Capítulo 17
Las estructuras principales ya estaban montadas, las instalaciones ocupaban los espacios definidos y las historias de los proyectos de la institución aparecían distribuidas a lo largo del recorrido sin convertir el salón en una exposición estática.
Ben se movía entre proveedores, equipos y listas de comprobación con el teléfono en una mano y el calendario en la otra, mientras Jamie hacía los últimos ajustes de luz, proyección y composición visual.
Seguían estando en desacuerdo. Jamie quiso desplazar una pieza unos centímetros después de verla bajo la iluminación definitiva; Ben señaló que el cambio reduciría el paso lateral.
En lugar de discutir hasta que alguien cediera, Jamie ajustó el ángulo, Ben comprobó la circulación y los dos continuaron.
La diferencia parecía pequeña hasta que Ben recordó cómo habría ocurrido aquello al principio del mes.
—La luminaria de la segunda zona tiene que subir un poco —dijo Jamie, observando la instalación desde lejos—. No quiero cambiar ni la posición ni el cableado. Solo la altura.
—¿Cuánto?
—Unos quince centímetros.
—¿Diez no sirven?
Jamie volvió a analizarlo.
—Sí.
—Entonces diez. —Ben anotó el ajuste en la lista—. No interfiere con el resto del montaje.
—Mira eso. Negociación sin sufrimiento.
—Ha habido sufrimiento. Solo que ha sido interno.
Jamie sonrió y fue a dar indicaciones al equipo.
Ben lo siguió con la mirada durante unos segundos antes de volver al calendario.
El treinta y siete por ciento seguía existiendo.
Quizá siempre existiría de alguna manera, incluso cuando dejara de ser un número.
Jamie seguía viendo primero el efecto. Ben seguía viendo primero el funcionamiento.
La diferencia era que ninguno de los dos parecía necesitar demostrar que su forma de mirar las cosas era la correcta.
Al final de aquella tarde, Mara reunió a los dos cerca de la entrada principal. La mayor parte del trabajo pesado estaba terminado; el resto se completaría a la mañana siguiente antes de la llegada de los invitados.
—Me gustaría dejar constancia de que, contra todo pronóstico, todavía tenemos un edificio entero, ningún proveedor ha dimitido y vosotros dos no os habéis matado —dijo Mara, hojeando las últimas páginas del programa.
—El día todavía no ha terminado —observó Jamie.
—No ayuda.
—Estoy gestionando expectativas.
Ben cogió el programa de sus manos y comprobó la secuencia final.
—El montaje crítico está terminado. Mañana quedan las pruebas de luz, el ensayo técnico de la actuación artística, la comprobación del catering y los ajustes de circulación antes de abrir.
—Sé lo que pasa mañana, Ben. —Mara le quitó el papel—. Fui yo quien os contrató.
—Entonces, ¿por qué me has dado el programa?
—Porque has extendido la mano.
Jamie rio.
—Puede que esa sea la manera más eficiente de controlar a Ben. Le das un documento y entra automáticamente en modo revisión.
—Te estoy oyendo.
—Esa era la intención.
Mara cerró la carpeta.
—Marchaos antes de que encontréis algo nuevo que corregir. Mañana podéis volver a convertir mi evento en una operación militar con dirección de arte.
—Esa descripción es injusta —dijo Jamie—. Mi dirección de arte tiene mucha más personalidad.
—Buenas noches, Jamie.
—Entendido.
◆◆◆
A la mañana siguiente, Ben llegó cuando todavía había más personal técnico que invitados posibles de imaginar dentro del espacio.
A las ocho, todas las zonas estaban en revisión.
A las diez, el catering empezó el montaje.
Cerca del mediodía, terminaron las primeras pruebas completas de iluminación.
Jamie hizo pequeños ajustes, aceptó dos sin intentar defender la versión original y rechazó un tercero después de demostrar que crearía una sombra en el punto equivocado.
Ben escuchó la explicación completa antes de estar de acuerdo.
La Noche Horizonte empezaría al comienzo de la noche.
Poco después de las tres, solo quedaban problemas normales. Una acreditación impresa con un nombre equivocado. Una entrega de hielo retrasada. Un cable que hubo que sustituir.
Nada que justificara el pánico.
A las tres y veintiséis, Mara cruzó el salón hacia Ben con el teléfono todavía en la mano. La forma en que caminaba fue suficiente para que interrumpiera la conversación con un técnico.
—La actuación artística se ha cancelado. —Mara se detuvo frente a él, manteniendo la voz baja para no difundir la noticia antes de entender el impacto—. Acabo de recibir la confirmación. No pueden venir.
Ben tardó menos de dos segundos en abrir el programa en la tableta.
La actuación ocupaba uno de los momentos centrales de la noche.
No era simplemente un bloque de entretenimiento que pudiera eliminarse sin consecuencias.
La iluminación, el desplazamiento de los invitados y la secuencia de dos partes de la experiencia visual habían sido organizados alrededor de aquellos minutos.
—¿Cuánto tiempo teníamos reservado entre la apertura del discurso y el siguiente bloque? —preguntó, recorriendo ya el calendario.
