La piel de una gota La constelación del miedo #6
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La constelación del miedo #6

A Omar Fuentes le encantaría poder estar allí, y de algún modo piensa que su aportación podría ser fundamental para manejar la situación que le ha tocado vivir a su ciudad.

No en vano, es su máximo representante, la voz que han elegido sus ciudadanos, y ese es el motivo por el cual un maldito enfermo se lo ha querido quitar de en medio cuanto antes.

Porque está claro que lo es, el informe psicológico que ha leído sobre él le da la razón.

Ojalá salga pronto de allí y pueda enfrentarse a ese cobarde.

Él se siente bastante mejor que en días precedentes, pero los especialistas que le están tratando siguen en su rol pesimista para que el paciente no se haga ilusiones.

Se equivocan. Lo va a superar, y en cuanto ponga los pies fuera del hospital se va a poner al frente de todo, pese a quien pese.

Y quién sabe si una vez finalizada esta crisis le servirá para catapultarse a Ferraz y ocupar el cargo que le corresponde en la dirección del partido.

Pensar en ello le anima.

Quizá sea el momento de volver a hacer unas declaraciones públicas para que la ciudadanía le vea más entero, capaz de liderar la resistencia de los vallisoletanos. Sin pensarlo dos veces, busca el contacto de la persona que maneja el gabinete de prensa del ayuntamiento y la llama.

—Angélica, coge papel y lápiz, que tenemos tarea.

Centro urbano de Valladolid

Le sorprende que dentro del vehículo no huela mal.

Más bien al contrario, se aprecia una fragancia muy sutil, elegante, hasta el punto de que parece haber sido secuestrada de otro entorno para meterla ahí.

Y ahora que se fija, diría que el tipo que lo conduce bien podría ser el cerebro de una trama que se dedicara al blanqueo de capitales, no el hombre cualificado que viene a sustituir a Antón Anchorena.

Lo que tiene claro es que Celso Malpica se ha ofrecido a llevarle a comisaría no por gentileza, sino para evaluarle de cerca.

—Es un Mercedes clase C —le informa—. Coche del año en el 2000. Una maravilla. Tiene casi trescientos mil kilómetros y tira como el primer día. Se lo digo porque no ha dejado usted de examinarlo como si acabara de despertar en una nave espacial.

—Burro viejo buen camino anda, que decía mi padre —responde Sancho.

—Razón tenía. Refrán que se puede aplicar perfectamente a todas las comisarías.

Sancho lo mira con interés justo en el momento en que pasan por Fuente Dorada tras veinte minutos de trayecto en el que han tenido que detenerse tres veces para identificarse en los controles que ha levantado el Ejército.

—Déjeme aquí, mi calle es peatonal y le multarían por entrar.

—A esta matrícula no. Indíqueme.

El coche se detiene en el portal.

—Tardo un cuarto de hora.

El pelirrojo se ducha y se cambia de ropa en doce minutos. Al volver a su asiento se fija en que Malpica comprueba la hora de su reloj y asiente.

—Anoche estuve revisándolo todo y le digo con sinceridad que considero que Anchorena y usted han hecho un buen trabajo.

—Sea como sea, insuficiente.

—Eso es harina de otro costal. Y le tengo que decir también que me ha gustado mucho cómo ha actuado frente a esa jauría de inútiles muertos de miedo. Esa gente tiene más peligro que el hombre al que tenemos que atrapar, créame.

—No sé yo si puedo estar de acuerdo con eso. Desde el principio he tenido la sensación de que hemos estado persiguiendo una sombra que caminaba muy por delante de nosotros.

—Y así ha sido. Es más que evidente que lo tenía planificado todo antes de volar por los aires el arbolito de Navidad.

He leído las transcripciones de las conversaciones telefónicas que ha mantenido con usted, y, desde principios de septiembre, cuando perdió a su mascota, ha tenido casi dos meses para prepararlo todo.

Eso, en un hombre programático y resolutivo como él, es demasiada ventaja.

Parado en un semáforo, el de la CGI fija la mirada en un supermercado de barrio en cuya puerta se agolpan decenas de personas.

—Antes —prosigue Malpica— ha dicho que desconocemos el motivo por el que quiere destruir Valladolid.

Muy cierto, aunque creo que la clave está en el suicidio de su mujer.

He mandado investigar el asunto, y lo único que sabemos es que ingirió benzodiacepinas, antidepresivos y alcohol, y que Gavilán se la encontró cuando fue a su casa tras recibir un mensaje de despedida.

Él llamó a emergencias, pero, al parecer, tardaron más de la cuenta y murió en la ambulancia.

—Lo hemos comprobado en el informe, y desde que hizo la llamada hasta que llegó la ambulancia medicalizada transcurrieron once minutos. Según se apunta, les costó encontrar la vivienda, pero está dentro de los límites permitidos.

—Ya, bueno, eso es muy subjetivo. A él se le harían eternos viendo cómo se le apagaba la vida. Y, sin embargo, Gavilán nos ha escondido esta parte y nos ha contado lo de su mascota. Que no digo que no tenga que ver, pero si esta historia la ha ocultado es por algo.

