La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 14 #4
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Capítulo 14 #4

Esa noche, después de disfrutar de una velada amena, de risas y anécdotas, Archibald y Eve permanecieron a solas en el salón, contemplando las llamas del fuego en el hogar.

Este se sentía dichoso por tenerla allí en su casa, por fin.

La contemplaba en silencio y pensaba en los días pasados en Dudhope.

En los consejos de Jane sobre lo que debía hacer…

—¿Saben en Duart que estás aquí?

—Lo saben. Y puedo asegurarte que en parte ha sido mi madre quien me ha animado a venir —le dijo observando la expresión de asombro de él—.

Sabía, desde que nos vio juntos en Dudhope la primera noche, que ya nada volvería a ser como antes.

Que por mucho que jurase que te odiaba, era el orgullo el que hablaba.

No la razón. Y esta era que seguía enamorada de ti.

Archibald se sintió halagado.

—Si te soy sincero, yo también sentí algo parecido cuando te vi por primera vez.

Y los días posteriores solo hicieron que corroborara mis sospechas iniciales.

—Se detuvo un segundo para tomarla de la mano y situarse frente a ella.

La contempló fascinado por el brillo de su mirada, el color de su cabello cuando la luz del fuego se reflejaba en este, la tímida sonrisa en sus labios—.

A pesar de la distancia y del tiempo, no dejé de quererte, Eve McLean —le aseguró en un susurro, aspirando la fragancia que emanaba de sus cabellos mientras los apartaba para que sus labios iniciaran el descenso por su cuello.

Su piel pálida, suave y tersa apareció ante él tentándolo a poseerla con su boca.

Presionó con delicadeza allí donde el pulso se hacía más latente, conocedor de lo que ello le provocaría.

La escuchó respirar agitada con cada uno de sus besos, de sus caricias.

Ella había cerrado los ojos dejándose arrastrar por aquella espiral de deseo que la había hecho su prisionera.

Los labios de él descendían hacia su clavícula al mismo tiempo que sus manos desataban las lazadas de su vestido en la espalda. Con gran destreza aflojó la tela.

Eve se sintió más ligera y más vulnerable cuando la tela se deslizó por su cuerpo y cayó a sus pies.

Su piel se rebeló de manera traidora bajo las caricias de las yemas de sus dedos; bajo la ligera presión que ejercían sus labios allí donde se posaban.

El resto de piezas desaparecieron con la misma rapidez hasta quedar completamente desnuda entre sus brazos.

Se sintió inocente, frágil y débil por un instante.

Pero reconfortada y segura. Sintió su piel contra la de él sin esperarlo.

Archibald se sacó la camisa por la cabeza, arrojándola sobre la alfombra.

Incapaz de esperar un minuto más a sentirla sobre su propio cuerpo.

Sus cabellos le producían unas caricias placenteras, suaves y sensuales.

Lo miró por encima del hombro mientras se cubría sus pechos con los brazos como si temiera que la viera desnuda.

Él la besó en la sien y la arrullándola contra él antes de ir obligándola a tumbarse sobre la mullida alfombra.

Archibald le colocó varios cojines para hacerla sentirse más cómoda.

Se tumbó a su lado; cubriéndola de besos y caricias, se relajó.

Jamás antes un beso había sido tan revelador.

Sus dedos recorrieron piel dejando un rastro exquisito de caricias llenas de ternura.

Eve no dejó de besarlo mientras se aferraba a su espalda y sentía el calor inundando todo su cuerpo.

Cogió su rostro entre sus manos y lo miró de manera fija.

Quiso decirle lo que sentía, lo que le sucedía con él, pero los golpes de la pasión ahogaron sus palabras transformándolas en gemidos.

Lo abrazó con fuerza cuando percibió los espasmos previos al estallido del placer.

Sintió cómo se tensaba por momentos y como a continuación le daba la impresión de que su corazón iba a estallarle justo antes de caer rendido ante ella, jadeando, mientras todos los poros de su piel rezumaban pasión.

Él la contempló con una sonrisa. Deslizó el nudo de su garganta, se humedeció los labios y se recostó a su lado.

Archibald se quedó callado mientras su mano trazaba figuras sobre la piel de ella. Eve cerró los ojos queriendo sentir aún más aquella sensación de placer y bienestar. Y entonces le hizo la pregunta que no había podido olvidar desde que sucedió.

—¿Por qué no pasaste conmigo la última noche que estuviste en Dudhope?

—No te lo merecías, Eve. Para mí hubiera sido sencillo seguir con lo que vendría después del beso, pero no era lo que deseaba.

—¿En serio? —Ella se incorporó cubriendo su desnudez con una manta de tartán que había allí sobre la alfombra, y lo miró intrigada.

—No hubiera sido justo contigo después de no cumplir con mi compromiso. Me habría odiado hasta el resto de mis días si hubiera seguido adelante. No. Te deseo, pero de esta manera en la que ha sucedido esta noche.

—Tu gesto te honra, Campbell.

—En breve tú pasarás a ser un miembro de este clan.

—Tengo tu broche, el que me regalaste la noche que acudiste a Duart por mi cumpleaños.

—Lo sé. Te lo vi puesto una noche en Dudhope. Para mí es todo un orgullo que lo luzcas.

—Pero siempre seré una McLean, te lo advierto, y ya sabes cómo nos las gastamos la gente de las Tierras Altas.

—Oh, sí. No me queda la menor dura de eso. Asaltáis a los recaudadores de impuestos del rey…

Ella puso los ojos en blanco y sonrió.

—Admite que Jacobo es mejor rey que su yerno.

—Y pensar que alguien me aseguró haber visto al diablo cuando te vieron charlando con los que asaltaron a los recaudadores.

Ella frunció el ceño, contrariada.

—¿El diablo?

—Sí, eso me aseguró. Cuando te describió, no tuve más dudas de quién hablaban.

—¿Lo hiciste porque te considerabas en deuda conmigo?

Él la atrajo hacia sí. Le apartó el pelo del rostro y le recorrió la mejilla con el pulgar, contemplándolo extasiado.

—Lo hice porque te amo, mi pelirroja rebelde. Y no voy a permitir que nada ni nadie me separe de ti esta vez. —Se incorporó lo justo para apoderarse de sus labios, escuchándola gemir, mientras sentía cómo la abrazaba para recostarla sobre su pecho.

Eve se sintió prisionera entre los brazos de él, dichosa y feliz porque después de todo él iba a cumplir su promesa. Atrás quedaba todo lo malo que había sucedido, y solo miraría con optimismo al futuro.