CAPÍTULO UNO #11
Había aprendido muy pronto que, si llevaba un libro, la gente la dejaba en paz. Los maestros pensaban que era estudiosa. Los demás niños pensaban que era rara. De cualquier forma, lograba evitar las complicadas dinámicas sociales del recreo, de cuarto grado.
—Hola, Caeli.
Levantó la vista y encontró a Marcus Chen de pie frente a ella, con la mochila colgando de un hombro.
—Hola, Marcus.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Está bien.
Marcus se sentó a su lado y sacó una hoja arrugada de papel.
—No entiendo esta tarea de ciencias. La señora Patterson dijo que tal vez podrías ayudarme.
Caeli observó la hoja.
Era una actividad sobre el ciclo del agua: evaporación, condensación y precipitación.
—¿Qué parte no entiendes?
—Toda. —Marcus parecía avergonzado—. No soy bueno en ciencias.
—No pasa nada. Nadie es bueno en todo.
Caeli alisó la hoja sobre sus piernas.
—Bien, piensa en esto de la siguiente manera: el agua es como una persona que no puede decidir dónde quiere estar.
Marcus parpadeó.
—¿Qué?
—El sol calienta el agua y ella piensa: “¡Quiero estar en el cielo!” Entonces se evapora y se convierte en una nube. Pero después se enfría y se vuelve pesada, y piensa: “En realidad quiero estar en la tierra”, así que cae en forma de lluvia. Y luego todo vuelve a empezar.
Marcus la miró fijamente.
Después comenzó a reír.
—Esa es la explicación más absurda que he escuchado en mi vida.
—¿Pero ahora lo entiendes?
—Sí. La verdad es que sí.
—Entonces no es absurda. Es efectiva.
Caeli le devolvió la hoja.
—Solo tienes que encontrar una manera que tenga sentido para ti. El cerebro de cada persona funciona de forma diferente.
—¿Dónde aprendiste eso?
Caeli dudó.
—No lo sé. Simplemente... supongo que siempre lo he sabido.
Piensa tres pasos adelante. Ten siempre un plan.
La voz otra vez.
Firme.
Segura.
Marcus se puso de pie y se acomodó la mochila en el hombro.
—Gracias, Caeli. Eres bastante genial, ¿lo sabías?
—La verdad es que no.
—Sí que lo eres. Solo eres rara al respecto. —Sonrió—. Pero está bien. Ser raro es mejor que ser aburrido.
Se alejó caminando; Caeli permaneció bajo el árbol, sintiendo algo cálido y desconocido en el pecho.
Quizás no estaba completamente sola.
Quizás ser inteligente no tenía por qué significar estar aislada.
Quizás —solo quizás— podía descubrir cómo ser ambas cosas al mismo tiempo.
Eres fuerte. Más fuerte de lo que imaginas.
No sabía quién le había dicho eso.
Pero estaba empezando a creerlo.
CAPÍTULO TRES
EL INCIDENTE
CAELI14 años
La nota apareció en el casillero de Caeli un martes.
Nadie te quiere. Deja de esforzarte tanto.
No estaba firmada.
No hacía falta.
Caeli sabía exactamente quién la había escrito: Madison Pierce y sus dos satélites, Amber y Jess. Llevaban semanas haciendo comentarios, lo suficientemente altos, para que Caeli los escuchara pero, lo suficientemente bajos, para que los maestros no pudieran escucharlos.
La favorita de los profesores.
La que se esfuerza demasiado.
La rara.
Caeli dobló la nota con cuidado y la guardó en su mochila.
Luego se dirigió a clase.
CAELI
Esa noche
Caeli estaba sentada en su escritorio, con la nota extendida frente a ella junto a una hoja de papel en blanco.
Podía decírselo a un maestro.
Eso era lo que su madre querría que hiciera.
Podía ignorarla.
Eso era lo que su padre le sugeriría.
Podía enfrentar directamente a Madison.
Eso era lo que haría Karla... probablemente usando los puños.
Pero ninguna de esas opciones le parecía correcta.
No necesitas un héroe. Necesitas una estrategia.
La voz era más tenue ahora que antes, pero seguía allí.
Seguía guiándola.
Caeli tomó su bolígrafo y comenzó a escribir.
PROBLEMA: Madison Pierce me está acosando.
¿POR QUÉ?: Desconocido. Posibles razones: celos, inseguridad, aburrimiento, posicionamiento social.
OBJETIVO: Hacer que se detenga sin crear más problemas.
ESTRATEGIA:
Hizo una pausa para pensar.
Madison era popular.
Controlaba la jerarquía social de su grado.
Pero la popularidad era frágil.
Requería mantenimiento constante.
Actuación constante.
Y Madison tenía una debilidad.
Todo el mundo la tenía.
Caeli solo tenía que encontrarla.
CAELI
Tres días después — Hora del almuerzo
Caeli estaba sentada dos mesas más allá del grupo de Madison, comiendo su sándwich y observando.
Llevaba tres días haciéndolo.
Tomando notas.
Madison era quien más fuerte reía cuando Amber hacía un chiste. Se tocaba el cabello constantemente, cuando algún chico pasaba cerca. Revisaba su teléfono cada treinta segundos y, su expresión se volvía ansiosa, cuando no tenía nuevas notificaciones.
Y era cruel con Jess.
No de una forma evidente.
No de una manera que los maestros pudieran notar.
Pero Caeli lo veía.
La forma en que Madison interrumpía a Jess a mitad de una frase.
La manera en que “olvidaba” guardarle un asiento.
Los pequeños comentarios sobre su ropa o su cabello.
Jess fingía no darse cuenta.
Pero Caeli veía el dolor en sus ojos.
Ahí estaba.
Esa era la debilidad.
El poder de Madison provenía de hacer que los demás se sintieran pequeños.
Pero si alguien la hacía sentir pequeña, ella...
Si alguien exponía el hecho de que era tan insegura como cualquier otra persona...
Toda la estructura, se derrumbaría.
Caeli terminó su sándwich y se puso de pie.
Era hora de ejecutar el plan.