La Persona Equivocada Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

El indicador de que Atlas estaba escribiendo apareció.

ATLAS: Has desaparecido.

COMETA: Estaba contemplando la posibilidad de que seas secretamente mucho más irritante de lo que aparentas.

ATLAS: Creía que eso ya estaba establecido.

Jamie soltó una carcajada.

Era humor de Atlas.

No de Ben.

O quizá de los dos.

Negó con la cabeza y continuó.

COMETA: ¿Cómo ha ido tu día con el otro hombre?

Ben leyó el mensaje y sintió regresar la incomodidad.

La pregunta estaba formulada con demasiada naturalidad.

ATLAS: Productivo.

COMETA: Esa es una descripción muy romántica.

ATLAS: Has preguntado cómo ha ido mi día, no has pedido una valoración romántica.

COMETA: He preguntado cómo ha ido tu día con el hombre al que besaste.

Ben apoyó la cabeza en el respaldo del sofá.

ATLAS: Hemos trabajado.

COMETA: ¿Solo?

Ben sabía que Cometa tenía derecho a preguntar y, al mismo tiempo, ninguna garantía de recibir detalles. La ironía era que la respuesta era sencilla.

ATLAS: Hemos hablado del beso.

Jamie se incorporó.

COMETA: ¿Y?

ATLAS: Hemos acordado que no vamos a repetirlo mientras no entendamos qué queremos.

La respuesta tardó más de lo que Ben esperaba.

COMETA: Eso está bien.

Ben frunció el ceño.

ATLAS: Pareces decepcionado.

COMETA: Estoy siendo maduro.

ATLAS: Ya has usado esa defensa antes.

Jamie sonrió sin ganas.

COMETA: Estoy practicando.

Ben podría haberlo dejado ahí.

No lo hizo.

ATLAS: ¿Querías que volviera a besarlo?

Jamie miró fijamente la pregunta.

COMETA: Definitivamente no.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Ben rio a solas.

ATLAS: La madurez ha durado poco.

COMETA: Dije que estaba practicando, no que tuviera certificado.

Los celos deberían resultar absurdos. Ben lo sabía. Cometa también había besado a alguien y probablemente seguía viendo a esa persona por circunstancias que Ben desconocía. Ninguno había prometido exclusividad.

Aun así, la idea de otro hombre ocupando un espacio que él no tenía derecho a reclamar seguía resultándole desagradable.

ATLAS: ¿Y tú?

Jamie sabía cuál era la pregunta.

COMETA: También he hablado con él.

Ben esperó.

COMETA: No vamos a repetirlo de momento.

El alivio fue inmediato.

Y vergonzoso.

ATLAS: Eso está bien.

Jamie empezó a reír.

COMETA: Pareces satisfecho.

ATLAS: Estoy siendo maduro.

COMETA: Ladrón.

Ben sonrió a la pantalla.

La conversación continuó durante unos minutos alrededor de la situación hasta que Jamie se dio cuenta de que estaban haciendo exactamente lo que habían prometido evitar: intentar averiguar demasiado sobre personas que ninguno debería convertir en competencia.

COMETA: Bien. Nueva regla informal antes de que nos volvamos insoportables.

ATLAS: No me gusta cuando empiezas una frase con «nueva regla informal».

COMETA: No convertir al otro hombre en un interrogatorio.

ATLAS: De acuerdo.

COMETA: Podemos admitir celos. No podemos pedir informes.

ATLAS: La estructura de esa regla ha sido sorprendentemente eficiente.

Jamie se quedó quieto.

Había utilizado prácticamente la misma estructura aquella tarde.

Cuando Ben le había preguntado cómo quería dividir la información de la señalización, Jamie había respondido que podían mantener la orientación esencial en la entrada y el contenido completo en recepción. Después lo había resumido para la asistente:

«Podemos separar la función. No necesitamos duplicar la información».

No eran las mismas palabras.

Pero la manera de organizar la idea —primero lo que podían hacer, después lo que no— era muy parecida.

Ben volvió a leer el mensaje de Cometa.

Podemos admitir celos. No podemos pedir informes.

Pensó en Jamie.

La idea apareció antes de que pudiera impedirlo.

¿Jamie era Cometa?

Ben se quedó inmóvil.

Su primera reacción fue buscar semejanzas.

El corazón se le aceleró lo suficiente como para irritarlo.

Entonces Ben hizo lo que hacía cuando una hipótesis parecía demasiado interesante: buscó razones por las que debía estar equivocado.

El programa existía precisamente para conectar desconocidos; suponer que, entre todos los participantes, el hombre anónimo fuera precisamente la persona con quien pasaba los días sería estadísticamente ridículo.

Además, Jamie había dicho que estaba interesado en alguien relacionado con el trabajo.

Si se refería a Ben, encajaba. Pero también podía encajar con innumerables personas más.

Ben se dio cuenta de que estaba construyendo pruebas alrededor de una conclusión antes de tener una prueba real. Exactamente el tipo de error que detestaba.

ATLAS: Esa regla sirve.

Jamie vio aparecer la respuesta después de una pausa larga.

COMETA: Has tardado.