—Supongo que para que no relacionáramos el hecho conmigo, ya que lo llamé a comisaría para volver a tomarle declaración algunas semanas después.

Malpica se gira para mirarlo.

—Esa no me la sabía yo.

—Lo descubrieron ayer los subinspectores Peteira y Montes.

—Interesante. ¿Y cree que tiene algo contra usted?

—Es evidente que no fue de su agrado, pero le he dado mil vueltas a esa conversación y de verdad que no encuentro motivos para que la tome conmigo.

—Volvemos a lo mismo: tal vez sí los haya desde la óptica de alguien que está afectado por un trastorno que le desconecta de la realidad. Él vive la suya, y eso es lo único que le importa. Por eso usted es nuestra mejor baza —añade.

Sancho lo mira esperando a que aclare ese punto.

—De algún modo, él considera que usted está legitimado para ser su altavoz ante un mundo con el que no quiere o no puede comunicarse. Y es posible que aquí sea donde Anchorena, o usted, o los dos, no lo han hecho bien del todo.

Lejos de ofenderse, Sancho se muestra interesado en conocer sus argumentos.

—Le escucho.

—Han cumplido a rajatabla sus deseos y, entretanto, él ha continuado ejecutando punto por punto su plan.

—¿Y qué se supone que deberíamos haber hecho?

—Sacarle del guion que él ha escrito, incomodarle. Esa es mi especialidad. Ahora, cuando lleguemos a comisaría, me gustaría darle algunas pautas que le podrían ser útiles para la siguiente vez que tenga que hablar con él.

—Da por hecho que va a volver a llamar.

—Que no le quepa ninguna duda. Hoy mismo, además.

—¿Cómo está tan seguro de ello?

—Porque lo tiene todo bajo control y, dado que hemos entrado en la última fase, es cuando más nos necesita.

—¿La última fase?

—Se lo anunció a usted: «Prepárense para sufrir de verdad cuando les robe la libertad, los mate de sed y envenene el aire que respiran».

Y las dos primeras ya las ha cumplido. Al tirar abajo el Duque de Lerma logró que se activara el estado de excepción, tesitura que aprovechó para intoxicar el agua y matarnos de sed.

—Entonces, ¿cree que su siguiente paso consiste en envenenar el aire?

—Lo va a intentar, seguro. El cómo tenga pensado hacerlo es lo que tenemos que resolver. Pero eso no es lo que toca hoy.

—¿Y qué es lo que toca?

—Averiguar si, como usted cree, se mueve bajo nuestros pies.

En algún lugar del subsuelo de Valladolid

Ya ha localizado tres puntos en los que tiene cobertura.

Uno de ellos, que además es el más cercano a la madriguera, es una escalera metálica de caracol que asciende veinticinco metros hasta una arqueta que, aunque parezca increíble, está dentro de un servicio público del Centro Cultural San Agustín.

Para evitar posibles incursiones de curiosos, está tapada por un gran bidón azul, por lo que las probabilidades de que le sorprendan son casi nulas.

Sentado en el último peldaño, y con cuatro barras de cobertura, el Témpano abre la aplicación de la SER Valladolid y se conecta a la retransmisión en directo.

Suena la voz de Carlos Flores.

«Volvemos a recordar la que es, a esta hora de la mañana, la noticia del momento en Valladolid, España, Europa y quién sabe si el mundo entero.

Hace escasos minutos se ha ordenado el corte total del suministro de agua corriente en toda la ciudad.

La medida se adopta como consecuencia de la intoxicación masiva que durante la madrugada de ayer ha colapsado hospitales y centros de salud, con más de quinientos ingresados y al menos nueve fallecidos confirmados.

La decisión genera inquietud en la población: a los problemas sanitarios se suma ahora la incertidumbre sobre cómo afrontar la vida diaria sin agua corriente, a pesar de que las autoridades han garantizado el reparto de agua embotellada en todos los barrios.

La ciudad, bajo estado de excepción desde la pasada medianoche tras la cadena de atentados acontecidos días atrás, vive una situación sin precedentes en nuestro país. »

—Y lo que os queda —dice Gavilán.

«Tenemos conexión telefónica con Marta Murrieta, consejera de Sanidad de la Junta de Castilla y León. Buenos días, si es que pueden tener algo de buenos.»

«Buenos días, Carlos.»

«Señora Murrieta, ¿cuál es la situación en este momento?»

«Pues no vamos a poner paños calientes: la situación es crítica.

Los análisis realizados en varias muestras de agua tomadas en diferentes puntos de la ciudad han revelado una alta toxicidad que la hace no apta para el consumo.

Por ello, nos hemos visto obligados a cortar el suministro hasta que el ciclo de purificación indique que vuelve a ser potable. »

«¿Qué plazo se estima para que se restablezca el servicio?»

«Ninguno. No nos podemos aventurar a hablar de plazos, dado que es muy pronto para saber si los compuestos químicos han contaminado también las canalizaciones. No obstante, desde primera hora se está trabajando para garantizar el abastecimiento de agua embotellada en los puntos de venta.»