SEIS LAGUNAS #3
Tomó un analgésico que acostumbraba usar para dolores comunes y se acostó. Durmió mal.
DOS DÍAS ANTES
El camión llegó durante la mañana. Matías apareció más tarde que de costumbre. Sergio lo miró inmediatamente.
—No estás bien.
—Dormí mal.
—Tienes fiebre.
—No sabes.
Sergio le puso el dorso de la mano en la frente. Matías lo apartó.
—Déjame.
—Estás ardiendo.
—Termino esto y bajo a consultar.
—Eso dijiste ayer.
Matías no respondió. Patricio ya estaba revisando el ganado. Los doce animales seleccionados fueron examinados nuevamente. Ninguno presentaba lesiones visibles. Ninguno mostraba salivación excesiva. Caminaban. Comían. Respondían normalmente. Patricio tardó en dar la orden. Finalmente lo hizo.
—Cárguenlos.
Matías permaneció al costado. Uno de los animales se detuvo ante la rampa. Durante varios segundos no avanzó. Matías se acercó. Observó ojos y hocico. No vio nada. El animal comenzó a caminar por sí solo. Subió. Matías se volvió hacia Patricio.
—Todavía puedes pararlo.
Patricio tenía los documentos en la mano.
—Los revisamos tres veces.
—Eso no significa que estén sanos.
—Tampoco significa que estén enfermos.
—Tenemos un visón muerto, un perro desaparecido y varios vacunos afectados.
—Y no sabemos si alguna de esas cosas está relacionada.
Matías guardó silencio. Patricio continuó:
—Si tuviera una orden sanitaria, no discutiría. Si alguno tuviera síntomas, no discutiría. Pero no tengo ninguna de las dos cosas.
Matías miró el camión.
—Espero que tengas razón.
Patricio también.
—Yo también.
La puerta trasera se cerró. El motor arrancó. El camión salió de Seis Lagunas.
Sergio llamó a Fernanda. Ella iba camino hacia Coyhaique.
—Los animales salieron.
Hubo silencio.
—¿Cuándo?
—Recién.
—¿Hacia La Recta?
—Sí.
Fernanda cortó. Llamó a Patricio. No contestó. Volvió a intentarlo. Nada. Entonces llamó directamente a un contacto relacionado con la feria.
—Necesito que identifiquen un lote procedente de Seis Lagunas.
—¿Por qué?
—Hay un evento sanitario sin diagnóstico en el predio de origen.
—¿Existe restricción oficial?
—Está siendo evaluada.
—Entonces envíame los antecedentes.
—Voy a hacerlo. Mientras tanto, separen ese lote cuando llegue.
—¿Qué enfermedad sospechas?
Fernanda mantuvo la vista en el camino.
—No tengo una sospecha confirmada.
—Entonces no puedo detener una feria completa.
—No te pedí eso. Te estoy pidiendo que no mezcles esos animales hasta que podamos revisarlos.
Hubo una pausa.
—Voy a avisar.
—Hazlo ahora.
Fernanda cortó.
En Seis Lagunas, Matías intentó ordenar herramientas. Una llave cayó de su mano. Se agachó para recogerla. Al incorporarse volvió a marearse. Sergio lo vio.
—Se acabó.
—Estoy bien.
—No.
—Sergio...
—Te llevo a Coyhaique.
—Después.
—Ahora.
Matías se apoyó contra la mesa. Sergio esperó.
—¿Dónde está Patricio? —preguntó Matías.
—En la oficina.
—¿El ganado ya salió?
Sergio lo miró.
—Sí.
Matías frunció el ceño.
—¿Cuándo?
Sergio no respondió inmediatamente.
—Hace menos de una hora.
Matías asintió. Unos segundos después preguntó:
—¿Los animales ya salieron?
Sergio dejó de moverse. Matías lo miró.
—¿Qué?
—Me acabas de preguntar lo mismo.
Matías intentó recordar. No pudo. La expresión de su rostro cambió.
—No.
—Sí.
—No me acuerdo.
Sergio se acercó.
—Nos vamos.
Esta vez Matías no discutió.
Un ruido llegó desde el exterior. Algo se movió entre los matorrales. Matías giró.
—Tano.
Sergio también miró. Hubo otro movimiento. Matías avanzó hacia la puerta.
—¡Tano!
Nada. Esperó. Un bulto oscuro se movió rápidamente entre la vegetación, demasiado lejos para identificarlo. Matías intentó salir. Sergio se puso delante.
—No.
—Puede estar herido.
—O enfermo.
—Es mi perro.
—Y ayer no te reconocía como antes.
Matías permaneció mirando hacia afuera. Otro ruido. Después silencio. No fueron a buscarlo.
LA RECTA
El camión llegó cuando la feria ya estaba funcionando.
Había otros transportes esperando. Trabajadores recibían animales.
Productores conversaban. Compradores recorrían los corrales.
Algunas familias acompañaban a quienes habían ido por negocios.
El conductor entregó la documentación. La advertencia de Fernanda todavía no había llegado a todas las personas que trabajaban en el recinto.
Las puertas traseras se abrieron. Los vacunos comenzaron a descender.
Uno. Después otro. Ninguno cayó. Ninguno tenía lesiones evidentes.
A simple vista eran animales normales. Fueron dirigidos hacia los corrales.
Los trabajadores utilizaron puertas y separadores que después serían manipulados por otras personas.
Un animal rozó el hocico contra una barra.
Otro bebió de un recipiente compartido. Un trabajador cambió de corral sin detenerse.
Un transportista firmó documentación y se marchó.
La actividad continuó. Nada parecía estar ocurriendo.
En Seis Lagunas, Sergio ayudó a Matías a ponerse la chaqueta. Matías volvió a mirar su mano.
—No recuerdo haberte preguntado eso.
—Lo sé.
—Nunca me había pasado.
Sergio tomó las llaves.
—Por eso nos vamos.
Matías se quedó sentado unos segundos.
—¿Los animales ya salieron?
Sergio se detuvo. Esta vez no respondió. Matías vio su expresión. Comprendió.
—Otra vez.
Sergio asintió. Matías bajó la mirada. Ya no estaba preocupado por las flictenas.
En La Recta, uno de los vacunos del lote de Seis Lagunas permaneció quieto mientras los demás se desplazaban hacia el alimento. Un trabajador lo observó.
—Vamos.
Golpeó suavemente una baranda para hacerlo avanzar.
El animal levantó la cabeza. Respiraba algo más rápido que el resto.
El trabajador no le dio importancia. Tenía otros animales que mover.
Continuó trabajando. A kilómetros de allí, Sergio subía a Matías a una camioneta para llevarlo a Coyhaique. La feria seguía abierta.