La constelación del miedo #7
«Sin embargo, señora Murrieta, la información que nos llega a nosotros desde la calle es que está agotada en todos o casi todos los supermercados e hipermercados de la ciudad.»
«Sí. La gente se ha echado a la calle en cuanto se han conocido los primeros casos de intoxicación. Entendemos la reacción de la ciudadanía, pero desde las autoridades sanitarias queremos hacer un llamamiento a la calma para que entre todos podamos solventar esta crisis.»
«Sin duda, porque como se imponga el pánico reinará el descontrol.»
—Bien dicho, Carlos, porque eso es, precisamente, lo que va a pasar —comenta Gavilán.
«Y, ahora, por favor, cuente a la audiencia cómo está la coyuntura sanitaria en este momento.»
Murrieta no esconde la realidad, pero a oídos del Témpano no resulta muy convincente a la hora de asegurar la cobertura hospitalaria a quienes lo van a requerir.
«Se rumorea que el presidente del Gobierno planifica una visita a Valladolid. ¿Qué información maneja la Junta de Castilla y León sobre este asunto?»
—Claro que sí. Cuantas más distracciones, mejor —dice Gavilán.
«Por ahora no hemos recibido ninguna información oficial desde la Moncloa.»
«Por último, porque no queremos robarle más tiempo, no podemos olvidar al causante del caos que los vallisoletanos estamos sufriendo. ¿Qué se sabe que nos pueda contar al respecto?»
«Poca cosa, Carlos. En primer lugar, no se ha confirmado que se trate del mismo individuo que ha atentado contra varios inmuebles de Valladolid, aunque no podemos negar que se trabaja en esa línea de investigación.
Lo único que puedo decir es que ya hay cursada una orden de búsqueda y captura internacional contra Marco Antonio Gavilán, y que más pronto que tarde será llevado ante la justicia para pagar por sus actos infames. »
—Actos infames —repite Gavilán con sorna.
«Esperemos que tenga razón y sea cuanto antes. Muchas gracias, señora Murrieta, consejera de Sanidad de la Junta de Castilla y León. A continuación nos vamos a ir hasta el hospital Río Hortega, donde está nuestra compañera...»
El Témpano cierra la aplicación y, satisfecho, dedica un rato más a navegar por internet en busca de noticias relacionadas con él.
En todas aparece la misma fotografía ridícula de cuando tenía veintiocho años junto a otra realizada con IA, que, para qué negarlo, guarda cierto parecido con su aspecto actual.
No importa. En el punto en el que se encuentra, no tiene ninguna relevancia.
Para lo siguiente que tiene programado necesita vaciar su mente, por lo que guarda el teléfono en el bolsillo, intenta acomodarse como puede y deja que sus párpados se cierren.
En cuanto lo hace se traslada a la frondosidad de la selva congoleña e imagina que sobre su cabeza se extiende el manto de estrellas que le cobijaba cada noche.
Se esfuerza en recordar los sonidos que emitía aquella naturaleza salvaje y los olores, pero ahí abajo solo percibe las esencias del inframundo en el que le toca vivir.
Se pregunta qué fábula le contaría Arube Mbemba para afrontar los retos que tiene por delante. Ojalá Adro le entregara una gota de su divinidad como hizo con los primeros hombres y él pudiera conseguir una nueva piel.
Comisaría de distrito de Las Delicias
Hasta el momento, la opinión que se ha formado sobre Celso Malpica nada tiene que ver con lo que le habían contado, aunque es cierto que se trata de un perfil muy diferente al de Anchorena, más encapsulado, agrio, hasta el punto de que a Sancho le da la sensación de que se empeña en esconder sus virtudes como si se avergonzara de ellas.
Lo primero que ha hecho cuando han llegado a la comisaría es reunir a su equipo y escuchar.
Diría que ha pronunciado menos de veinte palabras durante las más de dos horas que llevan sentados en una pequeña sala, y ninguna de ellas ha sido para menoscabar la labor de su antecesor.
Por ahora se han centrado en profundizar en la figura de Marco Antonio Gavilán, y lo más destacable, a la vez que sorprendente, es que las pocas personas de su entorno que han accedido a hablar de él —la mayoría compañeros de la Legión y superiores que lo tuvieron a su cargo— lo han hecho con orgullo y tristeza por cómo la vida le ha pagado su dedicación en cuerpo y alma al Ejército.
Para la mayoría de ellos, el Témpano fue y será un mito, con independencia de que se haya convertido en un peligro para la sociedad.
Patricio Matesanz ha remarcado la frase de un general de brigada de la Legión que aseguraba considerarlo como un hijo: «Si Gavilán se ha marcado un objetivo, no va a parar hasta lograrlo, así que no pierdan el tiempo tratando de impedírselo, solo manténganse lo más lejos posible de él», a lo que Peteira ha añadido:
—Tócate los cojones, Mari Loles.
