Adroa y Adro
Sede de la Delegación del Gobierno
Dos días para la traca final
Transcurridas cuarenta y ocho horas desde que se hizo pública la intoxicación del agua corriente en Valladolid, la realidad ha evolucionado de manera muy diferente en los muchos frentes que siguen abiertos.
Lo social es, sin duda, lo que presenta peor pronóstico.
Se contabilizan ya seis muertes violentas como consecuencia de los enfrentamientos que se han producido entre los ciudadanos a raíz de la escasez de agua potable y, sobre todo, de la deficiente distribución del agua embotellada.
El personal militar y los miembros de la policía y de la Guardia Civil repartidos por la ciudad son insuficientes e incapaces de controlar el reparto equitativo en los puntos de recogida fijados en cada uno de los barrios.
Aunque no de forma oficial, se sabe que se han establecido redes organizadas que han logrado acaparar cientos de garrafas, e incluso se ha denunciado el asalto a un camión de reparto de agua encargado de abastecer al barrio de La Rubia.
Se han producido cientos de detenciones, la mayor parte por saltarse el toque de queda, y la cantidad de incidentes acontecidos durante las dos noches precedentes, más los innumerables actos de vandalismo perpetrados por grupos de civiles, superan las previsiones más catastróficas.
A pesar del continuo llamamiento a la calma por parte de las autoridades, el clima de tensión no parece que vaya a disminuir, y, dadas las circunstancias, en Madrid no se descarta declarar el estado de sitio en la ciudad si no se pone fin a la violencia.
En el ámbito hospitalario, la saturación sigue siendo la tónica general, a pesar de que se ha habilitado el recinto de la Feria de Muestras para atender a los afectados con pronóstico leve.
Al personal sanitario se han unido cientos de voluntarios desplazados desde otras provincias, y la buena noticia es que los nuevos casos de intoxicación han disminuido de manera radical.
Así y todo, la última cifra de fallecidos que ha proporcionado la Consejería de Sanidad asciende a cuarenta y cuatro, de los cuales casi el setenta por ciento son personas de edad avanzada o con afecciones gastrointestinales previas.
Hay cinco menores muertos, dos de ellos de menos de tres años.
Una previsión realista que se baraja internamente en el Ministerio de Sanidad apunta a que se superarán las cien víctimas mortales, lo cual, sumado a las ocasionadas por las explosiones —que ascienden a treinta y dos— y al reciente y trágico fallecimiento del alcalde, deja muy tocada la imagen del país internacionalmente.
En el CECOP ha aumentado la fractura entre los que abogan por implementar medidas más estrictas para mantener el control y los que defienden políticas de actuación más moderadas.
En lo que sí ha existido una postura unánime ha sido en transmitir su pesar por el fallecimiento de Omar Fuentes, quien, de forma póstuma, se ha convertido durante horas en trending topic mundial gracias a un vídeo que publicó en sus redes sociales minutos antes de sucumbir a los efectos del americio-241.
Lo que no deja de sorprender a los sociólogos es el crecimiento radical que han experimentado los mensajes de apoyo a Marco Antonio Gavilán animándole a que siga resistiendo ante el poder opresor del sistema.
Por su parte, Ramiro Sancho se siente cada vez más cómodo navegando en medio de la tempestad.
Ha dormido seis horas del tirón gracias a que Sara le ha prohibido quedarse en el hospital por la noche.
El argumento que ha esgrimido es irrebatible: tiene que estar descansado para afrontar lo que se le viene encima.
Hasta cierto punto, Sancho la envidia por la entereza que ha demostrado tener a pesar de estar atravesando un momento anímico complicado.
Comparte toda la información del caso con ella, quien coincide con el pelirrojo en el diagnóstico general: su rival tiene más piezas que ellos sobre el tablero y conoce mejor las reglas del juego porque las dicta él.
Por tanto, y en la conclusión también están de acuerdo, si no hacen algún movimiento que él no tenga previsto, se llevará la partida.
El problema es que nadie sabe qué pieza mover ni hacia dónde.
Por suerte y contra todo pronóstico por lo que le habían contado de él, trabajar con Celso Malpica está resultando mucho más sencillo de lo que había pensado.
Por encima de su aspecto trasnochado y su desprecio hacia la superioridad, el hombre ha demostrado ser un excelente capitán que maneja a su tripulación con respeto a pesar del nivel de exigencia que ha impuesto durante la travesía.
Malpica mantiene contacto directo y continuo con Antón Anchorena, y gracias a su reptiliano poder de convicción ha conseguido persuadir al CECOP de la inmediata necesidad de poner en marcha la que han denominado operación Jaula Subterránea.
La sencillez a la hora de bautizar a la criatura contrasta con la complejidad que implica llevarla a cabo.
