La posada del viajero De viaje hacia el nuevo mundo #3
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De viaje hacia el nuevo mundo #3

—No te preocupes, no pasa nada. Ha sido la emoción del momento, nada más. Ambos nos hemos dejado llevar, es algo natural. No te apures, esto no tiene por qué salir de aquí.

—Será mejor que me marche, ya hablaremos mañana —aseguró Declan recomponiéndose tras el varapalo.

Mclister se despidió con un gesto y salió del camarote, asegurándose de no cruzarse con nadie en los pasillos de primera clase antes de abandonar la zona. Se había emocionado al verse correspondido por Emma, pero al final se impuso la cordura. ¿Afectaría eso a su futura relación con la institutriz?

El joven irlandés le dio vueltas en la cabeza al asunto de Emma Watson durante esos días en los que el Pegasus avanzaba inexorablemente hacia América.

Además, estaba bastante harto del viaje y todavía quedaba mucho trecho hasta Virginia, después de las escalas en Cuba y Florida. ¿Y si desembarcaba en La Habana?

La relación entre ambos jóvenes pasó por unos días de frialdad tras el beso del camarote, pero se rehicieron en pocas jornadas y olvidaron ese momento para continuar con normalidad su relación de amistad.

Declan decidió entonces compartir con su nueva amiga los temores que le embargaban, aun a riesgo de echarlo todo a perder.

—¿Qué opinas? —le preguntó Declan—. Ya sé que no conozco el idioma, pero quizás podría comenzar de cero en Cuba.

—Bueno, tal vez el señor Mendoza pueda ayudarte si decides desembarcar en La Habana —adujo Emma—. Si te guardas tus opiniones sobre la esclavitud, yo podría interceder ante mi patrón para que te buscara algún trabajo en la isla.

—¿Y deberle un favor a ese hombre? —preguntó orgulloso Mclister—. No sé yo, la verdad. Y tampoco quiero ponerte en un compromiso con tu patrón. Será mejor olvidarme...

La señorita Watson quiso insistir, y ambos jóvenes conversaron sobre el asunto durante varios días más.

Al final llegaron a un acuerdo: Emma tantearía a Mendoza sobre el particular, sin darle demasiados detalles, para ver su reacción.

Y, por su parte, Mclister hablaría de la situación también con su superior.

—Has hecho un buen trabajo, Mclister —afirmó Douglas—. Tu deuda está saldada, y por mi parte no te pondría mayor problema. Aunque me seguirían faltando brazos para el resto del viaje. Sería una pena, ahora que estaba empezando a hacer un hombre de ti.

—Solo es una idea, oficial, pero gracias por su comprensión.

—De todos modos estarás muy lejos de Virginia, Boston y todas esas ciudades a las que emigran tus paisanos. Sin olvidarnos de que desembarcarías en un país donde te será más difícil integrarte. ¿No tendrá algo que ver la señorita Watson con todo esto? —preguntó curioso el marino.

A Douglas no le había pasado desapercibida la relación entre la institutriz y el irlandés, pero no quiso llamarle la atención a su pupilo al comportarse Mclister como era debido.

Había escuchado alguna habladuría en el barco, chismes de viejas, pero en el fondo sabía que los dos jóvenes únicamente se hacían compañía.

—No, oficial, no crea que yo... —Declan se asustó al ser pillado en falta, creía que su superior no estaba al tanto del asunto.

—Olvídalo, Mclister. En cuanto a tu idea de quedarte en Cuba, por lo menos de momento, quizás yo pueda serte de ayuda. No creas que este oficial se chupa el dedo. Ya he visto tus habilidades con los números y la intendencia en general.

—Yo, señor, no quería...

—Calla y escucha, grumete. Permaneceremos dos días en La Habana. Veré lo que puedo hacer. Conozco a gente en el puerto... Tal vez algún maestre de provisiones necesite ayuda para controlar la carga de los barcos que llegan y salen de la ensenada habanera.

—Gracias, señor. No sé cómo...

—No cantes victoria tan pronto. Durante ese tiempo permanecerás a mi lado, tendrás que cumplir con tu cometido y ayudar en las labores de desembarque.

Si te encuentro un empleo, tú verás si lo aceptas o buscas otra cosa en caso de quedarte por tu cuenta.

Y, si no encuentro nada, tendrás todavía unas horas antes de que el Pegasus parta hacia Florida, por si quieres continuar viaje con nosotros. Pero por ahora… ¡sigue con tus tareas!

—¡A sus órdenes, señor! Y muchas gracias por todo.

Declan disimuló como pudo la sonrisa que afloraba en su rostro: Cuba sería su próximo destino.

Tal vez se equivocara y no encontrara en esa isla lo que andaba buscando, pero podría ser el primer paso para una vida mejor.

Y, si no le iba bien, siempre tendría tiempo de emigrar finalmente a Norteamérica.

Pasó la noche en vela, como había supuesto.

Pero había tenido un buen pálpito, magnificado por el leve recuerdo de un sueño donde parecía muy feliz.

En su recreación onírica se había visto a sí mismo nadando en el mar, en el medio de una pequeña bahía de aguas cristalinas, justo al lado de una preciosa playa de arenas blancas jalonada de palmeras.

Se veía contento, relajado, y eso le ayudó a decidirse.

Tal vez fuera el mismo paraíso en la tierra, o quizás su subconsciente le había jugado una mala pasada.

De cualquier forma no pensaba echarse atrás, aunque no se lo comunicaría al señor Douglas hasta que hubieran desembarcado toda la mercancía.

Si le encontraba algún empleo, bien. Y, si no, se buscaría la vida para sobrevivir.

De pronto se acordó de Emma. La institutriz se había ofrecido a hablar con su patrón.

No quería hacerle ningún desprecio, pero no le apetecía trabajar para el hacendado español, por mucho que eso significara estar cerca de la señorita Watson.

Ya se las apañaría para no perder el contacto con Emma en la isla y retomar lo que habían dejado a medias.

—Al final me quedo en La Habana —le comunicó cuando coincidieron en cubierta, antes de contarle la conversación con Douglas.

—¡Vaya, me alegro mucho! —La joven intentó disimular su entusiasmo, no quería que Declan se llevara una impresión equivocada—. El señor Mendoza me ha dicho que puedes contar con su ayuda, ahora o en un futuro próximo.

—Muchas gracias, Emma. De momento esperaré a ver qué me ofrece el oficial y, si no, ya veré qué hago.

—Muy bien, Declan. Seremos entonces vecinos en La Habana. Y, por supuesto, espero que prosigamos con las clases de español.