La princesa de hielo (Los crímenes de Fjällbacka 1) 5 #6
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—Dan no tiene nada que ver con el asesinato, Patrik.

Os contará cuanto queráis saber sobre él y Alex, pero jura que jamás le hizo ningún daño, y yo lo creo.

Te ruego que intentes que esto quede dentro de la comisaría, en la medida de lo posible.

Ya sabes lo cotilla que es la gente, y la familia de Dan ya ha sufrido bastante.

Dan incluido, por cierto. Cometió un error y, créeme, sé que lo está pagando muy caro.

Patrik no parecía nada conforme, pero asintió dándole a entender que tendría en cuenta sus palabras.

—Erica, me gustaría hablar con Dan a solas.

Ella no opuso objeción alguna, sino que se levantó enseguida y se fue a recoger la cocina.

Desde allí oía las voces, que subían y bajaban de tono.

La voz profunda y grave de Dan, y la de Patrik, algo más clara.

La discusión sonaba acalorada a veces, pero cuando, media hora después, volvieron los dos a la cocina, Dan parecía mucho más aliviado.

En cambio a Patrik se lo veía irritado aún.

Dan abrazó a Erica antes de irse y le estrechó la mano a Patrik.

—Te llamaré si tenemos más preguntas que hacerte —le advirtió Patrik—. Puede que tengas que venir a dejar tu testimonio por escrito.

Dan asintió sin abrir la boca y se marchó, tras despedirse de los dos con la mano.

La mirada de Patrik no presagiaba nada bueno.

—Nunca, nunca vuelvas a hacer algo así, Erica. Estamos investigando un asesinato y tenemos que hacerlo todo como es debido.

Cuando se enfadaba, se le arrugaba la frente, y Erica tuvo que reprimir un impulso de besarlo hasta borrar esas arrugas.

—Lo sé, Patrik. Pero el primero en vuestra lista de sospechosos era el padre de la criatura y yo sabía que si iba a la comisaría lo meteríais en una sala de interrogatorios y le apretaríais las clavijas.

Dan no soportaría algo así en estos momentos.

Su mujer se ha llevado a las niñas y lo ha dejado, y él no sabe si volverá algún día.

Además, ha perdido a alguien que, lo mires como lo mires, significaba bastante para él: Alex.

Y no ha podido mostrar su dolor ante nadie, no ha podido hablar con nadie de ello.

Por eso pensé que podíais empezar por hablar aquí, en un ambiente neutro, sin policías de por medio.

Comprendo que tendréis que volver a interrogarlo, pero ya ha pasado lo peor.

De verdad que siento mucho haberte engañado así. ¿Crees que podrás perdonarme?

Con el puchero más seductor que supo componer, se le acercó despacio.

Cogió los brazos de Patrik y los colocó alrededor de su cintura y, después, se puso de puntillas para alcanzar su boca.

Fue probando a meter la punta de la lengua y, pocos segundos después, él respondió adecuadamente.

Tras un instante, él la apartó y la miró tranquilo a los ojos.

—Estás perdonada, por esta vez. Pero no vuelvas a hacerlo, ¿me oyes? Y ahora, creo que debemos meter el resto de la comida en el microondas para que yo pueda acallar los rugidos de mi estómago.

Erica asintió y, abrazados, volvieron al comedor, donde el almuerzo seguía casi intacto en los platos.

Cuando llegó la hora de volver a la comisaría y Patrik estaba a punto de salir, Erica se acordó de pronto de algo más que había pensado contarle.

—¡Ah! ¿Recuerdas que te dije que tenía un vago recuerdo de que, justo antes de que Alex se mudara, circuló algún rumor sobre ella, algo que tenía que ver con la escuela?

Intenté comprobarlo, pero no conseguí averiguar nada.

Lo que sí me recordaron fue que, de hecho, existe otra conexión entre Alex y Nils, aparte de que Karl-Erik trabajaba en la fábrica de conservas.

Nils fue profesor de apoyo en primaria durante un semestre.

Yo nunca lo tuve como profesor, pero sé que trabajó con la clase de Alex de vez en cuando.

No sé si será importante, pero pensé que debías saberlo.

—¡Vaya! Así que Alex tuvo a Nils de profesor.

Patrik quedó pensativo en la escalinata.

—Tal y como tú has dicho, puede que no tenga la menor importancia, pero en estos momentos, cualquier relación entre Alex y Nils puede ser de interés. No tenemos muchas otras pistas en las que basarnos.

La miró muy serio.

—No puedo dejar de pensar en algo que me ha dicho Dan. Según él, últimamente Alex no dejaba de hablar de que había que aclarar el pasado, que había que enfrentarse a antiguos problemas difíciles para poder seguir adelante... No sé, ¿crees que puede guardar relación con lo que acabas de contarme?

Patrik calló de nuevo, pero enseguida volvió a poner los pies en la tierra:

—No puedo descartar a Dan como sospechoso, espero que lo comprendas.

