Capítulo 8
Jamie supo que tendría un problema incluso antes de que Mara terminara la llamada.
Estaba a pocos metros de él, en el salón principal de Casa Horizonte, escuchando a alguien al otro lado con la expresión de quien ya había intentado ofrecer tres soluciones y había recibido tres negativas.
Ben ocupaba una de las mesas cercanas, revisando la secuencia de montaje de la zona de los patrocinadores, mientras dos equipos de iluminación y una cámara esperaban junto a la instalación que se utilizaría como fondo para la grabación.
—De acuerdo. Lo entiendo. Espero que se mejore. —Mara terminó la llamada, se quedó unos segundos mirando el móvil y luego levantó la vista—. Tenemos una cancelación.
—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que el equipo de vídeo empiece a cobrarnos por hora por el derecho a observarnos en silencio? —Jamie dejó la tableta sobre la mesa.
—Ya están cobrando por hora.
—Excelente.
—¿Quién ha cancelado? —Ben apartó la atención del portátil.
—André. Se ha despertado con fiebre y ha perdido la voz. Él iba a encargarse de explicar cómo funciona la Noche Horizonte y cómo se integran los patrocinadores en el proyecto.
—Podemos reprogramar esa parte y grabar hoy solo el resto. —Ben consultó el reloj por reflejo.
—Podemos, pero preferiría no pagar una segunda jornada al equipo si existe otra alternativa. —Mara recorrió el salón con la mirada y se detuvo en Jamie.
Él lo notó inmediatamente.
—No.
—Todavía no he dicho nada.
—Me has mirado de esa manera.
—¿Qué manera?
—La que usas antes de pedir algo que sabes que la persona no quiere hacer.
—Tú ya apareces en el material sobre el concepto visual. —Mara esbozó una sonrisa paciente—. Necesitamos a alguien que explique la parte operativa y el flujo del evento.
Jamie volvió la cara hacia Ben.
—No. —Ben lo entendió demasiado tarde.
—Curioso. Es exactamente lo que yo he dicho hace diez segundos. —Jamie sonrió.
—No voy a aparecer en un vídeo.
—Hablas con patrocinadores todas las semanas.
—Hablar con personas y hablarle a una cámara son actividades diferentes.
—Técnicamente, una cámara tiene mucha menos capacidad para interrumpirte.
—Buscad a otra persona. —Ben volvió al portátil.
—¿A quién? —Jamie se acercó a la mesa.
—A Mara.
—Ella ya aparece en otra parte y no va a explicar tu operación mejor que tú.
—A alguien del equipo.
—¿Quién del equipo sabe explicar entrada, circulación, calendario e integración de patrocinadores sin tener que consultarte después de cada pregunta?
Ben no respondió.
—Son dos minutos de grabación. —Jamie apoyó las manos en el borde de la mesa—. Conoces el contenido mejor que nadie aquí, no necesitas memorizar nada y yo puedo hacer las preguntas fuera de cámara. Tú solo me respondes a mí.
—Sigue sin gustarme.
—No tiene que gustarte. Solo tienes que sobrevivir.
—¿Esa es tu técnica de persuasión? —Ben levantó la mirada.
—Todavía estoy en la fase amable.
—Ben, sería mucho más sencillo si lo hicieras. Si queda mal, no lo usamos. —Mara decidió ayudar.
—Dos minutos. —Ben miró primero a ella, luego al equipo que ya ajustaba la iluminación y, por último, a Jamie, que parecía demasiado satisfecho con la posibilidad.
—Quizá tres —dijo Jamie.
—Dos.
—Ya lo descubriremos en edición.
—Ya me arrepiento. —Ben cerró el portátil.
—Perfecto. Esa emoción suele funcionar bien en vídeo.
◆◆◆
Diez minutos después, Ben estaba frente a la instalación con la misma expresión que pondría si alguien le hubiera pedido desactivar un aparato desconocido.
Jamie observaba a través del monitor de la cámara.
—Tienes que dejar de mirar al objetivo como si hubiera cometido una infracción contractual.
—Estoy mirando con normalidad.
—Eso no es normal ni siquiera para ti.
—Dijiste que harías preguntas y yo respondería. —Ben soltó el aire.
—Y lo haré. Pero antes necesito que parezcas alguien que ha aceptado estar aquí voluntariamente.
—No he aceptado voluntariamente.
—No tenemos por qué contárselo todo a los patrocinadores.
La persona encargada de la cámara contuvo una risa.
—No lo animes. —Ben oyó la risa y lanzó una mirada hacia Jamie.
—Yo no he hecho nada.
—Has puesto exactamente esa expresión.
—¿Cuál?
—La de alguien que acaba de conseguir apoyo popular.
—Esa es mi expresión natural. —Jamie sonrió.
Ben negó con la cabeza, pero la tensión de sus hombros disminuyó un poco.
Jamie lo notó.
—Bien. Olvida la cámara durante un minuto. Mírame.
—Estás al lado de la cámara.
—Mejor todavía. No mires al objetivo. Mírame a mí y responde como responderías si acabara de llegar aquí sin saber nada del evento.
—Has llegado aquí sin saber nada del evento varias veces. —Ben cruzó los brazos.
—Perfecto. Tenemos experiencia previa. —Jamie retrocedió hasta quedar cerca del monitor—. Empecemos por algo sencillo. ¿Por qué la Noche Horizonte no funciona como una cena benéfica tradicional?
