Capítulo 16
Ben seguía pensando en el treinta y siete por ciento.
No con la misma urgencia del día anterior.
La conversación con Jamie había cambiado algo importante: ya no buscaba incompatibilidades ocultas en cada decisión distinta de la suya, pero tampoco conseguía simplemente dejar el número a un lado.
El informe seguía siendo cierto. Jamie continuaba prefiriendo flexibilidad donde Ben quería antelación, resolvía problemas con rapidez donde Ben prefería evitar que surgieran y tomaba decisiones con una facilidad que a veces todavía hacía que Ben quisiera pedir tres confirmaciones antes de seguirlo.
—Todavía no, pero voy a hacerlo ahora. —Jamie cogió el móvil antes de que Ben tuviera que responder—. Y antes de que digas nada, me he dado cuenta yo solo.
—No he dicho nada.
—Tu cara ha hecho una auditoría completa.
—Mi cara no participa en esas decisiones.
Jamie se detuvo con el móvil en la mano.
—¿Ahora me estás robando mis frases?
—Esa era mía.
—Eso es discutible.
Ben lo miró, y Jamie sonrió antes de actualizar la hoja de cálculo compartida.
Era un gesto pequeño, pero Ben se dio cuenta.
Unas semanas antes, Jamie probablemente habría confiado en su memoria y lo habría resuelto cuando alguien preguntara.
Ahora lo registraba porque sabía que el método evitaba un problema fácil de prevenir.
Por otro lado, Ben también había empezado a elegir mejor qué cambios necesitaban realmente resistencia. No toda modificación inesperada era una amenaza para el calendario. No toda improvisación tenía que convertirse inmediatamente en procedimiento.
La diferencia seguía existiendo.
Simplemente ya no parecía una acusación.
El móvil de Jamie vibró primero. Abrió el mensaje, lo leyó y soltó una risa breve.
—No me lo puedo creer.
—¿Qué?
—Sin Rostro. —Jamie giró la pantalla hacia Ben—. Quieren convertir nuestro error del sistema en contenido.
Ben cogió su propio móvil cuando la notificación llegó unos segundos después.
El mensaje de Sofia era cuidadoso.
Nos gustaría presentaros una propuesta opcional relacionada con el cierre del programa.
Como vuestra conexión representa una situación atípica dentro de este grupo, el equipo considera que la experiencia puede contribuir a una conversación sobre los límites de los modelos de compatibilidad y el desarrollo de vínculos fuera de las previsiones iniciales.
La participación sería conjunta.
Habría compensación económica.
La propuesta incluía presencia en el evento de cierre y autorización para que parte de la historia se presentara como un caso especial del programa.
Ben lo leyó dos veces.
Jamie solo una.
—Esto es genial.
Ben levantó la mirada.
—No.
Jamie parpadeó.
—Ni siquiera he terminado.
—Has dicho que es genial antes de saber qué quieren utilizar exactamente.
—Acabo de leerlo.
—Has leído el resumen.
—Ben, quieren contar que un error de emparejamiento conectó a dos personas con un treinta y siete por ciento y aun así...
Jamie se detuvo.
La broma automática estuvo a punto de salir. Ben lo notó.
—Puedes decirlo.
—No. —Jamie guardó el móvil—. Estoy intentando no convertir el número en respuesta para todo.
—Lo agradezco.
—No te acostumbres.
Ben volvió al mensaje.
—Están proponiendo convertir una relación que empezó hace tres días en un caso de estudio público.
—No necesariamente público a ese nivel. Sofia ha hablado del cierre del programa.
—Y de autorización para utilizar la historia.
—Podemos preguntar cuáles son los límites.
—Exactamente. Antes de decir que es genial.
Jamie cruzó los brazos.
—No he aceptado. He dicho que la idea parecía divertida.
—Dijiste «esto es genial» al segundo de leerlo.
