La Plaga Austral EL TURNO #2
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EL TURNO #2

Aguilera realizó una evaluación rápida. Matías abría los ojos ante estímulos, pero no mantenía una conversación coherente.

—¿Cómo estaba antes del alta?

—Orientado.

—¿Déficit?

—Nada evidente.

—¿Exámenes?

—Sin alteraciones que explicaran esto.

Aguilera miró a Nicolás.

—Imagen cerebral.

Nicolás ya había llegado a la misma conclusión.

—Sí.

EL SEGUNDO PACIENTE

Mientras coordinaban el estudio, Claudia llamó desde admisión.

—Nicolás.

—¿Qué pasa?

—Tengo una paciente con fiebre y unas lesiones raras en el cuello.

Nicolás levantó la cabeza.

—¿Qué lesiones?

Claudia hizo un gesto hacia la sala de espera.

—Se parecen a las del paciente que acaba de volver.

Eso cambió el ambiente. Nicolás salió. Una mujer permanecía sentada, abrigada hasta el cuello. Lorena ya estaba con ella.

—¿Desde cuándo tiene fiebre?

—Desde esta tarde.

—¿Dolor de cabeza?

—Sí.

—¿Lesiones?

La mujer bajó ligeramente la ropa. Había una pequeña flictena en la base del cuello. Nicolás preguntó:

—¿Trabaja con animales?

—No.

—¿Ha estado en Seis Lagunas?

—No sé dónde queda.

Lorena revisó los antecedentes.

—Estuvo en La Recta.

Nicolás la miró.

—¿Cuándo?

—Hoy.

La mujer intervino:

—Acompañé a mi marido. Él estaba viendo animales.

—¿Tuvo contacto directo con ganado?

—Toqué algunas rejas. Nada más.

Nicolás miró a Lorena. Después hacia el box donde estaba Matías. Ya eran dos pacientes. Todavía podían ser dos problemas distintos. Pero ya no podía ignorarlo.

—La vamos a separar de la sala de espera.

Marcela apareció.

—¿Otro?

—Posiblemente.

—¿Mismo cuadro?

—Fiebre, cefalea y flictena. Estuvo en La Recta.

Marcela no necesitó más.

—Voy a aumentar las medidas de protección.

Nicolás respondió:

—Todavía no sabemos qué vía de transmisión estamos considerando.

—Precisamente.

—Marcela...

—Matías salió caminando y volvió convulsionando. Ahora tenemos otra paciente con lesiones similares y un antecedente común. Es de noche, no tenemos jefatura presencial y epidemiología todavía no nos ha dicho qué estamos enfrentando.

Nicolás guardó silencio. Marcela continuó:

—Hasta que sepamos más, nadie atiende estos pacientes sin protección completa.

Verónica escuchó desde el mesón.

—¿Para todos los que entren al sector?

—Sí.

Marcela comenzó a organizar los recursos disponibles.

Guantes. Batas de protección. Protección ocular.

Protección respiratoria apropiada mientras no estuviera clara la vía de transmisión.

No convirtió la urgencia completa en una unidad de aislamiento.

Todavía no tenían motivos para eso. Pero creó una separación clara entre los pacientes sospechosos y el resto.

Lorena comenzó a identificar los contactos epidemiológicos.

Mónica y Constanza ayudaron a reorganizar el flujo para evitar cruces innecesarios.

Eduardo cerró el acceso a uno de los box.

Francisca preparó a Matías para el traslado a imagenología.

Aguilera llegó justo cuando Marcela terminaba.

—¿Qué ocurre?

—Estamos reforzando precauciones hasta que epidemiología defina algo.

—¿Quién lo indicó?

—Yo.

Aguilera la miró. Marcela no retrocedió.

—¿Problema?

Aguilera observó a Matías. Después a la nueva paciente.

—Ninguno.

Se colocó la protección.

—Continúen.

EL ESCÁNER

Matías necesitaba el estudio sin demora. Francisca preparó la camilla. Paula se acercó para acompañarla durante el traslado. Nicolás verificó nuevamente al paciente.

