6 #2
—Tanto ellos como yo pensamos que así debería ser.
En Estados Unidos, el interés por los libros de true crime es enorme.
La principal escritora de este género, Ann Rule, vende millones de ejemplares.
Además, aquí es un fenómeno relativamente reciente.
Hay algunos libros que se acercan un poco a esta línea, por ejemplo, el que se escribió hace un par de años sobre el caso del médico y el forense, pero no es genuino.
Yo, en cambio, quisiera, al modo de Ann Rule, darle más importancia a la investigación de los hechos.
Comprobar los datos, hablar con los implicados y, después, escribir un libro tan verídico como fuera posible.
—¿Crees que la familia de Alex se prestará a que los interrogues?
—No lo sé.
Erica se retorcía un mechón de pelo entre los dedos.
—De verdad que no lo sé. Pero pienso preguntarles y, si no lo hacen, intentaré prescindir de ellos.
Ya tengo una gran ventaja, porque he aprendido mucho sobre el asunto.
La verdad es que me angustia un poco la idea de tener que andar haciendo preguntas, pero creo que no me queda más remedio.
Si el libro se vende bien, no me importaría dedicarme a escribir sobre más casos interesantes y, de ser así, tendría que acostumbrarme a molestar a los familiares y demás.
Es inevitable. Además, creo que la gente necesita hablar, contar su historia.
Tanto desde el punto de vista de la víctima como del asesino.
—En otras palabras, intentarás hablar también con Vera, ¿no es así?
—Desde luego. No tengo ni idea de si ella querrá o no, pero pienso intentarlo. Puede que desee hablar, puede que no. El caso es que no puedo obligarla.
Erica se encogió de hombros en señal de indiferencia, aunque, por supuesto, el libro nunca resultaría tan bueno si Vera no colaboraba. Lo que hasta el momento llevaba escrito era un esqueleto; en adelante, tendría que trabajar duro para recubrirlo de carne.
—Y tú, ¿qué me cuentas?
Se removió un poco en el sofá y puso las piernas sobre la rodilla de Patrik, que pilló la indirecta y empezó a masajearle los pies enseguida.
—¿Qué tal te ha ido el día? Serás el héroe de la comisaría, ¿no?
El hondo suspiro de Patrik daba a entender que no era ese el caso.
—Pues no. No creerás que Mellberg va a permitir que el mérito sea para quien ha de ser, ¿verdad?
Se ha pasado el día yendo y viniendo como un rayo, de la sala de interrogatorios a las entrevistas con la prensa.
«Yo» ha sido el pronombre más frecuente en sus conversaciones con los periodistas.
Me sorprendería que hubiera mencionado mi nombre siquiera.
Pero, qué coño, ¿a quién le interesa ver su nombre en los periódicos?
Yo arresté ayer a una asesina y eso es más que suficiente para mí.
—Vaya, vaya, ¡qué noble puedes llegar a ser!
Erica le dio unos puñetazos juguetones en el hombro.
—Reconoce que te habría gustado verte ante el micrófono en una gran conferencia de prensa, sacando pecho mientras contabas el genial razonamiento que te llevó a deducir quién era el culpable.
—Bueno, sí, no habría estado mal que me mencionaran en la prensa local por lo menos. Pero las cosas son como son. Mellberg se llevará toda la gloria y no hay nada que yo pueda hacer por evitarlo.
—¿Crees que le darán el traslado que tanto desea?
—Ojalá fuera así... Pero no, sospecho que los jefes de Gotemburgo están más que satisfechos con tenerlo aquí, de modo que no nos quedará más remedio que aguantarlo hasta que se jubile, me temo. Y créeme, ese día se me hace muy lejano.
—¡Pobre Patrik!
Erica le acarició el pelo y él interpretó el gesto como una invitación a que se lanzara sobre ella para inmovilizarla bajo su cuerpo en el sofá.
El vino empezaba a surtir efecto en las articulaciones y el calor que irradiaba se le fue contagiando poco a poco.
Su respiración cambió de ritmo y se hizo más pesada, pero ella tenía aún unas preguntas que hacerle, de modo que se obligó a sentarse de nuevo y apartó suavemente a Patrik al otro rincón del sofá.
—Pero, dime, ¿tú estás satisfecho con la resolución del caso? La desaparición de Nils, por ejemplo. ¿No te contó Vera nada más?
—No. Sostiene que no sabe nada al respecto.
Pero yo no la creo. En mi opinión, no quería proteger a Anders solo de que la gente llegara a saber que Nils había abusado de él.
Lo que yo creo es que ella sabe lo que le ocurrió a Nils y ese es un secreto que ha de guardarse a cualquier precio.
Aunque debo reconocer que me molesta no tener más que suposiciones.
La gente no se esfuma así como así. Nils está en algún lugar y hay una o varias personas que saben cuál es ese lugar. Pero yo tengo una teoría.
Expuso paso a paso el supuesto curso de los acontecimientos, dando cuenta de las circunstancias en las que apoyaba su tesis.
Erica se estremeció, pese a que hacía calor en la habitación.