—Porque el objetivo no es que la gente se siente, vea una presentación y se marche sabiendo únicamente cuánto dinero se ha recaudado.
—Ben lanzó una última mirada al objetivo y luego a Jamie—.
Todo el espacio está pensado para que entiendan qué hace Casa Horizonte durante el año y cómo se conecta cada parte del evento con eso.
Jamie no lo interrumpió.
—La circulación también se ha planificado para evitar que todo el mundo llegue a los mismos puntos al mismo tiempo.
—Ben continuó, mirando ya más a él que a cualquier otra cosa—.
Las experiencias están distribuidas de manera que los invitados puedan recorrer el espacio sin seguir una secuencia rígida, pero aun así encuentren los principales proyectos de la institución.
—¿Y dónde entran los patrocinadores? —preguntó Jamie.
—Dentro de la experiencia, no separados de ella. La idea es evitar una zona donde el patrocinador aparezca únicamente como una marca. Cada participación está relacionada con alguna iniciativa concreta que ha ayudado a financiar.
—Entonces alguien que entre allí no encontrará seis logotipos y un texto institucional. —Jamie vio cómo Ben se daba cuenta de que estaba respondiendo sin pensar en la cámara.
—No, porque eso sería una forma bastante cara de producir un panel que nadie quiere leer.
—Eso se queda. —Jamie sonrió.
—No sé si se queda. —Ben también se dio cuenta de lo que acababa de decir y miró hacia la cámara.
—Se queda.
—Jamie.
—Continúa. Estabas genial antes de recordar que te estaban grabando.
—No necesitas elogiarme para que continúe. —Ben volvió a mirarlo.
—No estoy elogiándote. Estoy dirigiendo.
—Se parece sospechosamente.
—Confía en el proceso.
—Esa es una frase preocupante viniendo de ti.
Jamie rio e hizo la siguiente pregunta.
A partir de ahí, la grabación se volvió más fácil.
Jamie no siguió el guion en el orden previsto.
Empezó a hacer preguntas igual que lo haría en una conversación normal, aprovechando cada respuesta para enlazar con la siguiente.
Cuando Ben se volvía demasiado formal, lo interrumpía y le pedía que lo explicara de nuevo «como si estuviera hablando con alguien que no usa la palabra operativo cinco veces antes del almuerzo».
Cuando Ben miraba a la cámara, Jamie hacía algún comentario hasta recuperar su atención.
En algún momento, Ben olvidó por completo que se suponía que debía estar incómodo.
Jamie se dio cuenta antes que él.
También se dio cuenta de otra cosa.
Ben era mejor ante la cámara cuando dejaba de intentar controlar cada palabra.
Su voz se volvía menos rígida, aparecía el humor y la seguridad profesional que Jamie ya conocía se hacía más natural.
No era un carisma ensayado. Era simplemente Ben explicando algo que conocía bien mientras respondía a alguien en quien empezaba a confiar lo suficiente como para no medir cada frase.
—Última pregunta —avisó Jamie—. Si todo funciona exactamente como está previsto, ¿qué quieres que alguien se lleve de aquí al final de la noche?
Ben permaneció unos segundos en silencio.
Jamie no intentó llenar la pausa.
—Que entienda por qué merece la pena seguir ayudando después del evento —respondió Ben al fin—. Una noche bien organizada no sirve de nada si la implicación termina cuando se apagan las luces.
Jamie no dijo nada inmediatamente.
La persona encargada de la cámara también permaneció en silencio.
—Corta —pidió Jamie unos segundos después—. Esa va al final.
—¿Se acabó? —Ben relajó por fin los hombros.
—Se acabó.
—¿Definitivamente?
—Demuestras una preocupante falta de confianza en mi palabra.
—Dijiste dos minutos y hemos grabado casi quince.
—Material bruto. Concepto diferente.
—Nunca más. —Ben salió de la marca del suelo.
—Lo has hecho bien.
—Sigue sin ser una actividad que piense repetir.
—Eso no cambia el hecho de que lo hayas hecho bien.
—Lo sé. —Ben pasó junto a él para coger una botella de agua.
—¿Acabas de usar mi respuesta? —Jamie se volvió.
—¿Cuál?
—«Lo sé».
—No tienes derechos de propiedad intelectual sobre dos palabras. —Ben abrió la botella.
—No, pero reconozco apropiación cultural cuando la veo.
—Eso tampoco significa lo que tú crees que significa.
Jamie sonrió y volvió al monitor.
◆◆◆
Revisaron el material poco después, antes de que el equipo desmontara la cámara.
Jamie se quedó junto a Ben frente a la pequeña pantalla mientras repasaban las tomas utilizables.
Algunas se descartaban de inmediato: Ben mirando a cámara en el momento equivocado, una respuesta interrumpida por un ruido en el pasillo, Jamie hablando antes de que terminara la frase.
Las siguientes mejoraban progresivamente.
—Esa —dijo Jamie, señalando el monitor—. A partir de aquí olvidaste que te estaban grabando.
—Seguía sabiendo que me estaban grabando. —Ben observó su propia imagen.
—Tu cara no estaba de acuerdo.
—Mi cara no participa en esas decisiones.
—Esa frase explica muchas cosas.
Ben lo ignoró.
El vídeo continuó.