Capítulo 8 #2
En la pantalla, Jamie hacía una pregunta fuera de cámara.
Ben empezaba a responder y, a mitad de frase, desviaba los ojos del objetivo hacia donde estaba Jamie.
El cambio era pequeño, pero alteraba toda su expresión.
La sonrisa aparecía casi sin intención cuando Jamie añadía algún comentario que el audio había captado parcialmente.
Ben respondía, Jamie reía fuera de plano y Ben volvía a sonreír antes de retomar la explicación.
Ninguno de los dos habló.
Jamie sintió que su propia sonrisa desaparecía lentamente mientras observaba.
No había nada explícitamente íntimo en el vídeo. Dos personas trabajando. Una de ellas ni siquiera aparecía.
Aun así, era difícil no verlo.
Ben se dio cuenta casi al mismo tiempo. La forma en que miraba fuera de cuadro no parecía la de alguien que simplemente esperaba la siguiente pregunta. Había demasiada atención. Demasiada facilidad.
—La siguiente respuesta está mejor. —Jamie adelantó unos segundos el material, manteniendo los ojos en la pantalla.
—Sí.
Siguieron viendo el vídeo sin comentar el fragmento anterior.
El equipo recibió la indicación de las tomas aprobadas y empezó a recoger el material. Jamie cerró el archivo, cogió la tableta y pasó a revisar el resto del material necesario para los patrocinadores. Ben volvió al calendario.
Ninguno de los dos volvió a mencionar el vídeo.
◆◆◆
Más tarde, los dos estaban comprobando la posición de algunos elementos de la zona de los patrocinadores cuando Jamie se dio cuenta de que una de las pantallas previstas quedaría parcialmente oculta para quienes entraran por el lateral.
—Si sigue aquí, la mitad de la gente solo se dará cuenta de que existe después de pasar de largo —dijo Ben.
—Puedo desplazarla hacia la izquierda.
—Invadirá la zona de la instalación siguiente.
—No, porque no necesito mover toda la pantalla. —Jamie calculó visualmente la distancia y negó con la cabeza—. Solo necesito cambiar el ángulo. Eso no es cambiarla de posición, es corregir la perspectiva. Hay una diferencia importante.
Ben se detuvo.
La frase produjo una rápida sensación de familiaridad.
No. Me quejé. Hay una diferencia importante.
Cometa había escrito algo muy parecido la primera noche.
Ben miró a Jamie.
—¿Qué? —preguntó Jamie, ajustando ya mentalmente la posición de la pantalla.
—Nada.
La semejanza desapareció tan rápido como había aparecido. Era una construcción común. La gente decía cosas parecidas todo el tiempo y, después de casi dos semanas hablando todas las noches con alguien, era natural empezar a encontrar ecos en otras conversaciones.
—Estás poniendo esa cara otra vez —comentó Jamie.
—¿Qué cara?
—La de cuando crees que tienes alguna objeción, pero todavía la estás organizando por orden de prioridad.
—Cambia el ángulo. Si se mantiene dentro de la marca, funciona. —Ben volvió la vista hacia la pantalla.
—Excelente. Una frase entera sin amenazas al calendario.
—No me hagas reconsiderarlo.
Jamie sonrió y empezó a hacer el ajuste.
Ben no volvió a pensar en la semejanza.
◆◆◆
Aquella noche, Cometa tardó más de lo habitual en sacar el tema.
La conversación ya había pasado por el trabajo, la comida y una breve discusión sobre si una persona que tenía cuatro tipos diferentes de café en casa tenía derecho a llamar complicada a otra cuando Jamie finalmente se quedó unos segundos mirando el campo de mensaje.
Escribió.
Borró.
Probó con otra frase.
También la borró.
Al final, decidió que ninguna versión resultaría especialmente elegante.
COMETA: Creo que me interesa alguien.
Ben estaba sentado en el sofá con el portátil cerrado a su lado. Leyó el mensaje una vez.
La incomodidad llegó demasiado rápido.
No era exactamente una sorpresa. Cometa tenía una vida fuera de aquella aplicación. Sin Rostro no exigía exclusividad y ellos nunca habían hablado de ningún tipo de compromiso. Aun así, Ben se quedó mirando la frase el tiempo suficiente para que el indicador de escritura apareciera al otro lado.
COMETA: Esta era la parte en la que se suponía que tenías que decir algo.
Ben se dio cuenta de que estaba apretando demasiado el móvil.
ATLAS: Estoy procesándolo.
COMETA: Eso suena amenazadoramente administrativo.
Ben sonrió sin demasiada convicción.
ATLAS: ¿Es alguien de tu trabajo?
Jamie pensó antes de responder.
Ben no trabajaba exactamente con él en el sentido tradicional. Los dos estaban en el mismo proyecto, pero pertenecían a áreas y rutinas profesionales diferentes.
