La Plaga Austral LA CAÍDA #2
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LA CAÍDA #2

Fernanda observó el lugar sin intentar sacar una conclusión inmediata.

—Entonces Tano sí se llevó el saco.

—¿Esto empezó con el visón? —preguntó Patricio.

—No podemos decir eso.

—Estaba dentro del bebedero. Después enfermaron los vacunos. Matías lo tocó.

—La cadena que conocemos empezó ahí.

Fernanda miró hacia el terreno que rodeaba la estancia.

—Pero el visón ya estaba enfermo cuando apareció en el bebedero.

—Entonces ¿de dónde salió?

—No lo sabemos.

LA CIUDAD SE DETIENE

El problema logístico comenzó a sentirse antes de que faltaran realmente los alimentos. El miedo llegó primero. Los supermercados recibieron más personas de lo normal y algunos productos básicos empezaron a desaparecer de los estantes por compras simultáneas.

Las filas en estaciones de servicio crecieron. Después comenzaron los problemas reales. Algunos transportistas no pudieron entrar. Otros decidieron no hacerlo. Camiones quedaron detenidos en controles y varios suministros empezaron a retrasarse.

Todavía había alimentos, combustible y medicamentos. Pero la reposición dejó de ser confiable.

LOS VEHÍCULOS

Una patrulla encontró una camioneta detenida parcialmente sobre una ruta secundaria. La puerta del conductor estaba abierta y las llaves seguían en el vehículo.

Dentro había vendas usadas, manchas secas y restos de material utilizado para cubrir lesiones. No había ocupantes ni señales claras de un accidente.

Encontraron huellas que se alejaban de la calzada hacia la vegetación. Los funcionarios no siguieron sin apoyo.

Más adelante apareció otro vehículo vacío. Después se informó un tercero en otra ruta.

La preocupación cambió. Ya no se trataba solo de vehículos abandonados. Había personas enfermas que podían haberse desplazado a pie fuera de los puntos controlados.

OBSTETRICIA

Nicolás y Aguilera consiguieron llegar a obstetricia cuando se abrió otra ventana de tránsito interno. La paciente que más preocupaba al equipo estaba consciente, febril y presentaba lesiones cutáneas. Los controles fetales habían mostrado alteraciones que exigían vigilancia.

—¿Contacto? —preguntó Nicolás.

—Su pareja estuvo en La Recta.

Aguilera observó los registros.

—¿Podemos decir transmisión vertical?

—No.

—¿Ni siquiera probable?

—Podemos decir que tenemos infección materna y hallazgos fetales preocupantes. Nada más.

El problema era el mismo que en pediatría: cada servicio protegido se había transformado en una isla y algunas de esas islas ya contenían casos sospechosos.

EL PRIMER INCENDIO

Fuera del hospital, Carabineros atendía incidentes simultáneos: peleas, accidentes, domicilios con personas febriles y alteradas, comercios con aglomeraciones y un incendio.

Bomberos respondió con menos personal del habitual. Algunos voluntarios estaban aislados y otros no podían desplazarse. Un segundo incendio apareció más tarde y el humo comenzó a verse desde sectores del hospital.

Sebastián lo observó por una ventana.

—Hay otro incendio.

—¿Dónde? —preguntó Eduardo.

—No sé.

La ciudad seguía funcionando. Pero ya no respondía a todo.

MATÍAS CÁRDENAS

Cuando un corredor cercano quedó temporalmente despejado, Nicolás consiguió llegar al sector donde había quedado Matías. Dos integrantes del equipo que habían permanecido allí lo esperaban.

Matías había sufrido un deterioro profundo. Habían intentado estabilizarlo con los recursos disponibles, pero no respondió.

Nicolás se acercó lo suficiente para confirmar lo que ya entendía por las expresiones del equipo.

Matías Cárdenas había muerto.

Aguilera permaneció detrás de él.

—Tenemos que movernos.

Nicolás asintió. No había tiempo para permanecer allí. El primer paciente humano reconocido del brote se quedó dentro del hospital que había ayudado, sin saberlo, a revelar la magnitud de la crisis.

CLAUDIA

Claudia había dejado admisión cuando el acceso principal quedó comprometido. Desde entonces ayudaba donde podía: identificaba pacientes, reunía documentos escritos a mano y acompañaba a quienes no sabían hacia dónde desplazarse.

Cuando comenzó la primera evacuación parcial, se incorporó al grupo con una mujer mayor que caminaba con dificultad.

El trayecto se interrumpió dos veces. En el segundo corte, una puerta tuvo que cerrarse para impedir que varias personas desorientadas entraran al corredor de evacuación.

