La Plaga Austral EL TURNO #3
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EL TURNO #3

Nicolás respondió:

—Creo que tenemos suficiente para sospecharlo.

—¿Y los otros dos?

—Eso es lo que tenemos que averiguar.

MÁS PACIENTES

Llegó una cuarta persona. Después una quinta.

No todos tenían flictenas. No todos presentaban fiebre alta.

Algunos solo tenían cefalea y malestar. Eso dificultaba la clasificación.

Si todos hubieran llegado con el mismo cuadro, habría sido más sencillo.

No ocurrió así. Uno había trabajado en La Recta.

Otro había acompañado a un familiar. Una mujer había pasado parte de la mañana en el recinto, pero aseguró no haber tocado animales. Lorena empezó a construir una lista.

—Nombre.

—Contacto con La Recta.

—Horario aproximado.

—Contacto con ganado.

—Síntomas.

No buscaba demostrar nada. Buscaba encontrar un patrón. Marcela reorganizaba espacios.

—Este box queda solo para sospechosos.

Mónica preguntó:

—¿Y si llegan más?

Marcela miró la disponibilidad.

—Usamos el siguiente.

—Está ocupado.

—Entonces movemos al paciente estable cuando sea posible.

No había todavía un colapso. Pero la urgencia comenzaba a cambiar.

Sebastián se acercó a Nicolás.

—¿Necesitan apoyo respiratorio en alguno?

—Por ahora no. Pero quédate cerca.

Sebastián miró hacia Matías.

—¿Ese es el del escáner?

—Sí.

—¿Qué mostró?

—Edema cerebral.

Sebastián lo procesó.

—¿Y los otros?

—Todavía no sabemos si son lo mismo.

Esa frase comenzaba a repetirse demasiado. Nicolás ya estaba cansado de decirla.

EPIDEMIOLOGÍA

Marcela consiguió finalmente establecer contacto. Explicó el número de pacientes, los antecedentes comunes y la progresión de Matías. Desde epidemiología pidieron mantener las precauciones mientras se recopilaban antecedentes y se coordinaba una evaluación formal. Nicolás tomó el teléfono.

—Necesito que entiendan algo.

—Lo escucho.

—Tengo un trabajador rural que ingresó febril, con lesiones cutáneas y exámenes sin alteraciones graves. Lo dimos de alta porque estaba clínicamente estable. Poco después convulsionó, regresó con deterioro circulatorio, edema cerebral y ahora presenta una alteración conductual severa.

La voz al otro lado quedó en silencio. Nicolás continuó:

—Tengo además varios pacientes con síntomas iniciales y relación con La Recta. El ganado de esa feria proviene del mismo predio.

—¿Hay evidencia de transmisión entre personas?

—Todavía no.

—Eso necesitamos determinar.

—También necesito saber qué hacemos mientras tanto.

—Mantengan las precauciones y registren contactos.

Nicolás miró el sector.

—Eso estamos haciendo.

La llamada terminó. Aguilera estaba cerca.

—¿Qué dijeron?

—Que investiguemos.

—Excelente.

—No empieces.

Aguilera señaló hacia los box.

—No estoy empezando. Estoy mirando.

MATÍAS

Durante un periodo breve, Matías se tranquilizó. Permanecía acostado. Los movimientos disminuyeron. Nicolás se acercó.

—Matías.

El paciente abrió los ojos. Esta vez pareció reconocerlo.

—Doctor...

Nicolás se inclinó.

—Sí.

Matías tragó con dificultad.

—¿Qué me pasa?

Aquella pregunta cambió la escena. Durante unos segundos ya no era un paciente agresivo. Era nuevamente el hombre que había llegado caminando.

—Estamos tratando de averiguarlo.

—No puedo... pensar bien.

—Lo sé.

Matías miró hacia su mano. Después a Nicolás.

—El visón.

—Sí.

—No debí tocarlo.

Nicolás no respondió. Matías respiró profundamente.

—Sergio.

—Está afuera.

—Dígale...

Se quedó en silencio.

—¿Qué quiere que le diga?

Matías frunció el ceño. La expresión cambió. Parecía haber olvidado la pregunta.

—Matías.

El paciente volvió a mirar alrededor. Su respiración aumentó. Nicolás retrocedió. La lucidez desapareció tan rápido como había aparecido. Matías empezó nuevamente a moverse. Marcela observaba desde afuera.

—Tuvo un intervalo.

—Sí.

—¿Te reconoció?

—Por unos segundos.

—Eso es peor.

Nicolás la miró. Entendía lo que quería decir.

UNA FICHA DIFERENTE

La noche había avanzado hasta el amanecer cuando Lorena llegó al mesón con otro documento.

—Nicolás.

Él continuó escribiendo.

—Déjala ahí.

—No.

El tono hizo que levantara la cabeza. Lorena puso la ficha frente a él. Hombre adulto. Fiebre. Cefalea. Lesión cutánea pequeña.

—¿La Recta? —preguntó Nicolás.

—No.

—¿Seis Lagunas?

—No.

—¿Trabaja con animales?

—No.

Nicolás empezó a revisar.

—Entonces ¿por qué lo pusiste con los sospechosos?

—Porque tiene una flictena y fiebre.

