Capítulo 2
Al segundo día, Ben descubrió que Sin Rostro tenía una opinión excesivamente optimista sobre la capacidad humana de crear intimidad a través de cinco preguntas.
Poco después del almuerzo, la aplicación habilitó la primera conversación.
Antes de acceder a la pantalla, tuvo que confirmar de nuevo las reglas: nada de nombres reales, fotografías, redes sociales ni información que permitiera una identificación directa.
El sistema también advertía que los mensajes podían ser bloqueados si infringían las normas.
Ben aceptó los términos y encontró la siguiente información:
Tu nombre en clave: ATLAS.
Se quedó unos segundos mirando el nombre. No sabía qué esperaba, pero desde luego no había imaginado aquello. Antes de decidir si le gustaba o no, apareció otro mensaje.
Tu pareja está conectada.
Segundos después, apareció el primer texto:
COMETA: ¿Esto elige los nombres al azar o alguien decidió que tenemos personalidad de fenómeno astronómico?
Ben sonrió.
ATLAS: Atlas no es un fenómeno astronómico.
COMETA: Excelente. Treinta segundos y ya me han corregido.
ATLAS: Tú preguntaste.
COMETA: No. Me quejé. Hay una diferencia importante.
Ben apoyó el móvil sobre la mesa por un momento. Era demasiado pronto para sacar conclusiones sobre el hombre al otro lado de la pantalla, pero Cometa parecía decidido a convertir cualquier respuesta en una provocación. Curiosamente, a Ben no le molestaba.
Apareció la primera pregunta.
¿CÓMO SERÍA TU DOMINGO PERFECTO?
Ben pensó durante unos segundos antes de escribir que empezaría con un café sin prisas, iría al supermercado por la mañana, almorzaría en casa, dedicaría unas horas a leer y, al final del día, organizaría un poco la semana para evitar que el lunes comenzara con diez problemas que podrían haberse resuelto antes.
El indicador de que Cometa estaba escribiendo apareció, desapareció y volvió.
COMETA: ¿Eso es un domingo o la preparación para una reunión de la comunidad de vecinos?
Ben rio, solo, en el apartamento.
ATLAS: Planificar con dos horas de antelación no constituye una actividad administrativa.
COMETA: Has dicho «organizar la semana». En domingo. Quiero que conste en acta.
ATLAS: ¿Y cómo sería tu domingo perfecto?
Cometa respondió que se despertaría sin alarma, decidiría dónde almorzar solo cuando tuviera hambre, quizá se encontraría con alguien y quizá acabaría haciendo algo que no estuviera previsto ni cinco minutos antes.
Ben volvió a leerlo.
ATLAS: Entonces tu domingo perfecto consiste en no saber qué va a pasar el domingo. Eso parece agotador.
COMETA: Y el tuyo parece exigir acta, orden del día y aprobación por mayoría simple.
La segunda pregunta apareció antes de que Ben pudiera formular una respuesta.
¿PREFIERES PLANIFICAR UN VIAJE CON ANTELACIÓN O DECIDIR SObrE LA MARCHA?
COMETA: Después de la respuesta anterior, me da miedo preguntar.
ATLAS: El sentimiento es mutuo.
Las cinco preguntas debían servir únicamente como presentación, pero ninguna se limitó al tema propuesto.
La conversación sobre viajes terminó convirtiéndose en una discusión sobre perder vuelos; una pregunta sobre comida acabó con Cometa defendiendo que cualquier plato podía ser desayuno siempre que uno tuviera suficiente convicción; y la pregunta sobre qué cualidad consideraban indispensable en una relación hizo que ambos bajaran el ritmo por primera vez.
Ben respondió honestidad.
Cometa eligió presencia.
ATLAS: ¿Presencia en qué sentido?
La respuesta tardó más que las anteriores.
COMETA: Estar de verdad allí cuando está conmigo. No solo ocupar el mismo espacio. Y, antes de que preguntes: te toca. No vale cambiar tu respuesta por puntualidad después de leer la mía.
Ben permaneció unos segundos mirando el mensaje antes de responder.
ATLAS: No habría escrito puntualidad. La honestidad sigue siendo más importante.
COMETA: Sorprendentemente humano.
ATLAS: Voy a interpretarlo como un cumplido.
Cuando apareció el aviso de finalización en la parte superior de la pantalla, Ben miró el reloj y se dio cuenta de que no había prestado atención al tiempo durante buena parte de la conversación.