El objetivo no es otro que localizar, aislar y neutralizar a Gavilán en la red del subsuelo de Valladolid.
Pero, además, hacerlo cuanto antes, dado que se teme una nueva acción por su parte.
Con este propósito se han reunido en la sede de la Delegación del Gobierno las ocho personas que Celso Malpica ha decidido que formen parte del centro de mando después de que Pablo Jimeno —en calidad de secretario de Estado de Seguridad— haya resuelto ponerle al frente del operativo.
Entre todos ellos destaca el capitán Alejandro Torres, uno de los creadores del programa PICAS, en el que participó en su día de forma destacada el hombre al que ahora tienen que atrapar.
«Lo recuerdo a la perfección: quirúrgico, entusiasta sin necesidad de exteriorizarlo y con una capacidad innata para adaptarse a un medio tan complicado», lo ha definido Torres.
Predominan las camisas claras y las ojeras oscuras.
Huele a hormonas torturadas por el estrés, a bollería endurecida y a café imbebible de máquina.
Con apariencia de no haber dormido las tres últimas vidas, Celso Malpica da paso a Nacho Llanes para que se encargue de explicar —sobre un indescifrable plano del subsuelo de Valladolid proyectado en una pantalla— cómo se van a desarrollar las distintas fases de la operación.
—Veamos. El problema principal al que nos enfrentamos es que existen más de cuatrocientas arquetas de acceso a la red subterránea y que hay más de ciento cincuenta kilómetros transitables a pie sin contar túneles y galerías.
Por ello, no nos queda otra que decantarnos por las que tienen acceso a los colectores principales.
A las veintidós horas, coincidiendo con el inicio del toque de queda, procederemos al sellado de estas ochenta y dos que hemos seleccionado.
Con el resto lo único que podemos hacer es vigilarlas con personal militar.
Al teniente coronel Álvarez de la Vega se le escapa un bostezo.
—Al mismo tiempo se intensificarán los controles de carreteras por parte de la Guardia Civil y del tránsito viario urbano a cargo de la Policía Nacional y Municipal.
La Brigada Logística del Ejército de Tierra se encargará de asegurar los aprovisionamientos y las comunicaciones entre los equipos de intervención y el centro de mando.
Aproximadamente una hora más tarde dará comienzo la fase uno con la entrada simultánea a la red subterránea de los cuatro equipos primarios. Los puntos de...
—Disculpe, Nacho —interviene Marcos Domingo, jefe del GEO—. ¿Cómo estarán conformados cada uno de los equipos primarios? —le pregunta a Malpica.
—Todavía no habíamos llegado a esa parte —responde este—, pero aprovecho.
Cada equipo estará conformado por ocho unidades.
Dos policías de subsuelo, para lo cual contamos con el apoyo de una Unidad de Subsuelo de Madrid, tres miembros del GEO, dos zapadores experimentados del Ejército de Tierra y un tédax, por si nos encontramos con alguna sorpresa.
Todos equipados como corresponde, y radios de alta ganancia con transmisión UHF para los jefes de equipo.
Los hemos nominado con colores: verde, rojo, amarillo y azul, igual que sus rutas, como pueden ver en el plano.
—Entendido, gracias.
—Decía que los puntos de acceso a los colectores principales son estos cuatro que están marcados en negro —prosigue Llanes—.
La idea es avanzar despacio desde la periferia hacia el centro e ir asegurando los ramales secundarios, túneles de servicio, depósitos y otros espacios señalados en el plano en los que pensamos que el sospechoso podría haberse establecido.
Todas las miradas convergen en el plano, a pesar de que solo el de la Unidad de Subsuelo y el capitán Torres saben interpretarlo.
—La fase dos consiste en consolidar las posiciones aseguradas, que llamaremos estaciones, para lo cual accederán en binomios los miembros de los equipos de apoyo pertenecientes al Ejército, que han completado el programa PICAS.
Y así iremos cubriendo todos los puntos de interés identificados en el mapa hasta que se produzca el contacto —simplifica Llanes—.
No sé si me he explicado bien, que esto de hablar nunca ha sido lo mío.
—A la perfección —confirma Malpica—. Solo aclarar que si se produce el contacto con el sospechoso, el equipo implicado debe mantener la posición y comunicarlo de inmediato al centro de mando.
No sabemos si va o no armado, pero la orden es acorralarlo y neutralizarlo, no eliminarlo.
A las ocho horas del día 10 debe concluir la operación, sea cual sea el resultado —enfatiza—, para evitar que se genere más tensión social. Dudas, comentarios, observaciones.
—¿A qué edificios emblemáticos o públicos podría acceder desde el subsuelo? —pregunta el teniente coronel Álvarez de la Vega.
Nacho Llanes se rasca la barbilla.
—Directamente, solo al Centro Cultural San Agustín, pero esa arqueta la vamos a sellar.