—Porque la parte absurda es genial. Pasamos semanas hablando de forma anónima, descubrimos que estábamos trabajando juntos y después descubrimos que el sistema ni siquiera debería habernos conectado. Es una buena historia.
—Para nosotros.
Jamie perdió parte de la sonrisa.
—De acuerdo.
—No quiero que los detalles de lo que estamos empezando ahora se conviertan en contenido antes de que nosotros mismos sepamos siquiera qué es esto.
—No he hablado de contar detalles íntimos.
—La propuesta habla de presentar el desarrollo de la conexión.
—Eso puede significar muchas cosas.
—Precisamente por eso tenemos que entenderlo antes de aceptar.
Jamie respiró hondo.
La discusión no tenía volumen ni hostilidad. Aun así, Ben reconoció el momento exacto en que algo cambió en su expresión.
—No quieres que sepan que estamos juntos.
Ben se quedó inmóvil.
—Eso no es lo que he dicho.
—No exactamente.
—Ni remotamente.
Jamie apartó la mirada durante un instante y luego volvió.
—Has oído la propuesta y tu primera reacción ha sido impedir que nuestra relación aparezca.
—Mi primera reacción ha sido impedir que una empresa utilice nuestra relación sin que sepamos cuáles son los límites.
—¿Entiendes por qué eso puede parecerme lo mismo?
Ben cerró el mensaje y dejó el móvil sobre la mesa.
—No quiero esconderte. —Mantuvo la mirada en Jamie—. No quiero vendernos antes de que hayamos descubierto qué somos.
Jamie se quedó quieto.
Ben continuó antes de que la frase pudiera interpretarse de otra manera.
—Si mañana quieres salir conmigo a cualquier sitio, no voy a pedir una mesa escondida.
Si Mara pregunta qué está pasando, no voy a fingir que te lo has inventado todo.
El problema no es que alguien sepa que lo estamos intentando.
El problema es convertir esto en una historia oficial de Sin Rostro antes de que nosotros mismos hayamos vivido esa historia.
La rigidez en los hombros de Jamie disminuyó.
—Eso es diferente.
—Bastante.
Jamie se pasó una mano por la nuca.
—De acuerdo. He ido demasiado rápido.
—Sí.
—Podrías no disfrutar tanto cuando lo admito.
—Solo estoy registrando un acontecimiento raro.
Jamie hizo una mueca, pero no sostuvo la provocación.
—Mi primera reacción fue aceptar antes incluso de pensar en lo que podrían pedir.
—Volvió a mirar el mensaje—. Vi «caso especial», me hizo gracia, vi que había compensación y pensé que sería una buena historia.
No pensé en entrevista, autorización de uso, qué sería público, qué sería interno... nada de eso.
—Puedes seguir encontrándolo divertido después de pensarlo.
—Esa parte es nueva para mí.
—Lo sé.
Jamie arqueó una ceja.
—Cuidado.
Ben sonrió.
La conversación no resolvió la propuesta inmediatamente, pero sí eliminó el problema más importante. Ben no quería ocultar la relación. Jamie no necesitaba que todo sobre ella se mostrara para demostrar que existía.
—Entonces preguntamos exactamente qué quieren —dijo Jamie—. Y decidimos después.
—Juntos.
—¿Esa palabra ha sido intencionada?
—Mucho.
Jamie asintió.
—De acuerdo. Juntos.
◆◆◆
La conversación con Sofia tuvo lugar aquella tarde.
Apareció en la llamada con una presentación preparada y el mismo cuidado formal que ya parecía formar parte permanente de cualquier interacción relacionada con el error.
—Antes de explicar la propuesta, quiero recalcar que la participación es completamente opcional y que una posible negativa no modifica ningún beneficio, compensación ya prevista en el programa ni vuestra participación en el cierre habitual —dijo Sofia—.
El equipo no considera vuestra conexión un fracaso.
Al contrario, el interés surgió precisamente porque el caso muestra una diferencia entre la predicción de compatibilidad y el desarrollo real de un vínculo.