—Dieciocho minutos de actuación, más cuatro de transición —respondió Mara.
Ben empezó a calcular. Podía adelantar el discurso siguiente, pero eso obligaría a reorganizar al equipo audiovisual y rompería la pausa del catering.
Podía ampliar la circulación libre, pero dejaría un vacío evidente en el momento en que los invitados debían estar concentrados en la zona central.
Otra opción sería mover una de las presentaciones institucionales, aunque eso produciría dos bloques hablados seguidos y desharía el ritmo que Jamie había construido.
—Si adelantamos el segundo bloque doce minutos, necesito traer al equipo de...
—Tengo un plan B. —Jamie se acercó con el portátil bajo el brazo.
Ben levantó la mirada.
—¿Tienes un plan B?
—No conviertas esto en un momento. —Jamie abrió el ordenador sobre la mesa más cercana—. Todavía no está listo. Es una alternativa que dejé diseñada por si esta actuación tenía algún problema.
Ben miró la pantalla sin decir nada.
Jamie había separado algunos elementos de la instalación que podían utilizarse de otra manera durante aquel intervalo.
En lugar de la actuación prevista, la propuesta reunía a artistas locales que ya participaban en otras partes del programa y utilizaba proyecciones, luz y fragmentos visuales de la propia experiencia para crear una breve intervención en el espacio central.
No sustituía el espectáculo cancelado. Tampoco intentaba imitarlo.
Era otra cosa. Y tenía que montarse en pocas horas.
Ben identificó inmediatamente cinco problemas.
Tiempo de ensayo. Posición de los artistas. Cambio de iluminación. Circulación entre dos zonas. Equipo disponible para ejecutar la transición.
Al principio del mes, habría empezado por ellos.
—¿Qué necesitas? —preguntó.
Jamie levantó la vista de la pantalla.
Tardó un segundo en responder, no porque no lo supiera, sino porque claramente había esperado otra pregunta.
—Necesito doce minutos de ensayo con todo el mundo junto, dos personas para mover los elementos laterales durante la transición y a alguien del equipo audiovisual conmigo durante media hora.
La iluminación tiene que cambiar en tres puntos, pero puedo mantener las programaciones que ya existen en dos. El tercero es nuevo.
—¿Y los artistas?
—Tengo cuatro personas que ya estarán aquí por otras participaciones. Hablé con ellas cuando pensé en esto, hace unos días. No confirmé nada porque era un plan de contingencia, pero todas dijeron que aceptarían si fuera necesario.
Ben lo miró.
—Hablaste con ellas hace días.
—He dicho que no conviertas esto en un momento.
—Has preparado una contingencia.
—Ben.
—Solo estoy constatándolo.
—Constátalo después del evento.
Ben casi sonrió y volvió a la pantalla.
—Bien. Doce minutos de ensayo son posibles si adelantamos la comprobación final de sonido y utilizamos al equipo de escenario antes de su descanso. No quiero dos personas moviendo esos elementos. Quiero tres, porque la salida tiene que hacerse en menos de dos minutos para no bloquear el flujo.
—Tres funcionan. —Jamie amplió la imagen y señaló la entrada lateral—. Si entran por aquí, no se cruzan con los invitados.
—No entran por ahí. Ese paso estará ocupado por el catering a esa hora. —Ben deslizó el dedo hacia otra ruta—. Entran por el pasillo técnico, esperan detrás de esta división y solo avanzan cuando la zona central esté libre.
Jamie lo analizó.
—Es más lejos.
—Treinta segundos.
—Y mucho más seguro. Hecho.
Ben abrió el calendario general y empezó a redistribuir tareas. No estaba intentando convertir el plan B de Jamie en su propio plan. Hacía exactamente lo que sabía hacer mejor: encontrar espacio operativo para que la idea pudiera existir.
—Puedo darte quince minutos de ensayo si lo haces antes de la prueba final de la proyección principal —dijo Ben—. Después de eso, no tocamos más la programación de luces.
—Quince es mejor. Puedo probar la entrada y la salida dos veces.
—El cambio del tercer punto de iluminación tiene que estar definido antes de las cuatro y media.
—Lo estará.
—Jamie.
—Lo estará a las cuatro y veinte. —Jamie cerró una de las pestañas del portátil—. ¿Satisfecho?
—Moderadamente.
—Perfecto. Es lo máximo que espero de ti.
Mara seguía observándolos.
—¿Tengo que hacer algo?
Ben y Jamie la miraron.
—Avisar de que la actuación se ha cancelado a quien necesite saberlo y no a quien no —dijo Ben—. Si empezamos a tratar esto como una emergencia en todo el edificio, crearemos diez problemas nuevos.
—Y pedirles a los cuatro artistas que se reúnan conmigo aquí dentro de veinte minutos —añadió Jamie—. Yo me encargo del resto con ellos.
Mara asintió.
—Bien. Haced que funcione.
—Lo haremos —dijo Ben.
Jamie no respondió. Ya estaba enviando los mensajes necesarios.
◆◆◆
Los quince minutos de ensayo se convirtieron en trece.
Jamie no se quejó.