Epílogo
A rchibald y Eve llegaron a Duart poco tiempo después de su boda en Inveraray.
Ella regresaba a las Tierras Altas y al hogar de su clan convertida en la duquesa de Argyll.
Esa noticia había despertado la curiosidad y el recelo de muchos.
Aquellos que creían que ese matrimonio no se produciría después del desplante del Campbell.
Pero enseguida quedó constancia de que, a pesar del tiempo y la distancia, Archibald había logrado cumplir su palabra.
Aquella noche, el ambiente en Duart era el de las grandes ocasiones.
Los principales jefes de las Tierras Altas y sus esposas habían acudido a recibir a los duques de Argyll.
La propia Jane no había querido perderse el momento de saludar a sus dos amigos.
Tuvo la suerte de encontrarlos juntos y a solas un momento.
—¡Jane! —Eve abrió los brazos para recibir a su amiga y fundirse en un abrazo—. Estábamos pensando en pasar a verte si no podías venir.
—Por supuesto que podéis ir a Dudhope y estar allí unos días. Pero tenía que venir a veros.
—Es todo un placer verte. ¿Cómo te encuentras, Jane? —Archibald entornó su mirada con la esperanza de que poco a poco fuera superando la pérdida de Claverhouse.
—Dichosa de veros juntos. Sabía que al final este sería el resultado a pesar de las dificultades y los malos momentos.
—Lo sabemos. Tú parecías ser de las pocas personas que seguían apostando por esta relación —le dijo Eve dedicándole a Archibald una mirada de cariño.
—Solo tuve que fijarme en la manera en la que os mirabais cuando creíais que nadie os prestaba atención en Dudhope la primera vez que coincidisteis. Y luego, durante tu cumpleaños, Eve… —le recordó con una sonrisa pícara.
—A veces he tenido la impresión de que me conocías mejor que yo a mí misma.
—Si me disculpáis… —Archibald acababa de ver a James McLean haciéndole una señal para que acudiera junto a él.
El hermano de Eve había regresado varios días antes después de una aventura increíble.
Tanto que había llegado acompañado de la bella Fiona.
Una atractiva mujer de cabello oscuro y mirada azulada que tenía loco a su hermano.
Las dos mujeres asintieron sin decir nada más y lo siguieron con sus miradas.
—¿Cómo lleva el estar alejado de Londres y de la política?
—Bien. A pesar de que han hecho varios intentos para que regrese al cargo.
—Era lo esperado dada su posición social en Escocia.
—Sí, pero a todas esas propuestas ha respondido que no. No quiere involucrarse de nuevo.
—Lo entiendo después de todo lo vivido.
—Dejemos la política para otros y hablemos de cosas más emocionantes. ¿Algún compromiso en la región? —Eve frunció los labios y arqueó las cejas con inusitado interés.
Archibald estrechó la mano de James, y al instante captó la atención de los allí reunidos, que cesaron sus charlas para saludarlo. Pero él se centró en la joven que permanecía al lado de su cuñado.
—Deje que te presente a mi esposa, Fiona.
—Es todo un placer conocerla. —Se inclinó ante ella para darle un besamanos.
—El placer es mío al conocer al duque de Argyll en persona —le dijo ella inclinando la cabeza lo justo.
—Eve me ha contado a grandes rasgos lo que te sucedió después de Sheriffmuir. Supongo que el final es mejor de lo esperado —le dijo haciendo un leve gesto con su cabeza hacia Fiona.
—Sin duda que lo ha sido. ¿Qué tal todo por Inveraray?
—Con mucho trabajo por hacer, créeme.
—Espero que mi hermana no añada más —ironizó James con una sonrisa, buscando a esta entre la gente.
—En ocasiones desearía que se estuviera algo más quieta.
—No lo conseguirás.
—Me he dado cuenta de ello algo tarde.
—Si me disculpáis, iré a ver a tu hermana. Me está haciendo un gesto para que acuda a su lado —le dijo Fiona a James—. Espero que se divierta, duque.
—Eso espero.
—Argyll, ¿en serio se ha despedido de la política? —Fue el jefe de los Stewart Appin quien le hizo la pregunta, captando su atención.
—Así es. Solicité mi renuncia, y aunque no pareció gustarles a algunas autoridades en Edimburgo, al final conseguí dejar mi escaño y mi acta de parlamentario.
—Una gran pérdida para la nación.