Nicolás, Marcela y los demás consiguieron avanzar. Claudia quedó unos metros atrás con la mujer y otro paciente.

—¡Claudia! —gritó Marcela.

Claudia levantó una mano para indicar que los había escuchado. Después la puerta se cerró entre ambos grupos.

No volvieron a verla durante el resto de la evacuación.

APOYO MILITAR

La magnitud de la emergencia obligó a aumentar el apoyo estatal. Durante el día comenzaron a verse efectivos militares en determinados puntos de Coyhaique. Su función inicial era apoyar accesos, infraestructura crítica, logística y perímetros para permitir el trabajo de los servicios de emergencia.

Para la población, la imagen tuvo otro efecto: vehículos militares, controles, ambulancias escoltadas y calles parcialmente bloqueadas confirmaban que la situación era mucho más grave de lo que los primeros comunicados habían transmitido.

En algunos comercios se produjeron empujones y robos. No era una ciudad completa saqueando. Eran puntos concretos donde el miedo, la escasez y la falta de respuesta coincidían.

EL HOSPITAL PIERDE OTRO SECTOR

Una nueva brecha ocurrió dentro del edificio. Un paciente aislado desarrolló agitación neuroconductual. En medio de la confusión, una puerta que debía permanecer cerrada fue abierta desde el otro lado. El paciente salió al corredor y otro enfermo lo siguió.

Un funcionario llegó hasta el sector de Nicolás para avisar que el paso hacia cirugía menor había quedado bloqueado.

—Eso nos corta de Francisca y Mónica —dijo Aguilera.

Marcela revisó la lista escrita a mano.

—Siguen con tres pacientes. Dos no podían moverse.

—¿Alguien las vio después?

Nadie respondió.

Nicolás miró hacia el corredor cerrado. No podían llegar hasta ellas sin abrir una ruta que ya no controlaban.

LA CAÍDA

Las comunicaciones internas dejaron de ser confiables.

Algunos teléfonos no daban tono. Otros sonaban sin que nadie contestara.

Personal de medicina apareció en una puerta lateral para informar que no podía mover a sus pacientes.

Cirugía permanecía cerrada. Imagenología había quedado incomunicada.

Pediatría y obstetricia todavía resistían.

Claudia ya no estaba en admisión. Paula había muerto. Constanza había sido separada para evaluación por una exposición incierta. Francisca y Mónica seguían dentro de cirugía menor. Nadie sabía con certeza dónde estaban todos los funcionarios del resto del hospital.

Aguilera observó el edificio alrededor de ellos.

—Esto ya no está funcionando como hospital.

—Todavía hay gente trabajando —respondió Nicolás.

—Sí.

—Todavía tenemos pacientes.

—Sí.

—Entonces seguimos.

Aguilera negó.

—Seguimos atendiendo donde podemos. Eso no significa que el hospital siga funcionando.

Nicolás no discutió. El Hospital Regional de la Patagonia había caído operacionalmente. El edificio seguía en pie, pero ya no existía un control único sobre sus servicios, sus pacientes ni sus corredores.

REORGANIZACIÓN

La prioridad cambió. Ya no podían recuperar todo el hospital. Tenían que mantener los sectores que todavía resistían y evacuar a quienes pudieran trasladarse cuando existiera un trayecto seguro.

Marcela revisó la lista escrita a mano. Verónica y Lorena estaban con el grupo.

Eduardo, Sebastián y Esteban también. Teresa permanecía junto al paciente que había conseguido sacar del corredor.

Constanza había sido derivada a una zona separada de evaluación.

Paula estaba muerta. Claudia seguía desaparecida.

Francisca y Mónica continuaban dentro de cirugía menor.

Por primera vez desde que comenzó el turno, nadie podía afirmar dónde terminaba el equipo de urgencias y dónde empezaban los grupos aislados que intentaban sobrevivir dentro del hospital.

LA EVIDENCIA DE SEIS LAGUNAS

Fernanda recibió información preliminar de la investigación. Los hallazgos obtenidos en Seis Lagunas eran compatibles con una misma cadena infecciosa entre diferentes huéspedes.

Tano había estado infectado. Los restos biológicos asociados al visón también eran compatibles con el mismo agente que se investigaba en el ganado.

—Entonces fue el visón —dijo Patricio.

—No.

—¿Cómo que no?

—El visón estaba infectado. Eso no significa que fuera el origen.

—Entonces ¿qué significa?

—Que también se contagió.

—¿De qué?