COMETA: Más o menos.
A Ben no le gustó la respuesta.
Tampoco le gustó darse cuenta de que no le gustaba.
ATLAS: ¿Y esa persona lo sabe?
Jamie soltó una risa breve.
COMETA: No. Yo mismo todavía intento entenderlo.
ATLAS: ¿Entender si te interesa?
COMETA: Entender si es interés o si he pasado demasiado tiempo con alguien que debería irritarme más de lo que me irrita.
Ben volvió a leerlo.
También había algo incómodamente familiar en aquella descripción, pero esta vez no por una frase o por el vocabulario.
Pensó en Jamie.
Pensó en la grabación.
En el vídeo.
En la forma en que había percibido su presencia fuera de cuadro mucho más que la cámara que tenía delante.
Ben bloqueó el móvil durante unos segundos, se levantó, fue a buscar agua y volvió al sofá. Cuando abrió de nuevo la conversación, había un mensaje esperándolo.
COMETA: Te has quedado callado otra vez. Estoy empezando a pensar que esto ha sido una idea terrible.
Ben escribió antes de poder reconsiderarlo.
ATLAS: No lo ha sido. Solo creo que debería decirte que yo también estoy empezando a pensar en alguien.
Esta vez fue Jamie quien no respondió.
Se quedó quieto con el teléfono en la mano y sintió una pequeña irritación completamente injustificada.
Por supuesto que Atlas podía conocer a alguien.
Era obvio.
El programa no había borrado el resto del mundo.
Aun así, la información parecía mucho menos razonable ahora que estaba escrita en la pantalla.
COMETA: ¿Del trabajo?
Ben pensó cómo responder sin dar detalles que la aplicación pudiera bloquear.
ATLAS: Relacionado con él.
Jamie frunció el ceño.
Así que los dos estaban exactamente en la misma situación.
Eso debería haber sido tranquilizador.
No lo fue.
COMETA: Interesante.
Ben reconoció inmediatamente la elección de la palabra.
ATLAS: Has escrito «interesante» como quien quiere decir algo mucho menos educado.
COMETA: Estoy siendo maduro.
ATLAS: Ya lo veo.
COMETA: Y podrías colaborar en lugar de señalarlo.
Ben apoyó la cabeza en el sofá.
ATLAS: No tengo derecho a molestarme por la persona que estás conociendo.
Jamie lo leyó dos veces.
La irritación disminuyó un poco.
COMETA: Ni yo por la tuya.
Ben tardó antes de responder.
ATLAS: ¿Pero lo estás?
Jamie podía mentir.
COMETA: Un poco.
Ben soltó el aire.
ATLAS: Yo también.
La sinceridad creó unos segundos de silencio.
Ninguno de los dos intentó convertir aquello en una exigencia.
No habían acordado exclusividad, ni siquiera sabían el nombre del otro y seguían atrapados en una experiencia que, en teoría, existía precisamente para descubrir si merecía la pena continuar después de los treinta días.
Jamie escribió primero.
COMETA: Esto es ridículo. Los dos entramos en un programa que impide cualquier encuentro en persona y ahora estamos celosos de personas que existen fuera de él.
ATLAS: Técnicamente, celos es una palabra fuerte.
COMETA: Acabas de admitir que estás molesto.
ATLAS: Molesto y celoso no son sinónimos.
COMETA: Atlas.
Ben sonrió.
ATLAS: Está bien. Un poco.
Jamie sintió una satisfacción que no tenía derecho a sentir.
COMETA: Perfecto. Ahora podemos ser ridículos de manera equilibrada.
ATLAS: Eso parece saludable.
COMETA: No exageres. Todavía no he prometido salud emocional.
Ben rio.
Después se puso más serio.
ATLAS: No quiero que dejes de conocer a alguien por mi culpa.
Jamie miró la frase.
COMETA: Ni yo quiero eso de ti.
ATLAS: Entonces, ¿seguimos como hasta ahora?
Jamie pensó en lo fácil que le resultaba hablar con Atlas. También pensó en Ben frente a la cámara aquella tarde y en cómo había tenido que apartarse rápidamente del fragmento en el que ambos parecían darse cuenta de algo al mismo tiempo.
COMETA: Seguimos. E intentamos no comportarnos como adolescentes cada vez que el otro mencione a una persona real.
ATLAS: Parece un plan.
COMETA: Claro que te ha gustado esa palabra.
ATLAS: Era inevitable.
Jamie sonrió a la pantalla.
La conversación cambió de tema poco después, pero no volvió por completo a lo que había sido antes.
Ahora había otra persona en la cabeza de Atlas.
Otra persona en la cabeza de Cometa.
Y a ninguno de los dos le gustaba especialmente.