LA RECTA #3
—Tenemos varios identificados.
—¿Todos?
—No.
—¿Cuántos faltan?
—Todavía no puedo decirte.
Fernanda respiró profundamente.
—¿Personas que hayan abandonado el recinto?
—Lo mismo.
—Necesito destinos.
—De algunos tenemos.
El encargado comenzó a señalar.
—Este volvió a Coyhaique. Este iba hacia un predio rural. Este transportista dijo que después continuaba hacia Puerto Aysén.
Fernanda detuvo el dedo.
—¿Tenemos teléfono?
—Sí.
—Márcalo como contacto pendiente.
Siguieron. No había nada especial en aquel nombre. Era uno más.
EL CIERRE DE LA FERIA
Al final de la tarde, La Recta había cambiado por completo.
Los movimientos estaban detenidos. Los corrales implicados permanecían restringidos.
Había trabajadores esperando instrucciones.
Los vehículos que no habían salido permanecían estacionados.
Personas discutían por teléfono con compradores y propietarios.
Otros preguntaban cuánto tiempo tendrían que permanecer allí.
Fernanda apenas se había movido del sector.
El animal que había caído seguía en el suelo.
Otro presentaba las mismas lesiones alrededor del hocico que había observado en Seis Lagunas.
La relación entre ambos lugares ya no era difícil de sostener.
Lo que seguía sin estar claro era qué enfermedad la producía. Y, sobre todo, si el problema terminaba en los animales.
El trabajador con cefalea volvió a acercarse.
—Ya comí.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor.
—¿Fiebre?
—No.
—¿Algo nuevo?
—No.
Fernanda asintió. Eso era importante. No todo síntoma debía convertirse en la enfermedad.
—Déjame tus datos y si aparece fiebre, lesiones o empeoras, consulta.
El hombre la miró.
—¿Entonces puedo irme?
Fernanda dudó. No tenía motivos clínicos para impedirlo.
—Sí. Pero mantén el teléfono disponible.
El trabajador se marchó. Fernanda lo observó salir. No sabía si acababa de dejar ir a alguien completamente sano. Eso era lo más probable. El problema era que todavía no podía asegurarlo.
HOSPITAL REGIONAL DE LA PATAGONIA
Cuando Sergio entró a Coyhaique, ya había oscurecido. Matías parecía algo más estable. La fiebre seguía presente, pero estaba despierto y podía conversar. Eso tranquilizó ligeramente a Sergio. Estacionó frente a urgencias.
—Llegamos.
Matías abrió la puerta.
—Puedo caminar.
—Entonces camina.
Bajó. Dio varios pasos sin ayuda. Sergio lo siguió. Antes de llegar a la entrada, Matías se detuvo.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Mareo?
—Un poco.
Sergio lo tomó del brazo.
—Déjame.
—No.
—Puedo solo.
—Cuando te vea un médico, haces lo que quieras.
Entraron.
Claudia estaba en admisión. La urgencia todavía tenía el aspecto de una noche normal.
Una mujer esperaba por dolor abdominal. Un hombre tenía una lesión laboral en una mano.
Un niño tosía mientras su madre le acomodaba la chaqueta.
Varias personas miraban sus teléfonos. Nada indicaba lo que ocurriría durante las siguientes horas.
Sergio se acercó al mesón. Claudia comenzó el ingreso.
—Nombre.
—Matías Cárdenas.
—Edad.
Matías respondió él mismo. Claudia continuó.
—¿Motivo de consulta?
Matías iba a hablar. Sergio se adelantó.
—Fiebre, dolor de cabeza, lesiones en la mano y momentos en que se confunde.
Matías lo miró.
—No estoy confundido.
Sergio no respondió. Claudia preguntó:
—¿Desde cuándo?
—La lesión apareció primero. La fiebre después.
—¿Algún antecedente relevante?
Sergio recordó la llamada de Fernanda.
—Sí.
Claudia levantó la mirada.
—¿Cuál?
—Trabaja en Seis Lagunas. Hay vacunos enfermos.
Matías añadió:
—Y muertos.
Sergio continuó:
—También encontró un visón muerto dentro de un bebedero. Lo sacó con la mano donde tenía una herida.
Claudia observó la mano cubierta.
—¿Lo mordió?
—No —respondió Matías—. Estaba muerto.
Claudia ingresó la información.
—Espere un momento.
Matías se sentó. Sergio permaneció junto a él.
DOS LUGARES
En La Recta, Fernanda volvió a revisar las listas. Había más nombres. Más teléfonos. Más vehículos identificados. También seguían existiendo espacios vacíos.
—¿Cuántas personas salieron antes de que detuviéramos los movimientos? —preguntó.
El encargado observó los registros.
—No lo sabemos.
Fernanda apoyó las manos sobre la mesa.
—Necesito algo más preciso.
—Esto es lo más preciso que tenemos.
—¿Cuántas?
El hombre negó.
—No sabemos, Fernanda.
En el hospital, una impresora emitió la ficha de Matías.
El documento llegó al sector clínico. El doctor Nicolás Rojas la tomó.
Leyó. Matías Cárdenas. Trabajador rural.
Fiebre. Cefalea. Lesiones cutáneas. Episodios de desorientación.
Después leyó los antecedentes agregados.
Contacto con ganado enfermo. Manipulación de visón encontrado muerto en bebedero. Nicolás levantó la vista.
—Matías Cárdenas.
Matías se puso de pie. Sergio lo acompañó hasta la entrada del box. Nicolás señaló la camilla.
—Siéntese.
Matías lo hizo. Nicolás comenzó la evaluación.
—Muéstreme la mano.
Matías se quitó el guante. Nicolás vio las flictenas. Levantó la mirada.
—¿Qué le pasó ahí?