Sorpresa, sorpresa #5
«Conciudadanos de Valladolid, familia y amigos.
Apenas tengo fuerzas para hablar, así que seré muy breve y conciso.
Como saben, el 28 de noviembre fui ingresado de urgencia en este hospital, y, después de varios análisis y diversos estudios, se descubrió que había sido envenenado de forma deliberada con un compuesto radioactivo llamado americio-241.
Aunque aún no se ha podido probar, todo apunta a que ha sido obra del desalmado que está atentando contra nuestra ciudad. »
El alcalde hace una pausa para llenar los pulmones.
«No tiene curación posible, y los especialistas que me están tratando no saben cuánto tiempo me queda.
Horas, días o semanas. Por eso quería aprovechar mientras siga respirando para lanzar un mensaje a toda la ciudadanía.
El veneno más letal es el miedo. Miedo a salir a la calle, a acudir a nuestros puestos de trabajo, a disfrutar de la vida tal y como la conocíamos antes... »
El alcalde se ve obligado a parar de nuevo para coger aire.
«... antes de que empezara esta ola de explosiones que ya se ha cobrado las vidas de veinte personas, contando a los dos bomberos que han fallecido hace unas horas sepultados por un nuevo derrumbe de la torre de la catedral.»
El Témpano eleva las cejas sorprendido. Sin quitar la vista de la pantalla, ladea la cabeza de un lado a otro para relajar la tensión que nota en el cuello.
Nueva pausa. Una enfermera aparece para ajustar el oxígeno, pero él la detiene con un gesto suave y una sonrisa furibunda.
«Por ello, lo que les quiero pedir es que no se dobleguen frente al miedo. Luchen, revélense contra la barbarie, demuestren, ustedes que pueden, que todos juntos somos más fuertes que él. Que si permanecemos unidos, jamás conseguirá que nos rindamos a la violencia.»
Omar Fuentes deja caer los párpados y se mantiene en silencio durante unos largos segundos, hasta que vuelve a abrir los ojos e intenta levantar la mano, que, temblorosa, cae a plomo sobre el apoyabrazos.
«Valladolid no se arrodilla.»
—Tremendo discurso, alcalde —dice el Témpano a la pantalla—, precioso.
Pero no confunda seguir de pie con seguir vivo.
De todos modos, le felicito: podría haber sido así de magnánimo con Cristina, siendo consciente de que estaba atravesando una depresión, en vez de buscar la forma de quitársela de encima, hijo de puta.
La cámara se centra de nuevo en el compungido rostro de Carmen Corazzini, que retoma la conexión una vez terminado el discurso.
—Ya veremos si Valladolid se arrodilla o no cuando se mueran de sed y les falte el aire para respirar. Igual le da tiempo a verlo desde el infierno, señor alcalde.
Acto seguido minimiza la pantalla para chequear los comentarios en X.
Hay varios hashtags más: #FuerzaOmar, #ValladolidNoSeArrodilla, #GraciasAlcalde, en los que ya se acumulan cientos de mensajes de apoyo, tipo: «Gracias, Omar, no nos arrodillaremos nunca», «Resiste, alcalde», «Grande.
Siempre te llevaremos en el corazón», «Valladolid, lucha».
Hay otros que se mofan de su situación o la ponen en duda: «Más dramático que una obra de Shakespeare», «Menudo montaje que se han currado estos cabrones», «Tenía peor cara que yo los domingos por la mañana».
Pero también hay bastantes que arremeten contra él: «A ver si trincan rápido a ese cabrón y nos lo entregan en la plaza Mayor», «Al hijo de perra ese le tenía que explotar una de sus bombas en los huevos», y otros, los menos, en los que le muestran su apoyo: «Adro, mucho ánimo desde León».
Con la voz de la enviada especial de Telecinco como sonido de fondo, Marco Antonio Gavilán vuelve a centrar su atención en el edificio Duque de Lerma mientras acaricia, con la yema del pulgar, el pulsador del control remoto.
—Gérar, querido amigo, ¿ya has perdido el culo en ir a la policía o todavía lo estás pensando?
Exterior de la residencia de Cristina, barrio de Girón
Alrededor de las 13.30 ha llegado la confirmación del juzgado. Media hora más tarde, en el interior de la furgoneta táctica camuflada del GEO, Anchorena y Sancho guardan silencio a la espera de que Marcos Domingo —jefe de la operación que va a ejecutar el GEO— dé luz verde.
El silencio que reina en el habitáculo no es calma, es contención.
El barrio, concebido como una ciudad jardín en los años cuarenta, conserva un aire de pueblo dentro de la ciudad: calles estrechas, casas bajas con patios delanteros y pequeñas zonas verdes que han sobrevivido al paso del tiempo.
Los bloques de viviendas añadidos décadas después rompen la armonía original, pero, así y todo, el conjunto mantiene un pulso casi imperceptible aunque independiente de lo urbano.
Un oasis en el que casi puede escucharse el latido de quienes han aprendido a vivir sin llamar la atención.
Como es el caso de Marco Antonio Gavilán.
Su currículo profesional les ha helado la sangre cuando todavía no habían recibido la autorización del juez para poner en marcha el operativo. A pesar de que todos tenían una copia del informe, Inés de Marco ha sido la encargada de hacer la presentación.
