Un caos muy ordenado #2
Sancho se retrepa en la silla.
—García Prieto ha contactado esta mañana con él.
—Esta mañana, ¿eh? Sí que se ha dado prisa el hijo de puta.
—Es perro viejo. El caso es que lo primero que ha hecho Travieso es pedirme que valore muy bien si, en las circunstancias en las que te encuentras, profesionales y personales, eres el más indicado para hacerte cargo de la investigación.
—¿Y?
—Enésima vez que me toca sacar la cara por ti.
—No esperaba menos.
—No, Sancho, no. Esto no es una ONG de barbudos pelirrojos. El crédito se gana y se gasta, pero primero se gana. Así que ya puedes andarte con pies de plomo, porque esta vez el enemigo lo tienes fuera y dentro.
—Gracias, jefe. No te voy a defraudar.
—Más te vale. Ah, ya te puedes acicalar, porque desde la superioridad nos han ordenado que arropemos a Omar Fuentes en la rueda de prensa de hoy, o lo que sea, y te toca dar el careto. Por suerte para ti solo va a intervenir él, pero tienes que estar ahí como encargado de la investigación.
Sancho toma aire.
—De acuerdo.
—Sin cagadas, por lo que más quieras.
—Pues eso va a ser más complicado, porque vengo con el intestino un poco revuelto...
Copito aborta la carcajada que le nace en la garganta.
—Desaparece de mi vista.
Residencia de Cristina, barrio de Girón
Oscuridad total y silencio absoluto.
Aislamiento por devoción.
Análisis.
Así lo aprendió durante la formación en técnicas específicas de combate subterráneo.
El jefe instructor les enseñó a sacar el máximo rendimiento de todos los sentidos en condiciones de baja o nula visibilidad.
Durante el tiempo que duró la formación en Viator y Alquife, establecida en el programa PICAS —Preparación Integral para el Combate en Ambiente Subterráneo—, Marco Antonio Gavilán aprendió a orientarse y moverse con soltura en túneles, minas, cuevas y, cómo no, en el subsuelo urbano.
Pero si algo se le quedó muy dentro de aquella experiencia fue que la privación de estímulos externos favorece el conocimiento de uno mismo.
Solo si no oímos ni vemos nada que venga de fuera podemos percibir nuestra voz interior y vernos por dentro.
Solo cuando el mundo calla aprendemos a escucharnos.
Solo cuando el sol se apaga aprendemos a mirarnos.
De otro modo, cualquier diagnóstico que requiera una reflexión profunda nacerá intoxicado y se desarrollará con cierto grado de distorsión. En consecuencia, las decisiones que se tomen durante ese proceso no serán del todo acertadas.
Y él no puede no acertar.
No tiene margen de error.
Nunca lo ha tenido, porque en su oficio, como le inculcó el sargento Canales, fallar es sinónimo de morir. Y ya ha cometido demasiados fallos.
El primero fue aceptar la petición de Sonia, la hermana de Cristina, de viajar a Valladolid para vaciar la casa y poder ponerla a la venta.
Ella, que vive en Seúl, tenía la excusa perfecta para no encargarse de ello, conque no le quedó otro remedio que tragar.
A ese error se sumó que durante las fechas que eligió para hacerlo se celebraban las fiestas de la ciudad, y no recordaba que cada día se cerraba con el lanzamiento de fuegos artificiales.
Así, cuando echó la última palada de tierra sobre el cuerpo sin vida de Kivu y terminó de juntar todas las piezas del rompecabezas que había leído en el diario, no le quedó más remedio que tomar muchas decisiones si es que quería cumplir con la última voluntad de Cristina.
Decisiones acertadas.
Decisiones irreversibles.
Y la primera consistía en encontrar el entorno propicio para desarrollar la primera fase de su plan.
Y ese espacio estaba bajo sus pies. Su suegro, con el que siempre mantuvo una relación cordial, lo consideraba su santuario.
Un calificativo bastante pretencioso para una bodega de unos cuarenta metros cuadrados excavada de forma ilegal por el abuelo de este.
Un agujero, sí, pero un agujero muy útil para sus necesidades clandestinas.
Durante los años de relación con Cristina apenas había bajado allí una docena de veces, pero ahora se ha convertido en ese lugar donde recluirse a evaluar la situación.
Tiene asumido que llegará un momento en el que dejará de ser un espacio seguro, y por tanto debe estar preparado para abandonarlo antes de que la policía dé con él.