Jamie se inclinó un poco hacia la pantalla.
—Te das cuenta de que «caso» sigue siendo una palabra muy romántica.
—Puedo utilizar «vuestra experiencia», si lo prefieres.
—Ha empeorado.
Ben miró a Jamie.
—Déjala explicar.
—Estoy ayudando a encontrar terminología.
—No lo estás.
Sofia esperó a que terminaran sin ninguna prisa.
—La propuesta sería que participarais en una conversación durante el cierre, con autorización para mencionar que hubo un emparejamiento por debajo del criterio mínimo que desarrolló una conexión significativa.
El equipo de comunicación también está interesado en producir material posterior sobre el caso, pero esa segunda parte depende de un consentimiento específico.
Ben respondió antes de que Jamie pudiera reaccionar.
—¿Qué tipo de material?
—Todavía no existe un formato cerrado. Podría ser un texto, una entrevista o contenido institucional sobre la experiencia. No se publicaría ningún material sin condiciones definidas y autorización formal.
—Entonces nuestra respuesta es distinta para las dos cosas —dijo Ben.
Sofia asintió.
—Podéis establecer límites diferentes.
Jamie miró a Ben antes de hablar.
—¿Podemos participar en el cierre y hablar de la experiencia sin autorizar detalles de nuestra relación para una campaña?
—Sí. —Sofia hizo una anotación—. Tendríamos que acordar previamente qué información puede mencionarse. El error de asociación, el índice y vuestra decisión de continuar pueden discutirse, siempre que ambos lo autoricéis. La información personal o los detalles íntimos no tienen por qué formar parte.
Ben se relajó un poco.
—Y nada del historial privado de las conversaciones entre Atlas y Cometa.
—No se utilizaría sin autorización expresa. Los mensajes siguen protegidos por las condiciones de privacidad del programa.
—Ni detalles sobre el beso, cuándo empezamos a involucrarnos en persona ni ninguna información que convierta nuestra relación en una narrativa promocional.
Jamie volvió la cara hacia él, no ofendido, simplemente atento.
Sofia volvió a tomar nota.
—Eso puede excluirse. Podemos limitar vuestra participación a la experiencia con el modelo: emparejamiento incorrecto, decisión consciente de continuar y percepción sobre la compatibilidad prevista.
Jamie apoyó un brazo sobre la mesa.
—Esa parte sí me parece bien.
Ben lo miró.
—A mí también.
—Entonces puedo registrar que aceptáis participar en la conversación de cierre como participantes, pero que por el momento no autorizáis el uso de detalles íntimos de la relación en material promocional.
—Sofia mantuvo los ojos en la pantalla—.
Cualquier propuesta adicional tendrá que presentarse por separado y solo continuará con el consentimiento de ambos.
—Exactamente —dijo Ben.
Jamie sonrió.
—Mira eso. Una negociación sin que nadie amenace a nadie.
Sofia frunció ligeramente el ceño.
—No hubo intención de amenaza en ningún momento.
—Lo sé. Era un cumplido.
—Ha parecido una crítica.
—Eso también es una experiencia frecuente conmigo.
Ben se llevó una mano a la cara.
—Ignóralo.
—No puedes. —Jamie lo señaló—. Estamos juntos. Ya no puedes pedirle a la gente que me ignore.
Sofia permaneció en silencio.
Ben miró a Jamie.
—Estás poniendo a prueba la cláusula de privacidad durante la propia reunión.
—Estoy proporcionando el contexto mínimo.
—Innecesario.
Sofia interrumpió antes de que continuaran.
—Registraré únicamente lo que se ha acordado formalmente.
Jamie asintió, satisfecho.
—¿Ves? Profesional.
Ben no respondió.
La llamada terminó pocos minutos después, sin presión para ampliar la participación, sin ningún intento de convencerlos para proporcionar más de lo que querían y sin conflictos adicionales. Sin Rostro había hecho la propuesta. Ellos habían establecido los límites. La empresa los había aceptado.
