Capítulo 7
El undécimo día, Sin Rostro prescindió de las preguntas preparadas y presentó una regla distinta.
Hoy podéis hacerle a vuestra pareja una pregunta que normalmente evitaríais en una primera cita.
Jamie volvió a leer el aviso dos veces.
En la pantalla, Atlas ya estaba conectado.
COMETA: «Una pregunta que normalmente evitaríamos en una primera cita» parece una forma elegante de decir «arruinaos la noche».
ATLAS: No tienes por qué preguntar nada destructivo.
COMETA: Ahora estoy preocupado porque, al parecer, tienes una categoría de preguntas destructivas.
ATLAS: Todo el mundo la tiene. Las personas sensatas simplemente no las hacen en la primera cita.
Jamie sonrió, pero no respondió de inmediato.
Había varias preguntas que podía elegir sin acercarse a nada realmente personal.
Política doméstica sobre toallas. Deudas.
Relaciones con exparejas. Cantidad aceptable de objetos decorativos en una habitación.
Podría provocar a Atlas durante media hora y cumplir técnicamente con la propuesta.
No fue eso lo que escribió.
COMETA: ¿Por qué terminó tu última relación?
Al otro lado de la conversación, Ben se quedó unos segundos mirando la pantalla.
No porque la pregunta fuera demasiado invasiva, sino porque había distintas respuestas dependiendo de cuánto quisiera simplificar.
Podía decir que no funcionó. Podía decir que querían cosas diferentes.
Podía transformar meses de desgaste en tres frases lo bastante neutras como para no exigir continuación.
El problema era que Cometa había hecho la pregunta que normalmente evitaría.
Responder con una versión de primera cita parecía cobarde.
ATLAS: Porque me quedé en ella más tiempo del que debería.
Jamie se incorporó en el sofá.
COMETA: Eso ha sido más serio de lo que esperaba.
ATLAS: Tú preguntaste.
COMETA: Lo sé. Solo estoy recalculando mi capacidad emocional.
Ben sonrió y continuó.
ATLAS: Las diferencias ya estaban ahí desde hacía bastante tiempo.
Rutina, prioridades, planes. Nada por separado parecía lo bastante grande como para justificar una ruptura, así que seguía pensando que podíamos ajustarlo.
En algún momento dejé de evaluar lo que realmente estaba ocurriendo y empecé a evaluar la relación que esperaba que existiera.
Jamie tardó en responder.
COMETA: ¿Y cuándo te diste cuenta?
Ben pensó un poco antes de escribir.
ATLAS: Tarde. Algunas cosas que trataba como pequeños problemas ya se habían convertido en resentimiento por ambas partes. Cuando terminó, resultó difícil fingir que no había visto las señales antes.
El indicador de que Cometa estaba escribiendo apareció, desapareció y volvió.
COMETA: Así que ahora prestas demasiada atención a las señales.
Ben frunció el ceño.
No había juicio en la frase. Aun así, había dado demasiado cerca.
ATLAS: Ahora intento no ignorarlas.
COMETA: Esa ha sido una respuesta muy Atlas.
ATLAS: ¿Qué significa eso?
COMETA: Que has conseguido confirmar sin confirmar.
Ben soltó una risa breve.
ATLAS: Después de que terminara, me prometí que no volvería a hacerlo. Si hay diferencias importantes, prefiero verlas pronto.
Jamie se quedó mirando el mensaje durante unos segundos. Había algo en aquella respuesta que encajaba perfectamente con la imagen que había construido de Atlas desde el primer día: alguien que no quería ser sorprendido por nada que pudiera haberse previsto.
Esta vez, la necesidad de organizar no le pareció irritante.
Le pareció comprensible.
COMETA: Eso lo entiendo.
Ben leyó la frase y no preguntó por qué. En su lugar, devolvió la propuesta.
ATLAS: Tu turno.
Jamie sabía que llegaría. Aun así, sintió ganas de elegir otra pregunta para responder.