—Escocia puede seguir adelante sin mi presencia en Londres.
—¿Cómo ve el panorama político después del fiasco de Dunkeld y el de restaurar a Jacobo? —El jefe de los Cameron lanzó la pregunta.
—Este intento nos ha enseñado la realidad. Lo clanes no estamos unidos en su totalidad. Muchos se aferran a Londres y a sus proclamas, cosa que no les discuto. Pero merma las aspiraciones del resto. Creo que los Estuardo tendrán que aceptar que su tiempo parece haber pasado.
—Parece muy seguro de lo que dice, Campbell. —John McLean se dirigió a este, sabedor de lo que opinaba por habérselo escuchado decir en la boda con su hija Eve. Y no se lo discutía porque él era el primero que ansiaba vivir en paz los años que le restaran de vida.
—Lo estoy.
—Algunos simpatizantes parecen seguir la lucha por su cuenta, pero el invierno se acerca y eso hará que se tranquilicen.
—Es una locura que intenten algo contra Inglaterra, es más, Londres está prevenido después de ese intento llevado a cabo por Claverhouse y los demás. Ni siquiera darán pie a que surja el menor intento de restauración de Jacobo, amigos —les dejó claro con un gesto de amargura.
Eve sonreía escuchando las palabras de Jane y de su nueva cuñada cuando sintió un leve toque en el brazo. Se giró para encontrarse con el sonriente rostro de Maggie.
—Mi querida amiga convertida en la duquesa de Argyll —le dijo con una mueca sarcástica que provocó la sonrisa en esta.
—¡Maggie! Me alegro verte.
—Yo también. Tendrás que aclararme cómo has terminado convirtiéndote en la duquesa. Creía haberte escuchado decir que no volverías a fijarte en el Campbell…
El rostro de Eve se encendió ante ese comentario. Recordaba aquella escena con su amiga y como esta consideraba como un buen partido a Archibald.
—Creo que en ocasiones no empeñamos en querer engañar al destino.
—Ummm, el tuyo parecía estar muy claro. Al final has terminado con lo que empezaste hace tiempo. Me alegro que todo se haya arreglado.
—¿Qué me dices de ti, amiga?
—Ohhhh, por lo pronto voy a saludar a una conocida. Espero verte luego.
—Sí, y tendrás que aclararme qué significa esa expresión.
La vio alejarse de ella como si estuviese poco menos que huyendo.
Permaneció pensativa recordando su pasado reciente desde que Archibald le había prometido desposarla.
Sonrió ajena a la mirada que este le dirigía desde cierta distancia.
Su amiga tenía razón, le había poco menos que jurado que no tendría nada que ver con los Campbell después de lo que su jefe le había hecho.
Pero ¿quién era ella para burlar al destino?
—¿Por qué sonríes?
Eve levantó la mirada para dejarla fija en el rostro de su esposo.
—Recordaba lo caprichoso que es el destino, ¿no crees? Cuando vi que no regresabas de Londres para cumplir tu promesa, te odié. Juré que nunca te dirigiría la palabra si volvías a cruzarte en mi camino. Y aquí estamos…
—Tengo que admitir mi culpa en todo ello.
—Ha quedado compensada con tu cariño desde que regresaste.
—Creo que regresar al hogar y volver a verte me hizo darme cuenta de lo que había perdido.
—Nunca lo hiciste del todo.
—Es bueno saberlo. —Le cogió la mano para besarla con ternura sin dejar de mirarla a los ojos—. Te quiero, mi pelirroja.
Sin que ella lo esperase, él la soltó para rodearla por la cintura sin importarle para nada dónde estaba, ni quienes los contemplaban.
Amaba a Eve con todo su corazón. Esta se vio sorprendida por aquel gesto tan inesperado como revelador.
Gimió y sintió el calor invadir su cuerpo siendo era poseída por una agradable sensación.
Lo miró sorprendida mientras a su alrededor los invitados aplaudían y aullaban de alegría.
Se habían convertido en el centro de las atenciones y las murmuraciones.
—Te prometí todo lo que tengo y lo que soy, y aunque haya tardado en dártelo, un Campbell siempre cumple su palabra.
El calor se expandió por el pecho de ella al escuchárselo decir. Sí. Había tardado, pero como él le había dicho cuando ella se presentó en Inveraray, la habría esperado hasta el fin de sus días.