TIEMPO PROGRAMADO FINALIZADO. PUEDEN TERMINAR LA CONVERSACIÓN AHORA O CONTINUAR DURANTE DIEZ MINUTOS MÁS.
COMETA: Una pregunta importante antes de que esto nos eche: ¿de verdad vas al supermercado todos los domingos?
ATLAS: Casi todos.
COMETA: Lo sabía. Atlas es nombre de presidente de comunidad.
Ben empezó a escribir una respuesta. La aplicación habilitó automáticamente los diez minutos adicionales.
Ninguno de los dos hizo ningún comentario al respecto.
◆◆◆
Ben llegó a Casa Horizonte doce minutos antes de la hora de la reunión.
No veinte, porque consideraba que veinte era excesivo para un lugar cuya estructura ya conocía; tampoco cinco, porque cinco minutos no permitían lidiar adecuadamente con el aparcamiento, la recepción o cualquier imprevisto banal. Doce era un margen razonable.
—Has llegado pronto —comentó Mara al encontrarlo en el salón principal, con una carpeta de documentos en una mano y el móvil en la otra.
—He llegado con tiempo suficiente para que podamos empezar a la hora.
—Faltan doce minutos. Hay una diferencia considerable entre «a la hora» y esto. —Consultó el reloj.
—La hay. Por eso he dicho «con tiempo suficiente».
Mara rio y señaló una de las mesas. Ben ya había trabajado con ella antes y apreciaba especialmente dos cualidades de la directora de Casa Horizonte: tomaba decisiones y respondía a los mensajes. La combinación era lo bastante rara como para merecer ser valorada.
El salón principal estaba parcialmente desmontado para los preparativos iniciales de la Noche Horizonte.
Algunas mesas habían sido arrimadas a las paredes, varias cajas de materiales ocupaban parte del espacio junto al escenario y unas marcas provisionales indicaban las zonas que utilizarían el equipo y los proveedores durante las semanas siguientes.
Ben abrió la carpeta y comenzó a revisar los documentos.
—El responsable de la parte creativa viene hoy, ¿verdad? ¿Ya ha recibido las restricciones de circulación del pasillo lateral? —preguntó Ben.
—Buenas tardes para ti también. —Mara levantó los ojos del móvil.
—He dicho buenas tardes cuando entré.
—Lo hiciste. Y tardaste menos de un minuto en llegar al pasillo lateral.
—Porque es importante.
—Lo sé, Ben. Precisamente por eso te llamé.
La puerta del salón se abrió antes de que pudiera responder.
El hombre que entró llevaba un tubo grande bajo un brazo, una bolsa cruzada sobre el hombro, un portátil en la otra mano y un vaso de café sujeto entre dos dedos.
A pesar de la cantidad de cosas, consiguió cerrar la puerta con el pie sin tirar nada.
Ben miró el reloj.
Hora exacta.
—Por favor, decidme que ninguno de los dos va a pedirme que dé la mano ahora —pidió el recién llegado mientras atravesaba el salón.
—También te pedí que no trajeras todo tú solo y, claramente, no me hiciste caso. Ben, este es Jamie. —Mara se acercó a él y le quitó el café de entre los dedos.
—Te escuché. Solo que no estaba de acuerdo. —Jamie por fin liberó una de sus manos y se la tendió a Ben—. Ahora es seguro.
—Ben. —Le estrechó la mano a Jamie.
—Perfecto. Ya hemos superado la parte social más complicada de la reunión.
Por la sonrisa de Mara, era una broma. Ben aún no había decidido si Jamie hacía demasiadas bromas o si simplemente no había pasado suficiente tiempo cerca de él para entender el patrón.
Jamie dejó el material sobre la mesa, abrió el portátil y se sentó.
—He traído una versión preliminar de la experiencia del salón y dos posibilidades para la entrada. Había una tercera, pero murió anoche por motivos económicos y prefiero que respetemos el periodo de duelo.
—¿Cuánto se pasaba del presupuesto? —preguntó Ben.
—Murió hace menos de veinticuatro horas. Un poco de sensibilidad. —Jamie detuvo el movimiento de las manos y lo miró.
Mara contuvo una carcajada. Ben decidió no insistir.
Jamie comenzó la presentación. El concepto era bueno.