—Si cambia, me llaman inmediatamente.

Francisca asintió. Matías permanecía somnoliento. La fiebre seguía alta.

—Vamos —dijo Francisca.

La camilla salió.

El trayecto hasta imagenología transcurrió inicialmente sin incidentes. Paula ayudaba a mantener despejado el paso y colaboraba con el desplazamiento. Francisca permanecía atenta a Matías. En algunos puntos él abría los ojos. No hablaba.

—Matías —dijo Francisca—. Vamos a hacerle un examen.

El paciente no respondió. El estudio pudo realizarse.

Cuando las primeras imágenes estuvieron disponibles, Nicolás y Aguilera las revisaron.

Había edema cerebral difuso. No era necesario ser neurólogo para entender que algo no correspondía al paciente que había salido del hospital poco antes. Aguilera señaló la imagen.

—¿Seguro que estaba bien neurológicamente?

Nicolás lo miró.

—Sí.

—¿Completamente orientado?

—Sí.

Aguilera volvió a la pantalla.

—Esto explica la convulsión.

—No explica la causa.

—No.

Nicolás pidió ampliar la evaluación y contactar apoyo especializado. Entonces sonó el teléfono. Era Francisca.

—Doctor, está despertando.

—¿Cómo?

Hubo ruido al otro lado.

—Agitado.

EL PRIMER CAMBIO DE CONDUCTA

Matías abrió los ojos durante el regreso. Al principio solo movió una mano. Después intentó retirar parte de la monitorización. Francisca se inclinó hacia él.

—Matías, tranquilo.

Él giró. La miró directamente.

—Estamos volviendo a urgencias.

Matías intentó incorporarse.

—No se levante.

Paula detuvo la camilla.

—Francisca.

—Lo tengo.

Matías volvió a impulsarse. Esta vez con más fuerza. Francisca intentó que permaneciera acostado.

—Matías. Míreme.

No respondió. Su respiración aumentó. Movió un brazo violentamente y golpeó la baranda. Paula pidió ayuda.

—Voy a llamar.

Matías intentó incorporarse otra vez.

—¡Matías!

Giró hacia Francisca. Por un segundo se quedó inmóvil. Después intentó morderla cuando ella se aproximó demasiado. Francisca retrocedió.

—¡Cuidado!

Paula gritó hacia el pasillo. Eduardo llegó primero.

Después Marcela. Nicolás y Aguilera aparecieron desde el otro extremo.

Entre varios consiguieron evitar que Matías cayera de la camilla.

No reaccionaba como alguien simplemente asustado.

No obedecía. No parecía reconocerlos. Los movimientos eran impulsivos, desorganizados y cada vez más violentos.

Nicolás se colocó donde Matías pudiera verlo.

—Matías.

El paciente giró.

—Soy Nicolás. Usted está en el hospital.

No hubo respuesta.

—¿Me entiende?

Matías abrió la boca. Emitió un sonido incompleto. Después volvió a intentar incorporarse. Aguilera miró a Nicolás.

—Esto ya no es solamente fiebre y lesiones.

—No.

—Tenemos compromiso encefálico.

Nicolás miró hacia el sector de aislamiento. La segunda paciente seguía esperando.

—Y tenemos otra persona con el mismo comienzo.

EL TERCER CASO

No pasó demasiado tiempo antes de que llegara otro. Hombre adulto. Transportista. Fiebre. Cefalea. Malestar general. Claudia había aprendido qué preguntar.

—¿Estuvo en La Recta?

El hombre respondió:

—Sí.

Claudia levantó el teléfono.

—Marcela.

Lorena tomó los antecedentes.

—¿Contacto con animales?

—Trabajo transportando.

—¿Con el lote de Seis Lagunas?

—No sé cuáles eran.

—¿Pasó por el sector donde estuvieron?

—Probablemente.

—¿Cuándo empezó a sentirse mal?

