La Plaga Austral LA CAÍDA #3
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LA CAÍDA #3

—Eso todavía no lo sabemos.

La autoridad sanitaria comenzó a utilizar una denominación provisional para organizar la investigación: AYS-1. No era un nombre definitivo ni una explicación del origen. Era solo una referencia para un agente que todavía no comprendían.

COYHAIQUE

Al anochecer, Coyhaique ya no funcionaba normalmente. Algunos supermercados operaban con restricciones y otros habían cerrado. Varias estaciones de servicio limitaban la atención. Los controles de ruta ralentizaban el tránsito y los vehículos abandonados complicaban algunos desplazamientos.

Las ambulancias requerían apoyo para determinados llamados. Bomberos atendía más emergencias con menos personal. Las reparaciones eléctricas se retrasaban donde las cuadrillas no podían trabajar con seguridad.

Todavía había alimentos, combustible y electricidad. Pero nada estaba garantizado.

Un incendio comercial aumentó durante la noche y alcanzó otra estructura. Poco después se produjo una explosión asociada al incendio. El estruendo se escuchó desde el hospital.

Nadie dentro necesitó una explicación inmediata. Había demasiadas otras cosas que resolver.

EL PERÍMETRO

Carabineros y personal militar establecieron un perímetro más amplio alrededor del hospital. No intentaron entrar masivamente. Dentro había pacientes, funcionarios y civiles mezclados con personas infectadas o desorientadas.

Se habilitaron puntos para recibir a quienes consiguieran salir desde sectores considerados seguros. Los primeros evacuados aparecieron de manera irregular: personal, pacientes y familiares.

Una ruta parcial permitió comenzar a sacar pacientes de pediatría. Después se abrió otra oportunidad para obstetricia. El hospital no se vació. Ni siquiera estuvo cerca. Pero dejó de estar completamente cerrado.

EL RECUENTO

Nicolás cruzó finalmente el perímetro junto con uno de los grupos evacuados. Marcela salió detrás. Después Aguilera, Verónica, Lorena, Eduardo, Sebastián, Esteban y Teresa.

Constanza ya estaba en una zona separada, bajo evaluación por la exposición incierta que había tenido dentro del hospital.

Marcela comenzó a contar.

—Francisca y Mónica siguen dentro.

Nicolás asintió.

—Paula murió.

Teresa bajó la mirada.

Marcela volvió a mirar a quienes habían salido.

—Falta Claudia.

—Venía detrás de nosotros —dijo Lorena.

—Se quedó con una paciente —agregó Verónica.

Nicolás miró hacia la entrada. Nadie más apareció.

—Claudia no salió.

El grupo guardó silencio.

UNA ÚLTIMA LLAMADA

Mientras se reorganizaban fuera del hospital, Lorena entregó un teléfono a Nicolás.

—Epidemiología.

Nicolás atendió.

—Rojas.

—Estamos reconstruyendo los movimientos desde La Recta. Hay un contacto que nos preocupa.

—¿Qué pasó?

—Salió de la feria antes de las restricciones y abandonó Coyhaique poco después.

—¿Destino?

—Puerto Aysén.

Nicolás miró el hospital.

—¿Lo ubicaron?

—Todavía no. El teléfono no responde y no tenía síntomas registrados cuando salió.

—Encuéntrenlo.

—Ya se está trabajando.

La llamada terminó.

—¿Qué pasó? —preguntó Aguilera.

—Una persona que estuvo en La Recta llegó a Puerto Aysén antes de las restricciones.

Aguilera guardó silencio.

—Entonces esto puede no terminar en Coyhaique.

—No.

COYHAIQUE

Nicolás se volvió hacia el Hospital Regional de la Patagonia. Algunas luces seguían encendidas. Otras zonas estaban oscuras. Una alarma continuaba funcionando. Había ambulancias detenidas, Carabineros en el acceso y personal militar en el perímetro.

El hospital había caído como institución, pero todavía había personas vivas dentro.

Francisca y Mónica seguían atrapadas en cirugía menor. Claudia estaba desaparecida. Otros funcionarios y pacientes continuaban aislados en sectores que nadie podía alcanzar todavía.

Marcela se acercó.

—Tenemos que movernos.

Nicolás no apartó la vista del edificio.

Aguilera se colocó a su lado.

—Vamos a volver por ellos cuando sea seguro.

Nicolás asintió y finalmente se apartó.

PUERTO AYSÉN

El hombre había llegado sin problemas. No había sentido nada durante el viaje.

Al día siguiente comenzó con dolor de cabeza. Lo atribuyó al cansancio. Después apareció la fiebre.

Su esposa lo encontró sentado en la cocina.

—¿Te sientes mal?

—Un poco.

—Estás pálido.

—Dormí mal.

Ella puso una mano sobre su frente.

—Tienes fiebre.

—Se me va a pasar.

—¿Desde cuándo?

—Hoy.

El hombre tomó un vaso con agua. Le tembló ligeramente la mano.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó su esposa.

—¿Dónde?

—En la muñeca.

El hombre miró. Había una pequeña flictena. La cubrió con la manga.

—Nada.

—Eso no estaba ayer.

—Debe ser una irritación.

Desde otra habitación lo llamó uno de sus hijos. El hombre intentó levantarse y se quedó inmóvil.

—¿Qué pasa?

No respondió. Miró hacia el pasillo. Durante varios segundos pareció no recordar hacia dónde tenía que ir.

Su esposa se acercó.

—¿Estás bien?

Él parpadeó.

—Sí.

La voz del niño volvió a escucharse. Esta vez el hombre reaccionó y caminó hacia la habitación. Su esposa permaneció en la cocina, mirando el vaso que había dejado sobre la mesa.

FIN DE brOTE CERO: COYHAIQUE