Capítulo 10
Ben descubrió que fingir que no había besado a Jamie era más difícil cuando Jamie estaba a menos de dos metros de él.
A la mañana siguiente, los dos ocupaban lados opuestos de la misma mesa en Casa Horizonte, rodeados de planos, muestras y una lista de ajustes elaborada después de la presentación para los patrocinadores.
En circunstancias normales, Ben ya habría terminado de revisar la mitad de los puntos.
Aquella mañana, había leído tres veces la misma observación sobre la colocación de la iluminación sin asimilar una sola palabra.
Jamie tampoco parecía especialmente productivo.
—Es la tercera vez que cambias esa muestra de sitio —comentó Ben, manteniendo la vista en la tableta.
—Y es la tercera vez que lees la misma línea.
Ben levantó la cabeza.
—No estaba contando —añadió Jamie, sosteniendo una pequeña muestra de acabado entre los dedos—. Solo me he dado cuenta porque, al parecer, yo tampoco consigo trabajar.
—Estoy trabajando.
—Claro. Hace unos cinco minutos ampliaste y redujiste el mismo plano cuatro veces.
—Me estás observando demasiado para alguien que también debería estar trabajando. —Ben dejó la tableta sobre la mesa.
—Esa frase parece peligrosa teniendo en cuenta lo de ayer. —Jamie arqueó una ceja.
El silencio llegó de inmediato.
Jamie dejó la muestra.
—Tenemos que hablar de esto —dijo Ben por fin, volviendo la mirada al plano.
—Sabía que esa frase llegaría. —Jamie acercó la silla y se sentó—. Solo esperaba que fuera después del café.
—Ya has tomado café.
—Eso es irrelevante. Podría necesitar otro para una conversación sobre consecuencias.
—Lo de ayer no fue un error. —Ben casi sonrió, pero no permitió que el humor desviara el tema.
—Bien. —La expresión de Jamie cambió.
—Pero tampoco creo que debamos repetirlo antes de entender qué estamos haciendo.
—Porque hay otra persona. —Jamie lo observó durante unos segundos.
—La hay.
—Para mí también.
Ben asintió.
La frase no era ninguna novedad. Los dos ya lo sabían. Se lo habían contado mutuamente antes del beso y, pocas horas después, habían repetido la misma confesión de forma anónima sin darse cuenta. Aun así, escucharla cara a cara producía una incomodidad distinta.
—Solo para asegurarme de que estamos hablando el mismo idioma: no estás diciendo que te arrepientas. —Jamie apoyó los brazos sobre la mesa.
—No.
—Ni que quieras fingir que no ocurrió.
—Tampoco.
—Estás diciendo que volver a besarnos mientras los dos estamos involucrados con otras personas sería una forma pésima de descubrir qué queremos.
—Exactamente. —Ben sostuvo su mirada.
—Odio cuando presentas algo razonable justo cuando preferiría estar en desacuerdo. —Jamie soltó el aire.
—No tienes que estar en desacuerdo con todo.
—Lo sé. Intento conservar alguna tradición.
A Ben se le escapó una sonrisa breve.
La tensión disminuyó, pero no desapareció.
—Entonces no lo repetimos —dijo Jamie—. Al menos hasta que entendamos mejor qué está pasando.
—De acuerdo.
—Y seguimos trabajando con normalidad.
Ben lo miró.
Jamie también se dio cuenta del problema antes incluso de terminar la frase.
—Eso sonaba más convincente en mi cabeza.
—Vamos a intentarlo.
—Que tú digas «vamos a intentarlo» en lugar de crear tres reglas adicionales ya es un progreso considerable.
—No me hagas reconsiderarlo.
—Ahí está.
Volvieron a los documentos.
Durante exactamente cuatro minutos, el intento de normalidad funcionó.
Entonces Jamie se inclinó sobre la mesa para señalar un ajuste en el plano y Ben percibió el olor del jabón que usaba.
Desvió inmediatamente la atención hacia el dibujo.
Jamie se dio cuenta.
No comentó nada.
Cinco minutos después, Ben extendió la mano para coger un bolígrafo justo cuando Jamie hizo lo mismo. Sus dedos ni siquiera llegaron a rozarse. Jamie retiró la mano primero, como si el objeto se hubiera vuelto de repente más importante de lo que debería.
—Puedes cogerlo.
—Lo estabas usando.
—Tengo otro.
Jamie abrió la bolsa, encontró tres bolígrafos y eligió uno.
Ben volvió a la tableta.
La normalidad iba estupendamente.
◆◆◆
A primera hora de la tarde, consiguieron avanzar lo suficiente como para que la presencia del otro dejara de ocupar toda su atención.
El trabajo ayudaba. Había ajustes reales que hacer después de la presentación, proveedores esperando confirmación y detalles del concepto que debían quedar cerrados antes del montaje definitivo.
Cuando discutían alguna decisión concreta, resultaba fácil volver al patrón que habían construido durante las dos semanas anteriores.
Casi fácil.
—Si ponemos la señalización aquí, compite visualmente con la primera instalación —dijo Jamie, señalando el plano—. Prefiero desplazarla a la columna.
—La columna queda fuera del eje principal de entrada. Puede que parte de los invitados no la vea.
—Entonces reducimos la información. En lugar de ponerlo todo en una placa, dejamos solo la orientación básica ahí y el resto en recepción.
—Eso funciona. —Ben observó la zona marcada.
Jamie se quedó inmóvil una fracción de segundo.
Ben se dio cuenta demasiado tarde.
Era exactamente la frase que había utilizado el primer día.
—Ni se te ocurra —advirtió.
—No iba a decir nada.
—Tu cara sí.
—Mi cara no participa en esas decisiones.
Ben lo miró.
La frase también resultaba familiar.
No por el primer día.
Por la grabación.
Esta vez los dos rieron, y la sensación extraña desapareció antes de adquirir importancia.
—Bien. Señalización simplificada y recepción con la información completa. Lo ajustaré. —Jamie volvió al portátil.
—Envíame la versión final antes de mandarla a producción.
—Sí.
Ben arqueó una ceja.
—¿Qué? —Jamie levantó la mirada.
—Nada.
—Has puesto cara de esperar resistencia.
—Esperaba al menos algún comentario.
—Estoy intentando ser mejor persona. —Jamie volvió al ordenador.
—¿Desde cuándo?
—Desde aproximadamente ayer a las siete y media.
Ben no preguntó por qué aquella hora en concreto.
Lo sabía.
◆◆◆
La notificación de Sin Rostro les llegó a los dos a media tarde.
Ben estaba respondiendo a un proveedor cuando el móvil vibró sobre la mesa. Jamie estaba al otro lado del salón revisando una secuencia de imágenes con una asistente.
El aviso no era de Cometa.
SIN ROSTRO — COMUNICADO DE MITAD DEL PROGRAMA
Ben lo abrió.
Como parte del protocolo previsto para la mitad de la experiencia, algunas cuentas y conexiones podrán pasar por una revisión técnica automática.
Este procedimiento forma parte de los controles internos del programa y no requiere ninguna acción por parte de los participantes en este momento.
En caso de que sea necesaria información adicional, nuestro equipo se pondrá en contacto directamente.
El mensaje terminaba con el nombre de Sofia y una firma institucional.
Ben lo leyó una vez.
Luego otra.
«Algunas cuentas y conexiones».
No decía que la suya estuviera entre ellas.
Aun así, abrió la conversación con Cometa para comprobar que todo funcionaba con normalidad. El historial seguía disponible.
Ningún mensaje nuevo.
Guardó el móvil.
Al otro lado del salón, Jamie hizo prácticamente lo mismo.
—¿Algún problema? —preguntó Ben cuando volvió a la mesa.
—No. Sin Rostro ha enviado un comunicado sobre una revisión técnica a mitad del programa. —Jamie guardó el teléfono en el bolsillo.
—A mí también me ha llegado. —Ben se quedó quieto un instante.
—Entonces probablemente sea general.
—Dice «algunas cuentas».
—Lo has leído con más atención que yo.
—Estaba escrito.
—Sabía que serías la persona adecuada para convertir un comunicado genérico en análisis textual. —Jamie sonrió.
—No estoy analizando. Solo lo he leído.
—¿Más de una vez?
Ben no respondió.
—Todo funciona. Si necesitan algo, se pondrán en contacto. —Jamie rio y volvió al portátil.
—Eso es lo que han dicho.
—Entonces, extraordinariamente, sugiero que hagamos lo que han pedido y no hagamos nada.
—¿Te das cuenta de la ironía de esa frase viniendo de ti? —Ben lo miró.
—Estoy creciendo muy rápido. Es preocupante.
Ben dejó el tema a un lado.
Al menos por el momento.
◆◆◆
Aquella noche, Atlas y Cometa tardaron menos en entrar en la conversación que la noche anterior.
Ninguno mencionó inmediatamente el comunicado de la revisión.
Cometa fue quien cedió primero.
COMETA: ¿Tú también has recibido el aviso aterradoramente corporativo?
Ben sonrió.
ATLAS: ¿El de la revisión técnica?
COMETA: Ese mismo. Me gusta especialmente la parte de «no requiere ninguna acción por parte de los participantes en este momento». Parece algo que dicen justo antes de exigir varias acciones a los participantes.
ATLAS: Estás creando un problema que todavía no existe.
Jamie se quedó mirando la pantalla.
La frase le resultaba familiar.
No por las palabras exactas. Por el razonamiento.
Ben podría haber dicho aquello esa misma tarde.
Jamie apartó la asociación casi inmediatamente.
Atlas pensaba así desde la primera conversación. Era una de sus características más evidentes. Encontrar la misma lógica en Ben no significaba nada más que, al parecer, Jamie había conseguido interesarse por dos hombres con una irritante tendencia a anticipar problemas.
COMETA: Solo estoy respetando mi derecho a desconfiar de mensajes que usan la expresión «en este momento».
ATLAS: Si hay algún problema, avisarán.
COMETA: Mira tú, defendiendo a una empresa que ni siquiera conoces.
ATLAS: No la estoy defendiendo. Estoy diciendo que no tenemos información suficiente para sacar ninguna conclusión.
Jamie sonrió.
Definitivamente Ben.
Se detuvo.
El pensamiento apareció completo esta vez.
Definitivamente Ben.
Jamie pasó unos segundos sin tocar la pantalla.
No.
Aquello era ridículo.
Ben y Atlas tenían características parecidas.
Solo eso. El programa tenía cientos de posibles participantes, la ciudad tenía millones de habitantes y no había ninguna razón lógica para que el hombre con quien trabajaba fuera precisamente el desconocido al que había conocido en una aplicación anónima.
Además, si empezaba a tratar cada frase metódica como una prueba, encontraría a Atlas en la mitad de los responsables de operaciones del país.