Sancho ha estado presente en todo momento, menos cuando ha decidido salir para hablar con Sara y asegurarse de que todo está bajo control en el hospital.
Al pelirrojo le ha dado la impresión de que ella ha tratado de rebajar el nivel de desesperación por el que, con el centro desbordado y el personal hospitalario al borde del suicidio colectivo, les está tocando pasar.
Pero Greta está evolucionando bien tras la intervención y Asia ha ganado ciento ochenta y tres gramos desde la última vez que la pesaron.
Con la mente puesta de nuevo en lo que ahora le ocupa, Sancho le da un sorbo a un café que hace bastante tiempo que dejó de ser bebible.
Malpica señala a Inés de Marco.
—Vamos con lo suyo.
—Cristina Mendoza Asenjo, natural de Valladolid, cuarenta y seis años cuando falleció en diciembre de 2021 por una parada cardiorrespiratoria provocada por la ingesta, según dice la autopsia, de fluoxetina, lorazepam y alcohol.
Atravesaba un proceso de depresión diagnosticado en marzo del 2017.
Hemos conseguido hablar con su hermana, tres amigas, dos compañeros de trabajo y su psicóloga. Hay cosas interesantes.
—Conclusiones, por favor —le pide Malpica, que entrelaza los dedos y apoya la cabeza en los índices sin quitar la mirada de su subordinada.
—Con veinticinco años conoce a Marco Antonio Gavilán, cuando ella se traslada a Almería para hacer prácticas en un estudio de arquitectura cuyo dueño es amigo del padre.
Se casan tres años más tarde y ella consigue trabajos muy esporádicos.
Con el tiempo, y debido a las continuas ausencias de su marido, la relación se deteriora y ella regresa a Valladolid en junio de 2018.
Poco después aprueba un examen que convoca el Ayuntamiento de Valladolid para el puesto de arquitecta municipal.
Enseguida empieza a tratarse con una psicóloga, la doctora Meléndez, quien la define como una mujer con muchas capacidades pero emocionalmente inestable, aunque reconoce que nunca atisbó en ella un perfil suicida.
Un compañero suyo, Ángel Luis Figueroa, dice que era brillante, pero que no admitía bien la crítica.
Atención a esto: en mayo de 2019 le encargan un proyecto para adecuar varias fuentes de la ciudad, pero según dice Figueroa no logró dar con la tecla y pasado un tiempo congelan el proyecto.
—Pues ya tenemos una pieza que encaja —dice Malpica—. Continúa.
—En realidad dos —le adelanta ella—. Tras apartarla de este proyecto la involucran en otro que consiste en estudiar la viabilidad de la puesta en marcha de una ruta turística que recorra el antiguo cauce del Esgueva.
Para ello le facilitan un montón de planos del subsuelo, planos que no se hallaron en el registro de la vivienda.
Ni esta misma mañana, cuando he mandado comprobarlo de nuevo, tampoco.
—Ya sabemos cómo logró Gavilán llegar desde donde fuera hasta la estación potabilizadora de las Eras —aporta Sancho.
—Y aquí viene la jugada fea —retoma Inés—. En abril de 2021 la apartan de los proyectos en los que estaba trabajando y poco más tarde retoman el asunto de las fuentes. Pero, oh, sorpresa, utilizan las propuestas de Cristina, de lo cual ella se acaba enterando, según nos dice Figueroa.
—Un clásico —comenta Sancho.
—A partir de ese momento se aísla hasta tal punto que dos de sus amigas tratan de ir a verla a casa, pero ella no les abre. No contesta llamadas, ni mensajes... Nada. Deja de ir a la psicóloga y acude a un psiquiatra que le receta los medicamentos con los que se quitará la vida.
—¿Cómo era su relación con Gavilán antes y después de la separación?
—Hay algo que tengo aquí anotado que nos ha contado Sonia, la hermana.
Marco nunca dejó de quererla ni renunció a ella.
Aceptó la separación como quien acepta que le quiten una medalla o le degraden.
Según ella, pasaron años muy felices, pero Cristina odiaba estar tanto tiempo sola porque se comía mucho la cabeza.
Después de su muerte, fue Sonia la que le pidió a Marco que fuera a la casa de Cristina a recoger sus cosas el septiembre pasado, lo cual conecta con lo que le contó al inspector Sancho de la pérdida de su mascota, que se llamaba...
, a ver, lo tengo por aquí anotado: Kivu.
—Otra pieza más —comenta Malpica.
—Lo he buscado y es el nombre de un lago importante de la República Democrática del Congo que da nombre a dos provincias; al perro se lo trajo de allí cuando regresó tras estar desaparecido nueve meses por aquellos lares. Y hasta aquí —finiquita Inés de Marco.
—Gracias. ¿Alguien se atreve a construir un perfil completo sobre Marco Antonio Gavilán? —pregunta Malpica.
Un miembro del equipo con mirada sagaz pero expresión envejecida se aclara la garganta.