COMETA: Podrías preguntar otra cosa.
ATLAS: Podría.
COMETA: Pero no lo harás.
ATLAS: No.
Jamie apoyó la cabeza en el respaldo.
COMETA: Mi última relación terminó porque, según él, yo era genial mientras todo fuera fácil y divertido.
Ben esperó.
COMETA: La versión completa era que nunca sabía si yo seguiría allí cuando las cosas se pusieran difíciles.
La respuesta no llegó de inmediato, y Jamie se irritó con el silencio antes de recordar que Atlas no tenía ninguna obligación de responder a la velocidad que él quería.
ATLAS: ¿Crees que tenía razón?
Jamie soltó el aire lentamente.
COMETA: En parte, no. Yo no desaparecía cuando algo salía mal. No soy ese tipo de persona.
Se detuvo. Borró la siguiente frase dos veces antes de enviarla.
COMETA: Pero tampoco puedo decir que se lo inventara todo.
Ben dejó el móvil sobre la pierna durante un instante.
COMETA: Soy bueno resolviendo problemas. Muy bueno. Así que a veces dejo que las cosas se acerquen demasiado a convertirse en un problema porque sé que probablemente podré resolverlas después. Eso funciona más veces de las que debería, lo que no ayuda.
Ben pensó en la situación profesional que Cometa le había contado unos días antes. La persona obligada a cancelar sus planes porque él había confiado demasiado en poder resolver una entrega de última hora. No parecía una historia aislada.
ATLAS: Quizá ser bueno resolviendo las cosas en el último momento hace que creas que no necesitas prepararte para ellas.
Jamie leyó el mensaje y la irritación fue inmediata.
Escribió una respuesta.
La borró.
Probó con otra.
También la borró.
Lo peor era no poder decidir si estaba irritado porque Atlas había cruzado algún límite o porque la frase tenía sentido.
COMETA: Eso suena peligrosamente parecido a llamarme irresponsable.
ATLAS: No he dicho eso.
COMETA: Pero lo has pensado.
ATLAS: He pensado que confías mucho en tu propia capacidad para arreglar las cosas después.
Jamie se quedó inmóvil.
Era una pequeña diferencia de palabras y una gran diferencia de intención.
Atlas no estaba diciendo que él no resolviera las cosas. Tampoco estaba diciendo que fuera incompetente. Estaba señalando precisamente el motivo por el que Jamie conseguía repetir aquel patrón sin sufrir consecuencias inmediatas.
COMETA: Lo peor es que eso ha sido irritantemente razonable.
ATLAS: Gracias.
COMETA: No era un cumplido.
ATLAS: Lo registraré así de todas formas.
Jamie sonrió a pesar de sí mismo. Después pasó unos segundos mirando la conversación antes de volver a escribir.
COMETA: Él decía que trataba el compromiso como si planificar algo le quitara la gracia. Creo que en esa parte tenía más razón de la que me gustaría.
Ben no intentó profundizar más. Cometa ya había ofrecido más de lo habitual.
ATLAS: Reconocer eso no significa que él tuviera razón en todo lo demás.
Jamie volvió a leer la frase.
COMETA: Estás siendo amable otra vez.
ATLAS: Eso parece molestarte bastante.
COMETA: Desorganiza la imagen que estaba construyendo.
ATLAS: ¿Qué imagen?
COMETA: Todavía no he decidido si puedo contártelo.
Ben se acomodó mejor en el sofá.
ATLAS: Qué conveniente.
COMETA: Lo aprendí de un hombre que responde sin responder.
La conversación podría haberse quedado en aquel tono más serio, pero Jamie se dio cuenta de que llevaba casi una hora hablando de relaciones pasadas y decidió que ya había alcanzado su cuota de vulnerabilidad.
COMETA: Cambio de tema antes de tener que pagarle terapia a esta aplicación: estoy cenando cereales.
Ben miró la hora.
Pasaban de las nueve.
ATLAS: Otra decisión estadísticamente irresponsable.
Jamie rio.