—Eso no basta.

—Ya sé.

Lorena señaló otro antecedente.

—Su esposa estuvo en La Recta.

Nicolás dejó de mover la mano.

—¿Él no fue?

—No.

—¿La acompañó?

—No.

—¿Contacto con alguien del predio?

—Ninguno.

—¿Ganado?

—Ninguno.

—¿Cuándo estuvo la esposa en la feria?

Lorena revisó la ficha.

—Desde la mañana. Volvió a casa antes del cierre y el malestar comenzó durante la noche.

Nicolás levantó la vista.

—¿Está enferma?

—Sí. La fiebre aumentó durante la madrugada. Se quedó en casa.

Nicolás se puso de pie.

—Quiero hablar con él.

El paciente estaba consciente.

—¿Usted estuvo en La Recta?

—No.

—¿Está seguro?

—Sí.

—¿Seis Lagunas?

—No sé qué es eso.

—¿Trabaja con animales?

—Trabajo en oficina.

—¿Su esposa estuvo en la feria?

—Sí.

—¿Cuándo volvió?

—Antes de que cerraran la feria.

—¿Se sentía bien?

—Al principio dijo que estaba cansada. Después comenzó con fiebre y se acostó.

—¿Y usted?

—El dolor de cabeza empezó durante la madrugada. La lesión la vi al amanecer.

Nicolás miró la pequeña lesión.

—¿Compartieron alimentos?

El hombre no entendió la pregunta.

—Somos matrimonio. Vivimos juntos.

Nicolás se quedó callado. No necesitaba seguir buscando una exposición animal directa. Volvió al mesón. Aguilera estaba ahí. Lorena también. Nicolás dejó la ficha delante del cirujano.

—Nunca estuvo en La Recta.

Aguilera leyó.

—¿Seis Lagunas?

—No.

—¿Ganado?

—No.

Aguilera siguió leyendo. Encontró el antecedente de la esposa.

—Ella sí estuvo.

—Sí.

Aguilera volvió a mirar al paciente a través del vidrio.

—¿Estás pensando lo mismo que yo?

Nicolás respondió:

—Sí.

—Entonces la feria ya no explica por sí sola todos los casos.

Nadie habló durante unos segundos. Hasta ese momento, todos los enfermos podían vincularse directa o indirectamente con el recinto o con animales expuestos.

Este caso era distinto: no tenía exposición animal conocida ni había estado en La Recta.

Su único vínculo identificado era una persona enferma que sí había estado allí.

No demostraba por sí solo transmisión entre personas, pero hacía imposible descartarla.

Marcela se acercó.

—¿Qué ocurrió?

Nicolás le entregó la ficha. Ella leyó.

—¿Nunca fue?

—Nunca.

Marcela miró hacia los box. Después hacia el personal protegido. La decisión que había tomado horas antes acababa de adquirir otro significado.

—Voy a mantener las precauciones.

—Sí —respondió Nicolás.

—Y necesitamos más espacio.

—Lo sé.

—No tenemos.

Nicolás no contestó. Porque también sabía eso.

LA ÚLTIMA HORA DEL TURNO NORMAL

Claudia llamó.

—Marcela.

—¿Qué pasa?

—Están llegando dos ambulancias.

—¿Qué traen?

—Una familia.

—¿Motivo?

Claudia escuchó al otro lado. Su expresión cambió.

—Fiebre.

Marcela cerró los ojos.

—¿Algo más?

Claudia volvió a escuchar.

—Lesiones en la piel.

Marcela miró a Nicolás. Desde afuera llegó una sirena.

Después otra. Las puertas automáticas se abrieron para el primer móvil.

Verónica se colocó la protección. Lorena tomó nuevas fichas.

Francisca y Mónica prepararon el espacio que quedaba.

Constanza desplazó una camilla. Esteban apareció desde otro sector.

Eduardo cerró una puerta para separar a los pacientes comunes.

Sebastián permaneció cerca de reanimación.

Paula e Teresa comenzaron a liberar el pasillo de material innecesario.

Aguilera se quitó definitivamente la chaqueta que había utilizado sobre la ropa de trabajo.

—Parece que no voy a volver a pabellón.

Nicolás observó la entrada.

—Parece que no.

La primera camilla ingresó. Luego otra. Un adolescente febril caminaba detrás acompañado por un adulto. Claudia levantó la voz desde admisión.

—Tengo más personas esperando afuera.

Marcela miró el reloj de pared. No necesitaba saber la hora exacta. La noche todavía no terminaba. Nicolás recordó a Matías entrando caminando unas horas antes. Recordó los exámenes. El alta. La ambulancia saliendo. Después recordó cómo había regresado. Miró las nuevas camillas. Aguilera se acercó.

—Nicolás.

—¿Qué?

—¿Cuántos sospechosos tenemos?

Lorena respondió antes que él.

—Once.

Aguilera miró la sala.

—Hace unas horas teníamos uno.

Otra sirena comenzó a escucharse en la distancia. Nicolás levantó la cabeza. No dijo nada. La enfermedad ya había salido de Seis Lagunas. Había pasado por La Recta. Y ahora ya no necesitaba ninguno de los dos lugares para seguir avanzando.