—Marco Antonio Gavilán Garrote, alias el Témpano.
Nacido en Cartagena, Murcia, el 6 de agosto de 1968.
Ingresó en la Legión el día que cumplió la mayoría de edad y no ha hecho otra cosa en su vida más que meterse en todos los charcos bélicos habidos y por haber.
En su hoja de servicios figuran Afganistán, Irak, Mali, Siria, República Democrática del Congo, el Líbano con la UNIFIL... El catálogo completo, vaya.
Durante la exposición, el pelirrojo se ha hecho daño al tirarse de forma inconsciente de los pelos de la barba.
—¿No tenemos una foto más reciente? —ha preguntado Sancho—. En esta calculo yo que tendrá menos de treinta.
La imagen, en la que aparece de frente, muestra a un tipo enjuto, con los pómulos marcados, ojos oscuros de mirada desafiante, barba espesa bien cuidada, pelo castaño cortado a cepillo y expresión neutra. Nada que llame en exceso la atención.
—Es la que figura en su expediente militar. Estamos tratando de conseguir más, pero no tiene redes sociales, y en la Legión no se estila eso de hacerse fotitos, creo yo. He mandado que la envejezcan con IA; cuando estén los resultados habrá que decidir si la hacemos pública o no.
—Esa decisión me temo que no nos va a corresponder tomarla a nosotros —ha apostillado Anchorena—. Sigue, por favor.
—Alcanzó el rango de subteniente, jefe SEDEX del Batallón de Zapadores, Brigada de Infantería Ligera Rey Alfonso XIII, II Bandera de la Legión con la especialidad EOD, que son las siglas en inglés de desactivación de artefactos explosivos.
Y si revisáis su expediente, comprobaréis que colecciona cursos como cromos de fútbol.
El nivel de preocupación en la sala aumentaba por momentos.
—Veamos —ha continuado leyendo De Marco—: Desactivación de Explosivos niveles I y II en el CENAD San Gregorio; Experto en Técnicas NRBQ, que son las siglas de nuclear, radiológico, biológico y químico; Especialista en Explosivos de la Infantería de Marina, instructor EOD en el centro de excelencia de la OTAN en Eslovaquia.
Anchorena chasqueaba la lengua cada vez que Inés de Marco añadía uno más.
—Habla inglés y francés, y ha viajado por el mundo porque tiene acreditados Procedimientos Avanzados de la OTAN en Eslovaquia y Hungría, Neutralización de IED en el Reino Unido, Combate Urbano con Explosivos en Fort Leonard Wood, Estados Unidos, y Reconocimiento de Artefactos Caseros en Tel Aviv con los israelíes.
Además, está certificado como jefe de equipos EOD en misiones de la OTAN.
—Sus muertos —se ha desinflado el navarro enfatizando en cada sílaba.
—Pero es que eso no es todo. Atención a su formación complementaria: Entrenamiento en Ambientes Hostiles, Buceo de Combate con Capacidad EOD Subacuática, Manipulación de Municiones Enemigas, Robótica Aplicada a la Intervención EOD, Desactivación de Municiones sin Detonar, y, por último, formador acreditado para el programa PICAS, por sus siglas Preparación Integral para el Combate en Ambientes Subterráneos.
—Un angelito de hielo —ha calificado Sancho.
Anchorena ha pasado una página y ha señalado un párrafo.
—Al loro con la conclusión que nos regala José Manuel Rivas, el cerebrito de Canillas que ha elaborado el informe: «Nivel de amenaza extremo.
El sujeto está sobradamente capacitado para preparar y ejecutar atentados de gran complejidad logística y alto impacto destructivo».
Nos ha jodido mayo con las flores. Esto me encanta: «Se recomienda su localización inmediata, la adopción de medidas especiales de autoprotección y la intervención de unidades especializadas».
¿Y qué hostias te crees que llevamos intentando hacer desde que hemos llegado, José Manuel?
—Esto no lo entiendo —ha intervenido Sancho—: «Licenciamiento: baja voluntaria forzada por pérdida de aptitudes psicofísicas, señalado como posible origen de cuadro de estrés postraumático no tratado». O la baja es voluntaria o forzada, ¿no?
—Pregúntale al jodido José Manuel —le ha respondido Anchorena—, pero tienes razón. Inés, tenemos que saber más sobre las razones que motivaron su salida del Ejército. Ah, y quiero que se contacte con su círculo más cercano para elaborar un perfil psicológico en profundidad de Gavilán.
—Me encargo.
—En definitiva —ha concluido Anchorena soltando la carpeta encima de la mesa—, que nos enfrentamos a un tipo que nos da mil vueltas a todos los que estamos aquí en Valladolid, en Canillas y seguramente en el reino de los cielos.
Una mezcla entre el puto MacGyver y el jodido Chuck Norris —ha bromeado el de la CGI sin pretender hacer gracia—.
Aunque, si miramos el lado positivo, conocer la talla del enemigo al que te enfrentas es un gran avance.
—Yo no quisiera pecar de pesimista, pero muy positivo no lo veo —ha concluido Sancho.