URGENCIA #4
Paula e Teresa ayudaron a mover a dos pacientes que no podían caminar. Claudia abandonó admisión cuando varias personas superaron el mesón de entrada. Sebastián salió desde reanimación.
—¿Qué hacemos?
Marcela señaló.
—¡Que no lleguen a los servicios!
Ya era tarde.
Uno de los enfermos corrió hacia el corredor de imagenología.
Otro siguió a un grupo de personas que escapaba hacia una escalera.
Dos quedaron en urgencias, golpeando puertas y persiguiendo movimientos.
No todos eran agresivos. Algunos estaban simplemente confundidos.
Eso hacía todavía más difícil reaccionar.
Una mujer infectada se quedó inmóvil en medio del corredor.
Alguien intentó pasar junto a ella. La mujer reaccionó repentinamente. Gritos. La gente volvió a dispersarse.
Aguilera sujetó a Nicolás por un brazo.
—¡Tenemos que movernos!
—Pediatría.
—No puedes llegar ahora.
—Hay niños ahí.
—Y si atraviesas ese pasillo no llegas a ninguna parte.
Nicolás miró. Aguilera tenía razón.
—¿Marcela?
—¡Acá!
Marcela estaba junto a una puerta interna.
—¡Todos los que puedan, adentro!
Parte del personal consiguió entrar. Otros quedaron separados. No había tiempo para comprobar quién. La puerta se cerró. Un golpe llegó desde el otro lado. Después otro.
TODO EL HOSPITAL
Sebastián tenía la radio interna. Una voz entró con interferencia.
—Urgencia, ¿qué está pasando?
Marcela tomó el equipo.
—Mantengan sus puertas cerradas. Nadie se desplaza hacia urgencias.
Otra voz:
—Tenemos una persona alterada en el corredor.
Marcela miró a Nicolás.
—¿Dónde?
—Segundo pasillo. No sabemos de dónde salió.
Otra comunicación irrumpió.
—Acaba de pasar otro hacia imagenología.
Después:
—Tenemos un paciente acá que no corresponde a nuestro servicio.
Marcela habló con fuerza.
—Cierren accesos. Nadie entra ni sale hasta nueva indicación.
Aguilera la miró. Ninguno necesitó decirlo. La orden llegaba tarde. Los infectados ya habían abandonado urgencias.
En otro sector se escuchó una alarma. Después golpes. Más lejos, alguien gritó. Nicolás intentó comunicarse.
—Pediatría, responda.
Hubo unos segundos de interferencia.
—Pediatría cerrado. Estamos bloqueando acceso.
—No abran a nadie que venga desde urgencias sin identificación.
—Entendido.
—¿Los niños?
—Seguimos con ellos.
La comunicación terminó. Nicolás intentó obstetricia. Respondieron. Todavía estaban cerrados. Al menos dos sectores seguían seguros. Por ahora.
Marcela comenzó a contar.
—Verónica.
—Aquí.
—Lorena.
—Aquí.
—Eduardo.
—Aquí.
—Sebastián.
—Aquí.
—Francisca.
Una voz respondió desde más lejos, por radio.
—Estoy en cirugía menor.
—¿Con quién?
—Mónica y dos pacientes.
—Quédate ahí.
—Entendido.
—Constanza.
No hubo respuesta. Marcela volvió a llamar.
—Constanza.
Estática.
—Paula.
Nada.
—Teresa.
Una respuesta finalmente:
—Estoy con Paula. Cerramos una puerta cerca del sector de apoyo.
Marcela cerró los ojos un segundo.
—No salgan.
—No pensamos hacerlo.
—¿Constanza está con ustedes?
—No.
Marcela miró a Nicolás. La primera persona del equipo estaba sin localizar.
URGENCIA PERDIDA
Los monitores continuaban sonando en algunos box.
Una alarma no había sido apagada. Había camillas vacías.
Otras con pacientes que no habían podido ser evacuados.
El acceso principal seguía fuera de control.
Carabineros intentaba reconstruir el perímetro desde afuera mientras varios funcionarios buscaban a sus compañeros.
Los disparos habían detenido una agresión.
No habían detenido el problema. Aguilera miró hacia el pequeño vidrio de la puerta detrás de la que se encontraban.
Una figura cruzó el pasillo. Después otra.
—¿Pacientes?
Nicolás se acercó.
—No sé.
Otro golpe. Aguilera retrocedió.
—No podemos recuperar urgencias con este personal.
Nicolás miró hacia los box. Horas antes habían atendido ahí a Matías. Habían discutido si hospitalizarlo. Habían revisado exámenes prácticamente normales. Ahora no podían atravesar el mismo corredor sin saber quién estaba al otro lado. La radio volvió a activarse.
—Urgencia, necesitamos ayuda.
Era una voz de otro servicio. Marcela tomó el equipo.
—¿Dónde?
—Hay dos personas en el pasillo. Una está golpeando las puertas.
—No abran.
—Tenemos pacientes acá.
—No abran.
La voz respondió:
—¿Qué está pasando?
Marcela miró a Nicolás. Él no tenía una respuesta útil.
Un nuevo ruido llegó desde algún punto del hospital. Vidrio rompiéndose. Después gritos. Aguilera se acercó a Nicolás.
—Salieron de urgencias.
—Sí.
—¿Cuántos?
Nicolás miró la puerta. Después la radio. Después a las personas que habían conseguido refugiarse con ellos.
—No sabemos.
Marcela volvió a llamar a Constanza. Nadie respondió. Desde otro piso llegó un nuevo aviso.
—Tenemos uno acá.
Nicolás levantó la cabeza. Ya no estaban hablando de pacientes llegando desde La Recta. Ya no estaban hablando de personas esperando afuera. Los infectados se movían dentro del hospital. Urgencias había caído. El resto del edificio todavía resistía.