estamos de acuerdo en este punto, así que pasemos al siguiente. Esta misma noche mandaré una misiva a Vasilak explicándole la situación e instándole a responder cuanto antes, y, como os he dicho, quiero que elaboremos nuestras condiciones entre todas.

—¿Esta vez no vas a hacerlo tú sola? —escupió Índigo, ahora cruzada de brazos.

Neve levantó la cabeza, altiva, y declaró: