La Persona Equivocada Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

Jamie parecía haber llegado a la misma conclusión. El humor disminuyó.

Ninguno de los dos habló de ello.

Todavía no.

Terminaron de guardar el material sin volver al tema. No hubo suficiente incomodidad como para borrar lo que había ocurrido, ni suficiente naturalidad como para fingir que nada había cambiado. Cuando salieron, se despidieron de una forma casi normal.

Casi.

◆◆◆

Ben abrió Sin Rostro tres veces aquella noche antes de quedarse en la conversación.

La primera vez, Cometa todavía no estaba conectado.

La segunda, sí.

Ben cerró la aplicación de todos modos.

Cuando volvió por tercera vez, había un mensaje esperándolo.

COMETA: He besado a alguien.

Ben se quedó inmóvil.

La frase no debería haberlo sorprendido.

Jamie había dicho que estaba interesado en alguien. Cometa también.

Esas cosas pasaban.

Aun así, sintió culpa antes incluso de responder.

Porque él también había besado a alguien.

Y porque una parte de él había pasado todo el camino de vuelta a casa pensando en aquel beso mientras otra seguía esperando la conversación con Cometa.

Escribió.

ATLAS: Yo también.

Al otro lado, Jamie se quedó mirando la respuesta.

Había pasado varios minutos intentando decidir cómo contarlo. No esperaba recibir la misma información a cambio.

La primera reacción fue una punzada desagradable.

La segunda fue reconocer la hipocresía de aquella reacción.

COMETA: Esto es casi gracioso.

ATLAS: Casi.

COMETA: ¿Fue la persona que mencionaste?

Ben pensó cuánto podía responder sin proporcionar información identificable.

ATLAS: Sí.

Jamie apoyó el móvil sobre el pecho durante unos segundos antes de cogerlo de nuevo.

COMETA: La mía también.

Ben leyó y sintió aumentar la incomodidad.

Ninguno de los dos había roto ninguna regla. El programa no exigía exclusividad. Incluso habían acordado la noche anterior que no esperaban que el otro dejara de conocer a alguien.

Eso no hacía la conversación más fácil.

ATLAS: ¿Te arrepientes?

Jamie tardó.

Pensó en el beso.

En la mano de Ben sobre su cuello.

En la forma en que ambos se habían quedado quietos después, sin saber cuál de los problemas debían afrontar primero.

COMETA: No del beso.

Ben sintió una reacción involuntaria ante la respuesta.

COMETA: Me siento raro contándotelo después.

Lo entendía perfectamente.

ATLAS: Yo también.

Jamie se quedó mirando la pantalla.

COMETA: No hemos hecho nada malo.

ATLAS: Lo sé.

COMETA: Esa respuesta no parece haberte convencido ni a ti.

Ben se recostó en el sofá.

ATLAS: Saberlo racionalmente no está ayudando demasiado.

Jamie sonrió sin humor.

COMETA: Enhorabuena. Una frase que nunca esperaba recibir de Atlas.

ATLAS: No conviertas esto en una celebración.

COMETA: No estoy de humor para celebraciones.

La sinceridad de la frase eliminó cualquier posibilidad de broma.

Ben pensó un poco antes de continuar.

ATLAS: No quiero preguntarte qué piensas hacer con esa persona como si tuviera derecho a participar en esa decisión.

Jamie leyó despacio.

COMETA: Gracias.

ATLAS: Pero tampoco quiero fingir que no me afecta.

Jamie sintió el peso de aquellas palabras.

COMETA: Yo tampoco puedo fingirlo.

Ben pasó el pulgar por el lateral del móvil.

Dos semanas antes, aquello era un experimento que parecía lo bastante racional como para resultar interesante. Una conversación sin rostro, sin nombre y sin ninguna consecuencia fuera de la pantalla.

Ya no parecía así.

ATLAS: Cuando empezamos esto, pensé que tendría treinta días para descubrir si merecía la pena conocerte de verdad.

Jamie tardó en responder.

COMETA: ¿Y ahora?

Ben podía elegir una frase segura.

No lo hizo.

ATLAS: Ahora ya no parece una posibilidad lejana.

Jamie se quedó inmóvil.

La respuesta lo golpeó con más fuerza de la que esperaba, sobre todo porque sentía exactamente lo mismo.

COMETA: Entré porque pensé que sería interesante descubrir si podía llegar a sentir algo por alguien sin saber cómo era.

Ben leyó.

COMETA: Creo que la parte complicada es que ya no estoy intentando descubrirlo.

El silencio al otro lado duró lo suficiente para que Jamie se preguntara si había ido demasiado lejos.

Entonces apareció el mensaje.

ATLAS: Yo tampoco.

Jamie cerró los ojos durante un instante.

Ninguno de los dos escribió durante unos minutos.

Para ambos, ahora había un beso fuera de la aplicación y una conexión anónima que ya significaba mucho más de lo que deberían admitir.

Ben escribió primero.

ATLAS: No quiero pedirte que elijas nada ahora.

Jamie respondió después de pensarlo.

COMETA: Yo tampoco.

ATLAS: Entonces podemos ser sinceros mientras intentamos entenderlo.

Jamie soltó el aire.

COMETA: Eso parece demasiado sensato.

ATLAS: Puedo formularlo peor, si ayuda.

COMETA: No. Extrañamente, lo prefiero así.

La conversación continuó durante un rato más. No hablaron de los detalles de los besos, no preguntaron nombres ni intentaron comparar a personas que ninguno de los dos conocía. Tampoco crearon reglas que no estaban preparados para cumplir.

Cuando se despidieron, nada estaba resuelto.

Pero una cosa se había vuelto imposible de ignorar.

Atlas y Cometa ya no estaban simplemente participando en un experimento.