A partir de entonces tendrá que trasladarse a la madriguera que ha preparado bajo tierra, pero eso corresponde a la fase final de su plan. Todo a su debido tiempo.
Oscuridad total y silencio absoluto.
Aislamiento por devoción.
Análisis.
Aún no había amanecido cuando abandonaba el apartamento de la plaza Mayor.
Igual que había hecho cuando montó la carga explosiva en el árbol, ha dado un rodeo para no facilitar el trabajo a quienes les toque revisar las imágenes de las cámaras y, sin prisa alguna, ha llegado hasta el barrio de Girón.
Dos piezas de fruta y un yogur han calmado su apetito, y acto seguido ha bajado al santuario con la idea de resolver cuál es el mejor momento para dar el siguiente paso.
Las alternativas que tiene delante, como los cables, son varias, pero solo una es la correcta.
El hecho de que haya habido víctimas mortales lo condiciona todo.
Era esta una variable que tenía presente, y por tanto estaba asumida, pero se encuentra en un punto de no retorno y debe actuar en consecuencia.
La hoja de ruta es invariable. Resolver el cuándo es el cable que tiene que cortar.
El objetivo inicial, que consistía en captar la atención de los que serán sus oponentes, está más que conseguido. Ahora se trata de generar desconcierto.
Un caos muy ordenado.
Un desorden diseñado a escuadra y cartabón.
No tarda demasiado en tomar la decisión, por lo que el siguiente paso que toca es revisar el material.
Para ello acciona el interruptor de la luz y espera a que sus pupilas se habitúen después de estar más de dos horas sumido en una confortable negrura.
Frente a él, perfectamente colocados, como si se tratara de instrumental quirúrgico, todos los componentes que va a necesitar y que ha ido recopilando poco a poco desde el día que empezó a trazar el plan.
Algunos, los menos, comprados, la mayoría adquiridos en el almacén pirotécnico y en el polvorín del cuartel de Caballería Calatrava, cortesía del cabo Méndez.
De entre todos ellos, su atención se centra en las dos sacas de cinco kilos de termita y en el TATP plastificado, los compuestos que piensa utilizar esta noche para causar dos efectos muy diferentes que nadie se espera.
—Os va a fascinar —verbaliza.
A continuación sube las escaleras y sale al exterior.
Hace un bonito día otoñal y, como un niño que descubre las estaciones por primera vez, se detiene durante unos instantes a comprobar ensimismado que la paleta de marrones se impone al resto de las gamas cromáticas.
Luego entra en la casa y se dirige al salón, donde ha dejado la mochila.
Saca su cuaderno de operaciones y busca el día que visitó el siguiente punto geográfico de la ciudad en el que va a intervenir.
Jueves, 13 de octubre
No hay cámaras de vigilancia ni vigilantes nocturnos.
El recinto abre a las 8 y cierra a las 21.
Los días laborables, a partir de la 1.30 de la madrugada, se registra muy poca presencia de transeúntes en los alrededores.
La mejor zona para acceder es por el lado del paseo de Recoletos, a la altura de las canchas deportivas, una vez que han cerrado los establecimientos.
No hay tráfico rodado y la verja es muy fácil de saltar.
Frente a otros objetivos analizados, es donde menos riesgo hay que asumir.
Viernes, 14 de octubre
Hay cámaras de vigilancia exteriores a la entrada del parking, y supongo que alguna más en los muchos negocios que hay en la plaza. Evitar aceras. Mucho cuidado con la parada de taxis de enfrente y el posible tránsito de personas.
La arqueta que hay que manipular está junto a la pila.
Solo hay que soltar el cable de entrada al reloj digital que controla el horario de funcionamiento de la fuente.
Hay que encontrar la forma de camuflar el TATP plastificado y colocarlo para que la esfera salga proyectada hacia la calle Duque de la Victoria.
—Pan comido —afirma al tiempo que cierra el cuaderno.
Se dispone a guardarlo de nuevo en la mochila cuando ve el diario de Cristina en su interior.
Consulta el reloj. Quedan doce minutos para que empiece la comparecencia del alcalde, un acto público que su gabinete se ha encargado de anunciar a bombo y platillo a través de los medios y las redes sociales.
—Hay tiempo de sobra. Venga, otra dosis de mierda, que te la has ganado —se dice.
Lo abre por una de las páginas que tiene marcadas y se acomoda en el sillón orejero de color burdeos en el que la madre de Cristina solía sentarse a leer mientras sus dos hijas preparaban el menú de Nochebuena.
22 de mayo de 2019
Querido diario: