La Persona Equivocada Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

El móvil de Ben vibró. Aunque la conversación con Cometa estaba suspendida, la aplicación seguía enviando notificaciones generales.

LA VULNERABILIDAD EMPIEZA CUANDO BAJAMOS NUESTRAS DEFENSAS.

—Odio esta aplicación —murmuró Ben, mirando la puerta por la que Jamie había salido.

◆◆◆

Ben pasó los siguientes minutos buscando una solución.

Era lo que hacía cuando algo se salía de control.

Abrió la lista de proveedores, comprobó existencias, plazos y posibilidades de dividir el pedido. Llamó a dos empresas. Preguntó por disponibilidad. Comparó precios.

Ninguna solución eliminaba por completo el problema.

Solo después de la tercera llamada se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Intentando resolverlo antes de que Jamie regresara.

Otra vez.

Ben dejó el móvil sobre la mesa.

Se quedó mirándolo.

La regla creada semanas antes volvió entera a su memoria. No porque Mara la hubiera escrito en una hoja. Sino porque ya la había roto una vez.

Escucho la propuesta completa.

La primera vez, Jamie tenía razón.

Ben se había disculpado.

Y ahora, ante un problema muy parecido, había vuelto al mismo mecanismo: identificar el riesgo, elegir la opción que le parecía más segura y cerrar la cuestión antes de que otra persona pudiera complicarla.

No porque creyera que Jamie era incompetente.

Ese era precisamente el problema.

Sabía que Jamie era competente.

Confiaba en él en situaciones en las que, pocas semanas antes, habría exigido confirmación de cada detalle.

Aun así, cuando la decisión parecía suficientemente importante, Ben volvía a tratar el control como si fuera seguridad.

El móvil vibró.

Durante un segundo, pensó en Cometa.

Era un correo.

La reacción automática aumentó todavía más su irritación consigo mismo.

Jamie regresó unos minutos después.

No parecía menos molesto, pero sí más tranquilo.

Volvió a sentarse sin abrir el portátil.

Ben habló antes de que él tuviera que hacerlo.

—He hecho exactamente lo que prometí que no haría. —Mantuvo la mirada en Jamie—. Tú propusiste una alternativa, yo la consideré arriesgada y cerré la decisión original sin volver a hablar contigo cuando la situación cambió.

Jamie no respondió inmediatamente.

—Sigo pensando que había riesgo con el otro proveedor —continuó Ben—. Eso no ha cambiado. El error fue decidir yo solo que ese riesgo era peor que el riesgo de mantener al primero.

—Yo también me equivoqué en una cosa. —Jamie se pasó una mano por la cara. La irritación perdió un poco de rigidez.

Ben esperó.

—Cuando salí de aquí, lo primero que quise hacer fue llamar al otro proveedor, cerrar el pedido y volver con todo solucionado solo para demostrar que podía hacerse. —Jamie apoyó los brazos sobre la mesa—. Ya tenía abierto el contacto.

—Y no llamaste. —Ben casi sonrió, pero se dio cuenta de que Jamie no estaba bromeando.

—No. Porque habría sido exactamente lo mismo desde el otro lado. Iba a tomar una decisión solo porque estaba enfadado y después llamarla solución rápida.

—Entonces estamos sin proveedor. —Ben asintió.

—Temporalmente.

—Impresionante cómo me persigue esa palabra hoy. —Jamie soltó el aire por la nariz.

Ben no entendió la referencia, pero tampoco preguntó.

—Volvamos a revisar las opciones —sugirió—. Juntos.

—Esta vez parece una buena idea.

Abrieron los portátiles.

El problema seguía existiendo. La diferencia era que ahora ninguno de los dos intentaba resolverlo solo.

Jamie retomó el contacto con la empresa que había sugerido originalmente y le enseñó a Ben las muestras enviadas semanas antes. El acabado realmente no era idéntico, pero la diferencia podía eliminarse si parte de las placas recibía una capa adicional que ya se utilizaría en otra instalación.

—Eso añade producción —señaló Ben.

—La añade. Pero no dependemos de ellos para entregar el acabado final. Solo la base.

Ben calculó los plazos.

—Si recibimos las bases en tres días, podemos terminarlas aquí.

—Habían dicho dos.

—Antes de dar por hecho que siguen teniendo disponibilidad, confírmalo.

—Mírate, aprendiendo a pedir confirmación sin matar la idea. —Jamie cogió el teléfono.

—No conviertas esto en un momento.

—No prometo nada.

Jamie hizo la llamada con el altavoz activado. La disponibilidad seguía existiendo, pero no para el pedido completo. Podían suministrar algo más de la mitad de las unidades dentro del plazo.

Ben empezó a tomar notas.

—Pregunta si pueden fabricar el resto sin acabado en cinco días.

Jamie preguntó.

Podían.

Ben lo miró.

Jamie ya lo había entendido.

—El primer lote recibe el acabado aquí. El segundo llega sin acabado y entra en el mismo proceso.

—Mantenemos la uniformidad —completó Ben—. Y dejamos de depender de la materia prima que está retrasando al proveedor original.

Jamie confirmó precios y terminó la llamada sin cerrar el pedido.

Esperó.

Ben se dio cuenta.

—Puedes cerrarlo.

—¿Me estás autorizando? —Jamie arqueó una ceja.

—Estoy de acuerdo.

—Matiz importante.

—Mucho.

Jamie hizo la segunda llamada y lo confirmó.

Cuando terminó, el problema que había parecido lo bastante grande como para provocar su peor discusión hasta ese momento estaba resuelto.

No perfectamente.

Costaría un poco más de trabajo. Exigiría un ajuste en el calendario. Pero funcionaba.

—Voy a encajar el acabado adicional en el periodo de montaje de las otras piezas. —Ben actualizó la hoja de cálculo—. No debería añadir un día entero.

—Puedo simplificar la aplicación para no tener a tanta gente ocupada con eso.

—Enséñamelo antes.

Jamie lo miró.

Ben percibió la ironía.

—Quiero decir que me lo enseñes literalmente. No lo estoy rechazando.

—Lo sé.

Esta vez, el silencio que llegó después no era hostil.

—Ha sido una discusión horrible. —Jamie cerró una de las pestañas del portátil.

—He tenido peores.

—¿Conmigo?

—No.

—Extrañamente, eso ayuda. —Jamie lo consideró durante un instante.

—No quiero trabajar contigo como si tuviera que impedir tus decisiones. —Ben apoyó la espalda en la silla.

—Y yo no quiero trabajar contigo como si tuviera que demostrar que puedo hacerlo todo solo. —El humor desapareció del rostro de Jamie.

Ninguno añadió nada.

No hacía falta.

Volvieron al trabajo.

◆◆◆

Al final de la tarde, Ben se dio cuenta de que había abierto Sin Rostro tres veces desde que llegara a Casa Horizonte.

Siempre por costumbre. Siempre olvidando durante un segundo que no podría escribir.

La cuarta vez, no lo abrió.

Se limitó a mirar el icono.

La conversación de la noche anterior seguía en su memoria con una claridad irritante.

¿Crees que yo lo haría?

No. No lo creo.

Ahora no podía saber qué estaba haciendo Cometa, si él también había recibido la suspensión o si la revisión afectaba únicamente a uno de los dos lados de la conexión.

Esa última posibilidad era la peor.

Ben no había pensado por la mañana que el problema pudiera afectar únicamente a su propia cuenta.

Intentó descartar la hipótesis por falta de información.

No lo consiguió del todo.

Al otro lado de la mesa, Jamie miró el móvil, bloqueó la pantalla y dejó el dispositivo boca abajo.

Ben volvió al portátil.

—¿Vas a quedarte un poco más? —preguntó Jamie unos minutos después.

—Hasta terminar la actualización de los proveedores.

—Yo también.

Ben asintió.

Trabajaron en silencio.

No era el silencio cómodo de la noche de lluvia ni el silencio cargado después del beso.

Era simplemente compañía.

Aquel día, bastó.

◆◆◆

Jamie llegó a casa demasiado cansado como para cenar inmediatamente.

Dejó la bolsa, se quitó los zapatos y se sentó en el sofá con el móvil en la mano.

Abrió Sin Rostro.

El mensaje de suspensión seguía igual.

Recorrió parte del historial sin ningún objetivo y se detuvo en la conversación de la noche anterior.

Atlas no podía estar allí.

Jamie lo sabía.

Aun así, la ausencia parecía activa, como si la conversación llegara tarde.

Pensó en escribir algo en otro sitio solo para ordenar lo que diría cuando volviera la aplicación.

No lo hizo.

Atlas se habría burlado de la idea de preparar una conversación espontánea.

Jamie sonrió a solas.

Después perdió la sonrisa.

Había pasado veinte días sin saber el nombre, el rostro ni la profesión de aquel hombre. Al principio, eso hacía que todo fuera más fácil. Atlas existía únicamente mientras hablaban.

Ya no funcionaba así.

Ahora existía durante el día.

Cuando Jamie comía algo que sabía que sería juzgado.

Cuando alguien hacía un comentario seco.

Cuando tenía que decidir si resolvería un problema en el último momento o intentaría evitar que apareciera.

Cuando se quedaba en silencio y se daba cuenta de que no necesitaba inventar nada para llenarlo.

Jamie cerró la aplicación.

El móvil vibró casi inmediatamente.

Durante un segundo, el corazón se le aceleró.

No era un mensaje de Atlas.

Era un correo de Sin Rostro.

Lo abrió.

Estimado participante:

Como parte de la revisión técnica actualmente en curso, solicitamos su disponibilidad para una breve conversación individual con la coordinación del programa mañana. El objetivo es proporcionarle información sobre el estado de su conexión y aclarar los próximos pasos.

La firma era de Sofia.

Jamie volvió a leerlo.

Estado de su conexión.

El estómago se le encogió.

No había ninguna explicación adicional.

Respondió confirmando su disponibilidad.

◆◆◆

Ben recibió el mismo correo unos minutos después.

Lo leyó sentado a la mesa de la cocina.

Después comprobó el remitente, aunque sabía quién era.

Sofia.

Breve conversación individual.

Estado de su conexión.

Próximos pasos.

Ben abrió el calendario y confirmó la hora ofrecida.

Se quedó mirando la pantalla después de enviar la respuesta.

No sabía qué quería decir Sofia.

No sabía por qué habían suspendido la conexión.

No sabía si Cometa había recibido el mismo mensaje.

Y, por primera vez desde que había entrado en Sin Rostro, no había ninguna información adicional que pudiera organizar, comparar o convertir en una previsión.

Solo quedaba esperar hasta el día siguiente.