Capítulo 9
El problema apareció dos horas y diecisiete minutos antes de la llegada de los patrocinadores.
Ben sabía la hora exacta porque estaba mirando el calendario cuando oyó a Jamie soltar una palabrota en voz baja al otro lado del salón.
El montaje experimental ocupaba solo una parte de la zona que se utilizaría durante la Noche Horizonte.
No era una reproducción completa del evento, pero tenía que mostrar lo suficiente para que los principales patrocinadores entendieran cómo funcionaría la experiencia visual antes de la producción definitiva.
Dos estructuras ya estaban montadas, las pantallas habían sido probadas y el material gráfico ocupaba temporalmente las posiciones marcadas en el proyecto.
Solo faltaba instalar el elemento central de la zona que Jamie había desarrollado para conectar las historias de los proyectos de Casa Horizonte con la participación de cada patrocinador.
El elemento central estaba en aquel momento apoyado contra la pared, inclinado y sin condiciones de ser instalado.
—Dime que esto solo parece peor de lo que es —pidió Jamie, agachado frente a la base metálica.
—Si me estás preguntando si el metal deformado suele recuperar su forma por fuerza de voluntad, no.
—Ben se acercó y examinó la pieza. Uno de los puntos de encaje había cedido durante el transporte, probablemente después de recibir presión lateral.
No había riesgo de caída porque nadie había llegado a levantar la estructura, pero tampoco había posibilidad de montarla con seguridad—. Esto no se instala.
—Ya me he dado cuenta.
—Perfecto.
—«Perfecto» no es la palabra que yo usaría. —Jamie levantó la mirada.
—Perfecto que te hayas dado cuenta antes de intentar sujetar algo ahí.
—Tampoco soy completamente irresponsable.
Ben lo miró.
—No pongas esa cara ahora —advirtió Jamie, levantándose—. Tenemos dos horas y algo.
—Dos horas y dieciséis minutos.
—Claro que lo sabes.
—Voy a llamar al proveedor. —Ben ya estaba sacando el teléfono—. Si tienen otra base preparada, alguien puede traerla mientras reorganizamos el resto.
—No llegará a tiempo.
—Todavía no lo sabemos.
—El taller está a casi una hora de aquí sin tráfico. Tendrían que localizar la pieza, separarla, cargarla y mandar a alguien. Incluso si tienen otra preparada, perderemos prácticamente todo el margen.
Ben se detuvo antes de completar la llamada. Jamie tenía razón sobre el tiempo, aunque eso no significaba que no debieran comprobarlo.
—Voy a confirmarlo de todas formas.
—Confirma. Mientras tanto, yo intento otra cosa.
Ben asintió y se alejó unos pasos para llamar.
La respuesta del proveedor llegó demasiado rápido y confirmó lo peor: no había una segunda base preparada con aquellas medidas.
Podrían fabricar otra únicamente para el día siguiente.
Tampoco recomendaban ningún tipo de reparación de emergencia en la pieza dañada sin llevarla de vuelta al taller.
Cuando Ben terminó la llamada, Jamie ya había retirado dos placas que debían fijarse a la estructura.
—No hay reemplazo para hoy —informó Ben—. Y esa pieza no se puede utilizar ni siquiera de forma provisional.
—Lo sé.
—¿Tienes alguna alternativa?
—Quizá. Necesito cinco minutos sin que me preguntes si cabe en el calendario.
—Cinco. —Ben respiró por la nariz.
—Eso ha sido crecimiento personal. —Jamie lo señaló.
—Cuatro minutos y cincuenta segundos.
—Lo has estropeado.
Ben lo dejó trabajar.
Jamie recorrió el espacio, cogió una de las placas, la colocó en el suelo, se alejó para observarla y volvió a moverla.
Después llevó la segunda cerca de la pared originalmente destinada a la proyección, comprobó las distancias y llamó a uno de los asistentes de montaje para que lo ayudara a retirar temporalmente un soporte más pequeño.
Ben observó sin intervenir, aunque empezaba a prever al menos tres consecuencias operativas del cambio.
Jamie pidió dos de las piezas previstas para otra parte de la instalación y las colocó con separaciones distintas. No estaba intentando sustituir la estructura dañada. Estaba desmontando el concepto entero en componentes más pequeños.
—Explícame. —Ben se acercó cuando terminaron los cinco minutos.
—La estructura central servía para unir visualmente las historias y crear un punto de destaque, ¿verdad? —Jamie señaló la pieza inutilizada—. Si intento sustituirla por algo parecido, parecerá un mal apaño. Así que no la sustituyo. Elimino el centro y distribuyo su función.
Ben siguió el gesto hacia las placas colocadas en distintos puntos.
—Las dos historias que iban aquí pasan a estos laterales. El contenido digital asume lo que perderíamos de material físico y uso la luz para crear conexión entre los puntos. El recorrido deja de tener un centro y pasa a ser continuo.
—Eso cambia el sentido de entrada.
—Un poco.
—No un poco. La persona entrará por la derecha y se encontrará primero con la pantalla que debía ser la última.
—Entonces invierte el orden del contenido de las pantallas. —Jamie observó la zona.
—No es solo el contenido. La circulación estaba preparada para el sentido contrario.