Cuando la pantalla se apagó, Jamie permaneció sentado al lado de Ben.
—Yo habría aceptado todo antes de preguntar la mitad de esas cosas.
—Lo sé.
—Podrías fingir sorpresa.
—Sería deshonesto.
Jamie le dio un pequeño empujón con el hombro.
—Irritante.
—También lo sé.
El silencio siguiente no era pesado. Ben cerró el portátil y se quedó unos segundos mirando la tapa antes de hablar.
—Quizá el treinta y siete por ciento no esté equivocado.
Jamie, que estaba cogiendo el móvil, se detuvo.
El humor desapareció de su rostro.
—¿Eso debería tranquilizarme?
—No. —Ben se volvió hacia él—. Solo creo que estaba haciendo la pregunta equivocada.
Jamie esperó.
—Somos diferentes en casi todo lo que ellos midieron con mayor peso.
—Ben apoyó los antebrazos en la mesa—. Yo quiero planificación.
Tú funcionas mejor con espacio para cambiar.
A mí me gusta la rutina. Tú te aburres si todo está decidido demasiado pronto.
Yo pienso mucho antes de asumir un riesgo.
Tú a veces ya estás en mitad de la decisión cuando empiezas a evaluarlo.
—Estás haciendo un trabajo excelente con el romance.
—No he terminado.
Jamie hizo un gesto para que continuara.
—El número identifica esas diferencias. Fingir que no las identifica sería tan absurdo como tratar el número como una sentencia.
Jamie permaneció callado.
Ben pensó en la conversación que habían tenido el día anterior y luego en la forma en que acababan de manejar la propuesta de Sofia.
Jamie había querido aceptar rápidamente.
Ben había querido rechazar rápidamente. Ninguno de los dos había estado completamente en lo cierto con su primera reacción.
Se habían detenido, habían explicado qué importaba realmente y habían encontrado una tercera opción que protegía ambas necesidades.
—Tú querías participar porque no ves ningún problema en hablar de nosotros —continuó Ben—.
Yo quería rechazarlo porque no me gusta la idea de exponer algo que todavía está empezando.
Esa diferencia no ha desaparecido después de la conversación.
Tú sigues siendo más abierto que yo. Yo sigo siendo más reservado.
—Solo que ahora sé que reservado no significa escondido.
—Y yo sé que abierto no significa que quieras convertirlo todo en un espectáculo.
Jamie asintió despacio.
—Eso suena peligrosamente parecido a crecimiento personal.
—No exageres.
—Tengo que valorarlo cuando ocurre.
Ben lo ignoró.
—Creo que la cuestión no es si el algoritmo estaba equivocado.
Jamie tardó unos segundos en entenderlo.
Entonces se apoyó contra el respaldo de la silla.
—Es qué hacemos con el otro sesenta y tres.
Ben sonrió.
—Exactamente.
Jamie también sonrió, pero no convirtió la frase en una broma. Por primera vez desde que habían descubierto el número, aquel treinta y siete por ciento parecía menos una medida de lo que tenían y más una descripción parcial del trabajo que quizá tendrían que hacer.
Las diferencias seguían ahí. No necesitaban demostrar que el modelo estaba equivocado para permanecer juntos. Solo necesitaban decidir si estaban dispuestos a lidiar con aquello en lo que había acertado.
—Entonces tenemos un sesenta y tres por ciento de problema —comentó Jamie al fin.
Ben volvió la cara hacia él.
—Has estado casi cinco minutos sin hacer una broma.
—Me estaba esforzando.
—Y lo has estropeado al final.
—Volvemos al treinta y seis.
Ben cerró los ojos.
Jamie rio.
—Perdona. Esa era inevitable.
—No lo era.
—No estamos de acuerdo. Treinta y cinco.
Ben abrió los ojos, intentando mantener la expresión seria.
No lo consiguió durante mucho tiempo.