Muy bueno, en realidad. Había encontrado una forma de utilizar historias de los proyectos de Casa Horizonte sin convertir el salón en una exposición institucional y había creado un recorrido visual que guiaba a los invitados de una zona a otra con suficiente lógica como para satisfacer incluso a Ben, que normalmente empezaba cualquier evaluación pensando en circulación, tiempo y funcionamiento.
Entonces llegaron al pasillo lateral.
—Aquí quería extender la instalación —explicó Jamie, ampliando el plano—. En lugar de terminar por completo en el salón, acompaña al invitado por este tramo y crea una transición hacia la siguiente zona. No hace falta que sea una estructura pesada; la idea es mantener la continuidad visual.
—No puede ser —dijo Ben.
—Esa respuesta ha llegado antes de que terminara la frase. —Jamie apartó lentamente la mirada de la pantalla.
—Porque ese pasillo tiene que permanecer libre. Es una ruta de circulación del equipo y de los proveedores y también sirve como apoyo durante el montaje. Cualquier estructura ahí reduce el espacio de paso.
—¿Cuánto espacio necesitas?
—Todo.
—No pensaba bloquear el pasillo. Si reducimos la profundidad, puedo conservar casi toda la anchura y…
—«Casi» no sirve —lo interrumpió Ben, señalando el plano—. Durante el montaje, este tramo también se utilizará para mover equipos. Puedes trabajar en las paredes hasta este punto; a partir de aquí, necesitamos mantenerlo todo libre.
—Normalmente existe una etapa entre que alguien presenta una idea y la otra persona decide que no funciona. —Jamie permaneció unos segundos mirándolo, claramente molesto.
—Existe. Cuando la ejecución modifica la restricción. En este caso, no la modifica.
—Os conocéis desde hace cuatro minutos —comentó Mara, observándolos—. Estoy registrando ese dato para usarlo en el futuro.
Jamie volvió al plano. Ben esperó otro intento de defender la propuesta, pero la expresión del otro cambió mientras analizaba el espacio. Después de unos segundos, acercó el portátil y comenzó a modificar el proyecto.
—De acuerdo. Entonces no utilizo el pasillo.
—Jamie movió algunos elementos en la pantalla, eliminó la continuidad física de la instalación y desplazó una de las piezas previstas al interior del salón—.
Si interrumpo la estructura aquí, puedo tratar el pasillo como una pausa.
Nada físico después de este punto. La transición se hace con luz y la instalación reaparece solo en la siguiente zona.
En lugar de perder continuidad, convierto la interrupción en parte de la experiencia.
Ben se inclinó para observarlo mejor. La solución no solo mantenía completamente libre el paso, sino que mejoraba el concepto original. El espacio vacío creaba una ruptura deliberada que daba más fuerza a la reaparición visual en la sala siguiente.
—¿Y? —preguntó Jamie al percibir el silencio.
—Eso funciona —admitió Ben.
—Lo sé. —La comisura de los labios de Jamie se elevó.
—Si ya lo sabías, podrías haber presentado esta versión primero.
—No sabía que tenías una relación tan comprometida con el pasillo.
—No tengo ninguna relación con el pasillo. Tengo un plano de circulación.
—Claro. Perdón por presuponer intimidad.
—Antes de que convirtáis la arquitectura interior en una cuestión personal, hay una parte de la reunión que necesito aclarar.
—Mara se pasó una mano por la cara y se apoyó en la mesa—.
La Noche Horizonte es a finales de mes y vosotros dos seréis los principales responsables del proyecto.
Ben se ocupa de operaciones, logística, proveedores, calendario, seguridad y flujo.
Jamie se encarga del concepto, ambientación, instalaciones y experiencia de los invitados.
Cualquier decisión que afecte a ambas áreas la tomaréis entre los dos.
—Cuando dices «a finales de mes», ¿de cuánto tiempo estamos hablando exactamente? —preguntó Jamie, apartando la mirada de Ben.
—Veintiocho días.
—¿Veintiocho? —Jamie volvió a mirar a Ben.
—Veintiocho —confirmó Mara—. Y, a juzgar por la muestra de los últimos diez minutos, quizá sea mejor que empecéis a acostumbraros el uno al otro desde hoy.
Ben sostuvo la mirada de Jamie. Al otro lado de la mesa, Jamie hizo lo mismo.
—Va a ser un mes interesante. —Mara recogió lentamente el móvil que había dejado junto a la carpeta.