Sonaba increíble y, al mismo tiempo, verosímil.
Asimismo, comprendió que Patrik jamás lograría demostrar nada de lo que decía.
Y tal vez no fuera de utilidad para nadie.
Habían pasado tantos años y se habían destrozado ya tantas vidas que nadie saldría ganando con destruir una más.
—Sé que esto nunca llegará a comprobarse. Sin embargo, me gustaría saberlo, solo por satisfacer mi curiosidad. He convivido con el caso durante varias semanas y siento que necesito darle un final.
—Pero ¿cómo lo vas a hacer? Es más, ¿qué puedes hacer?
Patrik suspiró.
—Simplemente pediré respuestas. Si no preguntas, nunca obtienes respuestas, ¿no crees?
Erica lo observó intrigada.
—Bueno, no sé si será una buena idea, pero tú sabrás lo que haces.
—Sí, eso espero. Pero ¿crees que podemos dejar a un lado la muerte y las desgracias para dedicarnos un poco el uno al otro?
—Sí, me parece una idea genial.
Patrik volvió a recostarse sobre ella y, en esta ocasión, nadie lo apartó.
Cuando se fue de allí, Erica seguía en la cama. No tuvo valor para despertarla y, sin hacer ruido, se levantó, se vistió y se puso en marcha.
Intuyó cierta sorpresa, pero también cierta reticencia cuando concertó la cita.
La única condición impuesta fue que el encuentro se produjera en un lugar discreto y Patrik no tuvo el menor inconveniente en aceptarla.
De ahí que estuviera al volante ya a las siete de la mañana de aquel lunes por la solitaria y oscura carretera hacia Fjällbacka por la que no se cruzó más que con algún que otro vehículo.
Giró a la altura del indicador de Väddö y fue el primero en estacionar en el aparcamiento que quedaba algo apartado de la carretera, dispuesto a esperar.
Diez minutos más tarde entró en el aparcamiento otro coche que se detuvo junto al suyo.
El conductor salió, abrió la puerta del coche de Patrik y se sentó en el lugar del acompañante.
Patrik dejó el motor en marcha para poder tener la calefacción encendida; de lo contrario, se habrían helado los dos.
—Resulta un tanto emocionante esto de verse a escondidas y en la oscuridad. La cuestión es por qué.
Jan daba una impresión relajada, aunque expectante.
—Creía que había terminado la investigación, ya que tenéis al asesino de Alex, ¿no?
—Sí, así es. Pero aún hay piezas que no terminan de encajar. Y eso me irrita bastante.
—Ah, ¿sí? ¿Como cuáles?
La expresión de Jan no desvelaba ninguna emoción. Patrik se preguntó si no se habría dado el madrugón para nada. Pero ya que estaba allí, más le valía terminar lo que había comenzado.
—Como habrás oído, tu hermanastro Nils abusó tanto de Alexandra como de Anders.
—Sí, algo he oído. Terrible. Sobre todo para mi madre.
—Aunque para ella no ha sido una novedad. Ella ya lo sabía.
—Claro que sí. Y se enfrentó a la situación como mejor supo. Con la mayor discreción posible. Ni que decir tiene que había que proteger el nombre de la familia. Todo lo demás era secundario.
—¿Y a ti qué te parece eso? ¿El que tu hermano fuera un pederasta, que tu madre lo supiera y lo protegiera?
Jan no se dejó alterar por la pregunta. Retiró unas invisibles motas de polvo del abrigo y enarcó una sola ceja mientras, tras unos segundos de reflexión, le contestaba a Patrik:
—Naturalmente, yo comprendo a mi madre. Actuó del único modo posible y el daño ya estaba hecho, ¿no?
—Sí, claro, también podemos verlo así. La cuestión es adónde se fue Nils después. ¿Nadie de la familia ha sabido de él?
—En tal caso, habríamos informado a la policía, por supuesto, como buenos ciudadanos.
La ironía estaba tan bien emboscada en su tono de voz que apenas si podía registrarse.
—Pero yo comprendo que decidiera desaparecer para siempre.
¿Qué le quedaba aquí? Mi madre se había enterado de qué clase de persona era y ya no podía seguir trabajando en la escuela; al menos estaba dispuesta a impedírselo.
Así que se marchó. Lo más probable es que viva en un país cálido en el que le resulte fácil el acceso a los niños.
—No lo creo.
—Ah, ¿no? ¿Y por qué? ¿Es que has encontrado los huesos en algún lugar del armario?
Patrik ignoró su tono burlón.
—No, no lo hemos encontrado. Pero ¿sabes?, tengo una teoría...
—Interesante, muy interesante.
—Yo creo que no fueron solo Alex y Anders quienes sufrieron los abusos de Nils, sino que su principal víctima era precisamente el niño que más cerca tenía. El más asequible. Yo creo, en otras palabras, que también abusaba de ti.
Por primera vez creyó ver una grieta en la reluciente y limpia fachada de Jan, pero un segundo más tarde había recuperado el control, al menos en apariencia.
—Una teoría interesante. ¿Y en qué te basas para sostenerla?