ATLAS: Estaba pensando.

COMETA: Peligroso.

Ben sonrió.

ATLAS: Nada preocupante.

Cambió de tema.

La hipótesis se quedó donde debía quedarse.

En el terreno de las coincidencias.

◆◆◆

Al día siguiente, Jamie encontró la etiquetadora de Ben sobre una caja.

No había ido a buscarla.

Eso no impidió nada.

Ben estaba unos metros más allá hablando por teléfono con un proveedor cuando oyó el ruido de la impresión.

Cerró los ojos. Terminó la llamada y se volvió.

—¿Qué has hecho?

—Tu confianza en mí sigue siendo emocionante. —Jamie escondió algo detrás del cuerpo.

—Solo utilizas ese aparato para cometer delitos tipográficos.

—«Delitos tipográficos» es un concepto extremadamente dramático para alguien que pasó quince minutos ayer eligiendo entre dos tipografías casi idénticas.

—No eran idénticas.

—Claro.

—Jamie. —Ben extendió la mano.

—No es para ti.

—Eso no me tranquiliza.

Jamie se alejó antes de que pudiera alcanzar la etiqueta y fue hasta una mesa con materiales. Había una grapadora junto a las muestras.

Pegó la cinta sobre ella.

GRAPADORA EMOCIONALMENTE INDISPONIBLE

Ben se quedó mirando.

Jamie retrocedió, satisfecho.

—¿Por qué?

—Se me ha atascado tres veces hoy.

—Eso es un fallo mecánico.

—Miedo al compromiso.

Ben cogió la grapadora, la probó y consiguió utilizarla sin dificultad.

—Funciona.

—Contigo. Evidentemente tenéis una conexión que yo no poseo.

—Quizá simplemente tenga criterio.

—Eso ha sido personal. —Jamie se llevó una mano al pecho.

—Hablaba de la grapadora.

—Cobarde.

Ben devolvió el objeto a la mesa. No retiró la etiqueta.

—Sabes que, al dejarlas todas, estás validando mi sistema. —Jamie se dio cuenta y sonrió.

—Estoy eligiendo qué problemas merecen mi tiempo.

—Eso es casi cariño.

Ben lo miró.

La sonrisa de Jamie disminuyó apenas un poco.

Durante unos segundos, la conversación amenazó con volver al punto que ambos evitaban desde el beso.

—Necesito enseñarte un cambio antes de enviarlo. —Jamie fue el primero en apartar la mirada y cogió el portátil.

—Enséñamelo.

Volvieron al trabajo.

Ninguno comentó la distancia cuidadosamente mantenida entre ellos.

◆◆◆

Aquella noche, Jamie entró en Sin Rostro y encontró a Atlas ya conectado.

La conversación comenzó con normalidad. Al menos eso era lo que había decidido llamar normal ahora que ambos sabían que existía otro hombre.

Cometa le contó lo de la grapadora.

Sin mencionar dónde estaba, con quién trabajaba ni ninguna información que el filtro pudiera identificar.

COMETA: Hoy he tenido un conflicto serio con una grapadora.

ATLAS: ¿Quién ganó?

COMETA: La pregunta correcta es quién sufrió más.

ATLAS: Imagino que la grapadora.

Jamie rio.

Se detuvo.

Volvió a leerlo.

La respuesta tenía el mismo tipo de humor seco que usaba Ben. No la misma frase. No una palabra concreta. Era la lógica: responder seriamente a una premisa absurda hasta volverla todavía más absurda.

Ben había hecho exactamente eso aquella mañana.

Jamie respiró hondo.

Era imposible. O, al menos, demasiado improbable para merecer aquella cantidad de atención.

Intentó imaginar a Ben participando voluntariamente en un programa de citas anónimo. No era completamente absurdo. A Ben le gustaban el método, los cuestionarios, los criterios. En realidad, esa parte tenía demasiado sentido.

Jamie frunció el ceño. Se obligó a detenerse. Y había un problema todavía mayor.

Si Ben era Atlas, significaba que Jamie había pasado casi dos semanas quejándose de Ben... con Ben.

Jamie sintió una oleada de horror tan inmediata que rechazó la posibilidad casi por instinto.

No.

El universo no podía ser tan cruel.

ATLAS: Has desaparecido.

Jamie volvió a coger el teléfono.

COMETA: Estaba pensando que hay cosas que una persona no debería descubrir sobre su propia vida.

Ben frunció el ceño ante la pantalla.

ATLAS: Eso ha sido dramáticamente específico.

COMETA: No quiero hablar del tema.

ATLAS: Tú acabas de sacarlo.

COMETA: Y ya me he arrepentido. Crecimiento personal.

Ben rio.

Jamie vio aparecer la respuesta.

ATLAS: Eso no es crecimiento personal.

Jamie negó con la cabeza.

COMETA: ¿Tú sabes algo sobre crecimiento personal?

ATLAS: Más que alguien que llama a una grapadora emocionalmente indisponible.

Jamie sonrió.

No.

Atlas no era Ben.

Probablemente.

Y, si lo era, Jamie prefería descubrirlo cuando tuviera un billete disponible para otro país.