La Plaga Austral URGENCIA #3
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URGENCIA #3

—Necesitamos disminuir estímulos en este sector.

Ella respondió:

—Necesitaríamos otro hospital.

CARABINEROS

Las luces de los vehículos aparecieron finalmente fuera del acceso. Claudia fue la primera en verlas.

—Llegaron.

Un carro celular y dos patrullas se detuvieron frente a urgencias.

Un grupo numeroso de funcionarios descendió.

Dos ingresaron para coordinarse con el hospital.

El resto permaneció afuera intentando recuperar el perímetro.

No conocían todavía la dimensión sanitaria del problema.

Lo que encontraron en el exterior parecía, al menos en parte, un disturbio.

Personas gritando. Empujones. Golpes contra las puertas.

Individuos extremadamente agitados. Uno de los carabineros ingresó.

—¿Quién está a cargo?

Nicolás señaló a Marcela y luego a sí mismo.

—Estamos manejando la urgencia.

—¿Qué está pasando afuera?

Marcela respondió:

—Tenemos una emergencia sanitaria. Hay pacientes mezclados con familiares y personas que intentan entrar.

—Tenemos varios agresivos.

Nicolás intervino:

—Algunos pueden estar enfermos.

El funcionario miró hacia los box.

—¿Enfermos de qué?

—Todavía no sabemos.

No era la respuesta que esperaba.

Afuera, los policías separaron a algunas personas de la entrada.

Varias obedecieron. Otras no. Algunos de los más alterados fueron contenidos y trasladados al carro celular.

Desde la perspectiva policial estaban agrediendo a otras personas y poniendo en riesgo el acceso.

Nadie había conseguido explicar todavía que la pérdida de reconocimiento, la agitación extrema y la agresividad podían formar parte del cuadro clínico.

Cuando Nicolás supo lo que estaban haciendo, salió hasta donde pudo.

—¿A quiénes subieron al carro?

Uno de los funcionarios respondió:

—A los más agresivos.

—¿Los evaluaron?

—Doctor, estaban pateando las puertas y tratando de golpear a la gente.

—¿Tenían fiebre?

El policía lo miró.

—¿Qué?

—¿Fiebre? ¿Lesiones en la piel? ¿Estaban confundidos?

El hombre tardó en responder.

—Uno tenía la cara rara.

—Necesito que los consideren posibles pacientes.

—Acaban de atacar a dos personas.

Nicolás sostuvo la mirada.

—Una cosa no excluye la otra.

EL PASILLO

El paciente estaba en una camilla porque no quedaban box.

Había ingresado con fiebre y desorientación.

Verónica lo había evaluado poco antes. Seguía acostado.

Uno de los carabineros permanecía varios metros más allá, hablando con seguridad.

Lorena pasó junto a la camilla. Entonces vio los ojos del paciente. Movimientos rápidos. Incontrolados.

—Verónica.

Ella giró. El hombre comenzó a respirar más rápido. Aparecieron secreciones por nariz y boca. Lorena se acercó con precaución.

—Señor.

No respondió.

—¿Me escucha?

Las manos se cerraron alrededor de las barandas.

—Nicolás.

El paciente se incorporó de golpe. La camilla se desplazó.

—¡Tranquilo!

No obedeció. Verónica retrocedió. El hombre consiguió bajar. Permaneció de pie durante un segundo. Parecía desorientado. El carabinero que estaba en el pasillo avanzó.

—Señor, quédese donde está.

El paciente giró. Después corrió hacia él. No hubo advertencia. Lo derribó. El segundo funcionario reaccionó.

—¡Aléjese!

El infectado no respondió. El policía en el suelo intentaba protegerse. Su compañero trató de separarlos. No pudo. El hombre continuó atacando. Hubo gritos. Nicolás salió desde un box.

—¡Cuidado!

El segundo carabinero dio una orden. Nada.

Ante la amenaza directa contra su compañero, utilizó su arma de servicio.

El primer disparo no consiguió detener inmediatamente al paciente.

El hombre retrocedió, pero continuó moviéndose.

Un segundo disparo tampoco provocó una detención inmediata.

Estaba herido. No era invulnerable. Pero su respuesta al dolor era completamente anormal.

El paciente se incorporó nuevamente. Giró hacia el funcionario que había disparado.

Emitió un grito y avanzó. El tercer disparo lo detuvo. Cayó.

Durante unos segundos nadie se movió. El sonido había sido brutal dentro del pasillo cerrado. Después Nicolás reaccionó.

—¡El funcionario!

Verónica y Eduardo corrieron hacia el carabinero caído.

Aguilera llegó detrás. El hombre presentaba una lesión cervical gravísima con hemorragia masiva.

Intentaron evaluarlo. Nicolás comprobó. No había signos de vida.

Miró a Aguilera. Los dos entendieron. Habían llegado demasiado tarde.

El compañero que había disparado permanecía inmóvil.

—¿Está...?

Nicolás lo miró. No necesitó responder. El funcionario bajó lentamente el arma.

—Yo traté de sacarlo.

Nicolás asintió.

—Lo sé.

—Le disparé y siguió avanzando.

—Lo sé.

—¿Qué mierda tienen?

Nicolás miró al paciente muerto unos metros más allá. Después al policía.

—No lo sabemos.

LA brECHA

Los disparos fueron escuchados afuera. El funcionario policial de mayor rango avanzó hacia la entrada para verificar personalmente qué había ocurrido. Ese movimiento dejó durante unos segundos una parte del control exterior en reorganización. El oficial entró.

—¿Qué pasó?

No alcanzó a recibir respuesta. Un hombre que estaba entre las personas acumuladas cerca de la entrada se movió detrás de él. Tenía el rostro húmedo. La ropa manchada. Parecía desorientado. Uno de los guardias gritó:

—¡Cuidado!

El hombre se abalanzó sobre el oficial. Ambos cayeron. Los funcionarios cercanos reaccionaron. La multitud retrocedió. Otros intentaron avanzar para alejarse del incidente. Una barrera perdió posición. Las puertas automáticas se abrieron. Varias personas entraron casi simultáneamente.

—¡Atrás! —gritó un carabinero.

No funcionó. Algunos intentaban escapar del desorden exterior.

Otros querían entrar al hospital. Y entre ellos había enfermos.

Uno presentaba flictenas visibles en el cuello.

Otro tenía la ropa manchada con secreciones.

Una mujer gritaba el nombre de alguien. Dos hombres se empujaron.

Un paciente cayó. Otro pasó sobre una de las barreras desplazadas. El acceso se perdió.

—¡Cierren las puertas internas! —gritó Marcela.

Verónica y Lorena comenzaron a mover a los pacientes que podían desplazarse. Francisca tomó una camilla.

—¿Dónde?

—Cirugía menor. ¡Ahora!

Mónica y Constanza intentaron cerrar un acceso lateral. Esteban apareció desde un box.

—¿Qué pasó?

—¡Entraron!