—Sí, Patrik, lo comprendo. Pero no seáis duros con él, te lo ruego. ¿Vendrás esta noche?

—Sí, tengo que pasar por casa a coger algo de ropa y esas cosas. Pero llegaré sobre las siete.

Se dieron un beso de despedida. Patrik cambió el coche de Erica por el suyo. Ella se quedó en la escalinata hasta que lo perdió de vista.

Patrik no volvió directo a su casa. Sin saber muy bien por qué, se había llevado las llaves del apartamento de Anders en el último momento, antes de salir de la comisaría.

Y decidió pasar por allí y echar un vistazo sin prisas.

Necesitaba algo, cualquier cosa, que abriera una grieta en el muro de la investigación.

Tenía la sensación de ir topándose con callejones sin salida por todas partes, como si nunca fueran a dar con el asesino, o los asesinos, si eran varios.

El amante secreto de Alex era, tal y como había dicho Erica, el primero de la lista de sospechosos, pero ahora ya no estaba tan seguro de que fuera así.

No estaba dispuesto a descartar por completo a Dan, pero no tenía más remedio que reconocer que esa pista ya no le parecía tan sólida como antes.

En el apartamento de Anders reinaba un ambiente fantasmal.

Patrik podía evocar la imagen del cadáver balanceándose de un lado a otro colgado de la cuerda, pese a que ya la habían cortado cuando él llegó.

Aunque no sabía lo que había ido a buscar, se puso un par de guantes para no eliminar ninguna posible huella.

Se colocó justo debajo del gancho del techo al que habían atado la cuerda e intentó hacerse una idea de cómo habrían colgado a Anders.

Era imposible. El techo era alto y la atadura del cuello estaba justo debajo del gancho.

Para levantar el cadáver de Anders a esa altura, hacía falta mucha fuerza física.

Claro que estaba bastante delgado, pero, teniendo en cuenta su estatura, debía de pesar demasiado.

Patrik se dijo que debía mirar el peso de Anders cuando recibieran el informe de la autopsia.

La única explicación plausible era que lo hubieran izado entre varias personas.

Pero ¿cómo es que no habían dejado marcas en su cuerpo?

Aunque lo hubieran sedado, debería haber quedado algún moratón. Aquello no tenía sentido.

Continuó revisando el apartamento mirando un poco aquí y allá, sin ningún objetivo concreto.

Puesto que no había muchos muebles, a excepción del colchón de la sala de estar y la mesa de la cocina con dos sillas, no había tanto que examinar.

Patrik tomó nota de que el único lugar de almacenaje eran los cajones de la cocina, así que los revisó sistemáticamente, uno tras otro.

Ya los habían inspeccionado antes, pero quería asegurarse de que no habían pasado por alto ningún detalle.

En el cuarto cajón encontró un bloc que sacó y abrió sobre la mesa de la cocina para verlo con más detenimiento.

Lo sostuvo ante la ventana para, a la fuerte luz del día, comprobar si habían quedado huellas en la hoja.

En efecto, vio que lo que habían escrito en la primera hoja se había grabado en la de debajo y, para intentar leer al menos parte del texto, empleó un viejo truco infalible.

Con un lápiz que encontró en el mismo cajón, fue coloreando el papel sin apretar mucho y pasó la mano para retirar los restos de grafito.

Solo se distinguían algunas partes del texto, pero lo suficiente para hacerse una idea de qué trataba.

Patrik lanzó un leve silbido. Aquello era interesante, muy interesante.

Y tuvo la virtud de poner en movimiento su máquina de pensar.

Con sumo cuidado, metió el bloc en una de las bolsas de plástico que había cogido del coche.

Prosiguió con su examen de los cajones. La mayor parte de lo que en ellos había era basura, pero en el último encontró algo que llamó su atención.

Se quedó mirando el trozo de piel que tenía entre los dedos.

Era exactamente igual que el que Erica y él habían visto en la casa de Alex.

Recordó que estaba en su mesilla de noche y que leyeron en él la misma inscripción que ahora leía en este: «L.T.M. 1976».

Al darle la vuelta, vio que, al igual que en el de Alex, también en este había unas manchas de sangre borrosas en el reverso.

Que entre Anders y Alex había un lazo que ellos no habían descubierto aún no era ninguna novedad.

No obstante, lo desconcertaba la extraña sensación que experimentaba al mirar aquel trozo de piel.

Había algo en su subconsciente que reclamaba su atención y que intentaba advertirlo de que aquella pequeña marca debía revelarle un dato esencial.

Estaba pasando por alto algo que era obvio pero que se negaba a hacerse patente.

De lo que sí estaba convencido era de que aquella marca situaba la relación de Anders y Alex en un punto lejano del pasado.

Como mínimo en 1976. Un año antes de que Alex y su familia se marcharan de Fjällbacka para desaparecer sin dejar rastro durante todo un año.

Un año antes de que Nils Lorentz desapareciera para siempre.

El mismo Nils que, según Erica, había sido profesor de apoyo en la escuela a la que asistían tanto ella como Alex.