COMETA: Nutricionalmente irresponsable. Si vas a juzgarme, utiliza la terminología correcta.
Ben frunció el ceño.
ATLAS: ¿Acabas de corregir mi propia expresión?
COMETA: Estoy protegiendo la integridad de un concepto importante.
ATLAS: Has cenado cereales.
COMETA: Exactamente. Tengo autoridad práctica sobre el tema.
Ben empezó a escribir una respuesta, pero Cometa fue más rápido.
COMETA: Y antes de que preguntes: son cereales de chocolate.
ATLAS: Eso empeora significativamente la situación.
COMETA: No estoy de acuerdo. El chocolate reduce la gravedad. Tú mismo sentaste precedente con la tarta.
Ben se detuvo.
Lo había hecho, en efecto.
ATLAS: Dije que quizá la reducía ligeramente.
COMETA: La jurisprudencia está de mi parte.
Ben rio a solas.
La expresión que había surgido por casualidad unos días antes ahora, al parecer, tenía reglas, precedentes y un sistema de clasificación propio.
Jamie siguió defendiendo que los alimentos de chocolate deberían recibir una reducción automática de condena, mientras Ben argumentaba que aquello solo fomentaría la reincidencia.
Cuando la conversación terminó por fin, el tema de la relación anterior ya no pesaba de la misma manera.
Jamie seguía pensando en lo que Atlas había dicho sobre resolver problemas en el último momento, pero sin la irritación inicial.
Resultaba incómodo reconocer un patrón cuando alguien lo señalaba desde fuera.
También resultaba extrañamente fácil aceptar la observación cuando venía de alguien que había escuchado antes de sacar conclusiones.
◆◆◆
Al día siguiente, Jamie llegó a Casa Horizonte cuando una degustación ya estaba terminando.
La reunión que había tenido por la mañana se había alargado más de lo previsto y, cuando entró en el salón pequeño utilizado para las pruebas del servicio, solo encontró algunos envases, platos vacíos y a Ben hablando con una de las responsables del catering.
—Perfecto. He llegado justo a tiempo para observar pruebas de que hubo comida —dijo Jamie, dejando la bolsa sobre una silla—. Mi aportación a la degustación consistirá en imaginar sabores.
—Avisaste de que la reunión podía retrasarse —respondió Ben después de terminar la conversación con la responsable del catering.
—Dije que quizá llegaría veinte minutos tarde. Eso se convirtió en casi una hora. Si quieres dejar constancia formal de que estaba equivocado, lo acepto.
—No es necesario.
Jamie miró la mesa vacía.
—Te estás volviendo aterradoramente tolerante.
—No exageres.
Ben señaló un pequeño envase cerrado en un extremo de la mesa.
—Eso es tuyo.
Jamie miró primero el envase y luego a él.
—¿Mío?
—Aparté una muestra antes de que lo recogieran todo. Es una de las opciones de plato que todavía tenemos que aprobar.
Jamie se acercó y abrió la tapa. Había una porción lo bastante completa como para probarla, todavía acompañada de los pequeños elementos que se habían presentado durante la degustación.
—¿Has guardado esto porque sabías que estaba en la reunión?
—Necesitamos las dos opiniones sobre la presentación.
La respuesta era perfectamente práctica.
Tampoco explicaba por qué Ben había recordado, en medio de una degustación con proveedores y decisiones que tomar, que Jamie llegaría demasiado tarde para probar nada.
Jamie cogió el tenedor desechable que habían dejado junto al envase.
—Bien. Entonces es estrictamente profesional.
—Evidentemente.
—Perfecto. Me preocuparía que hubieras desarrollado una preocupación nutricional real por mí.
Durante un segundo, Ben pareció a punto de decir algo. Después se limitó a señalar el envase.
—Pruébalo antes de que se enfríe más.
Jamie obedeció.
Ben volvió a los documentos que había sobre la mesa sin comentar nada.
Jamie tampoco dijo nada.
Aun así, se comió toda la muestra.