—Esta tarde.

Todavía no presentaba flictenas. Eso hacía el caso menos claro. Nicolás lo evaluó. El hombre estaba orientado. Fiebre moderada. Dolor de cabeza. Nada más específico.

—Puede ser cualquier cosa —dijo Aguilera.

—Sí.

—¿Lo vas a incluir?

Nicolás miró hacia los dos pacientes anteriores.

—Hasta demostrar lo contrario.

Lorena puso las fichas juntas. Matías. La mujer. El transportista.

—Dos estuvieron directamente relacionados con La Recta —dijo.

Nicolás corrigió:

—Matías no.

Lorena lo miró.

—El ganado sí.

Nicolás se quedó observando los documentos.

—Necesito saber de qué lote venían los animales enfermos.

Lorena señaló el antecedente.

—Seis Lagunas.

Aquello cerraba una primera línea. Predio. Ganado. Feria. Pacientes. Pero todavía faltaba demasiado.

FERNANDA OYARZÚN

El teléfono sonó. Claudia recibió la llamada y la transfirió.

—Doctor Rojas, una veterinaria quiere hablar con el médico que está viendo a Matías Cárdenas.

Nicolás tomó el teléfono.

—Rojas.

—Doctor, soy Fernanda Oyarzún.

Nicolás miró hacia el box.

—La veterinaria de Seis Lagunas.

—Sí. ¿Matías está ahí?

—Sí.

—¿Cómo está?

Nicolás dudó.

—Mal.

Hubo un silencio.

—¿Qué ocurrió?

—Convulsionó poco después de salir del hospital. Tiene compromiso neurológico importante.

Fernanda no respondió de inmediato.

—¿Les contó lo del visón?

—Sí.

—¿Y los vacunos?

—Parte. Necesito que me cuente todo.

Fernanda comenzó desde el principio. No intentó sacar conclusiones.

Dio hechos. El visón había aparecido muerto en el bebedero el día anterior a la tormenta.

Matías lo había retirado con una lesión previa en la mano.

Los vacunos habían continuado utilizando ese punto de agua.

El novillo 47 enfermó antes del temporal.

Después aparecieron otros animales afectados.

Tano posiblemente había tenido contacto con el visón y había comenzado a comportarse de forma anormal antes de desaparecer.

Los animales aparentemente sanos habían sido enviados a La Recta.

Algunos habían desarrollado posteriormente signos similares a los observados en Seis Lagunas. Nicolás escuchó.

—¿Tiene un diagnóstico veterinario?

—No.

—¿Alguna hipótesis?

—Varias posibilidades, ninguna confirmada. No quiero inventar una explicación.

—Bien.

—¿Hay más pacientes?

Nicolás miró las fichas.

—Tengo una mujer que estuvo en La Recta con fiebre y una flictena. Y un transportista con fiebre y cefalea que también estuvo ahí.

Fernanda respiró al otro lado.

—Entonces necesitas saber algo más.

—Dígame.

—Antes de que se detuvieran los movimientos, varias personas ya habían abandonado la feria.

Nicolás se quedó quieto.

—¿Cuántas?

—No tenemos un número exacto.

—¿Tienen registros?

—Incompletos.

—¿Destinos?

—Algunos.

—Envíeme todo lo que tenga.

—Lo haré.

Nicolás preguntó:

—Fernanda, ¿el visón apareció antes de que enfermara el ganado?

—Sí.

—¿Antes de la tormenta?

—Sí.

Nicolás miró a Aguilera.

—Entonces el rayo nunca fue el inicio.

—No —respondió Fernanda—. Solo confundió el problema.

Cuando terminó la llamada, Aguilera esperaba.

—¿Y?

—Los animales ya estaban enfermos antes de la tormenta. El lote llegó a La Recta y después desarrolló los mismos signos.

—¿Y Matías?

—Manipuló un visón muerto antes de que empezara todo.

Aguilera miró las fichas.

—¿Crees que saltó de animales a humanos?