—¿Se puede invertir?
Ben ya observaba las marcas del suelo. En teoría, sí. La entrada y la salida tenían una anchura equivalente en aquel montaje experimental. El problema era la ubicación del equipo de recepción, la alimentación eléctrica de una de las pantallas y una pequeña zona de apoyo que quedaría expuesta.
—Se puede, pero necesito mover la recepción aquí, ocultar aquella zona y llevar la alimentación de la pantalla por la pared opuesta. —Señaló cada punto mientras hablaba—. También tenemos que mover la mesa que está junto a la entrada y liberar este tramo.
—¿Cuánto tiempo? —Jamie asintió rápidamente.
—Cuarenta minutos si nadie inventa otro cambio. —Ben calculó.
—Entonces todavía nos queda más de una hora después.
—Para que rehagas parte del contenido.
—Puedo hacerlo.
Ben lo miró.
—¿Estás seguro?
—No. Pero puedo hacerlo.
—Esas dos frases son incompatibles.
—Ahora mismo no.
Ben estuvo a punto de responder, pero Jamie ya se había vuelto hacia el equipo.
—Bien. Hagámoslo.
A partir de ahí, nadie tuvo tiempo de discutir sobre métodos.
Ben se encargó de reorganizar el espacio.
Cambió la ubicación de la recepción, rehizo la circulación provisional y redistribuyó las tareas para que nadie tuviera que esperar a que terminara otra fase.
Mientras dos asistentes desplazaban los soportes, comprobó la nueva ruta de los cables, eliminó un punto que crearía riesgo de tropiezo y encontró otra vía junto a la pared.
Jamie trabajó con el equipo de contenido, reformulando la secuencia visual y convirtiendo lo que antes dependía de una pieza central en una experiencia distribuida.
—Necesito esa pantalla veinte centímetros más a la izquierda —pidió Jamie cuando Ben pasó junto a él.
—Si la mueves veinte, invade la circulación.
—¿Quince?
—Doce. —Ben calculó.
—Trece.
—Doce.
—Negocias centímetros en plena crisis. —Jamie lo señaló sin apartar los ojos del portátil.
—Y sigue funcionando.
—Doce.
Ben continuó.
Poco después, Jamie descubrió que una de las placas no podía utilizarse en vertical sin la estructura original.
En lugar de buscar otro soporte, la colocó sobre una base baja, convirtiéndola en una pieza horizontal y redistribuyendo el resto alrededor.
Ben vio el cambio cuando regresó y se detuvo un instante.
—¿Eso estaba en el plan?
—Nada de lo que está ocurriendo ahora estaba en el plan.
—Justo.
—Acabas de aceptar un cambio sin pedir una ficha técnica. —Jamie levantó la mirada.
—La base ya estaba aprobada y te he visto comprobar la estabilidad.
—Estoy emocionado.
—Guárdalo para después.
Veinte minutos más tarde, el calendario que Ben llevaba en la tableta dejó de representar nada útil.
Dejó de intentar preservar el orden original y pasó a trabajar únicamente con prioridades: seguridad, funcionamiento de las pantallas, circulación, iluminación y acabado visual.
Jamie hacía exactamente lo contrario a su lado, modificando el concepto con cada nueva limitación sin perder la idea principal.
Una hora antes de la presentación, la zona parecía incompleta.
Cuarenta minutos antes, empezó a cobrar sentido.
Veinticinco minutos antes, Jamie apagó las luces principales para probar el nuevo recorrido y Ben entendió por primera vez lo que había hecho.
Sin la estructura central, la experiencia parecía menos rígida.
La luz guiaba la mirada hacia una historia, luego hacia otra, mientras las pantallas completaban la información sin competir con las piezas físicas.
El espacio vacío que debería haber delatado la ausencia de la estructura había desaparecido dentro del nuevo diseño.
—Dilo. —Jamie se colocó a su lado, observando.
—Todavía tenemos que esconder un cable.
—Ben.
—Ha quedado mejor.
Jamie volvió la cara hacia él.
—El original funcionaba. Esto funciona mejor. —Ben siguió mirando la instalación.
—Ahora voy a tener que registrar la fecha. —Jamie sonrió, cansado.
—No tenemos tiempo.
—Claro que no.
—El cable. —Ben señaló la esquina izquierda.
—Ya voy.
Cuando llegaron los patrocinadores, no había ninguna señal de que dos horas antes la mitad de aquella zona dependiera de una estructura inutilizable.
La presentación comenzó a la hora prevista.
Ben permaneció más atrás mientras Jamie guiaba al grupo por el recorrido.
Helena, de Altura, reconoció inmediatamente la evolución de la propuesta que había visto días antes e hizo varias preguntas sobre cómo se adaptarían las historias para cada patrocinador.
Jamie respondió sin mencionar el accidente, sin exagerar el trabajo que habían hecho y sin convertir la solución de emergencia en una victoria personal.
Ben observó el movimiento.
El flujo funcionaba.
La gente no se acumulaba.
La pantalla que había cambiado de posición era perfectamente visible.
Y Jamie tenía razón: la experiencia no necesitaba un centro.
En determinado momento, Jamie encontró su mirada al otro lado del espacio.
No dijo nada.